Amapolas en Aragón
Las personas destacan porque son capaces de liderar o porque evitan que otros lo hagan. La primera estrategia requiere iniciativa propia en positivo, esfuerzo y fijar unas metas accesibles que alcanzar para conseguir objetivos. Pero los que se dedican a decapitar a supuestos rivales, gastan su tiempo y energía destrozando posibles competidores y prefieren rodearse de perfiles grises que no les hagan sombra. En psicología hablamos del denominado síndrome de la amapola alta, aunque el nombre más técnico hace alusión a la tendencia que tienen algunas personas a criticar o menospreciar a quienes obtienen éxito y destacan sobre el resto de los mortales. Esta denominación toma su nombre de la imagen que recorta la flor más destacada del campo, con el fin de igualarla a las demás, mostrando el deseo de reducir a los que sobresalen del resto.
Desde un punto de vista más profesional, hablamos del síndrome de alta exposición. Una respuesta tan humana como desagradable, que ocurre en todas las culturas, y que suscita el odio del grupo contra quienes destacan. Es muy habitual en los entornos laborales, pero más común de lo que se cree en el entorno familiar y social. Podría confundirse con la envidia, pero en realidad, el éxito ajeno hace que las limitaciones propias sean más llamativas. Es una conducta que incluso se fomenta desde las estructuras de poder con el fin de mejorar los beneficios, aunque provoque enfrentamientos entre los que se disputan el podio de la relevancia. De niño recuerdo en mi colegio a un profesor que siempre ponía delante a los listos que respondían con más conocimiento. Los demás retrocedíamos en la clasificación, pero los nominados a 'listillo' de la clase no eran precisamente los más queridos. Al fin y al cabo, es lo mismo que hacen algunas empresas para elegir al empleado del mes. Claro que, cuando hay dinero o ascensos de por medio, los celos pueden llevar al 'peloticidio'. Sin duda, sería un homicidio involuntario con eximente por exageración. Precisamente, esta tensión que sufren los que destacan les induce un miedo a situarse por encima del resto. Es un efecto contradictorio que provoca este síndrome. Así que personas brillantes, deciden no exponerse por lo que se provoca una pérdida de talento para el conjunto de la sociedad. Y es que el talento no se crea ni se destruye. Sólo se transmite si se cultiva. Decía el escritor Allan Poe que la estupidez es el talento para la equivocación. Así que abunda en el universo humano.
Un par de experimentos realizados en Australia con estudiantes, y en las Universidades de Canterbury y Waikato en Nueva Zelanda, constataron que el fenómeno de la alta exposición podía disminuir el rendimiento de cualquier grupo en un veinte por ciento. En dichos estudios se observaba cómo los alumnos se alegraban de que otros más inteligentes fracasaran, en mayor medida a que lo hicieran otros con notas de nivel promedio. También se llegó a la conclusión que atacar a las personas que sobresalen disminuye la probabilidad de que estas emprendan, pongan en marcha buenas ideas y baja su capacidad para asumir riesgos. El sociólogo alemán Máx Weber teorizó este fenómeno explicando que en ciertos grupos sociales ganar prestigio y poder es un juego a suma cero, por lo que existe una tendencia más marcada a querer derribar a las “amapolas altas”. Esto se producía porque, en dichos grupos, solo hay una cantidad limitada de prestigio que se debe compartir entre sus miembros, así como una cantidad específica de atención, autoridad y recursos. Según su teoría, para que alguien suba, otro debe caer, ya que solo así se puede mantener el equilibrio.
Y la vida política genera demasiados campos de amapolas, recortadas de ideas, y cruces regadas con odio hacia el que destaca. En este caso contra el que se considera diferente por su piel, sus ideas, su cultura, su religión o su nivel de vida. De eso vive una ultraderecha que gangrena los gobiernos en los que entra y devora la moderación de quienes les abren la puerta. Porque el uniforme del nuevo fascismo está tejido con amapolas recortadas de derechos para la ciudadanía. Sólo toleran la prioridad de sus espinas nacionales para que otros no disfruten de la naturaleza y su diversidad. Ese es el modelo de Gobierno de España que quiere Abascal y que ha impuesto en Extremadura y Aragón. Desde luego, la ultraderecha no engaña. Aunque vive de engaños, gracias a los desengaños de mucha gente. Porque el fascismo democrático no existe, pero ha dejado de ser una paradoja que ha asumido con su voto una parte de la población, para convertirse en un peligro que acecha a la democracia.
El Gobierno de Aragón quiere desregular las amapolas de nuestra Comunidad con las tijeras de la ultraderecha. Pero es muy difícil manejar una cizalla a dos manos, aunque coincidan en el recorte. La coalición entre PP y Vox volverá a fracasar, de la misma manera que Azcón repitió el mismo discurso de hace tres años. Porque el pacto de los que no se fían es el acuerdo de los que se van a traicionar. Los demás sembraremos los campos de Aragón con semillas de resistencia de las que brotarán amapolas. Recordaremos a Gloria Fuertes recitando su poema: “Crecieron las amapolas”. Me dijeron/ O te subes al carro/ o tendrás que empujarlo/ Ni me subí ni lo empujé/ Me senté en la cuneta/ y alrededor de mí/ a su debido tiempo/ brotaron las amapolas.
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