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Los secundarios llevan a España a cuartos y despiden a Cristiano de los mundiales

Cristiano Ronaldo lamenta la eliminación de Portugal mientras Pedro Porro celebra el triunfo de España.
7 de julio de 2026 00:25 h

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España-Portugal. Otra vez. Y en octavos de final, como en Ciudad del Cabo en 2010 cuando Villa marcó a siete minutos del final el único gol, tres partidos antes de levantar la Copa en Sudáfrica el “Iniesta de mi vida”, la estrella sobre el escudo y todo lo que vino después. Pero también como en 2004, en la Euro de Portugal, donde el equipo que dirigía Iñaki Saez perdió por la mínima, no pudo cavar más hondo y regresó a casa en la primera ronda para que Luis Aragonés tomase las riendas de aquello.

El último España-Portugal en un torneo serio había sido en 2012 en Donetsk, semifinales de la Eurocopa de Ucrania donde el empate sin goles se dirimió en la tanda de penaltis. Se clasificó España para la final en la que luego golearía a Italia. Los aficionados más cafeteros recordarán cómo Cristiano Ronaldo se fue del partido clamando ante las cámaras: “Qué injusticia, qué injusticia”.

Los países vecinos también se midieron en la Nations League, el último invento de la UEFA (no, no solo la FIFA opera como una caja registradora) para seguir exprimiendo el fútbol y a los futbolistas: España ganó la de 2023 y Portugal la de 2025, pero aquellos campeonatos perviven en la memoria de Google, mucho más que en la de la gente.

Eurocopas y Mundiales, habíamos quedado. España habia ganado más a Portugal en las últimas grandes citas y por eso partía como favorita. Ese cartel le había colgado la prensa deportiva de aquí y en sus entrevistas los futbolistas portugueses dieron por bueno su rol de víctimas.

Lamine contra Cristiano Ronaldo, en el reduccionismo clásico de los titulares y el marketing: el fervor postadolescente de un delantero de 18 años con todo por hacer, frente a la constancia de un veterano hiperdisciplinado que cumplió 41 y se tomó este torneo como su último baile, no ya contra Lamine sino frente a Messi. El partido anticipaba mucho más que esos titulares, claro, como si no se midiesen algunos de los mejores jugadores del planeta: Vitinha, Nuno Mendes o Joao Neves, del otro lado de A Raia; Pedri, Rodri, Oyarzabal, de este. Y dos estilos muy parecidos de entrenadores de la escuela española y esa costumbre de tratar bien el balón: Luis De la Fuente aquí; Roberto Martínez allá.

Ninguno de los equipos llegaba en su mejor forma, con demasiados kilómetros en las botas de sus estrellas: Portugal había apeado a Croacia con muchísimas dificultades. España, a Austria con algo más de desahogo. Como para elegir a un favorito... con los cadáveres de Alemania, Brasil y Uruguay todavía por velar.

La primera ocasión muy clara llegó a los diez minutos tras una triangulación a un toque en la que Dani Olmo dejó solo a Oyarzabal frente al portero. Sucedió una rareza: el disparo raso del delantero de la Real se fue fuera por poco.

España amenazó primero por la banda derecha, con el omnipresente Yamal midiéndose en cada duelo a Nuno Mendes, sin discusión el mejor lateral del mundo... que también sabe atacar. Una de las subidas del defensa la aprovechó Lamine para avanzar por su banda, su tiro lo despejó el portero portugués Diego Costa pero cayó en las botas de Baena, destacadísimo en este campeonato. Disparó y el guante del meta logró apartarlo por poco de la escuadra. Córner.

El partido no tuvo un dominador claro. Fieles a su filosofía los dos equipos querían el balón pero a distintos ritmos. El de Portugal más pausado, tratando de manufacturar jugadas que pudiera culminar Ronaldo, reconvertido durante su sexto mundial y pasados los cuarenta, en rematador de área. En esa partida de ajedrez fue un córner muy mal defendido por la selección española, que enfrentó a un solo jugador con dos de los lusos, el que casi le cuesta el mayor disgusto del torneo: Nuno Mendes disparó con fuerza y primero la cabeza de Pedro Porro y después el larguero evitaron el gol.

Ambas escuadras se miraron durante todo el encuentro de reojo. Mendes ganó muchos duelos a Lamine, que logró poner algunos centros a los que no llegó nadie. Olmo generaba peligro con sus controles vertiginosos en la media punta y Rodri trataba de hacerse con el mediocampo junto a Pedri, que no tuvo su mejor día.

Enfrente, Portugal forzaba corners, y sus llegadas al área generaron más peligro que ningún otro rival a Unai Simón en este campeonato. Con todo, España volvió a dejar su portería a cero. Cinco jornadas ya. La única selección capaz de hacerlo pese a su esquema teóricamente ofensivo, que en realidad consiste en defender con el balón. Esta vez le costó hacerse con él. Durante algunas fases del juego fue de Portugal, especialmente en el inicio de la segunda parte. Bruno Mendes, Vitinha y Joao Neves, combinaban en el medio, tratando de acercar a Ronaldo al área, como había sucedido otras veces. Sus disparos, sin excesivo peligro se encontraron siempre con los guantes de Simón.

En el minuto 50 ocurrió uno de esos episodios que cambian los partidos. Los que no se pueden prever ni en las tablets de ahora ni en las pizarras de antes de los entrenadores. Lamine se fue por primera vez con claridad de Nuno Mendes que acabó forzando una mala postura. El jugador más destacado de Portugal se fue al suelo y ya no pudo seguir. Mucho más que un cambio, un aldabonazo para el equipo luso, que vivió en los minutos siguientes los mayores apuros en su área. Tres remates consecutivos de España que acabaron en córner. Cuando mejor estaba la selección llegó la pausa para recaudar de la FIFA. Y Portugal logró recomponerse un poco. En la reanudación el balón volvió a no ser de nadie, hubo bastantes imprecisiones, alguna entrada a destiempo. El cansancio (no hablamos del partido, ni siquiera del Mundial, sino de una temporada eterna para los futbolistas más decisivos) se hizo notar sobre el césped. Pedri falló controles. Enfrente, Vitinha dio síntomas de agotamiento. Dos de los mejores centrocampistas del planeta se fueron del campo antes de que acabase el encuentro en el que sus selecciones de lo jugaban todo.

A la hora de los cambios, por nombres parecía que Portugal tenía más fondo de armario: Leao, Bernardo Silva, Conçeicao... Pero tampoco en esto el fútbol es una ciencia exacta. Entraron dos secundarios en España, Mikel Merino y Ferrán Torres, y voltearon el partido.

Antes Lamine había lanzado una falta que despejó el portero a córner y Bruno Mendes en una de las ocasiones más claras de Portugal disparó a la red pero por el lateral en el área contraria.

Inciso: está escrito arriba que Torres y Merino dieron la vuelta al partido. No lo hicieron ellos solos: ayudó la forma de entender el fútbol que tiene la selección española desde hace casi dos décadas.

En el minuto 86 (a 15 del final en el nuevo fútbol según la FIFA) Portugal cometió una falta en su campo. Suficientemente lejana como para no temer un disparo directo a portería. Pero con la distancia ideal para que España pusiese un centro y metiese a más de medio equipo en el área a buscar el remate. Eso es lo que hubiesen hecho en el minuto 86 la mayoría de equipos del mundo. Un centro cruzado a la espera de que sonase la flauta. España sacó en corto. Y consiguió en cuatro toques lo que no había logrado en todo el partido. De Fabián (also starring, que también acababa de entrar al campo) a Rodri, que raseó el balón para Ferran Torres. El delantero del Barça lo recibió de espaldas y con un medio giro dio un pase a Mikel Merino que había ganado la espalda a la defensa. Se metió en el área y batió por bajo a Diego Costa, de los mejores de Portugal esta noche. Se tarda mucho en escribirlo pero en realidad fueron unos pocos segundos, cuatro toques.

Merino dio una vuelta al banderín de córner para celebrarlo, honrando el festejo que hacía su padre, también futbolista, cuando marcaba. Desató el jubiló de sus compañeros y de la parte española en las gradas.

Las cámaras enfocaron a Ronaldo, desencajado. Portugal todavía lo intentó un par de veces más, ya en el tiempo de descuento. Bernardo Silva remató de cabeza y el balón se fue alto por poco. El último centro se quedó todavía más lejos. España pasa a cuartos de final. Y el 7 de Portugal, tal vez el mejor jugador de la historia del país, dice adiós a los mundiales. Messi, la otra gran estrella que desafía a su propio calendario, disputará el último baile sin su pareja (y rival) de tantos años.

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