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“No es no”: Sánchez cortocircuita el debate de una abstención para que el PP no dependa de la ultraderecha

Pedro Sánchez, durante el debate en el Congreso, el miércoles.

Irene Castro

13 de febrero de 2026 22:00 h

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“No es no” y cruce de acusaciones sobre quién tiene la responsabilidad del auge de la ultraderecha en España. Es un resumen de la política nacional en la última semana, después de que el PP haya caído en el desconcierto ante la posibilidad de que Vox bloquee la formación de Gobierno en Extremadura y suba el precio en Aragón, donde ha duplicado su representación. Todos los puentes están rotos entre el Gobierno y el PP. Ni siquiera se atisba en el corto plazo la reunión de Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, que tuvo que suspenderse por la tragedia de Adamuz. Con ese marco, los socialistas se han revuelto contra las voces que hablan de una abstención para permitir que gobierne el PP sin la ultraderecha y los de Feijóo, aunque sueñan con ese escenario para gobernar en solitario, lo han descartado por miedo a dar aún más bazas a Vox. 

El debate lo reabrió la presidenta en funciones, María Guardiola, al encontrar una montaña de obstáculos en las negociaciones para formar Gobierno. Vox ha elevado la presión al exigir las carteras de Agricultura, Economía y una vicepresidencia que tendría Interior, Seguridad e Inmigración. Guardiola aseguró que había llamado al responsable de la gestora del PSOE, José Luis Quintana: “Le he pedido responsabilidad con lo que han dicho las urnas. Y por supuesto le he pedido la abstención, que es lo que tienen que hacer”. 

Sus palabras llegaban, además, después del descalabro de los socialistas en Aragón. El debate estaba aplacado hasta entonces en el PSOE, pero ese día Felipe González sugirió la opción de la abstención al recordar que las fuerzas progresistas no tienen opciones de gobernar, ya que el PP suma “más que toda la izquierda junta”. El que más claramente abogó por la abstención fue el alcalde socialista de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, que planteó negociarla tras una primera investidura fallida de Guardiola: “No puede ser a costa de cualquier cosa”.

“Nosotros ni muertos a la abstención”

La dirección del PSOE cortocircuitó rápidamente el asunto que ni siquiera alentó Emiliano García-Page, que normalmente va a la contra en estos temas. “Lo primero que tendría que ver es escuchar a algún dirigente del Partido Popular que lo pida o que plantee al Partido Socialista hacer un planteamiento global en serio”, dijo el presidente de Castilla-La Mancha: “Lo que se haga tiene que ser entendible por el conjunto de los españoles”. “Es hablar por hablar. Ni el PP lo está planteando en serio ni en el PSOE hay margen de maniobra para podérselo plantear”, agregó Page, que arremetió contra Sánchez por aplacar la discrepancia interna: “El Partido Socialista desde hace años está prisionero de su propio relato, del relato de la confrontación del muro. No tengo claro que tenga margen de autonomía el propio Partido Socialista para abrir un debate de esta naturaleza”.

“Nuestra postura no ha cambiado: el PSOE es la alternativa al PP, no la muleta de la derecha”, aseguraban tanto en la gestora como en Ferraz. “Nosotros ni muertos a la abstención”, decía el miércoles un miembro del Gobierno. “No, pero tampoco lo pide nadie”, respondió en una entrevista en RNE el ministro Óscar López, que es uno de los hombres fuertes del Gobierno. El líder de los socialistas en Madrid tiró del argumentario al recordar que fue el PP el que convocó las elecciones pensando que iba a mejorar sus resultados a costa del PSOE. 

Los vaivenes del PP

En Moncloa creen que ese debate es una pantalla pasada y que el PP está en otra cosa. De hecho, tras el mensaje nítido que enviaron los de Feijóo en favor de la abstención de los socialistas, recogieron cable horas después. Tras decir que preferían la abstención de los socialistas que gobernar con Vox, se matizaron a sí mismos: “Con carácter absolutamente general, preferimos gobiernos en solitario”. “Evidentemente, preferimos no entregar ni poder ni consejerías a otros partidos. Puesto que ni Vox ni PSOE pretenden abstenerse a cambio de nada, solo nos queda explorar la consecución de apoyos a cambio de algo. Y ese algo puede ser asientos en los consejos de gobierno”, añadieron fuentes oficiales. También Guardiola se corrigió tras las críticas de Vox y se echó en sus brazos: “Hay más cosas que nos unen de las que nos separan”. Jorge Azcón cerró la puerta a la abstención de los socialistas desde el primer momento. 

Los vaivenes del PP sirven a los socialistas para aparcar esa posibilidad. “En ningún caso nos la planteamos [la abstención]. Además, el líder nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, no dejaría a Guardiola bajo ningún concepto”, dijo el presidente de la gestora del PSOE. “He visto al PP que dice que su socio preferente es Vox”, agregó el ministro de Transformación Digital que aseguró que echa “de menos al PP del pasado que era capaz de llegar a acuerdos”. “Estamos ante el PP más destructivo de la historia. No veo diferencias entre el discurso del PP y Abascal”, expresó. 

Equiparar al PP con el extremismo de Vox es una de las estrategias de Moncloa y más desde que invitó al agitador ultra Vito Quiles a su cierre de campaña en Aragón, además de a un grupo musical que hace apología del golpe de estado de 1936. “Se demuestra que el PP, Vox y Alvise y Se Acabó la Fiesta son lo mismo en el fondo y en la forma, y ustedes se sorprenden de la subida de Vox”, dijo Sánchez, que preguntó a Feijóo en el Congreso: “¿Qué ha sido de esa moderación, de esa altura de Estado, de esa política para adultos? ¿Se lo han robado a Ayuso, Abascal y Vito Quiles?”. 

“Cuando nos quejamos de que el PP está blanqueando a la ultraderecha, de lo que estamos hablando es de que si el ciudadano no percibe que es vergonzoso y delito pactar y hablar con fascistas, si percibe que no son fascistas, sino gente respetable, los normalizas, y ¿por qué no los van a poder votar los ciudadanos?”, reflexionan en Moncloa: “Ese partido lo hemos perdido. El siguiente es vencer al monstruo”. 

Plantar cara a Vox y humor como antídoto frente a la ultraderecha

En las filas socialistas cunde la resignación porque el miedo a Vox ya no es un reclamo electoral como sí lo fue en las generales de 2023. Entonces, la victoria de los populares y su posibilidad de gobernar gracias a la ultraderecha fue un revulsivo ante el adelanto electoral del 23J. Sin embargo, el nuevo ciclo electoral evidencia que la ultraderecha sigue en ascenso. Aunque en Ferraz sostienen que en las autonómicas consiguen movilizar menos que en municipales y generales, están modulando la estrategia para frenar su auge. 

“Cuando aparece la ultraderecha, el sentido común te dice que no hablar de ellos y no ir al choque para no darles espacio es lo más inteligente. Así lo hemos hecho mucho tiempo. Cuando a pesar de que intentes ignorarlos y taparlos, entran en las instituciones, tienen espacio y pasando los años se consolidan con un mejor resultado, hay que plantarles cara”, señalan fuentes gubernamentales. En el pleno del Congreso de esta semana, Sánchez pasó a la ofensiva contra Abascal al ponerle frente al espejo preguntándole por su sueldo después de que El Confidencial revelara que paga a su asesor de cabecera 26.700 euros al mes. 

“Usted ha formado parte de un grupo político, de un partido político, el Partido Popular, que ha regularizado migrantes cuando ha estado en el Gobierno y usted no ha dicho ni mú, como tampoco dice ni mú ante los atropellos de la administración estadounidense”, le reprochó el presidente en la sesión de control en la que le preguntó si vio la actuación de Bad Bunny en la Superbowl: “Menos odio y más amor, señor Abascal”. 

The only thing more powerful than hate is love [lo único más poderoso que el odio es el amor]. Y yo añado la esperanza. También puede al miedo. Combatamos al miedo y seamos esperanza”, había arengado previamente el portavoz socialista, Patxi López, a los suyos, que le ovacionaron en pie, incluido el presidente. 

Al amor y la esperanza frente al odio se suma el humor. En Moncloa se basan en el manual de actuación en países Latinoamericanos, como Brasil, en los que a la ultraderecha se le caricaturiza para restarle solemnidad o a la campaña de Hilary Clinton frente a Donald Trump en 2016. “Si te dedicas a desmentir cada barbaridad, pierdes. Tienes que burlarte”, dicen en Moncloa, donde también trabajarán en un “lenguaje sencillo y directo para que la verdad llegue a los ciudadanos” frente a los “bulos que corren muy rápido en el ecosistema digital”. 

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