Esta ostra ayuda a combatir el cambio climático y por eso tratan de recuperarla en el Mar Menor, donde hubo millones de ejemplares

Estos moluscos tienen la capacidad de secuestrar dióxido de carbono para incorporarlo en sus conchas

Alberto Gómez

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La ostra plana, científicamente conocida como Ostrea edulis, fue durante décadas una de las mejores especies para la salud del Mar Menor, llegando a albergar poblaciones que superaban los 135 millones de ejemplares en los años ochenta. Y es que este bivalvo autóctono no solo formaba parte del paisaje submarino habitual, sino que ejercía una función vital en el mantenimiento del equilibrio ecológico de la laguna salada más grande de toda Europa. Su presencia masiva permitía filtrar volúmenes ingentes de agua, eliminando partículas en suspensión y manteniendo una transparencia que hoy parece un recuerdo lejano para los habitantes de la zona.

La intervención humana y el cambio de las condiciones ambientales provocaron un declive catastrófico que dejó a esta especie al borde de la desaparición total en este ecosistema. Recuperar este tesoro biológico se ha convertido ahora en una prioridad absoluta para científicos y administraciones públicas, que buscan soluciones basadas en la naturaleza. El colapso de la población de ostras, eso sí, no fue un evento repentino, sino el resultado de una combinación de factores estresantes que alteraron drásticamente su hábitat natural. El dragado del Canal del Estacio en la década de los setenta facilitó la entrada de agua mediterránea, cambiando la salinidad y favoreciendo inicialmente su expansión, pero también introdujo nuevas amenazas.

Los vertidos agrícolas cargados de nutrientes provocaron procesos de eutrofización severos, transformando las aguas cristalinas en una “sopa verde” que asfixió a los bancos naturales. A esto se sumaron el aumento de la temperatura del agua, la aparición de enfermedades específicas y la competencia de especies exóticas invasoras que diezmaron los ejemplares restantes. Hoy en día, la presencia de la ostra plana es bastante reducida, con individuos aislados que son incapaces de formar colonias reproductivas por sí mismos en el medio natural. Esta pérdida ha dejado a la laguna vulnerable ante los efectos del cambio climático y la contaminación persistente.

Uno de los hitos más recientes de esta investigación ha sido la instalación del primer arrecife experimental de ostra nativa

La importancia de la ostra plana trasciende su valor biológico, situándose como una aliada estratégica en la lucha global contra el cambio climático y el calentamiento. Estos moluscos tienen la capacidad asombrosa de secuestrar dióxido de carbono de la atmósfera para incorporarlo de forma permanente en la estructura de sus conchas calcáreas. Además de actuar como sumideros de carbono, las ostras funcionan como potentes bioextractores de nutrientes, capaces de absorber y acumular contaminantes químicos presentes en la columna de agua. Se estima que una población saludable podría filtrar la totalidad del agua de la laguna en apenas tres meses, un servicio ecosistémico de valor incalculable. Al limpiar el agua de fitoplancton excesivo, permiten que la luz solar penetre de nuevo en las profundidades, favoreciendo el crecimiento de las praderas marinas.

Estas estructuras también actúan como arrecifes naturales que aumentan la biodiversidad al servir de refugio para numerosas especies de peces. Y precisamente para revertir esta situación crítica ha nacido el proyecto RemediOS y su continuación RemediOS-2, liderados por el Instituto Español de Oceanografía y diversas entidades colaboradoras. Esta iniciativa busca aplicar técnicas avanzadas de acuicultura para producir semilla de ostra a partir de los pocos ejemplares reproductores supervivientes de la laguna.

El proceso comienza en laboratorios especializados, donde se acondiciona a los adultos para estimular la puesta de larvas en un entorno controlado y seguro. Durante las fases iniciales se han logrado obtener millones de larvas, demostrando la viabilidad técnica de reproducir esta población autóctona fuera de su hábitat degradado. El objetivo final es la reintroducción paulatina de estos ejemplares en el Mar Menor para restaurar los bancos naturales desaparecidos hace décadas. Este proyecto cuenta con la financiación de fondos europeos y el apoyo decidido de la Fundación Biodiversidad para garantizar su continuidad a largo plazo.

Uno de los hitos más recientes de esta investigación ha sido la instalación del primer arrecife experimental de ostra nativa en las proximidades de la Isla del Barón. Este arrecife innovador está compuesto por 175 bloques de arcilla biodegradable que sirven de sustrato para unas 55 mil larvas fijadas. Estos bloques, diseñados específicamente por la organización Oyster Heaven, están pensados para deshacerse progresivamente a medida que las ostras crecen y se consolidan. Aunque el arrecife ocupa una superficie modesta de doce metros cuadrados, representa un paso pionero en la recuperación efectiva de la biodiversidad local. El seguimiento científico de este enclave permitirá evaluar el crecimiento, la supervivencia y la capacidad real de filtración de las ostras en condiciones reales de la laguna.

La estrategia de biorremediación propuesta se basa en el ciclo natural de los bivalvos, que transforman el exceso de fitoplancton en tejido vivo y concha sólida. Al retirar físicamente las ostras una vez que han alcanzado un tamaño determinado, se eliminan efectivamente el nitrógeno y el fósforo del ecosistema marino. Este método ha demostrado ser exitoso en otros lugares del mundo, como Suecia y Dinamarca, donde se utiliza el cultivo de bivalvos para limpiar fiordos eutrofizados. En Estados Unidos, proyectos similares en la bahía de Chesapeake han confirmado que la cosecha de millones de ostras puede extraer toneladas de nitrógeno anualmente. En el Mar Menor, esta “acuicultura restaurativa” no solo busca limpiar las aguas, sino también generar una nueva economía azul sostenible para la región. La combinación de ciencia, gestión ambiental y participación social es fundamental para que estas soluciones basadas en la naturaleza tengan un impacto real y duradero.

Esfuerzo colectivo

El compromiso institucional con la recuperación de la ostra plana incluye la compra de materiales de cría, la instalación de líneas de cultivo y la elaboración de una hoja de ruta estratégica, proyecto que también involucra activamente a pescadores de la zona. El Mar Menor es el primer ecosistema en Europa con personalidad jurídica propia, lo que otorga derechos legales a su protección y restauración. Bajo este nuevo marco legal, cualquier ciudadano puede actuar en defensa de la laguna, lo que refuerza la necesidad de proyectos científicos sólidos como RemediOS. La colaboración entre el IEO-CSIC, la asociación ANSE y la Fundación Estrella de Levante ejemplifica el esfuerzo colectivo necesario para salvar este enclave.

El futuro del Mar Menor depende en gran medida de la capacidad para devolverle sus defensas naturales y restaurar el equilibrio perdido por la acción humana. La recuperación del caballito de mar y la nacra son otros objetivos paralelos que complementan la labor iniciada con la ostra plana mediterránea. Convertir la laguna en un referente internacional de restauración marina situaría a la Región de Murcia a la vanguardia de la innovación científica y ecológica. Cada ostra que se fija en los nuevos arrecifes representa una pequeña victoria en la batalla contra la eutrofización y los efectos del calentamiento global. Aunque el camino hacia la recuperación total es largo y complejo, los resultados esperanzadores de las fases experimentales invitan al optimismo.

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