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El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon. 

Las opiniones que aquí se expresan son las de quienes firman los artículos y no responden necesariamente a las de la redacción del diario.

Cáritas al sol

Jorge Azcón, María Guardiola, Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Fernández Mañueco.

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La interpretación es la expresión de una personalidad. Es una habilidad escénica que se manifiesta en la representación de modalidades como el teatro, la ópera o el cine. Pero las personas interpretamos y actuamos a diario, ya sea para complacernos a nosotros mismos, a los demás o para evitar el desprecio ajeno. Es un mecanismo de defensa y, a la vez, una estrategia de adaptación social. Somos más como debemos que como queremos. Por eso actuamos. Hay personas que se llegan a creer su papel hasta difuminar la realidad de su ficción. Otras, interpretan permanentemente porque tienen un control rígido de conducta, en relación con sus fines y no a sus sentimientos. Y para interpretar debemos mentir. Aunque no todas las mentiras forman parte de una escenografía psicológica. Hay personas que mienten para hacer el mal, no porque tengan algún tipo de desequilibrio mental. Un estudio de la Universidad Estatal de Michigan (EE.UU.) en 2010 reveló que una persona puede llegar a decir hasta 20 mentiras en un solo día. Aunque la media habitual está en 1,65 embustes diarios. Cuanto mayor es la necesidad de actuar, crece la necesidad de interpretar y para eso necesitamos mentiras que nos hagan creíbles. Otra famosa investigación que se llevó a cabo en la Universidad de Ciencias Sociales y Humanidades de Breslavia (Polonia), analizó las motivaciones que subyacen a las mentiras. Pues bien, las razones más habituales de estas interpretaciones mentirosas fueron las egoístas (para buscar un beneficio propio), seguidas de las autodefensivas (para evitar un castigo), el temor a la pérdida de una relación (miedo al abandono) y, en último lugar, el deseo de protección a la otra persona (la mentira piadosa).

Somos buenos intérpretes, pero entendemos mal las interpretaciones de los demás, porque traducimos los mensajes que nos llegan según convengan a nuestros intereses, y no tal y como los emite el receptor. En este caso, la mezcla de interpretación y traducción eleva la dificultad de sintonizar con el resto. Interpretamos más que entendemos. Deducimos más que analizamos. Y confirmamos lo que ya sabíamos, tal y como imaginábamos. Así es difícil que triunfe la comprensión humana.

No es complicado alcanzar acuerdos. Lo difícil es aplicarlos en función de las interpretaciones de sus protagonistas. La mayoría de pactos no se rompen por vulneración sino por interpretación. La semilla de la ambigüedad produce cosechas de decepciones. El riego de vaguedades provoca inundaciones de decepciones. Y el contexto es un pretexto para saltarse el texto.

La escena política rebosa de pactos, desacuerdos, amenazas y ultimátums. Trump amenaza con su verborrea pero, al mismo tiempo, suspira por salir vivo de la guerra que ha impulsado junto a Netanyahu. El presidente norteamericano es un intérprete de su delirio, aunque actúa con la sinceridad de su maldad. Le gusta sentir el poder que tiene con el odio que promueve. Mientras, Sánchez pide a la Unión Europea que rompa el acuerdo de asociación con Israel. Así lo demandó ayer nuestro ministro de exteriores en la reunión que mantuvo con los Veintisiete responsables europeos en Luxemburgo. Los asesinatos y el genocidio del pueblo palestino no necesitan ninguna interpretación sino condena, sanción y movilización contra los culpables.

En España, hoy será investida Guardiola como presidenta de Extremadura gracias al pacto con Vox. Puede que la presidenta del Parlamento aragonés anuncie en breve la fecha de celebración, al fin, del debate y votación de Azcón para que pueda ser ungido por la ultraderecha como presidente, de nuevo. La derecha extrema y la extrema derecha han conseguido batir el récord histórico de esta comunidad autónoma para su elección tras unos comicios. Puede ser la investidura más larga con el recorrido más corto. Toda una proeza de pereza.

Ahora comienzan los problemas de las interpretaciones de los acuerdos que se han firmado. Las primeras disputas se han manifestado, antes incluso de la votación prevista para hoy en Mérida. Allí, el pacto del PP y Vox establece que la Junta extremeña “suprimirá todas las subvenciones, ayudas, convenios y conciertos con ONGs que participen directa o indirectamente en la promoción, facilitación o sostenimiento de la inmigración ilegal, o que actúen como cooperadores necesarios de las mafias de tráfico de personas”. Algo que, según los dirigentes ultras, atañe a organizaciones como Cáritas Española, que se preocupa de atender a personas y colectivos vulnerables que necesitan atención y apoyo. Pero sale Tellado, el brazo bronco del PP, y dice que el texto suscrito no afecta a esa entidad. Los de Feijóo saben lo que firman, pero ahora lo interpretan como quieren. Primero, porque les pone ante algunas de sus contradicciones. Y segundo, porque ese acuerdo está lleno de pecados, según sus convicciones. Curiosamente, el secretario general de los conservadores ha recordado que una medida similar se pactó también con Vox en 2023 en Aragón y Baleares “y en ninguno de estos casos se ha dejado de colaborar con esas organizaciones”, ha señalado. Así que hay expectación por ver si los pactos en las comunidades que todavía no tienen Ejecutivo seguirán por la senda de la ilegalidad o imposibilidad de llevar a la práctica lo firmado. O la interpretación será a conveniencia de los intérpretes. Lo que nunca les ha entusiasmado a las derechas son los informes de prestigio, como los que elabora Cáritas, para denunciar la vulnerabilidad y la precariedad de personas y colectivos que sufren la injusticia y la desprotección. Eso les da mucha grima, pero no les provoca sarpullido. Les basta un poco de crema protectora con un par de avemarías y tres padrenuestros. A los de Génova, gobernar abrazados a los ultras les pone más cerca de Trump que del Papa. Esta organización de la Iglesia católica ayuda y sabe dar sombra acogedora a tanta gente que lo necesita. Pero los de Abascal prefieren poner Cáritas al sol. 

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