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Los oficios del rey

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Ahora resulta que la Casa Real teme que Juan Carlos se desmadre. Fuera de control, dicen, temen daños reputacionales a la monarquía. Chocan las conductas del rey honorífico con el código ético de Felipe, su hijo y heredero. En esa partida estamos, en que Juan Carlos se desmadre. Pero en el temor de la Casa no consta reflexión alguna por el desmadre de su vida.

Los códigos éticos están bien, en todas las casas tenemos uno más o menos parecido, pero el código de una monarquía constitucional no puede ser otro que la propia Constitución y las leyes del Estado. Sin embargo, la nobleza de Estado hija de un poder invisible pero sospechado, compuesta por cientos de funcionarios y los partidos afectos, ha interpretado los privilegios de la Corona y de su titular como un manto metaconstitucional que extiende toda irresponsabilidad más allá de los límites que la propia ciudadanía se ha impuesto para sí.

La semántica cortesana ayuda. Se dice y se escribe que Juan Carlos ha estado en el exilio, algo estridente mirando tan solo el diccionario pero sobre todo tras un análisis riguroso de la historia de España, sus crisis y su monarquía. No es un exiliado, podríamos pensar que, en un símil con la democracia ateniense, ha sufrido de ostrakismos ,pero tampoco. El pueblo no ha intervenido, en todo caso le ha pagado la excursión. Juan Carlos es tan solo un fugado, fugado de los rigores livianos de una justicia cortesana y afinada pero sobre todo del temor reverencial que en definitiva siempre han tenido los Borbones al pueblo. Pero solo eso. Como decían mis agüelas: más miedo que vergüenza. 

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