Más difícil todavía
Aún no se comprende por qué el Gobierno presentó un decreto “ómnibus” sin tener garantías de que iba a ser aprobado por el Congreso. Más de un portavoz, político y periodístico, de la derecha no ha tenido reparo en asegurar que lo que pretendía Sánchez era poner en dificultades al PP obligándole a votar contra la subida de las pensiones. Hay una explicación alternativa bastante menos alambicada y más preocupante: que Pedro Sánchez esperaba que Junts apoyara el texto y se quedó colgado cuando los de Puigdemont hicieron lo contrario.
De ser la buena, esta segunda opción tiene mucha mayor hondura que la primera. Porque querría decir que la ruptura con Junts es prácticamente total y que la intención de Sánchez de volver a contar con su apoyo, incluso para aprobar unos presupuestos, es una mera ensoñación. Los argumentos para sostener esta segunda tesis serían los siguientes: la aplicación de la amnistía a Puigdemont, uno de los motivos principales de su pacto con el Gobierno, aún se va a prolongar un tiempo –no poco, dicen algunos– y puede que las elecciones generales lleguen antes de que se verifique.
Tres cuartas partes de lo mismo vale con la utilización del catalán en la Unión Europea que parece muy difícil que se concrete a corto o medio plazo a pesar de los esfuerzos de ministro de exteriores José Manuel Albares.
Pero seguramente el asunto que mejor explica la posición de ruptura de Junts es el formidable ascenso que está registrando en los sondeos Aliança Catalana, el independentismo de ultraderecha, que según las últimas encuestas podría hasta superar a Junts en unas próximas elecciones al Parlament y en el ayuntamiento de Barcelona, y que rechaza cualquier forma de colaboración con partidos españoles.
Si para Junts ese mensaje es prioritario respecto de cualquier otro, es decir, si para el partido de Puigdemont lo primero es evitar alejarse demasiado de las posiciones de Aliança Catalana, el proyecto de Sánchez de prolongar la legislatura hasta después del verano de 2027 es prácticamente imposible. Porque Junts no va a colaborar en nada importante. Y no es descartar que Podemos coloque otra piedra en ese mismo camino. El hecho de que el gobierno haya tenido que perder una votación para confirmar que las cosas están peor de lo que pensaban sugiere que tiene un control de la situación menos firme de lo que le haría falta.
Superado el susto de las pensiones, que el Gobierno ha sabido anular muy rápidamente, queda ahora por saber cómo y cuando se van a aprobar las otras medidas sociales incluidas en el decreto. Porque Junts ya ha dicho que se va a oponer en lo relativo a los desahucios, muy en línea con lo que opinan las organizaciones patronales catalanas… y también el PP. Un partido con el que puede que los de Puigdemont estén pensando que algún día tendrían que entenderse.
Y puede que no haya que esperar mucho tiempo para que pueda plantarse esa hipótesis. Porque las encuestas dicen cada vez más claramente –menos la del CIS– que la derecha ganará las próximas elecciones. Sin embargo, también sugieren unánimemente otro dato que hace preguntarse sobre la composición del futuro gobierno de derechas que pronostican los sondeos. Porque Vox no deja de crecer y en algunas circunscripciones, como la Comunidad Valenciana, supera al PP. Y si esas previsiones se cumplen, no será fácil que Santiago Abascal acepte sin más ser el segundón de Alberto Núñez Feijoo.
Todo indica que las elecciones de este domingo en Aragón no van a acrecentar esas incógnitas. Con un elemento adicional: una nueva derrota catastrófica del PSOE, como la reciente de Extremadura, no haría sino poner las cosas un poco más difíciles a Pedro Sánchez. Justo en un momento en el que el presidente tiene encima una crisis ferroviaria de enormes dimensiones que parece que cada día que pasa crece en lugar de ser reconducida y que tiene un enorme impacto popular. Por cierto, que Esquerra Republicana, hasta ahora socio bastante fiel del gobierno, se acaba de sumar a quienes piden la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente.
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