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Qué es la OTAN 3.0 y cómo el debate nuclear anega las capitales europeas
Opinión - 'El faro del mundo libre', por Rosa M. Artal

Qué es la OTAN 3.0 y cómo el debate nuclear anega las capitales europeas

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y del subsecretario de Guerra de EEUU, Elbridge A. Colby, en la reunión ministerial en la sede de la OTAN, en Bruselas (Bélgica).

Rodrigo Ponce de León

Corresponsal en Bruselas —
13 de febrero de 2026 21:57 h

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No es la primera vez que la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, tiene una crisis de identidad. Ya ocurrió hace más de 15 años, en la cumbre de Lisboa de 2010, en la que participó como invitado el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, que, junto al presidente de EEUU, Barack Obama, cerró el conflicto provocado por la creación del escudo antimisiles que puso en marcha la Administración estadounidense de George W. Bush. Eran otros tiempos muy diferentes. Obama llegó a decir que veía a Rusia “como un socio y no como un adversario”, mientras que Medvédev respondió: “Ahora miramos con optimismo al futuro”. Nadie pensaba en la cumbre que enterró la Guerra Fría que el futuro iba a ser mucho peor.

Hoy, el presente es preocupante. El presidente ruso, Vladímir Putin, amenaza a Europa tras iniciar una guerra con su invasión de Ucrania, que la semana que viene cumplirá su cuarto aniversario. Mientras, el presidente de EEUU, Donald Trump, desprecia a sus antiguos aliados europeos, a los que presiona económica y comercialmente, abandonando el papel de garante de la seguridad europea.

Una vez superado el conflicto por Groenlandia, EEUU sigue su camino en lo que Stefan Lehne, investigador de Carnegie Europe, ha definido como “la mayor potencia del mundo” dando “la espalda al sistema internacional que Estados Unidos mismo inició y moldeó tras la Segunda Guerra Mundial”. Uno de estos pasos es el que dio este jueves Elbridge Colby, subsecretario de Guerra, en el encuentro con los ministros de Defensa de la Alianza Atlántica en la sede de Bruselas. Colby avisó a sus colegas europeos de que tienen que mejorar sus capacidades militares y asumir más responsabilidad en la defensa de Europa frente a la amenaza rusa.

Colby volvió a poner sobre la mesa un viejo concepto, OTAN 3.0, pero con un nuevo significado: “Lo que se necesita es una OTAN 3.0, algo mucho más cercano a la OTAN 1.0 que al enfoque de los últimos 35 años. Esta OTAN 3.0 exige que nuestros aliados hagan esfuerzos mucho mayores para asumir el liderazgo y la responsabilidad principal de la defensa convencional de Europa”. No es una idea nueva. Ya en 2010, en la cumbre de Lisboa, el entonces secretario general de la Alianza Atlántica, Anders Fogh Rasmussen, sacó a la luz “la nueva OTAN 3.0”, aunque se trataba de redefinir el concepto estratégico de una organización militar que parecía quedarse sin enemigos, por lo que introducía los riesgos de la guerra digital, el terrorismo, el narcotráfico y la piratería, las armas de destrucción masiva y la seguridad en las líneas de abastecimiento de materias primas vitales.

“Queremos asociaciones, no dependencias”

Sin embargo, la OTAN 3.0 de Colby, que un diplomático europeo define como “el cerebro gris detrás de la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU”, busca que los europeos se valgan por su cuenta. “Esta visión no es antieuropea. Al contrario, refleja esperanza y, de hecho, confianza en la capacidad de Europa para actuar de manera sustancial y enérgica. Este es el mensaje de las Estrategias de Seguridad Nacional y de Defensa Nacional: queremos, como ha planteado el Secretario [Marco] Rubio, aliados fuertes y seguros en Europa y más allá. Queremos asociaciones, no dependencias”, subrayó el subsecretario de Guerra de EEUU.

Dmitri Medvédev, Barack Obama y Nicolas Sarkozy en un momento de la cumbre de la OTAN en Lisboa (Portugal), el 20 de noviembre de 2010.

Sin embargo, en el discurso de Colby queda implícito un tono condicional por parte de EEUU: “Continuaremos preparando nuestras fuerzas para cumplir nuestra parte bajo el Artículo V, mientras Europa asume el liderazgo de su defensa convencional. Pero también seguiremos insistiendo, de manera respetuosa pero firme y persistente, en un reajuste de roles y cargas dentro de la Alianza. No se trata de presión por sí misma; es presión al servicio de una OTAN más fuerte y creíble”.

Majda Ruge, investigadora del European Council on Foreign Relations, hace una lectura más concreta y clarificadora de la nueva posición de EEUU en la Alianza Atlántica respecto a Europa. “Las implicaciones para Europa son claras. Durante décadas, Trump ha afirmado que cree que los aliados están aprovechándose de Estados Unidos en las alianzas de seguridad. Durante su primer mandato, presionó para que los miembros europeos de la OTAN hicieran mayores contribuciones. En 2025, la administración volvió a subrayar el imperativo de trasladar cargas en la estrategia de seguridad nacional: EEUU espera que Europa asuma la responsabilidad principal de su propia seguridad, ofreciendo a cambio acceso continuado a sus mercados, tecnología y cooperación en defensa como incentivos, no como garantías”.

Y aquí entra la cuestión de la disuasión real frente a las amenazas. El subsecretario de Guerra de EEUU apuntó que “se continuará proporcionando la disuasión nuclear extendida de EEUU” a Europa. El problema es que entre los europeos se ha extendido la desconfianza hacia el país gobernado por Trump.

El canciller alemán, Friedrich Merz, en su discurso de este viernes en la Conferencia de Seguridad de Múnich, ha apuntado que “el liderazgo de Estados Unidos está siendo cuestionado”: “Quizá ya se haya perdido. Si hubo un momento unipolar en la historia tras la caída del Muro de Berlín, hace tiempo que quedó atrás. En la era de las grandes potencias, nuestra libertad ya no está garantizada, está bajo amenaza”.

El debate nuclear

Si es por el gasto en armas de defensa convencional, Europa está cumpliendo de sobra. Junto a Reino Unido, la UE ha dedicado más de 530.000 millones de dólares a gasto en Defensa en 2025, pero, cuando se habla de disuasión, el paraguas nuclear de EEUU es todavía fundamental. Por este motivo, se ha abierto en Europa el debate sobre si esta debería dotarse de su propio arsenal para la disuasión nuclear. La alta representante de la UE para Exteriores, Kaja Kallas, abrió el melón nuclear esta semana tras asegurar que los países europeos “deberían tener discusiones” sobre la posibilidad tener armas nucleares. “Necesitamos tener este debate. Viene del hecho de que nuestra alianza transatlántica ya no es lo que solía ser”, subrayó Kallas.

Una gorra con el lema 'Make The UN Great Again' ('Hagamos a la ONU grande otra vez') en una de las charlas de la Conferencia de Seguridad de Múnich.

“Los europeos podrían encontrarse en una situación en la que EEUU ya no esté dispuesto a proporcionar disuasión nuclear”, puntualiza Héloïse Fayet, investigadora del Institut Français des Relations Internationales. “Por ello, deben ir más allá de las ambiciones declarativas y afrontar seriamente las compensaciones, limitaciones y riesgos de todas las opciones sobre la mesa. La era en la que Europa podía permitirse la complacencia estratégica ha terminado. Por incómodo que resulte el debate, el nuevo entorno de seguridad exige que los responsables políticos europeos afronten el papel de las armas nucleares en la defensa del continente de manera directa y sin demora y que inviertan los recursos necesarios”.

En la actualidad, solo Reino Unido y Francia cuentan con arsenales nucleares. Reino Unido posee un aproximadamente 225 ojivas nucleares y Francia cuenta con 290, Rusia tiene un potencial nuclear de más de 4.300 ojivas nucleares. “Rusia seguirá siendo la principal amenaza para la seguridad europea y el enfoque principal de la planificación de defensa y disuasión nuclear europea a corto y medio plazo. Cualquier asimetría percibida entre las capacidades convencionales terrestres rusas y europeas a favor de Rusia puede alentar a Moscú a concluir que podría llevar a cabo una incursión exitosa en territorio europeo de la OTAN, siempre que EEUU se niegue a contribuir activamente a la defensa europea”, añade Darya Dolzikova, investigadora sobre proliferación y política nuclear del Royal United Services Institute for Defence and Security Studies.

A pesar de la amenaza, el debate nuclear es complejo. Para empezar, solo el mantenimiento de los arsenales nucleares de Reino Unido y Francia cuesta más de 10.000 millones de dólares cada año.

Tanto Reino Unido como Francia suscribieron en 2025 la Declaración de Northwood para coordinar el posible uso de sus fuerzas nucleares. “Nuestras fuerzas nucleares son independientes, pero pueden coordinarse y contribuir de manera significativa a la seguridad general de la Alianza, así como a la paz y la estabilidad del área euroatlántica”, dice el texto. Ahora bien, ¿qué ocurriría si la ultraderecha de Agrupación Nacional consiguiera el poder en Francia?

En este sentido, Bernard Rogel, almirante francés que fue jefe del Estado Mayor Militar, escribe para la Fundación Robert Schuman, que “el asunto fundamental es la confianza”. “Obviamente, los países europeos deben poder contar con la inquebrantable determinación política de Francia para contribuir a su seguridad, independientemente del partido político que esté en el poder. Y Francia debe poder contar con la determinación de los países europeos para desarrollar sus fuerzas convencionales y los medios para su autonomía estratégica, de manera que respalden la disuasión nuclear francesa y podamos finalmente construir una defensa europea verdaderamente integral”.

Precisamente, Merz ha admitido en Múnich que mantuvo conversaciones con el presidente francés, Emmanuel Macron, sobre la disuasión nuclear europea. Aunque el canciller alemán recordó que su país no puede tener este tipo de armamento por el Tratado Dos más Cuatro de 1990, firmado por la Reunificación alemana, y el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Keir Starmer, Friedrich Merz y Emmanuel Macron en la Conferencia de Seguridad de Múnich.

Ahora bien, el canciller alemán admitió que hay que abordar las capacidades militares nucleares, aunque insistió en que su país cumplirá sus obligaciones legales dentro de su “participación en la OTAN” y “no permitirá que en Europa surjan zonas con niveles de seguridad diferentes”. Por si acaso, Merz también recordó “el artículo 42 del Tratado de la Unión Europea, que obliga, en caso de un ataque armado en Europa, a apoyo mutuo”. Merz ha comentado que “ya había conversado con otros socios europeos” sobre la disuasión nuclear, ante la nueva posición de EEUU en la OTAN frente a Europa.

El ministro finlandés de Defensa de Finlandia, Antti Häkkänen, afirmó que la idea de reemplazar el paraguas nuclear estadounidense por una disuasión completamente europea “no es ni práctica ni realista en las condiciones actuales”. Mientras que el primer ministro belga, Bart De Wever, comentó a Bloomberg que “es un asunto muy complicado porque la disuasión nuclear francesa no es un verdadero paraguas nuclear como el que nos ofrece la OTAN. Si se habla de armas nucleares, entonces se habla de gastar mucho dinero”. El ministro de Defensa de Alemania, Boris Pistorius, insistió en que “el enfoque debe ser mantener a los estadounidenses en la OTAN”.

Al final parece que todo vuelve a los orígenes. El primer secretario general de la OTAN, Lord Ismay, general y diplomático británico, resumió que la idea original de la Alianza era “mantener a los rusos fuera, a los americanos dentro y a los alemanes abajo”. La OTAN 3.0.

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