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Carlos Elordi

Carlos Elordi es periodista. Trabajó en los semanarios Triunfo, La Calle y fue director del mensual Mayo. Fue corresponsal en España de La Repubblica, colaborador de El País y de la Cadena SER. Actualmente escribe en El Periódico de Catalunya.

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La cúpula judicial declara la guerra abierta

Acaba de empezar la guerra de la justicia. Tres días después del primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno. Y las primeras escaramuzas indican que va a ser una guerra sin cuartel. La cúpula judicial que desde hace años dirige los movimientos políticos de ese conglomerado, tantas veces en sintonía con los intereses políticos del PP, no está dispuesta a rendirse y sí a utilizar todos los medios a su alcance para batir al Gobierno. La suerte de este depende en buena medida del resultado de ese enfrentamiento. Y no cabe hacer previsiones fáciles sobre el mismo.

Entre otras cosas, porque la cúpula judicial no está sola en su enfrentamiento con el Gobierno. El PP ya ha anunciado bien a las claras que va a secundarla. Vox también. El partido de Pablo Casado sabe que se juega mucho en ese envite. Si el Gobierno logra sacar adelante su propósito y consigue que los tribunales dejen de ser un actor político principal, tal como ha ocurrido desde hace unos cuantos años, la derecha no solo habrá perdido un aliado fundamental, sino que algunas de las mayores aberraciones de los gobiernos de Mariano Rajoy, instrumentadas por sus jueces afines, quedarán al descubierto y el discurso político del PP quedará vacío.

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¿Puede la derecha cargarse el experimento?

El actual reparto de fuerzas en el Parlamento permite contestar tajantemente "no" a la pregunta que encabeza estas líneas. Una moción de censura planteada por el PP para derribar a Pedro Sánchez solo triunfaría si alguno de los partidos que este lunes apoyaron al presidente, votándole o absteniéndose, cambiara de bando. O si el PdeCat decidiera apoyar la presidencia de Pablo Casado. Y tal como están las cosas, hoy y en un horizonte previsible, ninguna de las dos cosas parece posible. Esa constatación es la principal fuente de fuerza política de la coalición PSOE- UP. Lo que queda pendiente es saber si la actual presión sin límites de la derecha puede modificar ese dato si se mantiene durante mucho tiempo.

Son muy minoritarios los sectores del PP que, casi siempre impelidos por sus intereses electorales locales, sugieren públicamente que el partido debería volver a la senda de la moderación. Y seguramente esas posturas no van a crecer mucho. Casado parece controlar firmemente el partido, y no digamos su dirección, pues para algo hizo una limpia de potenciales rivales cuando se hizo con el poder del PP.

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Y que la derecha diga misa

El gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos es la novedad política más importante de los últimos diez años. Está a punto de confirmarse. Y, sin embargo, el hecho no suscita mayores emociones en la opinión pública. Por culpa de las fiestas y de las vacaciones, sin duda. Pero también porque los medios de comunicación y la derecha llevan tanto tiempo vertiendo tal cantidad de insidias sobre esa iniciativa que mucha gente no termina de creerse que vaya a ser posible. Y otra mucha teme que pueda conducir a una catástrofe. Vencer esas corrientes va a ser una de las tareas prioritarias del nuevo Ejecutivo.

Porque ese gobierno no solo es posible, sino que es el único que responde a la lógica de las cosas. Por poco que se reflexione sobre la cuestión, dos cosas resultan efectivamente obvias. Una, que este país no puede seguir por la senda del centralismo cerril abierta por Mariano Rajoy y los suyos, y que la voz de los nacionalismos y regionalismos, que sostienen millones de españoles, tiene que ser tenida en cuenta a la hora de decidir la política general. Dos, que el enfrentamiento sin cuartel entre el PSOE y Unidas Podemos, entre las dos izquierdas, hace tiempo que ha dejado de tener sentido.

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El problema es el Tribunal Supremo que tenemos

Sólo dos meses después de la sentencia sobre el procés se ha confirmado lo que se sospechaba desde un principio: que el poderoso juez Manuel Marchena no era tan justo e imparcial como muchos pretendían. Con un añadido: que tampoco es un genio en el manejo de los instrumentos jurisprudenciales. El Tribunal de Justicia de la UE ha sacado a la luz sus limitaciones y amaños, dejando una vez más muy mal parada a la justicia española a los ojos de Europa.Y ahora la pregunta es cuánto tardará el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en concluir que el juicio mismo contra el independentismo se pareció algo a una farsa. Si no es que antes el Constitucional español no aporta más en ese sentido.

La sentencia del TJUE es un varapalo sin muchos precedentes contra el máximo organismo de la justicia de un país democrático. Marchena no sólo vulneró el derecho de Oriol Junqueras a asumir su condición de parlamentario europeo tras permitirle participar en las elecciones al mismo, sino que lo sentenció antes de conocer la opinión del TJUE sobre la cuestión prejudicial de ese asunto que el propio Supremo había elevado.

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La cosa está difícil... aunque haya Gobierno

Aunque todo parece indicar que sí, todavía no es seguro que Esquerra Republicana decida abstenerse en la votación de investidura de Pedro Sánchez. Porque cada día que pasa no paran de crecer los problemas que el partido de Oriol Junqueras puede enfrentar en Cataluña si lo hace. De ahí la premura del PSOE y de Unidas Podemos. Pero esa incertidumbre no es la única que pende sobre el momento político español. Y es que el nuevo gobierno puede estar marcado por la inestabilidad casi desde su nacimiento. A menos que todo, sin excepción, se haga y salga muy bien. Y eso no es fácil.

Para empezar, y por mucho que avancen las negociaciones entre el PSOE y Esquerra, los elementos sustanciales del conflicto catalán seguirán activos después de un eventual pacto. Y eso puede ser una fuente inagotable de problemas para el nuevo Ejecutivo. Una vez que Sánchez resultara elegido presidente tendría que hacer frente a las consecuencias que para toda la política española tendría la guerra por el poder en Cataluña entre ERC y los herederos de la antigua Convergència, encabezados por Puigdemont.

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Si era tan fácil, ¿por qué no lo hicieron antes?

En los últimos diez días, exponentes del poder central y del poder catalán han dialogado bastante más, y además en buen plan, que en los últimos diez años. Asimismo la animadversión extrema que existía entre el PSOE y Unidas Podemos, y viceversa, ha desaparecido como por ensalmo. Ahora solo hay voluntad de acuerdo y buenas palabras entre ambas organizaciones. Hasta el punto de que un entendimiento entre todas esas fuerzas y unas cuantas más, hasta Bildu, para investir a Pedro Sánchez y luego formar gobierno parece lo más probable. ¿Qué milagro ha hecho posible algo tan impensable hace nada?

Seguramente han sido tres los factores que han influido para producir esa sorpresa. Uno, que tanto el PSOE como Unidas Podemos han debido de concluir que llevar al país a unas terceras elecciones podía provocar un rechazo sin precedentes entre sus votantes. Dos, que Ciudadanos prácticamente ha desaparecido del panorama, con lo cual el sueño de Pedro Sánchez de llegar a La Moncloa de la mano del partido de Albert Rivera se ha desvanecido sin remisión. Y tres, que si bien el PSOE y UP perdieron votos y escaños, los resultados del 10 de noviembre les han conferido una posición de ventaja.

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¿Hay que asustarse por Vox?

Sólo si Vox termina haciéndose con el PP, provocando una ruptura interna de ese partido o imponiéndole sin matices su política, cabría temer la peor suerte para este país. Sin ser imposible, esa perspectiva parece lejana en estos momentos. Vox es un peligro real porque ya tiene fuerza suficiente para condicionar la dinámica política. Pero no es ni mucho menos el principal actor de la escena, contrariamente a lo que parecen entender algunos medios, y no todos de derechas, más interesados en dar espectáculo que en proporcionar información. Y no está ni mucho menos claro que el futuro del partido de Abascal vaya a ser tan risueño como su fulgurante ascenso del último año.

Para empezar, Vox carece de una estructura sólida y articulada como para rentabilizar políticamente su peso parlamentario. No es tanto un problema de afiliados, que por ahí puede crecer sin problemas, sino de cuadros. La mayoría de los que se han dado a conocer en los últimos tiempos son personas de muy poca solvencia política. Está claro que Santiago Abascal es el más sólido de ellos, pero le falta aún mucho recorrido para ser un líder potente. Las carencias de Javier Ortega Smith son evidentes: es un facha de los de siempre, pero hasta el momento no ha dado una sola prueba de tener algo más que ese "coraje guerrero" que tan bien visto está entre los suyos. En la pareja Espinosa de los Monteros, ella parece tener algo más que su marido, pero ambos están metidos en un lío judicial que antes o después puede terminar mal.

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¿Quién quiere unas nuevas elecciones?

Esperar es un verbo que no existe para los medios de comunicación de nuestros días. Todo lo que no ocurra o pueda ocurrir en el giro de un día, como mucho, no tiene cabida. Y, sin embargo, quien no quiera perderse por los intrincados vericuetos del actual momento político español está obligado a tener paciencia. Porque salvo sorpresas inimaginables, todo el pescado está vendido, todos los elementos que van a configurar el inmediato futuro están encima de la mesa. Y dentro de un par de semanas se terminarán articulando. En consecuencia, hay que esperar. Sin ansia.

Hay quien no puede. Sobre todo porque el signo bajo el cual se están configurando las cosas contradice abiertamente sus intereses. Y no tiene más remedio que golpear con todo lo que tiene a mano para tratar cuanto menos de confundir a la gente. El caso más claro de esa situación, no solo incómoda sino también peligrosa, es el del Partido Popular, que corre el riesgo de quedar muy mal colocado durante bastante tiempo si la coalición PSOE-Unidas Podemos termina haciéndose con el gobierno.

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La que lo tiene mal de verdad es la derecha

De la misma manera que era arriesgado dar por hecho que el PSOE y Unidas Podemos pactarían tras el 28 de abril, no es aún seguro que Esquerra se abstenga en la investidura de Pedro Sánchez. Pero parece probable que lo hará. Si eso ocurriera se abriría una nueva etapa de la política española. Que si durara, y no está escrito que no pueda durar, mejoraría bastante la situación actual. Entre otras cosas porque la derecha desempeñaría un papel muy secundario en ella y en ninguna circunstancia, salvo la de una catástrofe, podría imponer nada.

Sobre las razones de Esquerra para hacer posible un gobierno PSOE-Unidas Podemos se ha dicho mucho en las últimas horas. Lo más contundente es que unas terceras elecciones configurarían la situación ideal para una victoria de los partidos que tienen posiciones más extremistas con respecto a la crisis catalana y que eso es lo último que quieren Oriol Junqueras y los suyos. Los impedimentos para dar ese paso también han sido sobradamente expuestos. El que los condensa casi todos es que un apoyo, por indirecto que sea, al nuevo gobierno de Madrid sería un argumento contundente para que los rivales independentistas de Esquerra, con Carles Puigdemont a la cabeza, impidieran su previsto triunfo en las futuras y no muy lejanas elecciones catalanas.

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El PSOE va a ganar. Pero, ¿para qué?

A no ser que el resultado final desmienta a todas las encuestas, menos a la del CIS, la noche del 10 de noviembre Pedro Sánchez cosechará un fracaso sin paliativos. No sólo porque formar gobierno le resultará bastante más difícil que tras las elecciones de hace seis meses, sino porque confirmará que toda su estrategia estaba equivocada, que le hubiera ido bastante mejor aceptando una coalición con Unidas Podemos, por incierto y poco sólido que pudiera ser ese gabinete.

Si los sondeos aciertan, el panorama político español seguirá marcado por la inestabilidad y, lo que es peor, amenazado por un viento de extrema derecha que puede terminar siendo dominante a medio plazo y condicionado por la crisis catalana que el nuevo gabinete será bastante más incapaz de paliar que el que habría resultado de un pacto entre las izquierdas. La cosa habrá por tanto empeorado y bastante.

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  • Mirada al mundo

    La crisis puede provocar la inestabilidad política del sistema

    #8 La explicación que yo doy al interés por España de los diarios que Vd. cita -y que no viene de las últimas semanas, sino de más atrás- es que España es el punto débil por donde puede romperse todo el entramado del euro y, si eso ocurriera, por donde podría empezar a producirse, lo dicen los expertos, un cataclismo similar al de Lehman Brothers. En definitiva, que es el sitio al que hay que mirar y, de hecho, al que miran no sólo esos periódicos, sino to el mundo económico y financiero. Si hubiera otros motivos menos claros, yo los desconozco y tampoco se me ocurren. Carlos Elordi