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Isaac Rosa

Isaac Rosa (Sevilla, 1974) es escritor, autor de novelas como El vano ayer o El país del miedo, libros de relatos, guiones de cómic y una novela juvenil. Su última obra es Feliz final.

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¡Que le quiten el lazo!

Domingo de Resurrección y llega por fin Nuestra Señora, Madre Dolorosa, con su andar suave, mecida en el avance. Llevamos dos horas esperando, vinimos temprano para coger sitio en la plaza, y al verla llegar todos compartimos ahora un suspiro, mezcla de alivio y emoción, al reconocer el bamboleo de la candelería, al compás de las cornetas que tocan "El Dulce Nombre".

El sol de mediodía se filtra por el palio de la Virgen y enciende las doce estrellas de su corona, el hilo de oro en que fue bordado el manto, el pecherín de diamantes, los aljófares del broche y el zafiro del anillo, la medalla de la coronación, el rosario de plata y nácar, el camafeo y las amatistas de la cruz al pecho, la filigrana del alfiler, la insignia de la Orden de Isabel la Católica, el puñal de oro blanco con sus aguamarinas, el fajín del Cuerpo de Marina, el pañuelo de bolillos y…

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Ya están los sindicatos con sus huelgas fastidiándome las vacaciones

Hay tradiciones que no se pierden: en semana santa nunca pueden faltar las procesiones, las torrijas, la subida de los carburantes, las huelgas del transporte… y el discurso antisindical asomando la patita en la prensa.

Desde la semana pasada recorto noticias sobre huelgas convocadas para estos días vacacionales. Las hay en trenes, aeropuertos y transporte marítimo, lo que facilita el titular ingenioso elegido por varios medios: "¡Huelgas por tierra, mar y aire!" Paros que, por cierto, no causan el desastre anunciado, "gracias" a la práctica cada vez más habitual de maximizar los servicios mínimos y esquirolear para sustituir a los huelguistas.

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Duelo

"¡A español no me gana nadie, y a nosotros no va a venir ningún partido a darnos lecciones de españolidad! ¡Viva España, viva y viva!".

El candidato y presidente del partido acompaña la frase con un puñetazo en el atril que tira la botella de agua. Frente a él, los asistentes al mitin sacuden con furia las banderitas de plástico y ondean las grandes de tela, entre gritos de "¡Viva España!" que por un momento tapan los roncos "¡Arriba España!" que llegan desde el exterior.

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Abuela, recoge a los niños, tráeme tuppers y lucha por mi sistema de pensiones

Yo no sé qué haríamos en casa sin la ayuda de los abuelos (mis padres y los de mi mujer, jubilados todos): martes y jueves recogen a las niñas del colegio, miércoles se las quedan por la tarde, los fines de semana cuidan el perro y nos riegan las plantas si salimos de viaje, y los lunes nos defienden el sistema de pensiones.

Además nos avalaron para pedir la hipoteca, nos regalaron la cocina, nos prestan cuando aprieta el fin de mes o hay un gasto imprevisto, nos proveen con tuppers de comida casera, nos dejan el piso de la playa en vacaciones, y cada semana se concentran con otros yayos en una plaza para que el día de mañana quede algo de pensión para nosotros sus hijos, y hasta para sus nietos.

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Rata come rata

El mensaje, enviado desde la dirección ratacomerata@gmail.com, dice así:

"Ha llegado a nuestras manos un material delicado, muy delicado, sobre usted. Un pendrive dejado en el buzón. Contiene una grabación con cámara oculta, no muy nítida pero se le reconoce perfectamente. ¿Qué hacemos con este material? Somos un modesto medio digital. Quien nos lo entregó debió de pensar que lo publicaríamos, quizás somos su última opción después de que otros no se atrevieran. Hemos dicho "material delicado", pero digamos mejor "material extremadamente delicado". No hace falta que le digamos qué hay en esa grabación, usted ya lo imagina. Pero tranquilo, no lo vamos a publicar, lo tuvimos claro nada más ver el vídeo. Tampoco vamos a difundirlo por otras vías, ni dárselo a nadie. Ni siquiera se lo devolveremos a quien nos lo envió. No es por aprecio hacia su persona: decir que usted nos provoca repugnancia sería quedarse muy corto. Pero nosotros no somos como ustedes, no somos cloaca. No usamos material obtenido de forma ilegal y que afecta a la intimidad de alguien, por canalla que sea ese alguien. Sabemos que, de ser usted quien recibiese un material así sobre un rival político, no dudaría en utilizarlo. Pero no somos cloaca. No vamos a extorsionarle. De hecho, vamos a entregárselo a usted, antes de que caiga en manos menos escrupulosas. Pero, y aquí viene el pero: hay una condición para entregárselo. Un pequeño capricho que queremos darnos, llámelo si quiere justicia poética. No pensaría que iba a ser tan fácil, ¿no? La condición es que lo recoja usted mismo, al amanecer de pasado mañana, en el lugar que le indicamos al final de este mensaje. Y debe acudir solo. Si no cumple esta única condición, no habrá trato. Y no nos hacemos responsables si este material cae en otras manos…"

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Non olet

Entra el periodista en el plató, se acomoda en su asiento, la tertulia va a comenzar. Viene sorprendido porque minutos antes el taxista no paraba de pulverizar ambientador, la maquilladora no pudo aguantarse las arcadas, por el pasillo todos se apartaban a su paso, y ahora en la mesa el resto de periodistas abanica el aire con sus tablets, mascullan "qué pestazo, por diós", y el director del programa se mira las suelas por si ha pisado una mierda.

Es ficción, claro. Pero imaginen si la "cloaca" hiciese honor a su nombre y en efecto desprendiese un hedor insoportable, un hedor cierto, no metafórico, que se pegase a la ropa, a la piel y al pelo de todo el que la frecuenta. Periodistas que dejan de ser invitados a tertulias porque nadie se sienta a su lado; policías a los que nadie puede poner una medalla sin marearse; políticos marginados en sus partidos, expulsados e inhabilitados de por vida; ex gobernantes que no pueden dar conferencias ni recibir homenajes porque no hay quien soporte su proximidad nauseabunda; y papeletas que pocos votantes se atreven a rozar siquiera.

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De vacío

–¿Qué hacemos, nos vamos ya?

El conductor se impacienta, echa cuentas de los kilómetros y las horas que tenemos por delante, quiere llegar al pueblo antes de que se vaya el sol, evitar el último tramo de carretera de noche. Yo le digo que espere un rato más, que no nos vamos a ir sin ellos. Algo les habrá pasado, un despiste, Madrid es muy grande, y si no lo conoces es fácil perderte, coger el metro equivocado y acabar en la otra punta.

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Acabaremos luchando por la jornada de ocho horas

Leo en este mismo diario que cada vez más trabajadores pasan al menos un domingo al mes en el puesto de trabajo, y que la mitad hace horas extra (y el 50% de ellas no se pagan ni compensan). E imagino a tantos lectores, yo entre ellos, exclamando: "¡Si solo fuese un domingo!". "¡Si solo fuesen las horas extra!"

En la avenida próxima a mi casa hay una manzana donde se acumulan franquicias de comida rápida. Desde la tarde hasta avanzada la noche, de lunes a domingo, los ciclistas de mochila amarilla hacen guardia, pendientes de que salte un pedido en su móvil y corran a entregarlo, deprisa para estar de vuelta a coger el siguiente. Por toda la ciudad circulan taxis a la espera de una llamada o una mano levantada, coches negros pendientes de una app que les marca el próximo servicio, mensajeros llevando y trayendo paquetes a tal velocidad que aumentan sus accidentes, trabajadores contratados a media jornada y que en la otra media son reclamados por el supermercado o el restaurante para cubrir un pico de actividad. Todos saben que si llegas tarde o dices que no vas, te quedarás fuera en el próximo pedido, llamada, servicio, envío, turno.

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Solo ruido

"Habría mucho que discutir de los supuestos abusos sexuales en la Iglesia. Otro mito del pensamiento progre que nos tragamos. Para empezar, hay que rebajar la edad de consentimiento sexual, porque muchos 'menores' no son precisamente niños"

El candidato publicó ese tuit a las ocho de la mañana, pero hasta las ocho y media no lo vio nadie. Con menos de cien seguidores y una corta vida en la red, podría incluso haber pasado desapercibido, que nadie lo viese. El primero en leerlo fue un compañero de partido, que respondió con un emoticono y pocas palabras: "Te has levantado con ganas de guerra, Jaime!". Otros dos usuarios le enviaron mensajes privados, sugiriéndole que eliminase el tuit antes de que alguien lo compartiese, "porque te va a caer la del pulpo". No hubo respuesta del candidato, no lo eliminó.

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Este artículo dará 10.000 votos a ese partido que no sé si nombrar

Pensaba escribir sobre cierto partido político, pero no tengo claro cómo hacerlo para no favorecer su crecimiento. Si los llamo “fascistas”, “franquistas” o “ultraderecha”, les estaré regalando 10.000 votos más por victimizarlos. Si en cambio los trato como a cualquier partido, se llevarán igualmente un bonus de 10.000, ahora por normalizarlos. Si ridiculizo sus propuestas demenciales, sus declaraciones necias o sus candidatos mamarrachos, les hincharé la urna con otras 10.000 papeletas. Pero si les discuto con argumentos y rebato sus mentiras, estaré aceptando su agenda y por tanto entregándoles en bandeja… ¡10.000 suculentos votos! Por no saber, no sé si nombrarlos: si lo hago, les daré publicidad gratis y eco en redes, 10.000 redondos. Si evito mencionarlos, peor: los enfatizo por omisión, y otros tantos votos. Quizás no debería escribir este artículo, pero ya imagino que el silencio es aún peor: un uno seguido de cuatro ceros.

No soy el único con miedo a pulsar el botón de 10.000 haga lo que haga. En la izquierda se discute si hablar de ellos o ignorarlos, si confrontarlos o pasar, si llamarlos fascistas o hacer chistes. El mismo dilema para las feministas (el 8M faltó instalar un contador electrónico que sumase de diez en diez miles), o los independentistas (un lazo amarillo, 10.000; un tuit de Rufián vale doble, 20.000). En la derecha, Casado y Rivera no saben si ignorarlos, a riesgo de que sus votantes huyan de 10.000 en 10.000; o comprarles el discurso y hacer que 10.000 por minuto prefieran el original a la copia. La misma duda tienen periodistas y politólogos, y cualquier vecino al salir de casa: todos resignados a alimentar la bolsa electoral de Vox (hala, lo dije).

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