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Frente al fatalismo, empleo y convivencia

Ciudadanos hacen cola ante una oficina de empleo antes de su apertura.

Un fantasma de fatalismo recorre España. Yo diría que Europa y el mundo. Pero donde lo constato, tras las elecciones andaluzas, es en la propia Andalucía y de viaje a Madrid. Mujeres y hombres, de diversas profesiones y orígenes –incluso migrantes-, más jóvenes que mayores, hasta progresistas, alzan los hombros con impotencia y sueltan: "La historia es cíclica", "vamos al desastre", "es inevitable", "habrá violencia", "hay cosas que sólo con…", "en un momento dado, si tiene que haber un…"

Preferiría atribuir este abonar la confrontación solo al president de la Generalitat, Torra, y su alusión a la vía eslovena. No porque él sea independentista, sino porque una irresponsabilidad individual me preocuparía menos que una temeridad colectiva. Pero reconozcamos que la violencia verbal se instala entre nosotros. La visceralidad. Estamos que saltamos. Y hay que frenarlo. Porque, como sociedad, como conjunto de individuos que llevamos cuatro décadas decididos a convivir, con nuestras diferencias, según unas reglas de civilidad y respeto, compartimos una serie de objetivos. El primero –bien lo recuerdan los mayores y por eso ellos son los que menos incurren en lanzar frases gruesas con ligereza- es evitar a toda costa llegar a la violencia física. Que nunca ha construido. Sólo destruido. Y con sufrimiento hondísimo.

El fatalismo está también detrás de los votos-protesta, votos-castigo que acaban de dar la llave del gobierno de una región socialdemócrata 36 años a un partido sin programa, estructura, implantación, ni propuestas, que cabalga a lomos sólo del exabrupto. Contra mujeres, homosexuales, extranjeros y cualquiera que tenga otras ideas: la gente de izquierda, pero incluso los de centro y derecha no vociferante, "mariconservadores", les llaman, mientras pactan con ellos cómo reemplazar juntos al PSOE de la Junta.

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De gobernadores generales y gobernadorcillos

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El ex presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

En 1893, el entonces ministro de Ultramar, Antonio Maura, puso en marcha una reforma legislativa para integrar y dar algún poder a los indígenas filipinos, ante la rebelión de la colonia. Posteriormente, en 1897, el ministro del mismo ramo, Tomás Castellano, continuaría en su línea, en un intento desesperado por retener la colonia asiática española. En Filipinas, mandaba un gobernador general, casi siempre un  militar con rango de Capitán general, y de ahí para abajo, algún poder llegaba a los nativos. El rango era el de gobernadorcillo.

Entre los privilegios de los gobernadorcillos estaba ocupar un lugar preferente en los actos de las autoridades coloniales, derecho a banda de música en sus alardes y ser acompañado a prestar respeto dominical al párroco de su jurisdicción al ritmo de pasodoble. Ni más ni menos. Desde luego que el poder se ejercía de verdad desde la metrópolis. Desde Madrid. Ante el descontento, el propio Maura, que vio el peligro, impulsó nuevas medidas descentralizadoras con Cuba, frente el auge filisbusterismo. Pero ya era tarde; el resultado ya se sabe. Entre el patrioterismo y el centralismo mesetario, debidamente acompañado por "la cochina prensa madrileña", como clamó Unamuno. 

Madrid, siempre Madrid. En la villa tiene que ser donde se estén, por estos días, decidiendo los destinos de Andalucía. El pueblo ha hablado, pide cambios, pero la interpretación que hacen los contendientes, todos reclamando la victoria, es que en Madrid decidan. Lo curioso es que se acaban de cumplir más de veinte años desde que Mariano Rajoy, sí, Mariano, por entonces ministro de Administraciones Públicas, anunciara el fin de los gobernadores civiles, fruto del pacto del PP con PNV y CiU; sí, siempre vascos  y catalanes.

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Ambición y pecunio tras el menosprecio de Zoido

Zoido ha renunciado a su acta de diputado andaluz tras encabezar la lista electoral por Sevilla.

No es que el exministro, exalcalde y exmagistrado Juan Ignacio Zoido respete poco a sus electores. Con su renuncia a ocupar el escaño del Parlamento de Andalucía que le otorgaron los casi 150.000 sevillanos que, ahora sabemos, le regalaron en balde su voto, demuestra que en realidad los desprecia. A ellos y a los también casi 750.000 que votaron al PP en las elecciones autonómicas del pasado 2 de diciembre. 
Apenas si ha tardado diez días en demostrar que el futuro de los andaluces le importa un pito. Que es cierto que, con el beneplácito de Pablo Casado, su desembarco como número uno de la lista del PP por Sevilla, nada menos, sólo obedecía a su ambición personal por echar a Juan Manuel Moreno Bonilla y hacerse él otra vez con el control del PP andaluz.

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El PSOE se apunta al 'si te afliges, te aflojan'

En el PSOE de Andalucía sólo confían en una intervención sobrenatural de origen divino, es decir, en un milagro, para conservar el poder que han ostentado durante 36 años y medio en Andalucía. “La lotería también toca, no sabemos a quién, pero toca”, afirman algunos dirigentes socialistas confiando en el penalti en el último segundo del partido en tiempo de descuento. Están siguiendo la estela que desde la misma noche electoral está dejando su secretaria general y presidenta de la Junta en funciones, Susana Díaz. La orden es la de resistir, aguantar y aplicar hasta el final la máxima mejicana de 'si te afliges, te aflojan'.

Díaz empezó el miércoles en Córdoba una ronda de encuentros (este jueves estuvo en Cádiz) con cargos socialistas provinciales (delegados, concejales, alcaldes, diputados provinciales, secretarios locales) a los que les recetó cierre de filas hasta las elecciones municipales. El PSOE juega a doble o nada en esos comicios y los resultados de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre, que ganó con los peores datos de su historia, le ha dejado un panorama lleno de incertidumbres.

Los socialistas están enrocados y a la defensiva hacia dentro y la ofensiva, hacia fuera. Susana Díaz respiró tranquila tras la reunión del comité director del pasado lunes, cuando comprobó que las críticas internas, entre ellas las del delegado del Gobierno en Andalucía, el sanchista Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, fueron suaves. Nadie pidió su marcha, aunque Izquierda Socialista, la corriente interna del PSOE, ha puesto en circulación un documento en el que piden dimisiones por el “fracaso electoral”.

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Al pobre Juanma ya le llaman presidente

Moreno pide a Susana Díaz que "cierre con dignidad la etapa del socialismo en Andalucía"

Hacía mucho tiempo que nadie recordaba desde cuándo no había un lleno en el salón de actos situado en el sótano de la sede del Partido Popular de Andalucía como el que se produjo la tarde de este lunes. De gira por todas las provincias desde el pasado domingo 2 de diciembre, fecha de las elecciones andaluzas, el candidato del PP a la presidencia de la Junta. Juanma Moreno, recaló en Sevilla, una ciudad que no ha sido especialmente amable con él.

Durante la campaña, no eran pocos los dirigentes provinciales y candidatos a diputados que no paraban de lamentarse por el mal resultado electoral. "¡Pobre Juanma, pobre Juanma!", exclamaban, vaticinando otra derrota electoral del PP en Andalucía y además histórica. Realmente, las urnas arrojaron unos datos desastrosos para el PP, los peores de todas las 11 competiciones electorales autonómicas: se dejó siete diputados, casi seis puntos y 317.183 votos. Este lunes nadie le dio el pésame al "pobre Juanma", al que los que le precedieron en la palabra le llamaron "presidente".

Salvo que las derechas pierdan la cabeza (PP, Ciudadanos y Vox) antes de empezar a gobernar, Moreno va a ser el sexto presidente de la Junta de Andalucía y el primero del PP en alcanzar esa cumbre. Estos tres partidos suman 59 escaños: 26 del PP, 21 de Ciudadanos y 12 de la extrema derecha de Vox. "Estamos muy cerquita de alcanzar la cima de la montaña", les dijo a los suyos, porque ahora ya todos se consideran suyos, aunque hace una semana y un día eran de unos y de otros. En primera fila, escuchando a Moreno, estaba Juan Ignacio Zoido, número uno por Sevilla y la persona en la que el presidente del partido, Pablo Casado, pensaba poner al frente de una gestora si el PSOE se mantenía en el Gobierno.

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El indio apache pierde las plumas

El PSOE está a punto de perder, salvo carambola, la Junta de Andalucía, una institución integrada por el Parlamento, la presidencia de la Junta y el Consejo de Gobierno. Durante 36 años y siete meses, los socialistas han tenido controladas esas tres patas porque los andaluces han querido que así fuera. La noche del 2-D, hace menos de 72 horas, los andaluces dijeron que ya está bien y apostaron por el cambio político.

El 49,99% del electorado avaló a partidos que van del centro derecha a la extrema derecha: 1.804.884 votos fueron para PP, Ciudadanos y Vox. Juntos suman 59 escaños, y con independencia de sus programas electorales y su ideología, todos ellos comparten un punto común y principal: la necesidad de la alternancia.

Por primera vez en la historia del Parlamento andaluz, las fuerzas de izquierda suman menos. PSOE y Adelante Andalucía han juntado 1.593.283 votos, el 44,1% y 50 escaños, nueve menos que las derechas.

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El PSOE andaluz nos sigue haciendo trampas al solitario

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Susana Díaz, tras el escrutinio, con Verónica Pérez, Micaela Navarro, Juan Cornejo y el alcalde de Sevilla, Juan Espadas.

Ninguno podíamos imaginar este resultado de autonómicas. Pero eso no significa que los andaluces no nos expliquemos por qué ha pasado. Hasta sin hablar. Con mirarnos. Todos. Con independencia de ideología. De que nos acostáramos el domingo desolados o vibrando. Abiertos a análisis de complejas causas o sordos a “lo que vienen a contarnos de nosotros los de fuera”. Llevábamos años oyendo crujir bajo los pies la madera. Décadas. Sabíamos, por el olor, que la casa crujía porque se pudría. Incluso quien tenía la responsabilidad, la confianza, para cuidar tan valiosa construcción colectiva lo oía y olía. Lo sabía. Sólo creía que tardaría más en romperse. Que a ellos no les cogería. Y así, cortoplacistas, se hacían trampas al solitario, en una partida donde no sólo el PSOE, sino los andaluces, españoles y europeos tanto nos jugamos.

"Irresponsables" fue la palabra que me brotó al ver que, en mi tierra, trabajadora, progresista y mestiza, el primer cambio de gobierno en democracia daba la llave -12 diputados, 10 % del voto-, al partido fascista Vox. 

- Irresponsables cada uno de los votantes de esta opción porque ninguna indignación justifica empoderar a quien propugna la violencia, el enfrentamiento y persecución del diferente, conciudadanos de cualquier opinión y origen geográfico (incluido nacionalista catalán), etnia, fe, género y opción sexual.

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Es la hora de rendir cuentas y dimitir

Ninguno de los líderes de la izquierda andaluza estuvo este domingo a la altura de las circunstancias. Y no por la terrible sangría de votos que sufrieron sus respectivas fuerzas políticas, sino porque ninguno de ellos mostró la menor señal de estar dispuesto a hacer lo que toca: rendir cuentas y dimitir.

Susana Díaz, que obtuvo el peor resultado de la historia de su partido, no porque sus votantes emigrasen a Adelante Andalucía, sino porque fue incapaz de movilizar a su electorado, prometió con cara larga "intentar" frenar a Vox. Lo mismo que se comprometieron a hacer al alimón los dos responsables de Adelante Andalucía, TerelDsa Rodríguez y Antonio Maíllo: montar una "ofensiva", en palabras de Maíllo, para contener el auge de la extrema derecha. Pero ninguno de los dos consiguió arrebatarle  votos al PSOE. De hecho, el domingo Adelante Andalucía perdió uno de cada tres votos conseguidos por Podemos e Izquierda Unida en las elecciones de 2015.

Si de verdad están dispuestos a frenar a Vox, los tres deben irse. Porque frenar a Vox pasa inevitablemente por negociaciones entre ellos. Y durante los últimos cuatro años (más aún si hablamos de Díaz y Maíllo), los tres han demostrado que son incapaces de relacionarse, que sus malas relaciones personales se interponen a la capacidad de los tres para negociar, llegar a acuerdos y pactar. Pero sobre todo, porque las urnas dejan claro que tras su liderazgo de la última legislatura sus electores ya no confían en ellos para liderar su futuro.

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La noche más larga

Los resultados contradicen la encuesta del CIS, que no previó la caída del PSOE ni la fuerza de Vox

Lo justo es que una noche electoral la tuvieran que sufrir ante las cámaras las empresas encuestadoras. Los políticos responden ante el pueblo, los jefes de campaña y creativos responden ante sus jefes, pero ellos no responden ante nadie. Nos han tenido entretenidos desde que el CIS publicara su encuesta , 45/47 ,el PSOE y 1 ,Vox. La ciencia dispersa que no da una, aunque nos enredan y hasta nos hacen meter la pata hasta el corvejón. Es un vicio, hablamos de las encuestas en vez de hablar de lo que dice la gente. Espectáculo, audiencias, clicks. Ni idea, no sabemos lo que piensa el pueblo. Fin de campaña, reflexión, noches imposibles, de políticos y allegados, periodistas y meritorios , hasta llegar a la definitiva.

Noches de nervios , muchos nervios; llamadas buscando algo de esperanza, de complicidad o tanteo, el horóscopo, la prueba de la gallina, un chivatazo en nombre del pueblo, pero nada. El pueblo no habla de antemano, va cociendo y cociéndose hasta que estalla. Después de unas noches de expectativas, la de reflexión y después el AVE. Y más llamadas, de los que tienen algo que perder y de los que gustarían de ganar algo. Datos interesados, conjeturas filtradas. Pero, ni idea.

Los políticos se han empeñado en que la política sea un arte adivinatorio,  probabilístico, una alcábala, tanto tiempo alejados del pueblo, tanto tiempo sintiéndose divinos, que han perdido las habilidades, como los urbanos perdimos el olfato o la vista que la gente de campo conserva.  Y los comunicadores participamos del alejamiento, no las vemos venir. La foto final de Susana Díaz, observen a sus integrantes, pidiendo resistencia ante la ultraderecha y los ataques a la democracia y Constitución son la prueba palpable. La prueba de que empecinarse es morir, la confesión de que no se quiso cambiar .

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Trump ganó a Susana Díaz

Casado

El informe caritas no dejaba lugar a dudas. Lo mismo que cuando ganó y no ganó Javier Arenas. La lista más votada que desde hace años reclamaba el Partido Popular en Andalucía no gobernará. Y los conservadores andaluces, con el hombre que susurraba a las vacas y que ha perdido siete escaños respecto a 2015, presumiblemente se harán con la presidencia de la Junta si Ciudadanos no lo impide. Lo más probable, con el respaldo por activa o por pasiva de la ultraderecha a la que la derecha democrática europea no ha querido darle alas. Curiosamente, hasta anoche, el ultra Pablo Casado parecía más centrista que Adolfo Suárez.

La derecha extrema, la extrema derecha y la derecha del no se sabe muy bien, comparecían más fragmentadas que nunca a unos comicios y han terminado decidiendo el gobierno de los andaluces. Incluso si llega a un improbable buen puerto el cordón sanitario que los socialistas probablemente intenten auspiciar con Adelante Andalucía y con Ciudadanos para frenar al búnker, quizá con Juan Marín como presidente en San Telmo, qué cosas.

Un fantasma recorre el mundo. "El voto bronca", le llamaron en Argentina. Donald Trump contra Hillary Clinton y Susana Díaz. La América profunda ha desbancado al PSOE andaluz, como antes hizo con Italia o con Brasil: pregunten en la calle por el ministro Salvini, que persigue a los sarracenos, y buena parte de la opinión pública le aplaudirá. Nadie responderá a ciencia cierta, sin embargo, sobre quién es Antonio Costa, por mucho que gobierne nuestro vecino Portugal desde una coalición de izquierdas.

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