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Científicos documentan “el avanzado estado de deterioro de varios” de los bidones radioactivos de la Fosa Atlántica

Imágenes de los bidones con material radioactivo en la Fosa Atlántica, captadas por el Proyecto Nodssum

Daniel Salgado

Santiago de Compostela —
7 de julio de 2026 11:49 h

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El Proyecto Nodssum, una expedición científica encabezada por el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), ha captado imágenes de algunos de los 220.000 bidones de material radioactivo arrojados a la Fosa Atlántica hace más de 40 años. Los investigadores, más de 30, navegaron entre el 27 de mayo y el 28 de junio y constataron “el avanzado estado de deterioro de varios” de los barriles. También confirmaron “la presencia de radionucleidos característicos” de estos residuos a “niveles mayores de los esperados en el área” pero que, “en cualquier caso”, esta “permanece baja”.

La misión del CNRS, de la que también forman parte varias universidades francesas, noruegas y alemanas, además de la de Girona y del Centro Nacional de Aceleradores, sucede a la realizada entre junio y julio de 2025 y que realizó un mapeado de los vertidos. Depositados entre los años 40 y los 90 del siglo pasado -la prohibición formal data de 1993- a unas 300 millas náuticas del cabo Fisterra en Galicia, son unos 220.000 bidones con 140.000 toneladas de basura nuclear a más de 4.000 metros de profundidad.

Los científicos navegaron durante el mes de junio a bordo del Pourquoi Pas? El submarino tripulado Nautile (parte de la Flota Oceanográfica Francesa, puede transportar a tres personas a 6.000 metros de profundidad) permitió a varios de los investigadores la “observación directa” de los bidones y su entorno inmediato. De ellos dan testimonio las imágenes reproducidas en esta pieza.

“Las observaciones a través del Nautile y de otros instrumentos”, asegura el CNRS en un comunicado, “proporcionan nueva información sobre los residuos”. En concreto, además del mencionado deterioro de los barriles, detectaron filtraciones e identificaron los materiales con los que la industria nuclear encapsuló sus desperdicios: resinas, asfalto o cemento. Los científicos han recogido también muestras de agua, sedimentos y organismos vivos para estudiar “la dispersión y transferencia de radioactividad al medio ambiente” y han documentado la biodiversidad en los residuos y en su entorno inmediato. “El objetivo” de la misión científica, declara el CNRS, “es alcanzar una mejor comprensión de los mecanismos de transferencia y transporte de los radionucleidos en los fondos oceánicos y su interacción con los ecosistemas abisales”.

El BNG, por su parte, ha reclamado al Gobierno español que se implique “de manera activa en la investigación” y la elaboración de un plan “para, de ser seguro, proceder a la retirada de los bidones radioactivos”. Para su diputado en el Congreso, Néstor Rego, “resulta incomprensible que el Estado español permanezca completamente al márgen de una expedición de esta relevancia, cuando los posibles efectos de estos vertidos afectarán directamente al ecosistema marino gallego y a los sectores que dependen de él”.

Imágenes de los bidones con material radioactivo en la Fosa Atlántica, captadas por el Proyecto Nodssum

La travesía del 'Xurelo' y la moratoria de los residuos

Fue precisamente la travesía de un palangrero gallego, el Xurelo, la que ya en 1981 contribuyó a llamar la atención sobre lo que sucedía en la Fosa Atlántica. Tenía 24 metros de eslora y lo había fletado un partido nacionalista de izquierdas -Esquerda Galega- con el apoyo de Greenpeace. En él embarcaron políticos, ecologistas y periodistas -un joven Manuel Rivas entre ellos. El barco con base en Ribeira (O Barbanza, A Coruña) se interpuso entre dos cargueros que arrojaban basura nuclear al océano. La prensa lo fotografió. Era la primera vez que se documentaba esta práctica, que en la zona se realizaba desde finales de los años 40.

Al año siguiente, el Xurelo y otros dos pesqueros gallegos -el Arosa I y el Pleamar- volvieron a la zona. También hubo protestas en Bélgica u Holanda y en 1983, el organismo europeo encargado de controlar los residuos nucleares declaró una moratoria de los vertidos. El Convenio de Londres de la Organización Marítima Internacional vetó, una década más tarde, cualquier vertido radioactivo al mar.

Imágenes de los bidones con material radioactivo en la Fosa Atlántica, captadas por el Proyecto Nodssum
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