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CRÓNICA

La crisis de Rodalies trastoca los planes de Illa para un arranque triunfal de 2026

El president Salvador Illa y el ministro Oscar Puente se reunieron en enero de este año
13 de febrero de 2026 22:00 h

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Salvador Illa no disimuló su optimismo en la última comparecencia del año, cuando anunció que “pasarían cosas” en enero y aseguró que 2026 sería el año en el que su Govern podría “recoger los frutos”. El president de la Generalitat había preparado una sucesión de victorias en el primer trimestre que comenzaban con el acuerdo entre ERC y el Gobierno para una nueva financiación, continuaban con la constitución de la nueva empresa de Rodalies y debía acabar, como colofón final, con la aprobación de los primeros Presupuestos de su mandato.

El primer trimestre del año debía ser triunfal y acabar de jalonar la consolidación del Govern como un ejecutivo estable y de gestión. Pero, de pronto, los astros se alinearon en contra de esos planes. Illa cayó enfermo de una infrecuente osteomielitis a mediados de enero y, pocos días después, comenzó la madre de todas las crisis en Rodalies.

La debacle ferroviaria que ha supuesto cuatro semanas con gravísimas afectaciones en las cercanías, incluyendo más de un día sin un solo tren, ha puesto a prueba la capacidad del Govern en ausencia –física– de Illa, pero también las relaciones de los socialismos gobernantes en Madrid y Barcelona, donde han acabado emergiendo tiranteces con el Ministerio de Transportes.

Pero el principal efecto de esta tormenta ha sido el alejamiento de los socios de Illa, ERC y Comuns, que si bien han dejado claro que no quieren mezclar la carpeta de los Presupuestos con la de los trenes, también tienen claro que mostrar en este momento su apoyo al Govern de Illa desgasta más de lo que suma.

El rosario de malas noticias que ha encadenado el Govern ha tenido su cenit en la semana que ahora acaba. El pasado sábado hubo manifestaciones, tanto de signo independentista como de usuarios de Rodalies, que sin ser masivas, supusieron un toque de alerta. El lunes fue otra jornada negra en Rodalies, esta vez esperada, debido a la huelga estatal de ferroviarios en la que, pese a ser oficial esta vez, volvieron a incumplirse los servicios mínimos. El miércoles el relevo del malestar laboral lo cogieron los profesores, con una de las huelgas educativas más grandes que se recuerdan en los últimos años.

Reprobación con presupuestos

En esta tesitura, el Govern tenía pocas opciones para salir sin alguna estocada de la sesión parlamentaria del pasado jueves, cuando finalmente el Parlament acabó pidiendo la dimisión tanto de la consellera de Territori, Sílvia Paneque, como del ministro Óscar Puente. Las reprobaciones partían de los independentistas, pero finalmente los Comuns dejaron que se aprobaran. Señal de que, al menos en este momento, el apoyo al Ejecutivo catalán no cotiza al alza.

Eso no significa que ERC, ni mucho menos los Comuns, quieran alejarse demasiado del perímetro de Illa. Ambos partidos han dejado claro que están dispuestos a negociar los presupuestos y, de hecho, el partido de Jéssica Albiach ya ha mantenido las primeras reuniones para aplanar el terreno.

ERC está algo más alejada, aunque también dicen tener la mano tendida. Los republicanos exigen que, junto al acuerdo sobre el nuevo modelo de financiación que ya abandera como propio el Ministerio de Hacienda, también se desencallen las modificaciones legales que permitirían a la Generalitat la recaudación del IRPF y otras figuras impositivas.

Según el acuerdo para la investidura de Illa, eso debía haber ocurrido ya, para que la Agència Tributària de Catalunya se hiciera cargo de la campaña de este 2026. El Govern ya ha dejado claro que eso no ocurrirá, algo que ERC acepta a regañadientes.

Más preocupa a los de Oriol Junqueras que las iniciativas en el Congreso para habilitar legalmente la cesión de la recaudación también estén en dique seco. “¿Quiere el Gobierno que Illa tenga presupuestos? Pues que desencalle eso”, zanjaban en ERC esta semana. Según informó la Cadena Ser este viernes, el PSOE y la formación de Junqueras negocian introducir esta habilitación como enmienda en la ley de la nueva financiación autonómica, para la que aún deben pasar meses.

Rodalies, una piedra inesperada

Pese a que Rodalies es un desastre histórico –una “mierda”, consensuaron Gabriel Rufián y Míriam Nogueras en la quizás primera vez que coinciden en algo–, la crisis sufrida en los últimos 25 días no tiene parangón y ha sido un mazazo para el Govern.

Para empezar, porque los responsables de Territori, digan lo que digan, no se esperaban algo así. Las previsiones de los altos cargos que dirigen la política ferroviaria consideraban que 2025 sería el año con el pico de afectaciones, por el mal estado de la infraestructura, que se está mejorando, y precisamente por la cantidad de obras que se realizan.

Pero también había dos factores de esperanza para el Govern. Primero, que consideraban que la situación laboral con los maquinistas estaba pacificada tras descafeinar el traspaso de Rodalies. Gracias a ese buen clima con los trabajadores, Renfe había comenzado a aplicar en Catalunya un nuevo plan para que los maquinistas no saltasen entre líneas, de forma que los problemas de un trayecto no se arrastrasen a los demás.

Además, contaban con la llegada de los nuevos trenes de Alstom, casi un centenar, que debía resolver otro de los problemas más enquistados de Renfe en este servicio.

Rodalies, por fuerza, tenía que comenzar a funcionar mejor en 2026. Así se lo trasladaban los responsables del departamento a Illa y a Paneque y, de hecho, así lo habían prometido los dos delante del Parlament en marzo de 2025, en la anterior crisis ferroviaria. Pero el 20 de enero, tras el fallecimiento de un trabajador en Gelida, en plena resaca del accidente de Adamuz, todas aquellas esperanzas se fueron por el sumidero.

“Hemos encontrado la red peor de lo que esperábamos”, confesó Paneque hace dos semanas, tras el enésimo anuncio de restablecimiento del servicio que acabó en papel mojado. La frase es difícil de pronunciar para una consellera que ya hace 18 meses que es titular del servicio, pero cuyos compañeros de partido llevan más de siete años siendo los últimos responsables del estado de la infraestructura, a través del Ministerio y Adif.

Que Rodalies ha debilitado la imagen de gestión del Govern es algo que ni en el propio Ejecutivo rechazan. En las oficinas de Territori se consuelan aduciendo que, sin embargo, son ellos quienes han capitaneado la crisis y que no han rehuido de las responsabilidades que anteriores equipos de gobierno dejaron de lado.

Es una observación cierta, como también lo es que, en los momentos de máxima tensión, el Govern se ha visto obligado a contradecir su propio guion, dejar la llamada “colaboración” de lado y confrontar con el Ministerio, exigiendo dimisiones en Renfe y Adif o llamando al secretario de Estado a Barcelona.

Con todo, el clima en el Govern no es ni mucho menos de inquietud. La enfermedad de Rodalies es un mal doloroso pero que no mata, sobre todo mientras Junts y ERC apuesten por soluciones diametralmente diferentes, la de los republicanos además compartida y pactada con el PSC.

El de los trenes es un tema, en todo caso, de convalescencia, como la que ha atravesado el propio Illa durante un mes y que dejará atrás el próximo lunes, cuando se reincorpore a sus funciones presidenciales. En el Palau de la Generalitat están convencidos de que el regreso del president será la piedra de toque que permitirá superar el bache. Y, en cuanto quede atrás, los planes de un periodo triunfal para el Govern volverán a las agendas.

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