Una gran guerra es posible
No es algo que no se supiera. Pero ensamblada una noticia tras la otra, la revelación estremece. La prestigiosa revista norteamericana Foreign Affairs, editada por una organización conservadora (pero no trumpista) fundada en 1922, publica un largo artículo que empieza con esta frase: “Rusia libra una guerra sin fronteras”. Según la revista, Ucrania es el frente abierto, pero el objetivo es mayor: derrotar a una coalición de adversarios que incluye a toda Europa y a la oposición rusa refugiada en nuestro continente. En función de ello, Moscú lleva a cabo “repetidos ataques contra personas e infraestructuras dentro de las fronteras de la OTAN”, destinados no a persuadir, sino a destruir sistemas críticos y la disposición del continente a luchar.
La lista de ataques encubiertos rusos estaría creciendo cada mes. Las flotas de drones rusos han paralizado aeropuertos concurridos en Bélgica, Dinamarca, Alemania y Noruega. Drones rusos derribados han causado daños en Polonia. Buques vinculados a Rusia han echado sus anclas en el mar Báltico, interrumpiendo conexiones vitales de energía y telecomunicaciones. Dispositivos colocados por agentes rusos han interrumpido el servicio ferroviario y los depósitos logísticos europeos. Altos dirigentes de la industria europea de defensa han escapado por poco a intentos de asesinato. Varios exiliados rusos han tenido menos suerte, señalan los autores del artículo.
El texto concluye: “Moscú ya se considera en guerra con Occidente. No sólo por Ucrania, sino también por la supervivencia de Putin. Recurre a una agresión en la sombra porque teme una guerra total contra un adversario más poderoso. Las respuestas de Europa son débiles, limitadas a retórica, sanciones y restricciones de visados que apenas ahuyentan a Rusia”.
El texto de la revista norteamericana es el más claro que sobre este asunto que se ha publicado en los últimos tiempos. Pero ha habido otras aportaciones puntuales, sobre a todo a cargo de expertos, que vienen a decir que el riesgo de guerra entre las grandes potencias del mundo, por ejemplo, también entre Estados Unidos y China –país que se ha rearmado formidablemente en los últimos tiempos–, es mucho más real de lo que suele afirmarse.
El foco, en Alemania
El Wall Street Journal titulaba el jueves que un general alemán ha declarado que está “preparando a su país para la guerra”. “¿Podría Rusia iniciar una guerra en toda Europa?”, se preguntaba el diario, mientras otras informaciones contaban que la OTAN lleva ya semanas en el Ártico preparándose para cazar submarinos rusos. Como en la Guerra fría.
Y el foco de unos cuantos observadores se dirige justamente a Berlín a la hora de completar el panorama de esta escalada. Hasta hace poco las autoridades del continente estaban preocupadas de que Alemania, un país estratégicamente crucial en la geografía europea, estuviera demasiado débil y a merced de lo que le viniera de fuera tras de la retirada de buena parte de los efectivos militares norteamericanos presentes en el país desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
El otro gran motivo de inquietud europea, la guerra de Ucrania, parece paralizado en el plano diplomático
Ahora la preocupación es que Berlín se está volviendo demasiado fuerte. En 2025, gastó más en defensa que cualquier otro país europeo. Su presupuesto militar ocupa ya el cuatro puesto mundial. Se espera que su gasto militar alcance los 189.000 millones de dólares en 2029, el triple que en 2022. Tal potencia creciente, además de suscitar varias preguntas, puede desestabilizar las relaciones de la UE en este capítulo.
Los acontecimientos más recientes confirman que algo tan importante para la UE como el vínculo entre Alemania y Francia se está deteriorando por desacuerdos en una larga lista de asuntos muy importantes. Se califica su relación de “glacial”. La difícil situación interna francesa no ayuda a restañar esa herida creciente. Por su parte, el canciller alemán, Friedrich Merz, parece estar buscando en Italia, en la ultraderechista Giorgia Meloni, el socio privilegiado que está perdiendo en París. Justamente cuando la ultraderecha germana no deja de crecer y amenaza con convertirse en el primer partido del país en las próximas elecciones.
El otro gran motivo de inquietud europea, la guerra de Ucrania, parece paralizado en el plano diplomático, aunque cada día es más activo en el militar. Pero es muy posible que esta situación acabe en breve. Porque observadores europeos y norteamericanos están convencidos de que Donald Trump está presionando para que la guerra acabe en junio –seguramente respetando mucho las condiciones que Moscú ha puesto para ello– a fin de que no influya en las elecciones estadounidenses de noviembre que, según todos los expertos, van a celebrarse, pese a las balandronadas en contra que Trump viene lanzando desde hace semanas. Porque la Constitución así lo impone y las huestes del presidente no pueden hacer nada contra eso. Aunque sí tendrían margen para mejorar sus condiciones con el fin de evitar la clara derrota del trumpismo que prevén los sondeos. Por cierto, según distintas fuentes, Trump se ha enriquecido en 1.400 millones de dólares desde que llegó a la Casa Blanca hace un año. Sobre todo con las criptomonedas.
9