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CRÓNICA

La venganza del PP contra Óscar Puente

Óscar Puente en el Senado en un pleno de noviembre de 2025.
21 de enero de 2026 22:40 h

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Óscar Puente hizo su gran aparición en la política nacional en el debate de investidura con el que Alberto Núñez Feijóo presentó su candidatura a la Presidencia del Gobierno después de las elecciones de 2023. Fue una jugada de Pedro Sánchez para enfrentarle al candidato socialista que había obtenido el mayor número de votos en las elecciones municipales de Valladolid, pero que no fue elegido alcalde por el pacto del PP y Vox. El PP se lo tomó a la tremenda pateando los escaños y llamando a gritos “cobarde” a Sánchez. Después, Puente se puso los guantes de boxear y le puso a Feijóo la cara como un cromo.

Tanto se divirtió que habló del “PP de Galicia, esa gran familia retratada en 'Fariña'” y, para rubricar el bombardeo, mencionó “su estrecha amistad con un narcotraficante”. No es que se limitara a hacer su trabajo en la tribuna. Se notaba que lo estaba pasando bien. Cuanto más sacudía, más se cabreaban los diputados del PP y vuelta a empezar.

Quizá Puente no sea rencoroso, pero no olvida. En una entrevista en abril de 2025, leyó los insultos que le endosó entonces el jefe de opinión de El Mundo por ese discurso. Como muestra: “Cuando Óscar Puente se levantó para ocupar la tribuna de oradores, todo el mundo se sorprendió de que supiera caminar erguido. Su intervención gorilesca escapa a las capacidades intelectuales de un humilde cronista de letras. Pertenece al dominio zoológico de Jane Goodall”. Meses después, el diputado Rafael Hernando retomó la idea: “Tenemos un ministro que parece el eslabón perdido entre el mono y el orangután”. Hernando está en política para este tipo de cosas.

No todo lo que decía Puente en redes sociales pasaba el corte de lo políticamente coherente o útil, pero le funcionó. Cuando se convirtió en ministro, dobló la dosis. En especial, en las redes sociales donde se adaptó con rapidez al ambiente habitual en Twitter: “En las redes se juega duro. Si no juegas duro, pasas desapercibido y eres irrelevante”. Él mismo recordó que pasó de tener 68.000 seguidores en Twitter en el día de ese debate de investidura a subir a 150.000 seis meses después. Hoy cuenta con 291.000.

Cuando se produjo la dana de Valencia, Puente adoptó un estilo diferente. Se volcó en las redes no para masacrar al rival, sino para explicar con todo detalle qué se estaba haciendo para reconstruir las carreteras y vías ferroviarias destruidas en el menor tiempo posible. Recibió muchos elogios por ese esfuerzo de transparencia que demostró que en política no siempre el estilo más agresivo es la mejor opción por defecto.

Lo que diga un ministro de Transportes es de la máxima relevancia después de uno de los accidentes de tren más trágicos ocurridos en España en las últimas décadas. Está obligado a dar explicaciones y hacerlo cuanto antes, siempre que se conozca con detalle qué es lo que ha ocurrido, algo que no suele ser posible en los primeros días. Puente ha dado entrevistas, largas y detalladas, a varios medios, sobre todo en radio y televisión. Lo ha hecho también en medios en los que sabía que iba a recibir preguntas difíciles, como ha hecho en programas de Telecinco y Antena 3, en el último caso con Vicente Vallés. El jueves, dará otras tres entrevistas, incluida una en la COPE.

Un ministro no puede contar lo que no sabe. Es lo mismo que les pasó en 2013 al Gobierno de Rajoy y a su ministra de Fomento, Ana Pastor, inmediatamente después del accidente del AVE en Angrois con 80 muertos. Pidieron tiempo para poder conocer las causas del siniestro. Dos semanas más tarde, Pastor insistió en comprometerse a que se supieran las razones del desastre: “Quiero que se sepa la verdad, pero lo tienen que decir quienes investigan”.

Ana Pastor dijo algo más para justificar algunas de las medidas posteriores que cobra un cierto valor ahora: “He pedido que se revise todo, palmo a palmo, metro a metro, porque necesitamos decir a los españoles que, cuando ocurre una tragedia como esta, todo está en revisión”.

Esto último recuerda a lo ocurrido el miércoles y que generó tanta polémica en redes que luego el PP intentó utilizar en su favor. Adif limitó a 160 km/h la velocidad de los AVE en el tramo entre Madrid y Zaragoza de la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona con la intención de revisar la vía. La noche anterior, se realizó un aviso similar. Se hizo por los reportes entregados por un conductor que había apreciado “el supuesto mal estado de varios puntos de la vía”. Tanto en la noche del martes como en la del miércoles se llevó a cabo esa revisión. No son momentos para desdeñar la más mínima preocupación por el estado de la vía.

Sobre los informes dados por maquinistas hace unos meses sobre esas posibles anomalías, uno de los sindicatos del sector explicó que eran necesarios para asegurar el confort de los viajeros, no porque revelaran graves problemas de seguridad que pudieran propiciar un accidente como el de Adamuz. En ese caso, se hubieran negado a conducir los trenes. El SEMAF había pedido en agosto la reducción de la velocidad de 300 a 250 km/h en varias líneas en las que se había detectado “un aumento de las vibraciones”. Pero en el tramo del accidente la velocidad máxima ya era de 250 km/h y los trenes circulaban a 205 y 210 km/h.

El director de Tráfico de Adif, Ángel García de la Bandera, destacó el miércoles que las limitaciones temporales de velocidad responden a “una actividad normal y un proceso habitual” en el funcionamiento ferroviario en España.

Diputados del PP lo consideraron un hecho dramático. “¿En manos de quién estamos?”, se preguntaba la portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz al conocer la noticia. “Es gravísimo”, había escrito antes. Como si todo fuera una improvisación permanente.

Puente explicó que los reportes de los maquinistas han aumentado en los últimos días y lo ha achacado al “incremento de la tensión”. En cualquier caso, ha dicho que en estos casos se aplican los protocolos que obligan a realizar revisiones de la vía.

Después de que en la tarde del martes, el PP endureciera su tono y pusiera fin a la distensión propiciada por los mensajes de Juanma Moreno, el miércoles decidió dar una rueda de prensa. Unas horas antes, Santiago Abascal reiteraba sus ataques más serios contra el Gobierno.

El PP no quería quedarse atrás. Su diputado Juan Bravo definió al Gobierno como “desbordado”. Sobre esa limitación de la velocidad, dijo que “eso no genera seguridad”, aunque esas medidas se hacen precisamente para confirmar que la vía es segura. No es el momento de asumir ningún riesgo por pequeño que sea.

En plena confusión, Bravo mezcló en la misma frase ese límite temporal de 160 km/h con la velocidad máxima de 350 km/h que Puente anunció meses atrás para el viaje del AVE Madrid-Barcelona cuando se lleve a cabo la futura remodelación completa de la línea, la primera desde su construcción.

El portavoz del PP denunció “falta de transparencia”, a pesar de todas las entrevistas concedidas por Puente, y “la poca información que se traslada”. Menos de tres días después del accidente, el partido parecía querer tener todas las respuestas.

“El control del relato ha sido la prioridad del ministro”, criticó Bravo. Esa es una costumbre generalizada en política. Es lo que le dijo Feijóo a Carlos Mazón en uno de sus mensajes de la tarde del 29 de octubre de 2024 durante la dana: “Lleva la iniciativa de comunicación. Es la clave”.

Puente sabe que no puede llevar la iniciativa, pero está en condiciones de dar algunas respuestas, no todas. En la tarde del miércoles, dio una rueda de prensa de dos horas y veinte minutos junto a dos altos cargos de Renfe y Adif. Resaltó la complejidad de la investigación, que tardará mucho tiempo, aunque también intentó despejar algunas sospechas. “Si hay algo evidente es que no ha sido el mantenimiento ni la obsolescencia ni la falta de controles lo que ha desembocado en el accidente”, dijo. Es difícil descartar cualquier pista hasta que no se complete la investigación, aunque sea de forma preliminar.

El directivo de Adif explicó que el tramo del accidente se terminó de renovar hace pocos meses y desde entonces se había revisado su infraestructura en cuatro ocasiones, la última el 7 de enero.

Puente, como en su momento Ana Pastor, tiene derecho a pedir más tiempo para contar con respuestas firmes a todas las incógnitas sobre el accidente. El PP no está dispuesto a concedérselo.

¿Cómo reaccionará el ministro ante esa presión? “Voy a entrar al trapo lo menos posible”, respondió a un periodista. El Puente más agresivo tendrá que esperar.

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