Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

Murcia y aparte es un blog de opinión y análisis sobre la Región de Murcia, un espacio de reflexión sobre Murcia y desde Murcia que se integra en la edición regional de eldiario.es.

Los responsables de las opiniones recogidas en este blog son sus propios autores.

Material inflamable

Nazarena Balaguer

0

Sobre este blog

Murcia y aparte es un blog de opinión y análisis sobre la Región de Murcia, un espacio de reflexión sobre Murcia y desde Murcia que se integra en la edición regional de eldiario.es.

Los responsables de las opiniones recogidas en este blog son sus propios autores.

En los estancos de medio país se venden desde hace poco unos mecheros donde unas letras que pretenden ser molonas dicen 'Me gusta la fruta', una consigna chusca con la que el insulto de una desequilibrada cruel aspira a ser chiste nacional, muy por debajo de los de Lepe y más bien cerca de Puerto Hurraco. Ahora esa gracieta de chulerío casposo, rancio, se vende en forma de lo que literalmente es: material inflamable. Estos mecheros no los verán en un kiosco de Deusto, ni en Figueres, ni en Menorca, en el Parque Natural de Somiedo, o doquier la civilización mantiene las nobles reglas de convivencia y pudor. Pero no los verán porque las cadenas de distribución no son tontas y saben que determinada clientela tampoco lo es. Incluso en las tierras conquistadas (de momento) por la propaganda de un asesor beodo. La inteligencia no se imposta. Se demuestra.

Los distribuidores nunca pierden, como la banca. Ganan tanto que esa avaricia y su impunidad llevan al sector primario a la ruina, pero sólo los agricultores del Norte se manifiestan frente a los supermercados y las grandes superficies, donde los márgenes los marca la usura. Los consumidores, también perdedores, lo más trendy que nos sale es protestar por lo bajini en la caja, cuando lo único que funciona es no comprar mansamente una vez y otra donde se nos atraca, pero ¿Qué clase de adicción es esa? y dejar nuestros billetes, de verdad y no sólo de boquilla, en el comercio local.  

Los tractores han paralizado otra vez Murcia, Madrid, el país entero, y no será la última. Es una revuelta de revueltas con etiqueta oculta: el contenido de clase del conflicto, que no es igual para grandes y pequeños productores. Señoros con pantalones rosas y pulseras rojigualdas en sus vehículos millonetis, latifundistas que parecen a punto de asaltar el Capitolio seguros de que nunca pagarán multa por verter sus letales nitratos y purines en la tierra, en las ramblas, en el mar. Les dará igual llevarse el negocio, si es más barato, a otras regiones. Da igual plantar una lechuga que un hotel. Poco que ver con los pequeños y medianos empresarios que trabajan desde hace varias generaciones rezando para que las nubes descarguen mientras venden a pérdidas. Todos en la calle, bueno todos no. Faltan los jornaleros del campo que se desloman de sol a sol por un sueldo de miseria. De esos no se ven en Murcia ni en Bruselas, ni los verán.