Marco Rubio reprocha a Europa sus políticas migratorias y climáticas al tiempo que rechaza que EEUU busque “el fin de la era transatlántica”
Marco Rubio ha querido dar un mensaje de tranquilidad en Múnich. Pero tampoco se ha ahorrado las críticas que suelen acompañar los discursos del presidente de EEUU, Donald Trump, cuando habla de Europa. Así, el secretario de Estado de EEUU ha aprovechado la Conferencia de Seguridad de Múnich para huir del mensaje insultante del vicepresidente de EEUU, JD Vance, pronunciado hace exactamente un año, cuando abroncó a sus socios europeos acusándolos incluso de practicar la censura y perseguir la libertad de expresión en Europa en plena campaña para las elecciones generales alemanas en las que la Administración Trump mostró simpatías por la candidatura ultra de AfD.
Un año después, en el que la Administración Trump ha evidenciado más simpatías por Vladímir Putin que por Volodímir Zelenski, en el que ha cambiado la ayuda a Ucrania por la venta de armas a la OTAN y en el que ha dejado claro que le interesa mucho más intervenir en lo que llama hemisferio occidental (continente americano) que en preocuparse por sus aliados al otro lado del Atlántico, Marco Rubio ha querido trasladar certidumbres a la vieja Europa.
El discurso de Rubio ha llegado apenas unas semanas después de que el presidente de EEUU diera en Davos (Suiza) un ultimátum por Groenlandia, territorio bajo administración de Dinamarca, socio de la OTAN de Washington. Unas palabras que acompañó Trump de desprecio por una Europa que decía “no reconocer” por sus políticas migratorias y de transición energética.
El secretario de Estado de EEUU no se ha salido de esa línea argumental de su jefe, y ha afirmado que la desindustrialización “no era inevitable, sino un resultado absurdo de ese delirio de posguerra”, y que “la migración masiva no es ni fue algo de escasas consecuencias, ya que está transformando y desestabilizando sociedades en todo Occidente”.
Así, Rubio ha insistido en la “necesidad de controlar nuestras fronteras nacionales”. Y ha añadido: “Esto no es una expresión de xenofobia. No es odio. Es un acto fundamental de soberanía nacional, y no hacerlo no es solo una abdicación de uno de nuestros deberes más básicos para con nuestro pueblo. Es una amenaza urgente para el tejido social de nuestras sociedades y la supervivencia de nuestra civilización”.
“La euforia” del triunfo tras la Segunda Guerra Mundial, según Rubio, “llevó a la peligrosa ilusión de que habíamos entrado, y cito, en el fin de la historia, de que cada nación sería ahora una democracia liberal, de que los lazos forjados por el comercio, y solo por el comercio, reemplazarían a la nacionalidad, de que el orden global basado en reglas usado reemplazarían al interés nacional, y de que viviríamos en un mundo sin fronteras, donde todos se convertirían en ciudadanos del mundo. Esta fue una idea absurda que ignoró tanto la naturaleza humana como las lecciones de más de 5.000 años de historia humana. Y nos ha costado caro esta ilusión”.
Para el secretario de Estado de EEUU, se adoptó “una visión dogmática de comercio libre y sin restricciones, mientras algunas naciones protegían sus economías y subvencionaban a sus empresas para socavar sistemáticamente las nuestras, cerrando nuestras plantas. Esto resultó en la desindustrialización de gran parte de nuestras sociedades, el traslado de millones de empleos de clase media y trabajadora al extranjero y la entrega del control de nuestras cadenas de suministro críticas tanto a adversarios como a rivales. Subcontratamos cada vez más nuestra soberanía a instituciones internacionales, mientras muchas naciones invirtieron en enormes estados de bienestar a costa de su capacidad de defensa, mientras otros países han invertido en el desarrollo militar más rápido de la historia de la humanidad y no han dudado en usar la fuerza para perseguir sus propios intereses”.
Rubio, además, ha afirmado que “para apaciguar el culto al clima, nos hemos impuesto políticas energéticas que empobrecen a nuestra gente, mientras nuestros competidores explotan el petróleo, el carbón, el gas natural y cualquier otro recurso, no solo para impulsar sus economías, sino para usarlo como palanca contra la nuestra. Y en la búsqueda de un mundo sin fronteras, abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestros pueblos. Cometimos estos errores juntos, y ahora juntos le debemos a nuestros pueblos afrontar estos hechos y avanzar, reconstruir”.
Pero, además de los ataques a las políticas europeas, Rubio ha querido tender la mano más de lo que lo han hecho en el pasado Trump y JD Vance: “Con el presidente Trump, EEUU asumirá una vez más la tarea de renovación y restauración, y aunque estamos preparados, si es necesario, para hacerlo solos, es nuestra preferencia y es nuestra esperanza hacerlo con vosotros, nuestros amigos aquí en Europa, por los Estados Unidos y por Europa. EEUU fue fundado hace 250 años, pero las raíces comenzaron aquí en este continente, mucho antes de que los hombres que se asentaron y construyeron la nación que me vio nacer llegaran a nuestras costas, trayendo los recuerdos, las tradiciones y la fe cristiana de sus antepasados como una herencia sagrada, un vínculo inquebrantable entre el Viejo Mundo y el Nuevo. Somos parte de una civilización, la civilización occidental. Estamos unidos unos a otros por los lazos más profundos que las naciones podrían compartir, forjados por siglos de historia compartida, fe cristiana, cultura, herencia, idioma, ascendencia y los sacrificios que nuestros antepasados hicieron juntos por la civilización común de la que hemos heredado”.
“Nos preocupamos profundamente por vuestro futuro y el nuestro”, ha dicho Rubio: “Y si a veces discrepamos, es porque nos preocupa profundamente una Europa con la que estamos conectados, no solo económica ni militarmente. Estamos conectados espiritual y culturalmente. Queremos que Europa sea fuerte. Creemos que Europa debe sobrevivir, porque las dos grandes guerras del siglo pasado nos sirven como recordatorio constante de que, en última instancia, nuestro destino está y siempre estará entrelazado con el vuestro. Porque sabemos que el destino de Europa nunca será irrelevante para nuestra propia seguridad nacional, que es el tema central de esta conferencia, no se trata simplemente de una serie de cuestiones técnicas: cuánto gastamos en defensa o dónde la desplegamos. Estas son preguntas importantes. Lo son, pero no son la fundamental. La pregunta fundamental que debemos responder desde el principio es: ¿qué defendemos exactamente? Porque los ejércitos no luchan por abstracciones. Los ejércitos luchan por un pueblo, por una nación, por una forma de vida. Y eso es lo que defendemos, una gran civilización que tiene todos los motivos para estar orgullosa de su historia, confiada en su futuro y que aspira a ser siempre dueña de su propio destino económico y político”.
Rubio, además, ha cargado contra el multilateralismo: “No necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que creamos, ni desmantelar las instituciones globales del viejo orden que construimos juntos. Pero estas deben reformarse. Deben reconstruirse. Por ejemplo, Naciones Unidas aún tiene un enorme potencial, pero en los asuntos más urgentes que nos ocupan no tienen respuestas y prácticamente no ha desempeñado ningún papel. No pudo resolver la guerra en Gaza. No ha resuelto la guerra en Ucrania. Fue incapaz de frenar el programa nuclear en Teherán. Y fue incapaz de abordar la amenaza a nuestra seguridad que representaba un dictador narcoterrorista en Venezuela. En un mundo ideal, todos estos problemas y más se resolverían mediante diplomáticos y resoluciones contundentes. Pero no vivimos en un mundo perfecto, y no podemos seguir permitiendo que quienes amenazan descaradamente a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se escuden en abstracciones del derecho internacional, que ellos mismos violan rutinariamente”.
“Muchos llegaron a creer que la era de dominio de Occidente había llegado a su fin y que nuestro futuro estaba destinado a ser un eco tenue y débil de nuestro pasado”, ha dicho Rubio, “sin embargo, juntos, nuestros predecesores reconocieron que el declive era una elección. Y fue una elección que se negaron a tomar. Esto es lo que hicimos juntos una vez, y esto es lo que el presidente Trump y Estados Unidos quieren volver a hacer ahora, junto con vosotros. Y por eso no queremos que nuestros aliados sean débiles, porque eso nos debilita aún más. Queremos aliados que puedan defenderse para que ningún adversario se vea tentado a poner a prueba nuestra fuerza colectiva. Por eso no queremos que nuestros aliados se vean atados por la culpa y la vergüenza. Queremos aliados que se sientan orgullosos de su cultura y su herencia, que comprendan que somos herederos de la misma gran y noble civilización, y que, junto con nosotros, estén dispuestos y sean capaces de defenderla. Y por eso no queremos que los aliados justifiquen el statu quo roto en lugar de considerar lo que es, lo que fue, lo que es necesario para arreglarlo. Porque en Estados Unidos no tenemos ningún interés en ser guardianes educados y ordenados del declive controlado de Occidente. No buscamos separarnos, sino revitalizar una vieja amistad y renovar la civilización más grande de la historia de la humanidad. Lo que queremos es una alianza revitalizada que reconozca que lo que ha afligido a nuestras sociedades no es solo un conjunto de malas políticas, sino un malestar de desesperanza y complacencia. Una alianza es lo que queremos: una alianza que no se deje paralizar por el miedo. Miedo al cambio climático. Miedo a la guerra. Miedo a la tecnología. En cambio, queremos una alianza que avance con valentía hacia el futuro. Y el único miedo que tenemos es el miedo a la vergüenza de no dejar a nuestras naciones más orgullosas, más fuertes y más ricas para nuestros hijos”.
Para concluir, Rubio ha querido dejar un mensaje de mano tendida: “Estoy aquí hoy para dejar claro que Estados Unidos está trazando el camino hacia un nuevo siglo de prosperidad, y que, una vez más, queremos hacerlo con vosotros, nuestros queridos aliados y nuestros más antiguos amigos, con una Europa orgullosa de su herencia y su historia, con una Europa con espíritu de creación y libertad, que envió barcos a mares inexplorados y dio origen a nuestra civilización, con una Europa con los medios para defenderse y la voluntad de sobrevivir. Deberíamos estar orgullosos de lo que logramos juntos en el siglo pasado, pero ahora debemos afrontar y aprovechar las oportunidades de uno nuevo. Porque el ayer ya pasó. El futuro es inevitable y nuestro destino juntos nos espera”.
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