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¡Por fin Europa pone en su sitio a Trump!

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, junto a Donald Trump, en una imagen reciente
7 de julio de 2026 22:07 h

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Por fin llegó el día: después de tantos desplantes y humillaciones, los europeos hemos puesto en su sitio a Trump. Los representantes de Bruselas han plantado cara a los hombres de Trump, al que no han valido sus malas artes habituales. El presidente norteamericano ha sido derrotado, humillado, noqueado, ha mordido el polvo, ha recibido una bofetada en la cara. Hasta lo han ridiculizado imitando su bailecito. Ya era hora.

Ah, espera, que no ha sido en la cumbre de la OTAN, ni en una reunión bilateral Europa-Estados Unidos, ni en la ONU o algún foro internacional. Ha sido en un estadio de fútbol. Una eliminatoria del Mundial. Ya me parecía. Es que, leyendo la prensa europea, española incluida, cualquiera pensaría que Europa ha dejado de agachar la cabeza como hasta ahora, y le ha dado a Trump la respuesta que merece. Los periódicos, no solo deportivos, hablaban este martes de venganza, humillación, castigo, mofa, bofetón. “¡Anula esta, Trump!”, exclama uno en portada. “¿A quién vas a llamar ahora, Donald?”, chuleaba otro a toda página. “Aló, ¿Donald?”, replicaban los memes en las redes sociales.

Es cierto que la derrota de la selección norteamericana es una derrota de Trump, después de que el presidente interviniese en el Mundial con su habitual prepotencia y falta de respeto a las normas: una llamada personal, presiones de su administración, un dirigente servil al otro lado (el ridículo presidente de la FIFA). Una vez más, el método Trump, que aplica por igual en una campaña electoral, una conferencia de reconstrucción para Gaza, una negociación de aranceles, una guerra con Irán, una cumbre con sus socios europeos o el aniversario de la independencia norteamericana. Pero mientras en todos esos ámbitos se sale con la suya o provoca el caos, parece que el único terreno en que alguien le planta cara es en el deportivo.

Estamos tan desmoralizados los europeos frente a Trump, que saboreamos una victoria deportiva como si fuese un hito político. Es lo mismo que con Israel y Eurovisión. Incapaces de romper relaciones o imponer sanciones al gobierno genocida de Netanyahu, nos conformamos con echarlo al menos de Eurovisión. Y cuando tampoco lo conseguimos, sentimos como una victoria moral que varios países decidan no participar, o que el representante israelí no consiga ganar el festival. Justicia televisiva, como ahora la justicia deportiva contra Trump, versiones de la clásica justicia poética, que nunca es justicia, solo un pobre sucedáneo.

De hecho, solo unas horas después de la gran “humillación” europea, llega Trump a la cumbre turca de la OTAN y todo vuelve a donde solía: trato chulesco a sus socios, matraca con Groenlandia, y no descartemos alguna humillación extra al representante belga, para compensar la eliminación del Mundial.

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