Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

Desdeelsur es un espacio de expresión de opinión sobre y desde Andalucía. Un depósito de ideas para compartir y de reflexiones en las que participar

El endeble refugio del Yo frente al ataque reaccionario

Santi Fernández Patón

0

Sobre este blog

Desdeelsur es un espacio de expresión de opinión sobre y desde Andalucía. Un depósito de ideas para compartir y de reflexiones en las que participar

Jaron Rowan, notable investigador en economía de la cultura, le ha puesto a su reciente libro, Un monstruo llamado Yo (Traficantes de Sueños, 2026), el elocuente subtítulo de Contracultura reaccionaria y política de la virtud. Es, por tanto, un ensayo más que pertinente para entender el desconcierto actual que, cualquiera que tenga cerca a docentes, sabe de sobra cómo está cundiendo en los centros educativos. Allí, los jóvenes, especialmente los varones, están canalizando la incertidumbre hacia posturas de extrema derecha.

Para entenderlo, Rowan traza un hilo que arranca que con la contracultura de los años sesenta y setenta. La subsiguiente reacción del thatcherismo y la nueva derecha estadounidense entronca hoy con los movimientos europeos de extrema derecha. La vivencia individual, pregunten a los docentes, se confunde con la verdad irrebatible: cualquier discrepancia se experimenta como una agresión personal. Este inaudito giro narcisista conduce de lleno hasta un yo neoliberal y, en cierta forma, muy paradójico. El joven, obligado a una constante autopromoción, a convertirse en una marca personal y exponerse en las redes, atraviesa al mismo tiempo una crisis material incuestionable: precarización, encarecimiento brutal de la vivienda y erosión de los vínculos comunitarios.

Esa reacción, explica Rowan, se sustancia así en el repliegue de lo que llama el “Yo monstruoso”. Faltos de un marco colectivo de explicación, se refugian en su propia experiencia, lo que da lugar a una subjetividad hipertrofiada. El dolor, el miedo o la ansiedad son reales e innegables, pero el diagnóstico político desaparece: ya no se discute qué produce semejantes malestares, sino quién padece el malestar más legítimo. Además, la crisis material que antes mencionaba, sin duda favorece la atomización social. Sin tiempo, recursos ni energía, ya apenas contamos con la capacidad de sostener espacios físicos para la politización colectiva.