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Túnel carpiano o neuroma de Morton: por qué se irritan los nervios y cómo evitarlo

El síndrome del túnel carpiano, en la muñeca, es la más común entre las neuropatías por compresión.

Darío Pescador

10 de marzo de 2026 22:14 h

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Sabemos de los vasos sanguíneos y del tubo digestivo, pero los nervios son una parte del cuerpo de la que nos acordamos solo cuando dan problemas. Cuando se habla del sistema nervioso se piensa en el cerebro y la médula espinal, pero la red de nervios periféricos que salen de esta estructura central es asombrosa, y si se desplegara llegaría a los 75 kilómetros de longitud. 

Los nervios discurren entre otros tejidos: músculos, tendones, vasos sanguíneos, capas de grasa o la piel. A veces, estos nervios periféricos se aplastan contra las estructuras anatómicas que los rodean, como huesos, ligamentos o tendones. Los síntomas suelen incluir hormigueo, dolor, entumecimiento y debilidad en el área afectada, y en general se las denomina neuropatías compresivas o de atrapamiento.

¿Qué ocurre cuando se aplasta un nervio? El primer efecto es que la presión aplasta los finos vasos sanguíneos que nutren el nervio. Sin oxígeno, el nervio funciona mal. Además, igual que los cables eléctricos están recubiertos por un envoltorio aislante, los nervios en el cuerpo humano tienen también una funda de una sustancia llamada mielina que los protege. En las neuropatías por atrapamiento, la mayoría de las lesiones son neurapraxia, un daño leve de la mielina que no llega a afectar al axón, el 'cable' del nervio, y que es reversible, pero que puede derivar en algo más grave.

En las neuropatías por atrapamiento, la mayoría de las lesiones son neurapraxia, un daño leve de la mielina que no llega a afectar al axón, el 'cable' del nervio, y que es reversible, pero que puede derivar en algo más grave

El segundo efecto de la compresión es mecánico. La presión constante sobre un nervio activa las células gliales de Schwann, unas células ayudantes encargadas de reparar la capa de mielina, que tienen que trabajar horas extra y no dan abasto. Con el tiempo, esta reparación fallida genera fibrosis, una cicatriz interna que engrosa el nervio y lo atrapa aún más. Por ejemplo, en el pie, esta fibrosis es precisamente lo que se produce en el neuroma de Morton.

El síndrome del túnel carpiano y el mito del ordenador

Los dolores y molestias derivados de los 'nervios pinzados' son muy, muy frecuentes, en distintas partes del cuerpo, pero el síndrome del túnel carpiano, en la muñeca, es la más común entre las neuropatías por compresión. Tiene una prevalencia en la población que oscila entre el 4% y el 6%, aunque los estudios poblacionales elevan la cifra hasta el 10-20%. Es tan común que se calcula que una de cada diez personas lo sufrirá en su vida, pero la cifra se dispara al 84% entre personas con diabetes. 

“Es la neuropatía compresiva más frecuente y afecta al nervio mediano cuando pasa por la muñeca a través del túnel del carpo, un conducto rígido formado por ligamentos”, explican los especialistas en servicio de Neurología de la clínica CEMTRO en respuesta a la consulta de elDiario.es. “En los últimos años se ha observado un aumento de casos, probablemente en relación con nuestros cambios de hábitos, y posiblemente por el incremento de enfermedades como la obesidad y la diabetes, que son factores de riesgo”, confirman.

El nervio mediano es el que da sensibilidad a los dedos pulgar, índice, corazón y mitad del anular. Cuando la presión aumenta, por ejemplo, porque los tendones están inflamados y el nervio sufre, se produce hormigueos y entumecimiento de estos dedos, y en los casos más avanzados puede provocar pérdida de fuerza.

El nervio mediano es el que da sensibilidad a los dedos pulgar, índice, corazón y mitad del anular. Cuando la presión aumenta, por ejemplo, porque los tendones están inflamados y el nervio sufre, se produce hormigueos y entumecimiento de estos dedos

Durante algún tiempo, el síndrome del túnel carpiano se asociaba con usar ratón del ordenador durante horas. Se asumía que este sobreuso de la articulación de la muñeca llevaba a la compresión de los nervios, lo que a su vez propició que se vendieran almohadillas o alfombrillas con soportes que supuestamente aliviaban esta presión. Pero, por una vez, la tecnología no tiene la culpa, como explica la Clínica Mayo.

En el túnel carpiano la genética ha resultado ser más importante. Hay personas cuyos ligamentos son menos flexibles, o que tienen túneles un poco más estrechos por su propia anatomía, y que por tanto tienen más probabilidades de sufrir esta dolencia.

“Los factores de riesgo son las actividades que implican movimientos repetitivos de muñeca como limpieza, peluquería, uso intensivo del teclado o la compresión mecánica de la muñeca al apoyarla en superficies duras”, explican los neurólogos de CEMTRO. Además, durante el sueño, muchas personas flexionan la muñeca, aumentando la presión y disminuyendo el flujo sanguíneo. Por eso es normal despertarse con la mano dormida. Además de evitar las actividades que puedan empeorar la situación, ayuda poner una férula nocturna que mantenga la muñeca en una posición neutra. En casos más graves se pueden realizar infiltraciones de corticoides o, si persiste, una intervención quirúrgica del ligamento transverso para liberar el nervio.

El neuroma de Morton y los zapatos de tacón

Otro atrapamiento frecuente es el neuroma de Morton, que afecta predominantemente a mujeres de mediana edad, con un pico entre los 45 y los 54 años. Aproximadamente un tercio de las personas de mediana edad sin ningún síntoma tienen ya evidencia radiológica de un neuroma de Morton. El nervio lleva años atrapado, pero aún no ha empezado a molestar.

“En ocasiones, el neuroma de Morton comienza como una sensación extraña difícil de describir, lo que puede retrasar la consulta y el diagnóstico”, explica el doctor Francisco Martínez, neurofisiólogo clínico especializado en neuromodulación. De hecho, el que esta dolencia se haya hecho más conocida en los últimos años puede dar la impresión de que han aumentado los casos. “Actualmente hay una mayor concienciación sobre la salud del pie por lo que se consultan y se diagnostican más, se habla más de ellas, incluso con algunos casos mediáticos”. El doctor Martínez hace referencia al caso de la reina Letizia, a quien se ha diagnosticado esta dolencia.

El neuroma de Morton ocurre casi siempre en el tercer espacio entre el tercer y cuarto dedo del pie. Durante décadas se creyó que el nervio quedaba comprimido entre las cabezas de los metatarsianos al caminar, pero la llegada del escáner de resonancia magnética ha revelado que en realidad se trata del ligamento transverso profundo que une esos huesos metatarsianos. El nervio pasa por debajo de ese ligamento y, con cada paso, el zapato empuja los huesos, tensa el ligamento y atrapa el nervio contra el suelo. 

“El neuroma de Morton es más frecuente en mujeres de mediana edad, frecuentemente ligado al tipo de calzado”, apunta el doctor Martínez. El hecho de que afecte a cuatro veces más mujeres que hombres hace que los expertos señalen a unos sospechosos habituales: los zapatos de tacón. Pero no son los únicos. “También afecta a deportistas más jóvenes (especialmente aquellos relacionados con deportes de impacto), bailarines o personas de ambos sexos con pies planos o pies valgos”.

No todo hormigueo o dolor en los dedos es un neuroma, ya que a veces el origen esté más arriba, en la cadena nerviosa, y tratar el pie en estos casos no suele dar buenos resultados

Francisco Martínez neurofisiólogo

Esta es otra dolencia con un diagnóstico complejo. El doctor Martínez explica que el dolor puede producir hormigueo o entumecimiento de los dedos, y una sensación al caminar como si hubiera una piedra en el zapato. Las pruebas de imagen, como una radiografía o resonancia magnética, pueden ser útiles para descartar que se trate de otras causas: “No todo hormigueo o dolor en los dedos es un neuroma, ya que a veces el origen esté más arriba, en la cadena nerviosa, y tratar el pie en estos casos no suele dar buenos resultados”, aclara el neurofisiólogo. “Una radiculopatía (conocido como nervio pinzado) en la parte baja de la espalda, una neuropatía generalizada (como puede suceder en caso de diabetes, entre otros muchos motivos), o lesiones de otros nervios del pie o tobillo, como el síndrome del túnel tarsiano”, añade.

El tratamiento empieza por desactivar la presión. La primera línea de actuación es buena para el pie y no tanto para el estilo: zapatos de horma ancha y con poco tacón, además de una plantilla con soporte metatarsiano que separe los huesos. Si no basta, llegan las infiltraciones con corticoesteroides, aunque los estudios indican que el alivio no es duradero. El siguiente paso es la cirugía, que ofrece un 80% de éxito, pero con un riesgo de hasta el 30% de desarrollar un neuroma de muñón, una nueva cicatriz dolorosa en el cabo del nervio cortado (aunque están apareciendo alternativas). 

“Entre las terapias avanzadas mínimamente invasivas cabe destacar la neurólisis por radiofrecuencia, una técnica novedosa que aplica calor muy focalizado para coagular las fibras nerviosas. Tiene una alta eficacia para evitar la cirugía y muchos menos efectos adversos que esta”, explica el doctor Martínez.

Como ocurre en otras dolencias, la mejor prevención para evitar los nervios comprimidos es minimizar los daños, especialmente los derivados del sobrepeso, el calzado inadecuado y los movimientos repetitivos. Ante la duda, un especialista es quien debe dar un diagnóstico certero.

Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.

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