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Carlos Elordi

Carlos Elordi es periodista. Trabajó en los semanarios Triunfo, La Calle y fue director del mensual Mayo. Fue corresponsal en España de La Repubblica, colaborador de El País y de la Cadena SER. Actualmente escribe en El Periódico de Catalunya.

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El franquismo sigue teniendo poder

Una vez más, el franquismo ha ganado. Patrimonio Nacional acaba de enfriar las ilusiones de los familiares de cuatro de los enterrados en el Valle de Los Caídos. No habrá exhumación mientras no se determine que la misma no afectará a los demás cuerpos. Es decir, que la cosa se retrasa durante años. Y aquí no ha pasado nada. El abad que se oponía a la orden judicial de exhumación se ha salido con la suya. El Valle no sólo seguirá siendo el símbolo máximo de la victoria de Franco en la guerra civil y de su poder absoluto durante cuarenta años, sino también el testimonio de que la democracia española carece de la fuerza necesaria para consolidar un nuevo tiempo en el que ese periodo no sea más que un capítulo de los libros de historia.

Fernando Olmeda resumía muy bien ayer en este diario cómo han fracasado los muchos intentos de acabar con ese símbolo franquista que se han sucedido prácticamente desde el inicio de la transición. Resumiendo su excelente trabajo, la derecha –primero la UCD y luego el PP- ha impedido sistemáticamente que algo de eso ocurriera cuando estaba en el poder y la izquierda, cuando el PSOE estuvo en el gobierno, no se atrevió a llegar hasta el final de sus iniciativas de signo contrario, algunas encomiables. Porque en los momentos cruciales, para que éstas pudieran concretarse, vislumbró la fortísima reacción de derechas que ello iba a provocar y consideró políticamente inconveniente llevar las cosas a su extremo.

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¿Por qué Montoro se enfrenta a Llarena? El PNV puede saberlo

El dato más extraordinario del caótico panorama político español es el enfrentamiento sin cuartel que en estos momentos libran el ministro de Hacienda y el juez del Tribunal Supremo que instruye el caso del 1 de octubre contra los dirigentes del independentismo catalán. Y es excepcional no solo porque no tiene precedente alguno, sino también porque puede llevar nada más y nada menos que a la puesta en libertad de Carles Puigdemont en Alemania y, en consecuencia, a un cambio sustancial de la situación jurídica de sus compañeros encarcelados.

Un movimiento tan importante como ese tiene necesariamente que responder a motivaciones de gran calado. Y estas han de buscarse en el contexto político. Aunque algunos han dicho que Montoro podría estar actuando por su cuenta, esa hipótesis no es muy creíble. El ministro de Hacienda no se habría atrevido a desafiar al Tribunal Supremo si no contara con el beneplácito del su superior jerárquico, el presidente del Gobierno. Y el hecho de que hace algunas semanas el propio Mariano Rajoy dijera lo mismo que ahora asegura su ministro, esto es, que el Govern de Puigdemont no utilizó un solo euro del presupuesto catalán para financiar el referéndum del 1 de octubre, confirmaría que la iniciativa de Montoro no es precisamente individual y caprichosa.

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La democracia se está yendo por las cloacas

O puede que ya se haya ido del todo. Y sin que en el horizonte se atisbe la manera de rehacerla. Porque, ¿qué jurista sensato calificaría de democrático a un sistema incapaz de encarrilar el gravísimo conflicto catalán por las vías de la negociación política, en el que la desvergüenza se ha instalado como norma entre los exponentes del poder sin que les pase nada, en el que las cúpulas de un entramado judicial conformado más bien según las reglas del clientelismo es cada vez más el principal protagonista de la acción política, en el que no funcionan las instituciones y en el que unas leyes aprobadas por la derecha más retrógrada e intolerante encarcelan a todo aquel que ose ir un poco más allá de lo que le gusta a la caverna?

El escándalo del máster de Cristina Cifuentes ha expuesto todo eso a los ojos de los ciudadanos. Con una crudeza sin límites. Por la corrupción que supone en el ámbito político y en el universitario, por la evidencia de que el eslogan de que esa señora era la regeneradora del PP era otra más de las mentiras de ese partido y por las reacciones que la revelación del mismo ha provocado. Que el cálculo político prevalezca sobre la necesidad de atender a la indignación de los ciudadanos no habla precisamente bien de la integridad democrática de nuestros políticos, sobre todo de los que tienen en sus manos la llave para que se adopten decisiones tajantes. El momento sería para sacar toda la artillería de la que cada uno disponga, no de andarse con prudencias.

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Rajoy está al borde del abismo

Se ha contado más de una vez que buena parte del tiempo de las conferencias internacionales importantes se dedica a preparar el comunicado final, es decir, a acordar qué se va a contar a la prensa. Cabe suponer que algo parecido debe estar ocurriendo en estos momentos en la cúpula del PP. Que lo que ahí se está debatiendo es cómo anunciar que se han cargado a Cristina Cifuentes sin que los abrazos y las ovaciones que le dieron en Sevilla suenen a estupidez. Y no es fácil. Hasta el punto de que no se puede descartar que al final no encuentre la manera de hacerlo. Aunque esté en juego su supervivencia.

La advertencia que este martes ha lanzado Albert Rivera –“si Rajoy quiere seguir tapando la trama de corrupción habrá cambio de gobierno”- no debe ser tomada como una balandronada. Es probable que el líder de Ciudadanos haya hecho esa amenaza tras conocer los resultados de una encuesta por él encargada para saber qué se piensa sobre lo que ha de hacer su partido en estos momentos. Y si ese sondeo coincide con lo que se palpa en la calle y, en concreto, en los ambientes de centro-derecha, Rivera debe saber que la opinión pública no está por componendas, que lo de la señora Cifuentes resulta intolerable para una gran mayoría y que si todo el PP ha de pagar por ello, que lo pague.

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¡Viva la prensa libre e independiente!

Cristina Cifuentes va a dimitir. Hoy, mañana, pasado o un día de éstos. Ningún cálculo político de Ciudadanos puede ya evitarlo. Por tanto, y aunque habrá que seguir sus secuelas políticas y judiciales, este nuevo escándalo del PP pasará pronto a un segundo plano de la actualidad. Otras noticias serán a partir de ahora prioritarias. Como ya ha pasado otras muchas veces. Sólo que ahora en la escena se ha instalado con fuerza un nuevo elemento que va influir en todos los demás. La nueva prensa, libre e independiente, con este diario a su cabeza, es ya una protagonista principal del devenir político de este país. Y eso sí que es importante.

En la vida social, al igual que en la evolución de la naturaleza, los huecos son ocupados más pronto o más tarde. La nefasta deriva de los medios de comunicación que fueron banderas de la búsqueda de la verdad hacia posiciones que poco tenían que ver con ella había abierto un espacio que un día habría de rellenarse. Porque muchos españoles, mujeres y hombres, maduros, jóvenes y de mediana edad, así lo demandaban, porque una parte importante de la ciudadanía necesitaba una referencia alternativa al dominio casi total de una prensa doblegada al poder, político y económico

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Presupuestos en el reino de la mentira

Los presupuestos que acaba de presentar Cristóbal Montoro en el Congreso de los Diputados son una patraña descomunal, cuyo único objetivo real es que el PP siga unos cuantos meses más en el gobierno. A ese fin espurio se sacrifican todas las tareas que un gobierno mínimamente serio habría de abordar en ese documento y más en unos momentos llenos de incógnitas y de amenazas para nuestra economía. Pero si eso es grave, no lo es menos el hecho de que ninguno de los compromisos publicitados por Montoro vaya a tener trascendencia social alguna o que sean estrictamente falsos. Además, y por si esas engañifas fueran poco, es altamente posible que el texto sea rechazado por la mayoría de la cámara.

Solo una serie de carambolas casi inverosímiles podría evitar ese resultado. Primero, los independentistas catalanes tendrían que acordar un candidato a la presidencia de la Generalitat que no tuviera tacha judicial alguna. Segundo, el Gobierno tendría que retirar el artículo 155. Tercero, y tras ello, el PNV tendría que ceder y apoyar el presupuesto. Todo ello en menos de dos meses. Con los líderes independentistas encarcelados, en España o en Alemania. Con la Fiscalía preparando más acusaciones de rebelión. Con la calle catalana cada vez más caliente, y no sólo por la acción de los CDR. Y con la posibilidad, cada vez más sólida, de que las fuerzas independentistas opten, aunque no les guste, por la repetición de elecciones. Para seguir manteniendo sus banderas en alto. Y sabiendo que volverán a ganarlas.

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Por mucho que lo oculten, las elecciones están a la vista

Los portavoces oficiales y los medios afines al gobierno se esfuerzan en estos últimos días en trasmitir hasta el aburrimiento el mensaje oficial de que habrá presupuestos y, por tanto, no habrá que adelantar las elecciones. Tanta insistencia, que no haría falta si se hubiera alcanzado un acuerdo al respecto, hace pensar que la cosa no está ni mucho menos hecha. Que los socios que necesita Rajoy para aprobar sus cuentas aún no han dicho que sí. Y que, al final, pueden decir que no.

Es cierto que las últimas noticias que llegan de Catalunya apuntan a que está cada vez más cerca el fin del bloqueo político catalán y que en breve puede haber nuevo gobierno de la Generalitat. Se dice que los partidos independentistas ya se han puesto de acuerdo sobre el nombre del futuro presidente, que debería ser Jordi Turull. Pero hasta que no sea elegido persistirán las dudas sobre el cómo y el porqué. Es decir, sobre las concesiones que el PDeCAT y Esquerra habrán tenido que hacer a la CUP para que ésta acepte esa solución. Sobre el papel que se habrá reservado a Puigdemont. Y sobre la posición que el nuevo Govern tomará respecto de los encarcelados y exiliados.

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Mentiras, indecencia y movilizaciones

El Congreso de los Diputados es, cada vez más, un esperpento. El miércoles Rajoy lo utilizó para engañar sin recato sobre el futuro de las pensiones y la oposición no fue capaz de hundirle. Al día siguiente, más falsedades y trampas. Con la prisión permanente revisable como fondo, pero con los familiares de las víctimas de los crímenes más famosos como protagonistas. Para no avanzar nada en el asunto, solo para hacer daño a la oposición. Ningún parlamento serio del mundo habría autorizado una instrumentalización tan descarada. Pero aquí, un país en el que se consagró como valor supremo el eslogan de que las víctima de ETA siempre tenían razón, todo vale. Y la democracia sigue haciendo agua.

Presionado por unas movilizaciones que nunca previó que se producirían, el presidente del Gobierno no solo se ha visto obligado a acudir al Congreso, sino también a decir que las pensiones más bajas subirán. Sin concretar cuánto ni cómo, que es lo que hacen los políticos responsables. Y añadiendo que eso sólo ocurrirá si hay presupuesto para 2018. Sin explicar por qué y trasladando así la responsabilidad de ese hipotético aumento a los partidos que se niegan a dar su apoyo a las cuentas del PP y en concreto al PNV.

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España no es de derechas

Algo no cuadra. O los sondeos se equivocan mucho o la contestación social que en las últimas semanas ha hecho acto de presencia refleja muy poco el sentir de la mayoría de la sociedad. Pero también podría estar ocurriendo otra cosa. Que los partidos de izquierda, los menos beneficiados por las encuestas, no representan la protesta ciudadana, el desapego con la política oficial que las mujeres y los pensionistas están manifestando. Y que también se registra en otros colectivos muy amplios que, más pronto o más tarde también podrían salir a la calle, según distintos indicios.

No hay datos precisos, pero sí bastantes evidencias de que tanto la impresionante movilización feminista del día 8 como la cada vez más nutrida protesta de los pensionistas han sido organizadas con una gran autonomía respecto de los partidos de izquierda y también de los sindicatos tradicionales, aunque estos últimos se sumaran a la huelga del pasado jueves, pero sin participar en la gestación del movimiento, y estén apoyando, pero no protagonizando, las concentraciones de jubilados.

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El orgullo de ser mujer

Por mucho que se valore la capacidad organizativa y de entrega de los colectivos que han propiciado la huelga feminista de este 8 de marzo, su éxito va mucho más allá de eso. Lo que se ha visto en las calles de las ciudades de toda España es la explosión de un sentimiento profundo de orgullo femenino, de conciencia de la importancia de ser mujer que desborda cualquier formalización política. Aunque incidirá, y seguramente mucho, en la política, la de ahora y sobre todo la del futuro.

Mañana los corifeos del conservadurismo (y del machismo, aunque traten de ocultarlo con tramposas e increíbles declaraciones) tratarán de empañar lo ocurrido esta jornada con toda suerte de estadísticas espurias y de argumentos y porcentajes únicamente elaborados para engañar. Harán ruido, en el mejor de los casos, pero no pararán nada. Digan lo que digan los que calificaron a la huelga de “elitista”, para tragarse después sus palabras, lo de este jueves ha sido extraordinario y masivo. Allá los medios que traten de disimularlo. Porque las mujeres no se lo van a perdonar.

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  • Mirada al mundo

    La crisis puede provocar la inestabilidad política del sistema

    #8 La explicación que yo doy al interés por España de los diarios que Vd. cita -y que no viene de las últimas semanas, sino de más atrás- es que España es el punto débil por donde puede romperse todo el entramado del euro y, si eso ocurriera, por donde podría empezar a producirse, lo dicen los expertos, un cataclismo similar al de Lehman Brothers. En definitiva, que es el sitio al que hay que mirar y, de hecho, al que miran no sólo esos periódicos, sino to el mundo económico y financiero. Si hubiera otros motivos menos claros, yo los desconozco y tampoco se me ocurren. Carlos Elordi