Azcón, Forcén y Mur: un triángulo en bermudas
Llegar a todo es una cuestión de disparidad, no de efectividad. Nos gusta actuar como espadachines de la realidad, que se defienden de múltiples frentes de globalidad. Nos dedicamos a múltiples tareas, como si jugáramos al tenis contra varios jugadores al mismo tiempo. Devolvemos los resultados que podemos, sin anotar las puntuaciones que obtenemos. Nos comportamos regando a manta todo lo que tenemos pendiente, pero no sabemos hidratar los objetivos de forma eficiente. El tiempo agobia la dispersión de objetivos. A su vez, la dispersión de temas sin resolver acelera el reloj que devora el segundero de la paciencia. No damos abasto porque tragamos de muchos pastos. La digestión de satisfacción tropieza con el reflujo de incapacidad que nos llena con todo y alimenta de nada.
En psicología llamamos “multitasking” a lo que en castellano denominamos como multitarea. El anglicismo debe quedar más profesional. En todo caso nos referimos a la capacidad de realizar —o gestionar— varias tareas de manera simultánea o en intervalos muy cortos de tiempo, alternando el foco de atención entre ellas sin necesidad de completar una antes de iniciar la siguiente. Otros autores lo definen como picoteos distractores, ya que contribuyen más a despistar que a realizar. La neurociencia, sin embargo, ha demostrado que nuestro cerebro no es un procesador en paralelo sino un procesador de serie rápida. Así que debemos ser conscientes de que, aunque somos capaces de hacer más de dos cosas a la vez, este comportamiento es poco útil y tiene muchas contraindicaciones. Entre sus efectos más perniciosos constatamos que intentar llegar a todo tiene efectos perjudiciales a la hora de conciliar el sueño, estresa más, es menos eficiente y nos vuelve más irritables.
Hay personas que tejen sus relaciones personales como una acumulación de necesidades afectivas. Acaban dependiendo tanto de los demás, que no son capaces de priorizar la tarea de cuidarse a sí mismas. Ocultan en vértigo de la soledad ocupando su tiempo en la superficialidad de otros. La independencia no surge del aislamiento sino de la autoestima. En el mundo de la empresa los tentáculos de las sociedades se mezclan en multitud de tareas. Unas son complementarias y otras contradictorias. Si no se tiene buena capacidad de gestión o no se sabe delegar en las personas adecuadas, es muy probable que el descontrol se apodere de tanta desatención. La mezcla de relaciones políticas y empresariales produce efectos que van desde la corrupción a la sumisión de la democracia al poder económico. La apariencia de libertad esconde el salvajismo del mercado. Los desfavorecidos necesitan intervención de los poderes públicos para salvaguardar la justicia social.
El final de la temporada futbolística en Aragón del Real Zaragoza y la Sociedad Deportiva Huesca ha engarzado lo peor de la gestión y la avaricia del negocio privado. Demasiadas tareas que atender. Aunque el objetivo del beneficio es único. Uno para todos y todos para uno. Un lema que agrupa a tres personajes de esta tierra con mucho que ver en la política, el fútbol, los negocios y las vacaciones en común. Azcón, Forcén y Mur son un triángulo en bermudas. Por una parte, tenemos al presidente de Aragón, “compiyogi” inseparable de fiestas y viajes del donjuán empresarial y accionista del real Zaragoza. Por otra, Ricardo Mur, consejero delegado del Huesca, es el “amigo del alma” de Azcón desde su etapa universitaria y al que D. Jorge, siendo alcalde, le otorgó la medalla de oro de la ciudad (aunque ahora no quiera que nos enfrentemos en la misma categoría Huesca y Zaragoza). En este trío de amistades se cruzan amistades políticas con intereses en negocios compartidos. Veamos un ejemplo reciente. El pasado dieciséis de abril el Boletín Oficial del Registro Mercantil daba cuenta de una serie de cambios en una sociedad llamada “Alma By Paris64 S.L”. Modificaba su objeto social de cara a, entre otras funciones, la adquisición, tenencia, administración y gestión de participaciones sociales y acciones. Su sede está en una céntrica tienda de moda de Zaragoza, con un nombre similar, y que se integra en la empresa matriz que les he comentado. Pues bien, en el Consejo de Administración de esta empresa vemos unos nombres que les sonarán: Juan Forcén y Ricardo Mur, juntos en el mismo órgano societario. De nuevo Real Zaragoza y Sociedad Deportiva Huesca, caminan de la mano en este entramado empresarial que comparte éxito económico y fracaso deportivo. Eso sí, no le digan al señor Azcón que queremos poner en marcha en el parlamento una Comisión de Investigación para analizar los desfases de la Nueva Romareda, porque algunos de estos empresarios podrían sufrir para responder a tantas incógnitas que han terminado pagando las aficiones de Huesca y Zaragoza. Y es que, en este triángulo, hay tantos protagonistas compartiendo intereses, en bermudas con chancletas, como bocachanclas de unos negocios que son un misterio de las Bermudas.
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