Tres deportistas de élite ante el calor extremo en su trabajo: “Había momentos en que se me iba la cabeza”
Son el principal motor de la industria del deporte, representan a países enteros que no esperan de ellos y de ellas nada más que la excelencia, pero la nueva realidad climática está poniendo al límite su rendimiento físico y su salud y, de momento, las medidas de adaptación en su sector siguen siendo insuficientes.
No es un escenario probable sino ya real. El pasado 12 de julio, la dirección del Tour de Francia decidió recortar en 30 kilómetros la novena etapa por la previsión de altas temperaturas. Durante la carrera se vio a los corredores echarse constantemente agua por encima mientras las asistencias ofrecían bidones sobre la marcha. El número uno mundial de los pedales, el esloveno Tadej Pogacar ha dicho estos días: “Cambiaría el calendario para que no hubiera carreras en sitios calurosos en julio y agosto”.
Héctor Bellerín, futbolista del Real Betis, entrena y juega en la comunidad autónoma más cálida de España y, para él, las temperaturas récord que sufre el mundo son un tema serio dentro y fuera del fútbol, explica a elDiario.es: “El calor extremo tiene una repercusión demasiado grande a la hora de poder hacer mi trabajo. Cuanto más fatigado estás física y mentalmente, más difícil es tomar decisiones correctas en el campo. Esto lo notamos especialmente al final de los partidos”.
Ricardo Mora-Rodríguez, doctor en Fisiología del Ejercicio, opina que “el clima actual va en detrimento del espectáculo inherente al deporte, porque, por ejemplo, si en un partido la fatiga por calentamiento les llega a los futbolistas en el minuto cuarenta y cinco, en la segunda parte lo que vamos a ver es a profesionales reduciendo su número de sprints porque saben que su cuerpo no va a poder dar mucho más”.
De hecho, este tema ha sido sobradamente comentado desde que comenzó el Mundial debido a un estudio publicado por Climate Central que estimaba, en definitiva, que este iba a ser un mundial más lento y aburrido en el que alrededor de 97 partidos se disputarían en condiciones desfavorables.
Un colectivo vulnerable al estrés térmico
Los deportistas de élite son uno de los perfiles poblacionales más vulnerables al estrés térmico. “Se exponen a tres niveles de gravedad. El primero son los calambres por calor, el segundo el agotamiento por calor y el último, el golpe de calor, que en los casos más extremos puede derivar en coma”, explica Mora-Rodriguez.
“Yo sufrí hace unos años una rabdomiolisis. Comencé a orinar muy oscuro. Fue después de un entrenamiento y era por deshidratación. Tuve que pasar una noche ingresado”, cuenta Bellerín. “No solo me quejo por nosotros. También me preocupan el resto de trabajos en los que alguien tiene que estar, por ejemplo, a 40 grados poniendo placas fotovoltaicas. Nadie debería tener que exponer su salud por su trabajo”, prosigue.
Además, apunta, los aficionados también se están viendo afectados —sufriendo en ocasiones golpes de calor durante los partidos— porque muchas veces “tampoco tienen sombra”.
Para prepararnos, desde hace unos años montamos la bici dentro de casa, ponemos los calefactores a tope, y comenzamos a pedalear
Mireia Benito, ciclista que ha logrado este año el doblete nacional en el Campeonato de España femenino —y que participó en los Juegos Olímpicos de 2024—, también está preocupada. “En esas condiciones enseguida notas que tu cuerpo no funciona de manera normal. La cabeza, las piernas, los músculos, todo deja un poco de funcionar. A mí me suelen dar escalofríos, que son una muestra de desregulación de todo el sistema”, dice.
“Para prepararnos, desde hace unos años montamos la bici dentro de casa, ponemos los calefactores a tope y comenzamos a pedalear. Mientras, un sensor mide la temperatura interna de nuestro cuerpo. Llega un momento en el que nos cubrimos enteras con un traje como de astronauta del que solo nos sobresale la cara y, en cierto momento, el sensor nos avisa de que estamos en una zona de riesgo. A partir de ahí, tenemos que aguantar entre un mínimo 15 minutos y un máximo una hora”, explica.
Según sostiene el doctor en Fisiología, el deporte más vulnerable al estrés térmico es el atletismo. Azucena Díaz, corredora, además de ganar la media maratón de España en 2009, 2010, y 2012 y de 10km en ruta en 2018, también participó en los Juegos Olímpicos de 2016, un año que fue especialmente tórrido. A día de hoy, ocupa el cuarto lugar entre los más cálidos desde que existen registros, solo por detrás del período 2023-2025. Díaz, mientras competía, prefería no mirar a los lados. “Muchas compañeras se iban quedando por el camino. Muchas tuvieron que ser atendidas”, explica.
Tres años después, la maratón femenina del Mundial de Atletismo de Doha se convirtió en una de las pruebas con mayores tasas de abandono de la historia de la competición por el calor (33ºC) y la humedad (73%). 40 de las 68 atletas abandonaron la prueba por estas condiciones.
Hubo momentos de la maratón que notaba que se me iba la cabeza
En este sentido, la evidencia emergente indica que el cambio climático limitará cada vez más las condiciones necesarias para lograr récords deportivos “Hubo momentos de la maratón que notaba que se me iba la cabeza. Además de eso, mi sensación era que podía ir más rápido, pero el calor no me dejaba. Y, si yo arriesgaba, no sabía si iba a llegar a meta. Si hubiera habido veinte grados menos, obviamente yo hubiera hecho un crono mejor”, afirma.
Un modelo obsoleto ante las proyecciones climáticas
Desde la primera edición en 1903, la mayor parte del Tour de Francia se ha disputado durante el mes de julio; LaLiga de fútbol sigue arrancando la temporada en pleno agosto; mes en el que también tendrá lugar este año el Campeonato Nacional de Atletismo—; el Mundial se está jugando en verano en países como Estados Unidos, Canadá, o México, y en 2030 se ubicará en España, Portugal, y Marruecos. Son solo algunos de los ejemplos de un modelo deportivo que aún no logra aterrizar en el presente.
Los esfuerzos en el sector de la economía deportiva para adaptarse siguen fragmentados y, a menudo, limitados a industrias o regiones específicas, pero “para lograr avances significativos se requiere una acción global coordinada con todos los actores involucrados”, reclama el Foro Económico Mundial a través del informe Sports for People and Planet elaborado junto a la consultora Oliver Wyman. Y advierte de que el mundo del deporte podría perder hasta un 14% de sus ingresos anuales (más de 2 billones) para 2030, entre otras cosas, por el cambio climático. “Su economía depende en gran medida de condiciones ambientales estables. Más del 90% de los derechos de medios y el 76% de los ingresos por patrocinio en el deporte profesional están vinculados a actividades al aire libre”, señalan.
El mismo fútbol se está haciendo daño a sí mismo
Pero, paradójicamente, mientras el deporte es devorado por el calor, también contribuye a echar más leña al fuego. Tanto es así que este Mundial de fútbol está siendo el más contaminante de la historia. “El mismo fútbol se está haciendo daño a sí mismo. Uno de los mayores patrocinadores del mundial es una petrolera de las que más contaminan en el mundo”, denuncia Bellerín. La industria global del deporte genera alrededor del 0,6% de las emisiones globales de CO2. Es decir, más que toda la economía española.
‘Cooling breaks’, cambios de horarios, y mucho hielo
Ante este escenario, en varias disciplinas deportivas sí se están adoptando algunas medidas de adaptación. En ciclismo y en atletismo se han reforzado medidas como el suministro de agua, hielo y bebidas frías, además de los puntos de avituallamiento —aunque hay mucha desigualdad entre distintas categorías—, y los reglamentos ya permiten en algunos casos retrasar la salida o modificar el recorrido cuando las condiciones son extremas.
En fútbol, como estamos viendo, se están implementando las cooling breaks, que, pese al revuelo que han originado, son recomendadas por expertos como Mora-Rodríguez, aunque hay quienes exigen que se amplíen a 6 minutos para ser realmente efectivas. También se pueden cambiar los horarios y se han reforzado las medidas de enfriamiento (disponibilidad de agua, hielo, toallas frías, etc.).
Una de las claves es que hay personas más sensibles que otras al calor
En los tres deportes se está, además, experimentando en menor o mayor medida con materiales que ayudan a disipar el calor durante el ejercicio —bandas en la frente, prendas diseñadas con la última tecnología, etc.— y con estrategias de aclimatación, como la que usa Benito. Pero entidades como el Comité Olímpico Internacional y el Centro Global de Adaptación son claras: además de todo esto, falta elegir cuidadosamente las fechas y los lugares; falta sombra, techos o aire acondicionado cuando sea posible; una correcta monitorización ambiental para evaluar el riesgo antes de aceptar el evento o para preparar adecuadamente a los atletas y organizadores; y más planes de contingencia/flexibilidad para poder reprogramar todo más fácilmente en caso de riesgo.
Las fechas, en el punto de mira
Pero una de las claves, según Mora-Rodríguez, es que hay personas más sensibles que otras al calor. “A todos les va a perjudicar de una manera u otra, pero dentro de un grupo, pese a seguir las estrategias de aclimatamiento, habrá a quien el calor le pueda afectar un diez y a quien le vaya a afectar un treinta, y el primero tendrá ventaja sobre el segundo”.
“Tenemos que preguntarnos qué queremos verdaderamente. ¿Queremos el máximo rendimiento de los ciclistas y que cada uno pueda exprimirse al máximo? De ser así, quizás tenemos que hablar, sobre todo, de calendarios. Yo creo que ahí tenemos mucho margen de mejora. Podríamos, por ejemplo, intentar evitar el sur todo lo posible durante los meses de verano”, expresa Benito.
Bellerín también apunta hacia las fechas: “Nuestra temporada podría tener menos partidos para poder distribuirlos a lo largo de un calendario en el que no se esté jugando durante los meses de máximo calor”, dice.
Desafortunadamente, según el Comité Olímpico Internacional, se espera que el nivel de estrés térmico ambiental que experimentan los deportistas de élite siga aumentando en los próximos años. La situación será especialmente dura en los puntos más calientes y empobrecidos del planeta, que de momento no tienen tanta capacidad para adaptarse. Pragnya Mohan, triatleta profesional indio, durante la COP29 explicó que desde hace unos años se ve obligado a entrenar en Reino Unido porque en su país natal los veranos son tan calurosos que es imposible hacerlo allí.
La cosa está en que no seamos nosotros los que nos tengamos que adaptar a situaciones desfavorables, sino que esas situaciones no se den
Todos esperan que no tenga que pasar algo grave para que se aceleren las medidas de adaptación, y la corredora Díaz aprovecha para recomendar a los corredores amateurs que lleven mucho cuidado en las maratones: “No se puede pretender correr con treinta grados como si hubiera diez. Hay que bajar el ritmo e hidratarse correctamente”.
“Cuando la gente vaya a ver un partido, igual cinco minutos antes pensará: ‘Hostia, qué calor hace’, pero en el momento en el que comience a rodar el balón, seguramente dejará de pensar en eso, y esperará que su equipo juegue lo mejor posible, y es entendible, pero por eso creo que es importante que el problema se acate antes del partido. La cosa está en que no seamos nosotros los que nos tengamos que adaptar a situaciones desfavorables, sino que esas situaciones no se den”, resume el futbolista.
1