Nadie sabía qué pasaba en casa de Alberto 'El Coletas', detenido por secuestrar a Salma: “No salía, un amigo le hacía los recados”
En la pedanía le llaman 'El Coletas', un apodo meramente descriptivo que alude a la longitud de su cabellera negra. Pocos vecinos de la pedanía murciana de San José de la Vega lo conocen, y solo por el mote: “Iba siempre solo, con el coche. Pocas veces daba vueltas por el pueblo”, apunta un vecino. Por su nombre, Alberto S.M., no lo identifica nadie.
La mayoría de los vecinos de esta pedanía de poco más de 5.000 habitantes se han enterado de lo ocurrido viendo la televisión. Sin embargo, hay quienes desconocen que, a pocos metros de ellos, este individuo, de 54 años, ahora en prisión provisional, mantuvo presuntamente secuestrada durante dos años a Salma, una mujer marroquí de 38.
“Aquí solo lo hemos visto una vez, un verano hace uno o dos años”, comenta una trabajadora del bar del hogar del pensionista. Se trata de una de las pocas personas del pueblo que le conoce, aunque sea de vista. En el bar, los pocos que saben de él señalan que solo se dejaba ver con otro hombre, de edad similar: “Él no salía, tenía un amigo que le hacía los recados”, detalla un parroquiano.
“La casa era de un amigo mío, que se la vendió hace unos diez o doce años. Es forastero, no es del pueblo”, explica un hombre a la salida del hogar del pensionista. Pese a que se trata de un chalet, es posible caminar junto a la casa del detenido y que pase desapercibida. Se encuentra tras una curva de una carretera rural, y solo es posible acceder a ella a través de una acequia, parte habitual del paisaje de la huerta murciana. La vía es claustrofóbica, de apenas un metro de ancho, y partida en dos por el canal. A un lado, está el muro de la vivienda del detenido y, al otro, el vallado que da a un campo de limoneros. La pared que separaba a Salma de su libertad mide unos tres metros de altura, blanca y tapada con chapa y tras ella, una puerta de garaje, que hacen de este domicilio una verdadera fortaleza.
En el registro de la vivienda, cuando Alberto S.M. fue detenido, agentes de la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) de la Policía Nacional encontraron armas blancas y de fuego, estupefacientes y la camilla que presuntamente utilizaba para retener a la víctima y propinarle palizas.
“Desde nuestra terraza vemos su patio, y nunca la hemos visto [a Salma]”, asegura una pareja de vecinos que reside en la calle contigua. Se enteraron de lo ocurrido a través de las noticias.
“La policía no paraba de venir, desde hace años. Se oye decir que allí venden [estupefacientes]”, abundan. Otros residentes de la zona corroboran que los avisos a la policía eran constantes, y muchos vinculan al detenido con el tráfico de drogas: “Yo sabía que había tema [de sustancias]. Lo conocí a él y a su antigua mujer”, explica un vecino. De acuerdo con el diario local La Opinión, Alberto S.M. tiene antecedentes por violencia machista por maltratar a esta expareja. El medio detalla que en el año 2015 esta mujer, con la que tuvo sus dos hijos, lo denunció ante la Policía por haberle propinado una paliza.
Pese a que este barrio de la huerta parece tranquilo y con población envejecida, denuncian que son numerosos los puntos de venta de droga. Cerca de la pareja, en la misma calle, un joven en bicicleta conversa con otro, que permanece en su portal: “Lo conocemos, pero no opinamos”, dice el de la bici, nervioso. “Lo que ha pasado ni me sorprende ni me deja de sorprender. Él no se mete con mi vida, yo no me voy a meter con la suya”, añade, mientras se marcha pedaleando.
Prisión provisional, comunicada y sin fianza
El juzgado de Violencia contra la Mujer número 1 de Murcia ha decretado el ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza para el detenido después de que prestase declaración. De acuerdo con fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Murcia, la instructora ha tomado esa decisión “por la gravedad de los hechos y tras apreciar riesgo de reiteración delictiva, fuga y destrucción de pruebas”. Además, se le ha impuesto la prohibición de acercarse y comunicarse con la víctima.
En cuanto a la mujer acusada de encubrimiento, que también había pasado este viernes a disposición judicial, ha quedado en libertad provisional y se le ha impuesto una orden de alejamiento de la víctima.
La magistrada ha acordado también tomar declaración a un tercer detenido, y ha solicitado además la comparecencia de varios testigos, así como un informe forense para evaluar las lesiones psicológicas y físicas de la víctima.
Salma también ha declarado. Tal y como han explicado a EFE dos personas que la han acompañado en los momentos previos a su declaración ante la jueza, su captor apenas salía de la casa, donde nunca la dejaba sola y donde entraban habitualmente otras tres personas, conocedoras de las torturas que sufrió esta mujer.
La víctima se había mudado de Barcelona, donde residía su hermano, a la pedanía murciana de San José de la Vega para vivir con su pareja. Comenzó a sufrir violencia presuntamente a manos de 'El Coletas' desde el primer momento.
Huida campo a través
Según han detallado sus acompañantes a la agencia de noticias, Salma consiguió escapar después de que el detenido le propinase una brutal paliza. El hombre siempre la dejaba maniatada y encerrada en el baño cuando se iba a dormir, pero la noche del 10 de febrero no tomó esas precauciones y la mujer logró escapar de la vivienda utilizando una escalera para saltar la verja que la rodea.
Salma consiguió llegar a un centro de salud del céntrico barrio del Infante en la capital murciana, donde, tras ser atendida, vieron que le faltaban varios dientes que le habría arrancado su captor, quien también la habría dejado ciega de un ojo y llenado el cuerpo de hematomas.
De la presunta colaboradora del detenido solo se conoce que se llama María. Salió de la comisaría este viernes de la misma manera que él, esposada. De acuerdo con Salma, fue una de las personas que se dejaban ver en la casa. Medios locales señalan, incluso, que llegó a acompañarla a un centro hospitalario en una ocasión, sin alertar del calvario que estaba sufriendo la víctima.
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