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Estudios científicos advierten de que la proliferación de centros de datos convertirán Aragón en una 'isla de calor'

Centro de datos de Google en Oregon (EEUU) refrigerado mediante torres de refrigeración.

Esther L. Chamorro

7 de mayo de 2026 23:39 h

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El debate del impacto de los centros de datos en el medio ambiente suele centrarse en el aumento de los consumos de agua y de energía, pero ahora, tras numerosas mediciones a lo largo del tiempo en distintas ubicaciones de estas granjas de servidores, se añade otro efecto: el impacto térmico sobre el entorno que estas instalaciones depositan.

Aragón, convertido en uno de los principales polos europeos de centros de datos, ya muestra un aumento anómalo de temperatura en relación con territorios vecinos. Mientras, un estudio internacional basado en datos satelitales confirma que estas instalaciones elevan el calor del entorno 2 °C de media —y hasta 9 °C en casos extremos— y advierte de un impacto potencial sobre cientos de millones de personas en el mundo. Y un segundo estudio con datos de Uruguay muestra que incluso un centro de datos mediano y eficiente —los proyectados en torno a Zaragoza tienen un tamaño grande— produce una isla de calor visible desde el espacio.

El primero de los documentos, ‘El efecto isla de calor de los datos: cuantificando el impacto de los centros de datos de IA en un mundo cada vez más cálido’, está liderado por investigadores de la Universidad de Cambridge. Analiza miles de centros de datos mediante observación satelital y concluye que la temperatura superficial del suelo aumenta de media 2 °C tras su puesta en marcha, con incrementos que pueden alcanzar hasta 9 °C en situaciones extremas. Este fenómeno, comparable al de las islas de calor urbanas, no se limita al perímetro de las instalaciones, sino que puede extenderse varios kilómetros, con efectos detectables hasta aproximadamente 10 kilómetros de distancia.

A escala global, los investigadores estiman que este efecto podría afectar a más de 340 millones de personas en todo el mundo. El análisis se basa en datos satelitales recopilados durante dos décadas y en la localización de más de 6.000 centros de datos en todo el mundo, lo que permite comparar las condiciones térmicas antes y después de su entrada en funcionamiento.

En Europa, Aragón aparece como uno de los casos más destacados. El estudio detecta en esta comunidad un aumento anómalo de temperatura de alrededor de 2 °C en comparación con regiones cercanas, un dato que los autores enmarcan en el contexto de una creciente concentración de centros de datos. Este incremento no se explicaría únicamente por factores climáticos naturales, sino que estaría relacionado con la acumulación de infraestructuras digitales intensivas en consumo energético, capaces de generar grandes cantidades de calor residual.

Expansión sin precedentes

El fenómeno coincide con una expansión sin precedentes del sector en toda la comunidad. Aragón concentra más de una docena de proyectos en distintas fases de desarrollo y al menos 18 centros de datos planificados, distribuidos en Zaragoza, Huesca y Teruel, con una inversión conjunta que supera los 33.000 millones de euros. Este despliegue ha situado a la región como uno de los principales polos digitales del sur de Europa, atrayendo a grandes tecnológicas y fondos internacionales.

Las empresas implicadas también subrayan el componente tecnológico del despliegue. Desde Amazon Web Services se insiste en que sus centros están diseñados para maximizar la eficiencia energética y que cada nueva instalación incorpora sistemas avanzados de refrigeración y uso de energías renovables con el objetivo de reducir su huella ambiental.

Sin embargo, varios estudios demuestran que el calor residual generado por estas infraestructuras, incluso en condiciones de alta eficiencia, acaba liberándose al entorno y puede alterar las condiciones térmicas locales. “No estamos hablando de emisiones directas como las del CO₂, sino de un impacto físico inmediato sobre el territorio”, explican los autores del estudio de Cambridge, que advierten de que el auge de la inteligencia artificial podría intensificar este efecto en los próximos años.

Expertos en clima consultados en distintos análisis coinciden en que el fenómeno no sustituye al calentamiento global, pero sí puede amplificarlo a escala local. “Este tipo de infraestructuras pueden generar microclimas más cálidos y agravar episodios de calor extremo, especialmente en regiones ya expuestas a altas temperaturas”, señalan investigadores especializados en climatología aplicada.

Los autores del estudio insisten en que se trata de un efecto de carácter local o regional, pero con implicaciones crecientes en un contexto de expansión acelerada de la infraestructura digital. En territorios como Aragón, donde el despliegue de centros de datos se está produciendo de forma intensiva y extendida, el fenómeno puede dejar de ser una hipótesis para convertirse en una realidad medible.

El trabajo ha sido publicado como preprint y todavía no ha sido revisado por pares (todavía no ha sido validado por otros expertos independientes), aunque sus resultados coinciden con una preocupación creciente en la comunidad científica sobre el impacto ambiental de la economía digital.

Mediciones reales en Pano (Uruguay)

En el continente americano llevan años de ventaja con la instalación de centros de datos y ahora la huella térmica ya es detectable desde un satélite que orbita a más de 700 kilómetros de la Tierra.

Tal como recoge el artículo ‘Los centros de datos: El calor detrás de la nube’, de Gabriel Farías y Miguel Dobrich, publicado en Pulitzercenter.org, en Pando, una ciudad uruguaya de unos 30.000 habitantes ubicada a 30 kilómetros de Montevideo, funciona desde mayo de 2016 un centro de datos de la empresa estatal de telecomunicaciones Antel. La plataforma de periodismo tecnológico y científico Amenaza Roboto analizó 25 años de imágenes satelitales del lugar y encontró que la instalación genera su propia isla de calor y así lo demuestran las imágenes.

A diferencia del estudio ‘The data heat island effect’, del que investigadores y analistas han cuestionado su metodología por no diferenciar el calor generado por los servidores del efecto térmico producido por la urbanización del terreno, el trabajo de Amenaza Roboto utilizó imágenes Landsat con una resolución mucho mayor que la empleada en ese estudio y controló variables como vegetación, urbanización, distancia al edificio y fecha de análisis. Según la revisión bibliográfica realizada, sería el primer análisis que logra aislar específicamente la huella térmica atribuible a la operación de un centro de datos.

La industria global de centros de datos consume más electricidad que muchos países, y casi toda esa energía termina convertida en calor liberado continuamente al ambiente. En el caso analizado, el efecto térmico neto estimado fue de 0,32 °C, obtenido mediante un modelo estadístico basado en 32.861 mediciones satelitales recopiladas durante 25 años. El análisis concluyó que la probabilidad de que ese resultado sea producto del azar es inferior a una en mil millones.

La investigación detectó que incluso un centro de datos mediano y eficiente produce una isla de calor visible desde el espacio. El hallazgo cobra relevancia porque Google construye en Ciudad de la Costa el Proyecto Teros, un centro de datos cinco veces más potente que el de Antel y con un consumo eléctrico equivalente al de unos 200.000 hogares.

Preocupación en Aragón

La instalación de decenas de centros de datos en Aragón está despertando una creciente preocupación social. Las protestas contra su implantación masiva y el interés que generan debates como 'Centros de datos en Aragón. Implicaciones y futuro del territorio', celebrado este miércoles en Zaragoza y organizado por el Centro Pulitzer, reflejan el aumento de la inquietud ciudadana ante el impacto territorial, energético y social que puede tener la expansión de estas infraestructuras en la comunidad.

La catedrática de ingeniería química Alicia Valero advirtió sobre el elevado consumo energético de estas infraestructuras y señaló que su crecimiento podría requerir la ocupación de entre un 29% y un 39% de la superficie de Aragón con parques renovables para satisfacer la demanda, además de advertir sobre la gran cantidad y variedad de materiales críticos que requiere la nube (solo en un teléfono móvil pueden utilizarse 40 elementos de la tabla periódica).

Un momento de la charla sobre centros de datos este miércoles en Zaragoza.

El sociólogo Lorién Jiménez centró su intervención en las consecuencias económicas y políticas del modelo tecnológico impulsado por las grandes compañías digitales y en cómo puede afectar al territorio y a las políticas públicas.

El ingeniero agrícola Jesús García Usón explicó las implicaciones de los proyectos tramitados bajo la figura de Proyecto de Interés General de Aragón (PIGA) y alertó sobre la presión que estos centros pueden ejercer sobre la red eléctrica y otras actividades industriales. También reparó en las ventajas fiscales para estos proyectos empresariales que dejan sin ingresar 1.500 millones a las arcas públicas.

Por su parte, Cristina García, ingeniera industrial y miembro del colectivo ciudadano ‘No es sequía es saqueo’, trasladó la preocupación de los colectivos vecinales por las consecuencias que ya están teniendo estos proyectos en la ciudadanía y defendió la necesidad de generar espacios de debate independientes frente al discurso promocional del sector.

En el debate de la mesa redonda, moderado por el periodista Pablo Jiméntez, también se cuestionó el impacto laboral de estas inversiones. Los participantes señalaron que los centros de datos generan pocos empleos en relación con su enorme demanda energética y tampoco son empleos de calidad, ya que la mayoría no computarán en Aragón, sino en Madrid y Barcelona. Al mismo tiempo, advirtieron de posibles efectos como el aumento del precio de la electricidad (que en algunos condados de Virginia ha subido hasta un 265%), la concentración de conexiones eléctricas, la mayoría en el Valle del Ebro, y fenómenos como las islas de calor.

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