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El PP puede decidir si quiere seguir arrastrando la losa del franquismo

El dictador Francisco Franco

Este fin de semana hay Congreso nacional del PP. Es un Congreso decisivo, dicen los militantes, los políticos y la oposición. Asoma como auténtica batalla campal. Sus primeras y saludables primarias como formación política están suponiendo una apertura en canal del partido aunque desde ambas candidaturas algunos estén intentando evitar el ya evidente enfrentamiento a cara perro. Asoma, para muchos también, una oportunidad de decidir qué quieren ser. Cómo quiere ser el PP frente a sus luchas internas, frente a la corrupción enraizada, frente al rival naranja que le ha salido en su espectro de voto y a la pérdida de respaldo popular.  Y también decidirá cómo quiere mirar la historia de la dictadura.

Es el momento. ¿Quiere el PP refundarse como una derecha moderna que defiende los postulados conservadores con la democracia como herramienta en todos los casos? ¿O seguirán jugando a la ambigüedad de intereses con el fascismo agazapado en la solapa? 

¿Cuál va a ser la voz predominante? Porque es evidente que hay más de una y cubren todo el espectro: ese que va desde el centro-derecha a la ultraderecha. Pero ¿cuál va a ser? ¿La voz que dice que no hay que mirar al pasado pero no es capaz de hacer borrón y cuenta nueva con sus evidentes y variados lazos con 40 años de dictadura? ¿O la que admite que hubo cuatro décadas con un dictador al frente, y que no se ha leído toda la historia si no sólo la de los vencedores? ¿La del Cara al Sol en los funerales? ¿La de los homenajes a los golpistas? ¿Será la de los que no quieren admitir que la historia de España tiene capítulos duros de tragar, digerir y asumir? ¿La que asegura que "algunos se han acordado de su padre cuando había subvenciones para encontrarlo”?

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Dos metros arriba, dos metros abajo

El Valle de los Caídos

A lo mejor os parece una provocación, tal vez una demagogia fácil, y no pretende serlo. Pero llevo unos días dándole vueltas al debate sobre sacar a Franco del Valle de los Caídos y a  Queipo de Llano de la Macarena, y me ha dado por pensar que si hay alguien, después de las víctimas de la represión franquista, que puede comprender por qué es importante cómo y dónde están enterrados nuestros muertos, son precisamente éstos que con uñas y dientes se oponen a que les toquen un pelo a los suyos. A que los muevan siquiera un metro más allá. A un columbario, a un ostentoso panteón familiar, da igual, aunque fuera un nicho de oro.

"No toquéis a nuestros muertos", dicen muchos en La Macarena, en esa Basílica cuya construcción pagó el general Queipo (de nuestro bolsillo) y donde está enterrado, apenas unos pasos más allá tras franquear la puerta. "No toquéis a nuestros muertos", dicen en el Valle de los Caídos, mientras friegan con esmero la losa de mármol bajo la cual yace el dictador. "No gastaría un euro en desenterrar a Franco", dice el joven Pablo Casado tratando de disfrazar de austeridad su indiferencia por las víctimas.

Ellos saben, lo saben tal vez mejor que nadie, que hay una línea, una línea negra, que separa la dignidad de la humillación. La presencia del olvido. Por eso es tan importante que los que ganaron sigan descansando en sus tumbas laureadas. Y quienes perdieron, continúen perdidos. Perdidos entre las piedras y la tierra de las cunetas. Olvidados dos metros más abajo del muro al fondo del cementerio. Ellos saben lo que importa. Ellos saben lo que duele. También bajo tierra sigue habiendo un arriba y un abajo. Mis muertos sobre tus muertos. Mi honra sobre tu honra. Vencedores sobre vencidos.

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¿Está loco Trump y es solo un mentiroso o hay algo más?

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El titulo de este artículo podría parecer ofensivo pero lo cierto es que en Estados Unidos hay un gran debate entre profesionales de la salud mental para tratar de probar que Donald Trump es un loco. Se han publicado muchos artículos e incluso varios libros para aportar las pruebas de esa supuesta incapacidad del presidente estadounidense. Por ejemplo este, escrito por 27 especialistas: The Dangerous Case of Donald Trump: 27 Psychiatrists and Mental Health Experts Assess a President. Pero es muy difícil pronunciarse con seriedad y rigor al respecto y mucho menos por quienes no tenemos nada que ver con la psiquiatría o psicología.

Más fácil es comprobar que Donald Trump sí es un embustero porque todas sus afirmaciones van siendo contrastadas por organizaciones y medios de comunicación. Gracias a ello sabemos que en sus primeros 497 días como presidente de Estados Unidos Trump hizo 3.251 afirmaciones completamente falsas o engañosas (The Washington Post las ha recopilado todas  aquí y sus mentiras pueden seguirse al día en Fact Checker).

Sin embargo, a mí me parece que lo importante para valorar lo que está sucediendo en Estados Unidos bajo el mandato de Trump no es saber si está loco o que efectivamente es un mentiroso sino evaluar los efectos de las políticas que aplica y quiénes están beneficiando.

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Desprecio al Parlamento

El consejero de Empleo, Javier Carnero.

¿Puede un miembro del Gobierno andaluz acudir al Parlamento y no informar de lo que se le pregunta? Ni puede ni debe, pero ocurre y además muy a menudo. Para muchos gobernantes acudir al Parlamento a dar explicaciones, informar y someterse al control de los grupos de la Cámara es como un mal trago que tienen que soportar. A algunos ya les queda menos, tanto si su partido no gana, como si no repiten en el Gobierno. Pero si además han ocultado información, estaríamos como mínimo ante un grave caso de desprecio a la Cámara que la oposición no debería dejar pasar. Si tienes un muerto en el armario y ocultas la noticia del fallecimiento la situación sólo puede empeorar.

El pasado 12 de junio, el excelentísimo señor consejero de Empleo, Empresa y Comercio, Javier Carnero, compareció en comisión parlamentaria para informar, a petición de los grupos de Podemos, Ciudadanos y Popular, sobre el uso de tarjetas de crédito en la extinta Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo (Faffe). Y Carnero ocultó, tapó, omitió, enmudeció y silenció a la Cámara una información que conocía desde al menos 12 días antes. La del uso de una tarjeta bancaria asociada a la Faffe para cargar 15 pagos en seis horas por un importe total de 14.737 euros en Don Ángelo, un prostíbulo de Sevilla. La Guía de Ocio lo describe como un local “erótico” para tomar “una copa con sensualidad” desde las seis de la tarde hasta las cuatro de la madrugada.

Ese gasto se realizó hace ocho años, el 22 de marzo de 2010, y esa información fue remitida por los servicios jurídicos de la Junta al juzgado que investiga a la Faffe el pasado 1 de junio. Empleo tuvo conocimiento de la información días antes a esa fecha porque solicitó los extractos de gasto de la tarjeta a la entidad bancaria y una vez recabada la documentación la envió al gabinete jurídico de la Junta. Empleo ni informó a la prensa, ni el consejero pidió comparecer a petición propia ante el Parlamento, que es el encargado de controlar al Gobierno.

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Sostener la mirada a los náufragos

Ochenta migrantes rescatados este viernes 6 de julio.

Semanas y meses oyendo, en el matinal de radio, el parte de rescate de migrantes en el Estrecho de Gibraltar. El borboteo del café, mezclado con el recuento de hombres, mujeres, menores, magrebíes o subsaharianos. Supervivientes y ahogados. Lo vengo escuchando, con altibajos, desde que recuerdo. La primera patera con muertos llegó a Andalucía hace 30 años. Tanto tiempo y víctimas que el drama que se ha normalizado. Se nos ha convertido en rutina, hasta cansina. Pero en 2016, bomberos andaluces fueron a rescatar a huidos de la guerra siria, en Lesbos, y yo, tras ellos. En la noche oscura del Egeo opuesto a mi Mediterráneo, vi con mis ojos el espanto que lleva tres décadas junto a las playas gaditanas, atlánticas, de mi infancia, donde ahora, llevo a mis hijos a disfrutar del mar.

Las informaciones dicen que en junio, las costas andaluzas han recibido a  más migrantes que Italia, Malta y Grecia juntas. Las noticias alertan de que Italia cierra sus puertos a las ONGs y, vía su fascista vicepresidente Salvini, también a buques militares europeos. Ha empezado por los 106 salvados por la patrullera irlandesa Samuel Beckett: 93 hombres, 11 menores y dos mujeres, una embarazada. Austria, con su gobierno del derechista canciller Kurz en coalición con la extrema derecha, ha asumido la presidencia europea, de julio a diciembre, anunciando el endurecimiento de la política migratoria, el blindaje de las fronteras exteriores, la  reactivación de las internas y cuestionando el derecho de asilo en la UE.

“Va a ser un verano caliente”, es la frase coincidente de fuentes campogibraltareñas, desde periodistas, a rescatadores, ONGs, guardias civiles y policías. Al fin, recorro, en coche, los 65 kilómetros que debí hacer años atrás, desde mi pueblo paterno a Tarifa, y otros 20 a Algeciras. Vergonzosamente tarde. Lo sé y lo asumo. No resta un ápice a lo impactante.

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¿Nadie las ve?

La pobreza, como una de las razones del autor para el cambio político y social en Andalucía.

Tiene edad para estar estudiando, para formarse y prepararse un futuro digno. Tiene edad para compartir risas y algarabía a la puerta del instituto, de quedadas en algún parque donde sentarse en el respaldo del banco con sus colegas mientras mira de reojo a la chica que tanto le gusta, tiene edad para pedir algo de paga a sus padres los viernes por la tarde.

Pero a su edad arrastra un pesado carro lleno de cartones y metales, rebuscando en las cubas y en los contenedores, durante interminables horas bajo un sol que cae a plomo para poder llevar unos pocos euros a su casa y ayudar a llenar la nevera. Lo veo desde hace tiempo por las calles de mi barrio. Igual que a decenas de personas buscándose la vida como pueden; muchas mayores, que rebuscan la basura de la frutería para llevarse algo del desecho a casa.

Las veo salir del centro de salud quejándose de la cita que acaban de conseguir para la especialista, alejada tanto en el calendario, que temen que para entonces ya sea tarde. Las veo atestar la oficina de empleo todas las mañanas, con la esperanza -casi perdida- de que puedan salir de allí con alguna ocupación que les saque de la desesperación del paro eterno.

Las veo hacer cola desde horas imposibles en las puertas de las Unidades de Trabajo Social, con la ilusión, no ya de solucionar un problema grave -cortes de luz, vivienda, comida...- si no de conseguir número para que ese día la atienda la trabajadora social. No hay para todas. Falta personal: ¡que la tire Gasol!

Las veo con las espaldas rotas y las manos hinchadas, trabajando día tras día para una subcontrata que ahora es la que las tiene trabajando en el mismo hotel donde antes eran trabajadoras de plantilla, y a las que la reforma laboral puso en la calle para volver por la pasarela de la precariedad y el abuso.

Las veo montarse al alba en las furgonetas que las llevan a los campos de melocotón, de naranja, de aceitunas, a currar, por cuatro perras, y algunas, demasiadas, sin llegar al mínimo del convenio del campo. Dieciocho folios que se resumen en dos: subidas miserables, bajada de los costes laborales.

Las veo almorzar a mediodía por las calles del centro, esperando que la llamen de la tienda para hacer las siguientes dos horas, de una jornada de ocho, pero tan fraccionada que las tiene 12 horas en tensión.

Las veo salir cuando el sol aún no alumbra a servir en las casas de nervión, el centro, la buhaira o simón verde donde los nuevos señoritos se instalaron al lado de los viejos. Muchas sin contrato, y el resto condenadas a una cotización que las aleja de una jubilación digna.

Los veo renunciar en la farmacia al medicamento imprescindible porque no pueden asumir el copago impuesto por el sistema sanitario público.

Mientras el PSOE dibuja la Andalucía imparable, vemos, día tras día, a cientos de personas, cientos de miles en toda nuestra tierra, cuya existencia sigue marcada por las dificultades, por la desigualdad. Algunas nadan en la abundancia, al calor de un sistema que les permite explotar, acumular y enriquecerse, cuando no instalados en una cómoda posición en el staff público, que les permite un nivel de vida muy por encima de la media. Las demás, las más, intentando sobrevivir a duras penas todos los días. Andalucía se sostiene en la solidaridad, el apoyo familiar, y la generosidad a su gente; de un pueblo que tiene muy pocas barandas a las que agarrarse en las dificultades. Esos asideros que deberían salir de la acción política, de la acción de gobierno, que embridaran los beneficios empresariales de algunos sectores, a favor de un reparto de rentas progresista; de una legislación que marcara unos mínimos de inversión pública en los presupuestos andaluces para la sanidad, la educación, las infraestructuras, la dependencia, los servicios sociales, la vivienda pública. De políticas fiscales que arrancaran más compromiso a los que más tienen. De frenar la economía especulativa y extractiva, que saca lo mejor de nuestra tierra, maltratando muchas veces nuestro ecosistema, para que los beneficios se vayan fuera. De una Inspección de Trabajo suficiente y eficaz que ponga límites claros al abuso patronal.

Frente a eso un PSOE instalado desde hace años en la complacencia, las tesis liberales, amigo de los bancos, cuando no en sus consejos de administración y en el de las grandes empresas de los oligopolios de la energía, el turismo, la sanidad, la agroindustria.... Un PSOE acostumbrado a entrar y salir de lo público a lo privado y viceversa. Un PSOE que abandonó hace muchos años los principios con el que Pablo Iglesias -el otro- construyó un armazón político y sindical para defender a obreros y obreras de la miseria y la explotación.

Sí, es verdad, hoy ya no hay que pagar al practicante, y a la Universidad van las hijas y los hijos de la clase trabajadora. Faltaría más. Aunque muchas tengan que emigrar llevándose nuestro talento fuera.

Sí, es verdad, hoy no hay que pagar por sacarte una muela, lo hace “el seguro” -aunque la cartera de servicios de la salud bucodental tenga menos líneas que un cuadernillo Rubio- y tardamos solo 5 horas en recorrer la autovía entre Huelva y Almería. Pero esos 500 kilómetros nos devuelven una radiografía de Andalucía donde siguen bien enraizadas las causas estructurales que nos tienen, en muchas estadísticas, a la cola, o en la cabeza, según cual sea. A la cabeza del desempleo, a la cola del gasto sanitario, por ejemplo. Mientras Susana Díaz y el PSOE sigan haciéndose la foto con los presidentes de los bancos, esta será la hoja de ruta que nos tenga en la periferia de Madrid, y no en el centro de nuestros intereses. Y así, por ejemplo, Granada no tiene tren.

Toca dar un paso adelante, Andalucía es un país, un pueblo, y una realidad social con identidad propia. Tenemos gente, recursos y potencial sobrado para empujar por nosotras y nosotros mismos el desarrollo integral de todas las personas que vivimos aquí. Somos un pueblo con historia, que ha demostrado, durante siglos, su capacidad para emprender, para imaginar, para crear y para soñar.

El agotamiento del PSOE es evidente. No hay proyecto andaluz: hay sucursalismo político, económico y bancario. La alternativa pasa por conformar un bloque político que desde la izquierda ponga a la gente en el centro de las preocupaciones y las políticas andaluzas. Por eso creo que ese cambio empieza porque Podemos Andalucía, con Teresa Rodríguez al frente, empuje esa propuesta que dé la mano de todas las fuerzas políticas, movimientos sociales, plataformas ciudadanas, mareas... sea capaz de sumar esas miles de voluntades que sueñan con despertar de este letargo en el que estamos sumidos desde hace muchos años.

Esto no va de noticias en canal sur o anuncios en los periódicos donde la Junta presume sobre lo bien que funciona la sanidad, o lo contenta que está la gente en sus pueblos. Esto va de cómo se puede cambiar esta realidad con una mayoría social de cambio en el nuevo Parlamento de Andalucía.

El PSOE no las ve, pero nosotras llevamos muchos años viéndolas.

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Andalucía 1918: país de hambre y de incultura

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Ronda 1918

En enero de 1918 se celebró la Asamblea de Ronda. En este año se conmemora su centenario y se resalta que en ella se aprobaron los símbolos políticos de Andalucía, su bandera y escudo. Su dimensión política  ha querido ser disminuida, como si otros cónclaves peninsulares contemporáneos  hubieran adquirido magnitud inasible. Un recuerdo institucional, por otra parte, tímido, que solo quiere quedarse en los símbolos, lo menos que se despacha. Pero creo que eso fue solo la guinda; es útil remarcarlo, claro, sobre todo para aquellos que piensan que los símbolos andaluces son la elucubración de un grupo de diseñadores modernos a sueldo, al socaire de las aspiraciones descentralizadoras de 1978. Y no.

Los asambleístas se reunieron en Ronda en unas condiciones internas y externas muy significativas. La Gran Guerra europea, la Revolución Rusa, con sus interpretaciones locales; por otra parte, la descomposición interna del régimen político español, la monarquía borbónica, y, cómo no, las hambrunas y las continuas guerras de Marruecos, una sangría para el pueblo al dictado de los intereses de las oligarquías norteñas españolas.

Los reunidos en Ronda sabían o creían que algo iba a pasar y, en todo caso, que algo debería de pasar. La situación de Andalucía era insostenible, la agitación se extendía, las condiciones económicas de la "a veces, decían, nación más civilizada" eran insoportables, "un país de hambre y de incultura". Pretendían menear las conciencias, afirmar y dar visibilidad, como sujeto político, a una Andalucía que debía integrarse en igualdad en el concierto español. En una España que debía, no ya regenerarse, sino renovarse. Tiempos nuevos, ideas nuevas, hombres nuevos.

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No es proteccionismo contra libre cambio: es guerra comercial

Trump

El establecimiento de aranceles y otras medidas de proteccionismo comercial en los Estados Unidos se están interpretando como una agresión liderada por su presidente con el fin de defender los intereses nacionales de su país a costa del libre comercio que hasta su llegada prevalecía en el planeta.

Es verdad que Trump emprende esta batalla afirmando a todo el mundo que "América es lo primero y sólo América la primera" pero yo creo que ésa es una interpretación simplista e incluso interesada que no refleja la realidad de lo que está sucediendo, ni de lo que ha sucedido antes, ni permite anticipar lo que muy posiblemente vaya a ocurrir en el futuro.

No es verdad que Trump esté combatiendo el libre comercio por la sencilla razón de que el libre comercio no ha existido nunca en nuestro planeta como régimen comercial mínimamente extendido. Lo reconocía hace unos meses alguien tan poco sospechoso como Pascal Lamy, ex director general de la Organización Mundial del Comercio: "El libre comercio no existe (…) Es un falso tema de controversia. Estas discusiones sobre el libre comercio son en gran medida fantasía. Lo que existe en la realidad es un movimiento de apertura comercial, que ha experimentado aceleraciones y desaceleraciones a lo largo de la historia" ( Pascal Lamy: Libre-échange et discours protectionnistes).

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El efecto de la tarjeta roja a Rajoy y las elecciones andaluzas

La presidenta Susana Díaz.

El adelanto de las elecciones andaluzas al próximo otoño no lo niegan ya ni los socialistas andaluces. Ahora dicen que no sería un anticipo a destiempo, ni una jugada a trasmano como la que precipitó la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, en la anterior legislatura cuando decidió romper la coalición de Gobierno con Izquierda Unida y convocar un año antes de lo previsto los comicios autonómicos. Ahora tocan en marzo de 2019, pero casi con toda seguridad serán en otoño. La fecha del domingo 28 de octubre les gusta a los socialistas, por aquello de que ese día se celebra el 36 aniversario de la histórica victoria del PSOE de Felipe González en 1982. Treinta y seis años es lo que lleva el PSOE andaluz en la Junta y aspira a cumplir 40.

Varias son las circunstancias que aconsejan el adelanto. La primera es que la oposición andaluza, a derecha y a izquierda, está bailando en el alambre y un mal paso puede provocar una caída, aunque se desconoce si habrá o no red que la amortigüe. El Partido Popular de Juanma Moreno teme más la división que pueda generar las elecciones primarias de este jueves que el supuesto impulso que la elección de un líder elegido por primera vez por los militantes populares pueda generar.

Moreno obtuvo en marzo de 2015 33 diputados, 17 menos que en 2012. Y ahora estima bajar de la treintena de diputados, pero confía en que la suma con los que obtenga Ciudadanos le permita desbancar al PSOE andaluz. Ninguna encuesta pronostica esta operación, pero es el único asidero al que Moreno se agarra para insuflar ánimo a los suyos, muy apalancados, cuando no acomodados, a ser eterna oposición en Andalucía.

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Siete historias sobre pateras que a lo mejor te estás creyendo (y no debes)

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Lo habrás visto en televisión, lo habrás leído, te lo habrán contado. Y volverás a verlo, leerlo y oírlo muchas veces más este verano. Sobre todo ahora que, acabado el Mundial y una vez el PP elija por fin a su líder y lideresa, comenzará la habitual sequía de noticias. Pero hay (al menos) siete cosas que algunos están diciendo sobre la llegada de inmigrantes a nuestras costas y la llamada "crisis migratoria" que a lo mejor estás creyéndote, y no deberías.

No, no hay una "avalancha" de inmigrantes. No hay una avalancha, ni una oleada, ni un tsunami africano que esté azotando las costas andaluzas. Y, por cierto, aguardo con ansia el día en el que desterremos de nuestro lenguaje expresiones que igualan la llegada de migrantes a una catástrofe natural o a la más terrible de las calamidades. Aquí la verdadera calamidad son los miles que se ahogan intentando llegar a Europa. El drama que padecen quienes lo consiguen. Las condiciones en las que permitimos que vivan millones de personas en el África más profunda. Las razones por las que no ven más alternativa que huir y jugarse la vida.

No, no estamos desbordados. Habrás oído que durante este año han llegado por mar a Andalucía casi 15.000 personas. ¿Son muchas o pocas? Muchas, si las comparamos con las cifras del año pasado (cuando llegó la mitad). No tantas, si las comparamos con las 100.000  que desembarcaron en Italia el año pasado. O el millón de refugiados sirios que tiene acogido un país pequeño como Líbano. O si recordamos las 17.000 temporeras marroquíes que los agricultores de Huelva han traído este año para la campaña de la fresa. ¿Hablaríamos de avalancha de jornaleras?

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