¿Qué más tiene que hacer Israel para que alguien lo pare?
Si lanzas una campaña genocida contra Gaza, desplazas por la fuerza a su población, asesinas a decenas de miles de personas, arrasas viviendas e infraestructuras para volverlo inhabitable y después te anexionas ilegalmente todo el territorio que consideres, y nada de eso tiene consecuencias para tu país, lo normal es que te animes a ir un poco más lejos: por ejemplo, ocupar más territorio de Cisjordania, amparar la violencia de los colonos contra los palestinos y extender los asentamientos hasta hacer del todo inviable el más mínimo Estado palestino. Si tampoco así pasa nada, das un pasito más en tu plan de ensanchar las fronteras nacionales: invades el sur del Líbano, y aplicas allí el “método Gaza” para otra vez desplazar por la fuerza a sus habitantes, asesinar a quienes se resistan, arrasar viviendas e infraestructura hasta volver la zona inhabitable, y después anexionártela.
¿Tampoco pasa nada, tampoco hay consecuencias para tu país? Pues venga, otro pasito: mañana haces lo propio con el sur de Siria (desplazar, asesinar, arrasar, anexionar), y si tampoco pasa nada (y ya te digo yo que tampoco), pasado mañana haces lo mismo con otro trozo del Líbano, alguna zona de Jordania, Irak, Egipto, qué sé yo, seguir paso a paso el plan bíblico del “Gran Israel”, aprovechando que sale gratis y que tienes de tu lado a Estados Unidos hasta el infinito y más allá.
¿Qué más tiene que hacer Israel para que sus actuaciones tengan alguna consecuencia? Cuando el genocidio de Gaza estaba a pleno rendimiento, nos preguntábamos qué barbaridad debería hacer allí Netanyahu para perder el apoyo de Occidente. La respuesta estaba cantada: hiciese lo que hiciese en Gaza, la impunidad seguía asegurada. Desde entonces, el proyecto racista y mesiánico de Israel (de Netanyahu, y de buena parte de la población que lo secunda en sus crímenes) ha seguido dando pasos, y los seguirá dando mientras nadie le pare los pies.
Venga, fantaseemos: con Gaza no, con Cisjordania tampoco, ni con Líbano, y previsiblemente tampoco pasará si extiende su estrategia a zonas de Siria. ¿Con Jordania sí? ¿Con Egipto? ¿Serían una línea roja, o tampoco? ¿Arabia Saudí? ¿Turquía? ¿Algún país europeo? Ya sé que suena disparatado, pero intento calcular en qué momento ya sí le pondríamos límite a Israel, a partir de dónde le diríamos “es demasiado, por ahí no pasamos”. Y no hablo de ponerle sanciones, romper relaciones económicas y diplomáticas, o suspender o siquiera revisar el acuerdo de asociación entre Israel y la Unión Europea. Digo al menos expulsarlo de Eurovisión o de las competiciones deportivas europeas, en las que Israel sigue participando como si nada, haga lo que haga. Y ni eso.
11