El pinar centenario de Zaragoza, un bosque ciudadano que dio oxígeno a la ciudad, necesita un plan
La gran masa forestal del sur de Zaragoza capital, levantada gracias a una histórica movilización vecinal, afronta hoy varios desafíos y requiere un plan de gestión integral. La plataforma 'Salvemos los pinares de Venecia' celebra el centenario del bosque con actividades divulgativas y reclama al Ayuntamiento de Zaragoza medidas urgentes para garantizar su conservación y regeneración a través de un plan de gestión que ha sido licitado pero no se ha puesto en práctica. Asimismo, solicitan la declaración de 'Arboleda de interés social' como figura de protección especial.
Los pinares de Venecia cumplen un siglo convertidos en uno de los espacios más emblemáticos y singulares de Zaragoza. Este bosque urbano de más de 330 hectáreas, situado al sur de la ciudad entre el Canal Imperial de Aragón, el río Huerva y la estepa, no solo representa uno de los principales pulmones verdes de la capital aragonesa, sino también un ejemplo excepcional de transformación colectiva del territorio impulsada por la ciudadanía.
A mediados del siglo XVIII, el bosque natural desapareció tras una intensa tala motivada por el valor de su madera y fue sustituido por viñedos, y con la llegada del Canal Imperial de Aragón a Zaragoza en 1872, la mayor parte del entorno se transformó en regadío dando entrada a diversos cultivos hortícolas.
Las primeras plantaciones comenzaron tímidamente aprovechando las celebraciones del Día del Árbol, especialmente en zonas como el cabezo de Buenavista. Pero el verdadero impulso llegó en 1926, cuando el Ayuntamiento inició la gran repoblación forestal que acabaría dando forma al actual bosque urbano.
El proyecto tenía un marcado carácter social y sanitario. Enrique Armisén Berástegui, alcalde de Zaragoza, en una instancia enviada a la dirección general de Montes del Estado subrayaba: “La corporación municipal desea no se dé a esta repoblación un carácter marcadamente económico; su interés estriba en fines estéticos e higiénicos, llegando a ser posible crear el parque-bosque de expansión y recreo al vecindario, a imitación de las reservas que vemos en el extranjero y que tanto dicen en pro de la cultura y salubridad de los pueblos”.
Las crónicas de la época de principios del siglo XX decían que no había un zaragozano que no hubiera plantado un pino con sus propias manos. Escolares, presos, el conjunto de la ciudad participaba en estas plantaciones que dieron lugar al bosque del sur de Zaragoza: “Poner árboles es para hijos, nietos y muchas generaciones; y como otros plantaron para nos, y gozamos de su trabajo, cosa justa es que nosotros trabajemos y plantemos para nos y para los que después de nos vinieren, que bien mirado, ninguno nació para sí mismo solamente”.
Según explica Olga Conde, integrante de la Asociación Naturalista de Aragón y de la plataforma 'Salvemos los pinares de Venecia', durante generaciones, estos pinares han sido mucho más que un espacio natural. Para miles de familias zaragozanas representaban el lugar donde buscar alivio durante los sofocantes veranos. Muchas personas acudían a la fuente de la Junquera, al Ojo del Canal o al propio pinar para cenar al aire libre, pasear o simplemente “tomar la fresca” bajo la sombra de los árboles. En una ciudad marcada por el cierzo y el calor extremo, el bosque se convirtió en un refugio emocional y climático profundamente arraigado en la identidad colectiva de Zaragoza.
Un plan de gestión desconocido ante las amenazas
Además de su valor social, el bosque cumple hoy una función ambiental estratégica. El plan director de la infraestructura verde de Zaragoza subraya el papel de los pinares de Torrero como corredor ecológico entre el Canal Imperial, el río Huerva y la estepa. Esta conectividad resulta fundamental para favorecer la movilidad de especies animales y vegetales y mantener la biodiversidad en un entorno cada vez más fragmentado por infraestructuras y desarrollos urbanísticos.
La actual masa forestal del monte de Torrero está formada principalmente por pino carrasco, aunque también cuenta con presencia testimonial de pino piñonero, pino canario, encinas, almendros y acebuches. Según informes municipales, el bosque alberga entre 500.000 y 600.000 ejemplares y constituye un importante refugio climático y ecológico dentro de la ciudad.
El pinar alberga una notable riqueza biológica, con 90 especies de aves, mamíferos, insectos y especies vegetales, entre ellas las orquídeas, adaptadas a este ecosistema mediterráneo urbano. Entre ellas, destaca la mariposa arlequín (Zerynthia rumina), una especie en peligro de extinción cuyas larvas dependen de plantas presentes en el monte.
Sin embargo, el bosque afronta hoy importantes amenazas como la plaga del tomicus destruens, que arrasa pinares como consecuencia de la sequía acumulada en los últimos años. El escarabajo perfora los conductos de la savia y seca los árboles, haciendo de ellos un combustible fácil para incendios. El Ayuntamiento ha puesto en marcha estos meses de atrás un operativo técnico para frenar la presencia del insecto en el arbolado de Zaragoza.
Los expertos recuerdan además que gran parte del bosque es una masa forestal coetánea, es decir, árboles de edades similares plantados en la misma época. Esto implica que su envejecimiento y decadencia podrían producirse de forma simultánea si no se acometen actuaciones continuadas de regeneración. Si bien se han ejecutado diversas actuaciones de mantenimiento (aclareos puntuales, podas, tratamientos fitosanitarios, extracción del arbolado seco...), la propia Unidad de Medio Natural indicaba en 1998 que cuanto antes se debían acometer una acción estudiada, programada e ininterrumpida con la finalidad de dar una continuidad temporal al monte, potenciando la regeneración natural o artificial, porque de lo contrario la evolución continuará siendo negativa, por la acumulación de deficiencias estructurales y por el incremento de la presión humana y por futuras transformaciones.
Documentos posteriores, como los planes de 2005, 2015 y el plan director de infraestructura verde aprobado en 2017, insistieron en la urgencia de revitalizar y proteger el pinar.
Pese a ello, la plataforma Salvemos los Pinares de Venecia denuncia que el esperado plan de gestión sigue sin ejecutarse. En junio de 2025, el Ayuntamiento licitó la redacción del plan básico de gestión gorestal del monte de Torrero y meses después adjudicó el contrato a la empresa ‘Indaga en Verde’ por más de 16.000 euros. Sin embargo, los colectivos vecinales aseguran que continúan sin recibir información sobre su desarrollo pese a haberla solicitado en varias ocasiones.
Un siglo marcado también por las polémicas
La historia reciente de los pinares de Venecia también ha estado marcada por las controversias urbanísticas. La apertura del parque de atracciones en 1974 supuso la tala de centenares de árboles, a lo que posteriormente se sumaron nuevas infraestructuras como la ronda de la Hispanidad, la Z-40 o las avenidas de la policía local y Puerto Venecia. Estas actuaciones fragmentaron el antiguo bosque compacto y dejaron el monte dividido en distintas “islas” de pinos desconectadas entre sí.
La polémica más reciente gira en torno al proyecto municipal para ampliar el parque de atracciones en cinco hectáreas, donde hay más de 3.500 pinos, construir un nuevo vial y modificar las condiciones del agua. La plataforma alegó que eso supondría un aumento del tráfico rodado en el barrio de Torrero y un destrozo a nivel medioambiental, no solo por la tala de pinos y el impacto a la vida silvestre que cobijan, sino también por el aumento de la contaminación atmosférica y ruidos.
En su lugar, propuso declarar los pinares arboleda singular. Además, mejorar el parque utilizando las tres hectáreas que el parque dispone y no utiliza. Todo para revitalizar y conservar los pinares de manera adecuada y restringir el tráfico en el pinar.
Tras la negativa del Ayuntamiento de Zaragoza a dialogar y proceder a la aprobación del Plan General de Ordenación Urbana para ampliar el parque de atracciones, donde se rechazaron todas las alegaciones presentadas, la plataforma en defensa de los pinares de Venecia presentó el pasado año un recurso contencioso-administrativo que aún está sin resolver.
Hoy en día, el parque de atracciones se encuentra en una situación delicada. Un litigio entre los socios de la nueva adjudicación para la explotación de las instalaciones por otros 50 años ha dejado en punto muerto la atracción, que solo abre para atender las los eventos que tenía reservados por mandato municipal. El Ayuntamiento ha aprobado la ampliación del parque, solo una de las tres parcelas previstas con la que el parque crecerá en 3.900 metros cuadrados, mientras un administrador concursal ha entrado para tomar las riendas de la liquidación de la sociedad.
Arboleda de Interés Social y otras iniciativas para el centenario
A pesar de todas las polémicas y amenazas, los pinares de Venecia ocupan un lugar singular en la memoria colectiva de la ciudad. “Es un espacio construido entre todos, un patrimonio natural y social que merece ser cuidado”, resume Olga Conde, quien justifica la solicitud dirigida al Consistorio para su declaración como ‘arboleda de interés social’, una figura contemplada en la ordenanza de protección del arbolado urbano, petición que tampoco ha recibido respuesta municipal.
El 22 de mayo se celebra el día internacional de la biodiversidad y por ello este mes se está dedicando a mostrar al barrio la gran riqueza biológica del pinar. Las actividades se iniciaron la pasada semana, en la que han participado todas las aulas del CEIP Domingo Miral y próximamente lo harán los del colegio Sainz de Varanda.
Además, el próximo lunes 25 de mayo se realizará una charla abierta al público en la Asociación Vecinal de la Paz, en la que participarán varios expertos, junto con talleres, rutas y charlas que buscan dar a conocer la biodiversidad del bosque y concienciar sobre la necesidad de protegerlo.
Los colectivos vecinales, asociaciones ecologistas y AMPAS que integran la plataforma insisten en que este aniversario debe servir no solo para celebrar la historia del bosque, sino también para garantizar su futuro. Reclaman un verdadero plan de gestión forestal, transparencia institucional y medidas de regeneración que permitan conservar para las próximas generaciones el gran bosque ciudadano de Zaragoza.
Los orígenes
El origen de este espacio natural se remonta mucho antes de las grandes repoblaciones del siglo XX. El Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Pascual Madoz ya recogía entre 1845 y 1850 la existencia de un pequeño pinar en los montes de Torrero que habría sobrevivido hasta finales del siglo XVII. Posteriormente, el bosque desapareció y fue sustituido por viñedos y cultivos agrícolas.
No fue hasta comienzos del siglo XX cuando comenzó a gestarse la recuperación forestal del monte. Entre 1914 y 1916 se llevó a cabo el deslinde administrativo del terreno, que pasó a denominarse oficialmente “Restos de Torrero”, con una superficie de más de 700 hectáreas bajo tutela del Servicio de Montes del Ayuntamiento de Zaragoza. Aquellos terrenos se destinaban entonces a usos agrícolas, ganaderos y forestales.
Durante el siglo XX se fueron llevando a cabo repoblaciones que fueron incrementando con los años, utilizándose mayoritariamente especies de pino carrasco (Pinus halepensis), así como ejemplares de Pinus pinea y Pinus pinaster. Con el paso de los años, el Monte de Torrero fue transformándose progresivamente en un “parque forestal periurbano”, lo cual condujo a un cambio en la dirección y gestión del Monte.
El nombre de Venecia también forma parte de la memoria popular de la ciudad. Procede de las góndolas que navegaban por el Canal Imperial a comienzos del siglo XX. Mientras las barcazas transportaban productos agrícolas entre semana, los fines de semana la burguesía zaragozana recorría el canal en pequeñas embarcaciones de recreo rumbo a Quinta Julieta. Aquella zona empezó a conocerse como “Pequeña Venecia”, origen del actual topónimo.
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