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Moreno Bonilla pasa por debajo del futbolín

Juanma Moreno y Manuel Gavira, el pasado martes, 30 de junio, en el Parlamento andaluz.
2 de julio de 2026 22:02 h

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Para sorpresa de nadie, Juan Manuel Moreno Bonilla gobernará con Vox en Andalucía. Como se decía antes de forma irónica: gol en las Gaunas. Digo “para sorpresa de nadie”, porque ni el propio presidente andaluz se creía que no iban a gobernar juntos. Habiendo sido el primer dirigente político que en España firmó un acuerdo con la ultraderecha (en 2019, que se nos olvida), después de que hayan aceptado gobiernos de coalición sus colegas de otros territorios, y a meses de unas elecciones generales tras las que, si les dan los números, está cantado el gobierno Feijóo-Abascal, había que ser muy cándido para creerse la resistencia del simpático “Juanma”.

Pero tanto insistió Moreno en que nunca gobernaría con la ultraderecha, ni aceptaría la “prioridad nacional” ni otros trágalas habituales, que al final le ha tocado pasar por debajo del futbolín. Y se ha arrastrado él solo: tiene el acuerdo que en cualquier caso iba a acabar firmando, pero le ha añadido una dosis de humillación por tragarse sus palabras anteriores y tirar por tierra su muy trabajado perfil de “derecha moderada”. No querías caldo facha, pues dos tazas: gobierno de coalición, y prioridad nacional, aunque la disfraces de “arraigo” y constitucionalidad.

La foto de Moreno pasando por debajo del futbolín es más celebrada por los suyos que por sus rivales: imagino el contento de Guardiola, Mañueco y Azcón, y de tantos alcaldes que en su día pactaron con Vox, que hasta ahora se sentían menospreciados por el campeón de la derecha centrada y amable, el que no pasaría nunca por ese aro. Y doblemente feliz Núñez Feijóo, que ve cómo el ala suave-suave de su partido legitima gobernar con Vox, y le pone alfombra roja para su posible coalición tras las generales.

En los acuerdos PP-Vox se juntan siempre el hambre con las ganas de comer: por un lado un Vox que siempre hace la apuesta más alta, que plantea máximos porque no tiene nada que perder y sabe que no le perjudica electoralmente impedir la gobernabilidad ni provocar adelantos o repeticiones electorales. Por otro, un PP cuya verdadera “prioridad nacional” es gobernar, al precio que sea, y que viene ya ultraderechizado de casa: ha ido desplazando tanto su eje, que lo acordado se acaba pareciendo a su propio programa electoral.

La rendición a la ultraderecha de la mayor comunidad autónoma es el último paso para normalizar y hacer inevitable un gobierno nacional PP-Vox, con Abascal en la vicepresidencia y varios ministros ultras. Llegado el momento, Feijóo pasará bajo el listón por mucho que se lo bajen. Y en su caso, más que arrastrarse bajo el futbolín, parecerá que está bailando el limbo.

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