¿Puede el Gobierno recuperarse de este golpe?
Más allá de conocer las causas precisas de lo ocurrido, lo cual, según parece, llevará tiempo, lo que hoy buena parte de la opinión pública se pregunta es si el Gobierno va a caer por culpa de los accidentes ferroviarios. La cuestión es lo suficientemente grave y la conmoción nacional tan grande que es inevitable que provoque, antes o después, y probablemente pronto, un debate sobre sus causas y responsabilidades que podría decidir la suerte del gabinete de izquierdas.
Vox ya se ha lanzado sin tapujos a esa pelea culpabilizando a Pedro Sánchez y a sus ministros del desastre de Adamuz. Según se cuenta, más de un barón del PP ve con inquietud ese protagonismo, teme, además, que a Santiago Abascal le sea muy rentable en las próximas elecciones aragonesas y piden a Núñez Feijóo que endurezca el tono.
El líder del PP se ha mantenido prácticamente en silencio hasta hoy y desde que se produjo el accidente. En las primeras horas, e incluso en los primeros días tras el desastre, la voz y la posición de los populares la ha expresado el presidente de la Junta de Andalucía, que ha mantenido un tono de moderación, subrayando reiteradamente que la coordinación con el gobierno central había sido buena. Ha debido concluir, seguramente tras la mala experiencia que para él supuso su beligerancia en la crisis de los cribados del cáncer de mama, que el oportunismo político no es bueno tras una catástrofe como la de estos días, a la que se ha añadido fatalmente para aumentar la conmoción nacional el accidente de Rodalies.
Pero este jueves la moderación del PP ha saltado por los aires. Por boca, como era de esperar, de Isabel Díaz Ayuso, que ha hecho una intervención radiofónica no menos incendiaria que la de Vox. “La tregua de estos días es una pantomima del gobierno. No puede ser que impere la ley del silencio y del miedo”, ha dicho la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Y, como también era de esperar, no han pasado muchas horas hasta que la dirección del PP ha entrado el trapo para no quedarse atrás. Y Ester Muñoz, la portavoz del partido en el Congreso, ha hecho declaraciones como estas: “Muchos españoles se preguntan si ahora pueden coger el tren. El gobierno ha contribuido a la sensación de inseguridad con este caos. Es evidente que hay un caos”.
Fuentes periodísticas aseguran que Génova espera al final del luto oficial para lanzarse por esa misma pendiente. Es previsible que las críticas del PP, probablemente ya también por boca de Núñez Feijóo, copen las primeras de la semana que viene. Y de ahí en adelante. Ya no habrá tregua alguna, aunque eso no será ninguna novedad porque el enfrentamiento sin cuartel es la tónica de la vida parlamentaria desde hace ya mucho tiempo.
Porque lo importante en un inmediato futuro no es lo que diga o haga el PP, que sufre las mismas limitaciones que hace una semana o dos meses, sino cómo se van a colocar los demás actores políticos. Para empezar, los socios del gobierno, gracias a cuyos votos los socialistas se mantienen en el poder.
Aparte de la imprevisible posición que pueda adoptar Junts, cabe preguntarse qué actitud va a adoptar el PNV, cuyo dirigente máximo, Aitor Esteban, ya ha dejado caer en más de una ocasión que un hecho grave podía poner en cuestión el apoyo de su partido a Pedro Sánchez. El fantasma de una moción de censura podría asomarse por primera vez a Las Cortes.
Mucho dependerá de cómo reaccione Pedro Sánchez a la situación que el accidente ha creado. No tiene más remedio que agarrar el toro por los cuernos y proporcionar explicaciones plausibles y creíbles de lo que ha ocurrido, sin refugiarse en la falta de datos probados hasta que no terminen las investigaciones en curso. Porque buena parte de la opinión se tomaría eso como una tomadura de pelo que no mejoraría la situación del líder socialista. No hacen falta muchos conocimientos técnicos para suponer que con la información y las valoraciones de expertos de las que el gobierno dispone ya se puede hacer un diagnóstico de lo ocurrido.
Si quiere tener algún futuro, Pedro Sánchez no tiene más remedio que transitar por esa vía, por muchos riesgos que implique. Y luego anunciar decisiones que nazcan de la atribución de responsabilidades técnicas y políticas que ese diagnóstico sugiera. Adelantándose si hace falta a que concluyan los procedimientos, pero poniendo encima de la mesa todo el rigor que la situación requiere. La situación política, la del país y la del propio Pedro Sánchez, así como el estado de angustia que viene una parte no desdeñable de la opinión pública no permiten dilaciones. El gobierno tiene que actuar ya y puede que una de las cosas que tenga que hacer, para evitar males mayores, es sustituir a Óscar Puente a la cabeza del ministerio de transportes.
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