Por qué las idas y venidas de Trump alejan la solución a la crisis en el estrecho de Ormuz
Donald Trump ha llevado la guerra con Irán a una nueva fase, aún más turbia, a medida que ambas partes se alejan cada vez más del vago memorándum de entendimiento (MoU) firmado el 17 de junio.
Y, al igual que durante la fase inicial del conflicto, los objetivos y métodos del líder estadounidense se ven envueltos en la confusión, los cambios de rumbo diarios y las fanfarronadas que, en cuestión de horas, resultan ser falsas.
El objetivo a corto plazo de Washington está bastante claro —recuperar el control del estrecho de Ormuz de manos de Irán— y el presidente parece dispuesto a ampliar la campaña de bombardeos más allá de las costas meridionales de Irán para lograrlo.
Pero es probable que la reanudación de los combates impulse también los precios del petróleo por encima de los 90 dólares el barril, lo que podría acercar a Trump a una derrota en las elecciones de mitad de legislatura de EEUU, que le dejarían dos últimos años como un presidente debilitado, aunque enfadado.
Un peaje del 20%... y marcha atrás
Como muestra del caos estratégico, Trump propuso —para luego descartarla casi de inmediato— la idea de que EEUU pudiera cobrar peajes por el paso por el estrecho, lo que dejó sin aclarar si Washington tenía alguna visión sobre el futuro de esta vía navegable.
Existen muchas alternativas viables, entre ellas modelos basados en el estrecho de Malaca o en el modelo del Bósforo y los Dardanelos, ambos debatidos por la Organización Marítima Internacional (OMI). Irán y Omán —los dos Estados ribereños— están dispuestos a participar en estas iniciativas, pero la maquinaria de formulación de políticas de Washington está tan abandonada que EEUU no tiene ninguna propuesta propia que ofrecer.
En las ruedas de prensa del pasado martes, la Casa Blanca insistió en que el peaje del 20% anunciado por primera vez por Trump el día anterior era un plan serio, alegando que el presidente llevaba mucho tiempo barajando la propuesta.
Sin embargo, horas más tarde, el fruto de las extensas reflexiones de Trump fue descartado tras hacerse evidente la magnitud de la revuelta por parte de las empresas navieras, miembros de su propia administración y la región.
El mero hecho de que se propusiera una idea así resulta profundamente vergonzoso, ya que numerosos líderes europeos (y representantes estadounidenses) habían declarado públicamente que la libertad de navegación era una piedra angular del orden basado en normas y un pilar de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU, había argumentado anteriormente que los peajes no eran compatibles con el derecho internacional.
El Consejo de la OMI —integrado por 40 miembros, entre los que se encuentra Estados Unidos como miembro activo— ha aprobado recientemente una moción en la que se reafirma “que el paso por el estrecho debe seguir estando libre de peajes y tasas”.
En su intervención ante la reunión del Consejo de la OMI celebrada en Londres, el embajador de Estados Unidos en el Reino Unido, Warren A. Stephens, prometió: “Estados Unidos seguirá defendiendo la libertad de navegación y el Estado de derecho, principios fundamentales sin los cuales el comercio internacional no puede funcionar. Estados Unidos defenderá estos principios con firmeza en todos los foros, incluido este. La OMI debe ser un foro en el que se respete el Estado de derecho, no un escenario en el que las potencias coercitivas puedan aprovechar las lagunas procesales para promover sus intereses estratégicos”.
“Estados Unidos está comprometido con esta organización y con los principios que representa. Pero también hablaremos con franqueza sobre las amenazas al orden marítimo basado en normas. Un océano libre y abierto no está garantizado. Debe defenderse mediante normas sólidas, alianzas sólidas y la voluntad de denunciar a quienes traten de socavarlo”, dijo.
Trump intentó encubrir su estrepitoso fracaso alegando que las conversaciones con los líderes del Golfo demostraban que ahora estaban dispuestos a hacer inversiones sustanciales en la economía estadounidense. Pero parecía una excusa poco convincente, incluso para sus propios estándares: el compromiso de invertir en EEUU parece arriesgado, tan ficticio como el plan de recuperación de 350.000 millones de dólares al que se hace referencia en el acuerdo de alto el fuego entre EEUU e Irán.
Trump, en peor posición
Ahora que el peaje ha quedado fuera de la agenda por el momento, ninguna de las opciones que le quedan a Trump parece buena.
Su mayor debilidad política es que sigue teniendo que recurrir a la fuerza para reabrir el estrecho de Ormuz, una vía navegable que era accesible hasta el momento en que decidió seguir el consejo de Benjamin Netanyahu, abandonar la mesa de negociaciones y atacar a Irán.
Tras casi cinco meses de guerra, Trump se encuentra en una posición peor que cuando empezó.
Unos 6.000 marineros siguen atrapados en el estrecho, que continúa bajo el control del Gobierno de Teherán, el cual ha sacado fuerzas de la despedida que el pueblo iraní ha dado a su líder supremo asesinado. La idea, expuesta en el memorándum, de que ambas partes llegarán a un acuerdo sobre el futuro del programa nuclear iraní antes del 17 de agosto parece totalmente fantasiosa.
Mientras tanto, Irán parece disponer de abundantes reservas de armamento y sigue bombardeando las bases estadounidenses en Kuwait, Jordania y Bahréin. La última estimación del Gobierno estadounidense sobre los costes de la guerra, incluidos los daños a las bases, asciende a 100.000 millones de dólares.
Cuando se firmó el memorándum hace un mes, Trump admitió en la práctica que la opción militar no había logrado su objetivo. Si el estrecho permanecía cerrado durante mucho más tiempo, existía un grave riesgo de recesión mundial, afirmó, y declaró a la CNBC que no quería ser “un presidente con una depresión en su currículum”.
Si Estados Unidos no quería que Irán tomara el control del estrecho, no debería haber aceptado un documento en el que se establecía que 'la República Islámica de Irán tomará las medidas necesarias para garantizar el paso seguro de los buques' o que 'no se cobrarán tasas durante 60 días únicamente'
Pero ahora los defensores de la guerra han vuelto. “En ambos bandos hay grupos que creen que pueden asumir los costes de una escalada de tensiones y, lo que es más importante, deben demostrar esta capacidad a la otra parte”, dice Rob Malley, antiguo negociador nuclear estadounidense.
Los halcones estadounidenses siguen creyendo que Irán se derrumbará si el bloqueo restablecido de sus puertos le impide exportar petróleo.
En Teherán, al negociador jefe, Mohammad Bagher Ghalibaf, se le ha permitido purgar a sus mayores críticos dentro del Parlamento. Pero Ghalibaf sigue sometido a una presión diaria para que explique el propósito de negociar con una contraparte que trata los acuerdos solemnes y vinculantes como si fueran basura tirada en la calle.
Lo que es peor, el equipo de Trump no es capaz de definir una estrategia para el estrecho. “Si Estados Unidos no quería que Irán tomara el control del estrecho, no debería haber aceptado un documento en el que se establecía que 'la República Islámica de Irán tomará las medidas necesarias para garantizar el paso seguro de los buques' o que 'no se cobrarán tasas durante 60 días únicamente”, dice Philip Gordon, asesor de seguridad nacional de Joe Biden. “Los ataques de Irán a la navegación mercante son indignantes, pero también lo fue el hecho de que Estados Unidos no aclarara qué esperaba a cambio del enorme alivio financiero que prometía el memorando de entendimiento”.
Un debate más amplio
En retrospectiva, habría tenido más sentido que Estados Unidos dejara a Irán con el control en gran medida durante 60 días e insistiera en que Teherán siguiera adelante con el desminado, en lugar de intentar acelerar el proceso de salida de los buques del estrecho abriendo una nueva ruta meridional cerca de la costa de Omán.
El debate sobre el estrecho se está convirtiendo en uno más amplio sobre la seguridad en el Golfo. En un artículo publicado en Le Monde, Sayyid Badr Albusaidi, ministro de Asuntos Exteriores de Omán, argumenta que toda la premisa de la política de Washington hacia Irán era errónea.
“La combinación de un gasto excesivo en defensa local, la expansión de las bases estadounidenses en el Golfo y una presencia protectora más allá del horizonte se desarrolló y mantuvo a un gran coste, pero con muy poca utilidad real”, dice. “La guerra ha puesto de manifiesto que la contención era un mito, una realidad que ahora reconocen incluso aquellos que antes estaban convencidos de que más de 45 años de costosa contención eran un mal necesario. Las amenazas más graves para la seguridad del Golfo no provienen del propio Golfo, sino de decisiones y acciones adoptadas fuera de él, sobre todo en Tel Aviv”.
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