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Javier Aroca

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Asesinato en La Zarzuela

“El mes de enero es fresco en Madrid, aquel día de 1976 lucía un cielo como solo la capital del reino regala a sus más ilustres invitados. Apenas se había estrenado el joven rey. La comitiva se dirigía a La Zarzuela. En palacio, todo eran preparativos, la ocasión lo exigía , el presidente de la República de Freedonia visitaba España, de hecho era la primera de un mandatario extranjero a la neonata democracia . Ni más ni menos”. 

“El comedor era un teatro ceremonial que brillaba por su elegancia. Todos sentados, el rey y alguno de sus ministros principales, miembros de su Casa y familiares, el presidente de Freedonia, con su primer ministro y notables económicos. El rey feliz y algo nervioso empezó su plática, sus gestos empezaron a mostrar signos de incomodidad cuando uno de sus edecanes  se acercó y susurró algo al oído. De pronto, se escuchó un grito desgarrado. Una de las doncellas había estrellado con estruendo su bandeja . En las dependencias anejas al comedor, una persona real yacía ensangrentada e inerte. Se produjo un revuelo considerable, el rey en pie, los miembros de la seguridad real aparecían por todas partes”.

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Primarísimas en la derechísima

Reconozco la autoridad de los procesalistas en el uso de los superlativos. Lo de provisionalísimas, cautelarísimas, sumarísimos son ejercicios de sorna y guasa dignos de todo respeto lingüístico y científico procesal.  En el ámbito de lo militar también tiene su uso, aunque, en estos casos, en vigencia  del autoritarismo. No es lo mismo.

El PP ha celebrado sus primarísimas, por primeras y por rápidas. Una de las mejores noticias desde  la derecha  para la democracia española, aún joven. Ha sido una gran experiencia. La democracia, a veces se atasca, tiene un sabor amargo, al principio, pero acaba gustando. En la primera fase, han hablado los militantes que quedaban después del cepillado censal; luego, en la segunda, han hablado  los compromisarios , una  especie de nobleza orgánica, que han decidido otra cosa y han inclinado la balanza hacia el ganador: Pablo Casado. Enhorabuena, Pablo. 

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Andalucía 1918: país de hambre y de incultura

En enero de 1918 se celebró la Asamblea de Ronda. En este año se conmemora su centenario y se resalta que en ella se aprobaron los símbolos políticos de Andalucía, su bandera y escudo. Su dimensión política  ha querido ser disminuida, como si otros cónclaves peninsulares contemporáneos  hubieran adquirido magnitud inasible. Un recuerdo institucional, por otra parte, tímido, que solo quiere quedarse en los símbolos, lo menos que se despacha. Pero creo que eso fue solo la guinda; es útil remarcarlo, claro, sobre todo para aquellos que piensan que los símbolos andaluces son la elucubración de un grupo de diseñadores modernos a sueldo, al socaire de las aspiraciones descentralizadoras de 1978. Y no.

Los asambleístas se reunieron en Ronda en unas condiciones internas y externas muy significativas. La Gran Guerra europea, la Revolución Rusa, con sus interpretaciones locales; por otra parte, la descomposición interna del régimen político español, la monarquía borbónica, y, cómo no, las hambrunas y las continuas guerras de Marruecos, una sangría para el pueblo al dictado de los intereses de las oligarquías norteñas españolas.

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Reformas mentales en la justicia

La ministra de Justicia, Dolores Delgado, en una entrevista en Hora 25, de la Cadena Ser, ha reclamado reformas mentales, tras las discutidas medidas del auto de la Audiencia de Navarra sobre La Manada. Habrá que tenerlo en cuenta, no es habitual escuchar reflexiones como estas, no ya de una ministra sino de una profesional del mismo gremio. 

Ser juez es una cosa seria, una gran responsabilidad no sólo para quien ejerce dicha responsabilidad sino para el propio pueblo, de quien emana la justicia, según la Constitución española. No puede ser juez cualquiera, nos va en ello la propia democracia. En España, transitamos desde la dictadura a la democracia pero, mientras en dos de los poderes, el legislativo y el ejecutivo, la transición fue total, en el judicial, el único no electo, que me perdonen en Jerez de la Frontera, no hubo transición sino trasiego,  sin despeinarse, con un sistema de criaderas, en donde las madres de las botas de la solera, en donde entraban los nuevos vinos, siguieron siendo las mismas del régimen anterior.

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Un país decente

El Gobierno está estudiando sacar el cuerpo del dictador Franco del Valle de los Caídos. Mientras, los barcos con  más de seiscientas personas a punto de morir en aguas mediterráneas han llegado a Valencia. Una urgencia humanitaria. El Gobierno español se ha situado muy por encima de la media ética de una Europa sin moral ni vergüenza y forzado, de camino, a que las instituciones de la Unión se muevan. También ha propiciado que tengamos más clara, si cabe, la foto de la ultraderecha europea, incluida la peninsular.

El ministro de Interior está empeñado en eliminar las concertinas de las fronteras de Ceuta y Melilla, y estudia la remoción de la condecoración inconstitucional y antidemocrática a un torturador franquista,  Billy El Niño, algo que el anterior ministro Zoido, novio de la muerte, había negado en sede parlamentaria. Se restaura la sanidad universal, nuestros mayores no pagaran dos veces por sus medicinas. No, no es la foto de un Gobierno frankestein; es la foto de un Gobierno decente.

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Un Gobierno aseado

"Por toda España se ha venido difundiendo en estos últimos meses la terrible amenaza... Esa mentalidad catastrófica... Que se satisface contando los días que faltan para que sobrevenga un cataclismo nacional". Manuel Chaves Nogales, el periodista sevillano (¿para cuándo la  vuelta a casa?) se refería a los enemigos de la República. Pero viene al hilo: son los de siempre.

No pasó nada entonces -luego sí-, los andaluces sembraron sus tierras; como ahora, la Bolsa no se hundió, ni la prima de riesgo, ni las inversiones, ni Europa nos dio la espalda. Una mayoría parlamentaria asumió su responsabilidad y removió del poder a un gobierno instalado en la charca ponzoñosa  de la corrupción. Y otros, una minoría, siguieron, a pesar de todo, apostando por ellos, por un gobierno y un partido que no podía seguir.

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Los primos de Rivera

Casi todos tenemos un primo, en política se hizo célebre el de Rajoy. Pero hay muchas clases de  primos, la RAE, en una de sus entradas, define primo como aquella persona incauta que se deja engañar o explotar fácilmente. Los primos no se entretienen mucho en discernir sus engaños, por eso lo son, son felices en su ingenuidad. Si les dicen que todos somos iguales porque hemos nacido en un mismo sitio, con una misma nacionalidad, "po p'alante". Si les dicen que vamos unidos en pos de un destino en lo universal, con una única raza, bandera, himno, lengua, pues también.

Otros primos no es que sean ingenuos, es que lo son de conveniencia. El repertorio  popular en español es rico y elocuente. Dicen que el partido de Rivera ha puesto oficinas para reclutar gente del PP. Pues aquí tenemos otra versión de primo; a apuntarse, a  donar sangre, que esto va de transfusión entre las derechas, mientras más primo más me arrimo, que se acaba esto, y ya se sabe, al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.

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Cuando el rey no era constitucional

Apenas fallecido el dictador Franco, Juan Carlos de Borbón fue proclamado rey de España. En la ceremonia, el nuevo jefe de Estado juró lealtad a Franco, exaltándolo,  y los Principios  del Movimiento Nacional. Fue un 22 de noviembre. No sabemos qué tenía en la cabeza, aunque cabe deducir por lo ocurrido luego, siguiendo a Pérez  Royo, que el monarca tenía clara la restauración de la monarquía borbónica, viniera lo que viniera ; fueron tres años de reinado con el fárrago entramado del franquismo. Y lo que vino, a finales de 1978, tras el consenso propio, la responsabilidad y generosidad  política y civil y la presión ajena, fue la Constitución,  refrendada por la ciudadanía, en un "o todo o nada", que aceptó la monarquía en el paquete rogado presentado al pueblo en referéndum. No estábamos para otra cosa .

Desde su proclamación hasta la entrada en vigor de la Constitución, fue un rey sin Constitución, es decir, ejerció su jefatura con las leyes del franquismo. Unas leyes que habían abolido la Constitución democrática de 1931.

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El poder elegido

El juez Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, nos ha concedido el derecho a la libertad de expresión en nuestras críticas a las decisiones judiciales;  otra cosa es cómo viene interpretando la libertad de expresión, de manera continuada, el gremio al que pertenece; algo que no parece preocuparle en demasía a pesar del recio chaparrón que sufre la ciudadanía. Sin embargo, ha lamentado que la justicia, el sistema judicial, pueda resultar gravemente comprometido si arrecian las críticas desde los políticos, es decir, desde los representantes de los otros dos poderes, el legislativo y el ejecutivo. Una manera  de entender, en todo caso muy sui generis, la libertad de expresión y la separación de poderes. Restringida a quien más le conviene.

Lesmes y los suyos se han revuelto. No es la primera vez. Su soberbia y arrogancia corporativa no les permite entender el sistema democrático de otra manera. Al menos, ha citado los preceptos constitucionales que fundamentan su ministerio, pero se ha olvidado de aquellos otros, también en la Constitución y  otras leyes que nos afectan, cimientos de  la propia democracia y que de manera insistente, constante diríamos jurisprudencialmente, son interpretados de manera sesgada por su honorable corporación y que corroen el sistema de libertades.

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El resbaladero

En los tiempos de Wert, la portavoz socialista en el Congreso advirtió que la LOMCE nacía con "certificado de defunción”. Toda la oposición, menos UPyD, apéndice gubernamental, se había conjurado en derogar la ley aprobada sin el consenso necesario  en un asunto tan trascedente como la educación. El TC nos ha recordado, con su último fallo, la urgencia de un tal consenso derogatorio, ni más ni menos que se acaban de cargar la aconfesionalidad del Estado y la igualdad entre el hombre y la mujer, al validar preceptos de la ley que abiertamente  combaten  estos  principios constitucionales básicos. Educación, por cierto, en manos de aquellos con principios tales como la titulitis y la falsificación, cuando no el plagio y el nepotismo clientelar. 

El mismo tribunal, sesgado y politizado, que hace unos años nos dejó, puro en La Maestranza mediante, sin constitución territorial, según amplio consenso de muchos constitucionalistas, introduciéndonos en un conflicto al que no se ve solución.

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