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María Iglesias

María Iglesias (Sevilla, 1976) es periodista y escritora. XXV Premio de la Comunicación de la Asociación de la Prensa de Sevilla (2016). Guionista de Contramarea, documental sobre los refugiados en el Egeo, y autora de la novela Lazos de humo. Tras ejercer en la Agencia EFE y Diario de Sevilla, trabajó en Noche sin Tregua, late-nigth presentado por Dani Mateo en Paramount Comedy Channel y fue redactora y presentadora de El Público Lee, programa sobre literatura de Canal Sur2 TV, conducido por Jesús Vigorra. Desde 2006 es Diplomada en Estudios Avanzados (DEA) en Literatura y Comunicación. La puedes seguir en www.periodista-freelance.com

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Español medio frente a molinos de viento

Semana de doble debate. La previa a las elecciones el domingo 28A. Doble oportunidad de oír a los candidatos. Será sin el neofascista Vox que, por ley, no puede acudir porque carece de diputados, como el animalista PACMA, pero que en la táctica de otros neofascistas como Bolsonaro usa la exclusión para ir de víctimas mientras rechaza debates –andaluces- a los que sí puede asistir. Los debates son una conquista democrática para forjarse criterio. Me cuesta creer, sin embargo, que la alta tasa de indecisos se deba a que no esté claro el gran desafío a los ciudadanos.

Alguien nada anti-sistema ni revolucionario como la OCDE, "el club de los 36 países ricos", alerta de la reducción de la clase media. Un retroceso en el nivel de vida general, simultáneo al enriquecimiento de las rentas más altas. Dentro de la Unión Europea, el país más afectado por la reducción de la clase media es España, subraya el New York Times con datos de la OCDE y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Aquí el 1% más rico gana 10% más que hace diez años mientras el resto se resiente.  

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Normalizar la monstruosidad

La campaña electoral más polarizada y agresiva todo lo eclipsa. El boicot antidemocrático al PP en Cataluña y Ciudadanos en el País Vasco, que condeno, no deja de ser buscado por la derecha radicalizada que cuenta como puntal de su estrategia, ahora que el procés aburre, con la mentira de que batasunos y etarras sostienen a Pedro Sánchez. La desafección hacia la política crece. Uno de los consensos más transversales es el descrédito de dirigentes por tapar sus vergüenzas para lograr votos. Pero los ciudadanos no somos figurantes sin responsabilidad. Una sucesión de horrores estos días alerta sobre la normalización de la monstruosidad.

En el colegio María Auxiliadora de Jerez, los padres de un niño de 12 años, con Asperger, denuncian que un docente, según avisaron compañeros del chico, lo humillaba, ataba a la silla y amordazaba con cinta adhesiva. ¿Respuesta oficial? La Junta de Andalucía, la Inspección y Delegación de Educación de Cádiz afirman que, al ser un centro concertado, la Consejería no puede sancionar al profesor, ni aunque el juzgado considere los hechos probados. Y el colegio dice que abrió expediente, ¡todo ha prescrito al pasar 6 meses! y han quitado al profesor ¡de la clase del niño!

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Votar de película

Cine, cine, cine,más cine por favor,que todo en la vida es ciney los sueños,cine son Luis Eduardo Aute 

Las fuerzas reaccionarias embisten al cine español. Iván Espinosa de los Monteros, de Vox, niega que sea arte y amenaza: "Con nosotros se va a acabar la política de subvenciones al cine progre". Verbaliza la hostilidad al sector que el PP ha ejercido sobre todo desde que actores y directores se significaran en el "No a la guerra" de Irak en 2003. Cierta respuesta de la industria es afirmar lo obvio: que, en el cine, trabaja gente de ideologías diversas. Eso no frenará el ataque. Porque la aversión viene, justo, de la naturaleza que Vox niega a las películas. El cine es arte. El arte, por esencia, transgresor. Porque crea un universo que hace de espejo a la realidad. Cuando vemos una historia que nos emociona, que nos hace soñar, deseamos que los sueños se hagan verdad.

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"Escalofrío" por Podemos frente al PP de gestión fracasada y más radical

La derecha ha elegido su palabra de precampaña: "escalofrío". Albert Rivera insta a imaginar "la economía y vuestros bolsillos en manos de Iglesias, Echenique, Monedero (…) Iglesias de vicepresidente de Sánchez llevando la economía del país… Escalofríos" y así inventa la "obligación patriótica" de un pacto con el PP de Casado. "Escalofrío" y "escalofriante" en esta columna sobre el presunto miedo del electorado del PSOE al apoyo de Podemos, escrita por el ex jefe de Opinión de El País los años que pareció La Razón. Y Pablo Casado, mientras, feliz de ser "cemento" de Vox y Ciudadanos.

Total, que se imputa el "escalofrío" a partidos democráticos como Unidas Podemos y el PSOE de los que ahora se descubre que sufrieron el boicot al pacto en 2015 del corrupto comisario Villarejo y la mal llamada policía patriótica entonces dirigida por Ignacio Coisidó. El mismo que, como portavoz luego del PP en el Senado, alardeó por WhatsApp de "colocar a un presidente del Supremo que controlará 'desde atrás' la sala del procés". ¿No dan escalofríos las cloacas del Estado?

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La extrema derecha sigue un plan y la izquierda española con su tic habitual  

A vueltas con si atender a la amenaza de Vox les da un foco exagerado pues su respaldo es de cuatrocientos mil votantes del censo andaluz de seis millones y medio (de los que dos y medio se abstuvieron) algo está claro: que el partido neofascista no surge solo ni espontáneo. La ocurrencia de Steve Bannon y quien sabe qué otros al comprar la cartuja de Trisulti (s. XIII) y desde ahí tejer una telaraña reaccionaria extiende, esta primavera, tantos hilos como para inquietar a la demócrata global.

Del sí al Brexit en Reino Unido y la victoria de Donald Trump en Estados Unidos en 2016, al éxito de Jair Bolsonaro en 2018, pasando por la presidencia de facto en Italia del ministro del Interior Matteo Salvini, está en marcha un refuerzo de las posiciones más ultramontanas que ya representaban el primer ministro húngaro Víktor Órban, el polaco Mateusz Morawiecki, la promesa francesa Marine Le Pen, gobiernos con neofascistas como el del austriaco Sebastian Kurz, ascensos en modelos de socialdemocracia como Suecia y logros como la mayoría en el Senado holandés hace tres días.

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Ecofeminismo y la vida en el centro esta primavera electoral

¿Hay algo en común entre los 27 grados registrados en Sevilla este viernes 15 de marzo, y que más del 58 por ciento de trabajadores de la provincia no llegue a mileurista?

Los Viernes por el clima, o Viernes por el futuro (Fridays for future), se han extendido a España tras el paso dado, en agosto, por la sueca Greta Thunberg, de dieciséis años, que se plantó sola ante su Parlamento para exigir a las autoridades acción frente a la catástrofe medioambiental que los menores de 20 años sufrirán de pleno con ese 2030 de no retorno, según la ONU, hasta el 2080 cuando la temperatura del planeta será cuatro grados más alta. Su protesta se ha vuelto generacional y global con hitos como la convocatoria australiana de noviembre con 15.000 manifestantes, hasta este 15M con huelga internacionalprotestas con miles de participantes en mil ciudades, cincuenta españolas.

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Feminismo de gobierno o lemas que se lleva el viento

El viernes hará un año del 8 de marzo de 2018 en que el feminismo español destacó en la gran ola feminista global. Días antes se palpaba una movilización sin precedentes de mujeres de todas las profesiones y edades. En los medios informativos fue una pista el Telegram Las periodistas paramos que, en 48 horas, se hizo multitudinario y creó un manifiesto que ocho mil profesionales firmamos. Pero las expectativas se vieron superadas llegado el día. No sólo en Madrid o Barcelona, sino en capitales de provincia, ciudades y pueblos donde, junto a la huelga, hubo manifestaciones sucesivas, simultáneas.

Yo, desemboqué a mediodía en la de la plaza de Las Setas desde la del Ayuntamiento de Sevilla cuando estudiantes atronaban: "¡Escucha, hermana, aquí está tu manada!". Y apreté en mi puño el de mi hija, pensando: Tú no heredarás nuestro miedo. Por la tarde, en la Plaza Nueva, sin avanzar por el éxito de asistencia le dije: "Mira, hija, que esto es historia viva". Los políticos del PP y Ciudadanos que tanto habían criticaron la convocatoria, antes de acabar la jornada la valoraban vestidos de malva.

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Hora de elegir: ¿Amenaza o convivencia?

El 28 de abril se elegirá gobierno de España, un mes antes de municipales, autonómicas y europeas. Bochornoso cómo se desencadenó todo: el modo en que PP y Ciudadanos crearon, por el relator, un paralelismo con Venezuela llamando al presidente Sánchez "ilegítimo" y lanzando el órdago de Colón, la irresponsable manera en que los independentistas catalanes tumbaron los presupuestos por el arranque del juicio a sus políticos, la guinda del insulto de la diputada de Coalición Canaria Ana Oramas a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, "Aquí no se habla como en las Tres Mil Viviendas, esto es el Congreso" que era una enmienda a toda Andalucía. Como si ella hablara neutro. Como si alguien lo hiciera.

Ofensa inadmisible, pero menor que el "descubrimiento por Madrid" de Montero. Abochorna que asombre la profesionalidad por periférica o por mujer -Irene Montero fue "revelación" en la moción de censura de Podemos a Rajoy en 2017-. Mucho prejuicio capitalino notamos desde la España no vacía, sino llena de subestimadas provincias.

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"Mi libro es un grito de ira contra la injusticia neocolonialista"

¿Por qué el formato epistolar?

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Reducir a la mitad la migración por el método de ahogar migrantes

Nos conocemos y no nos engañamos. Somos unos cínicos y lo asumimos. Sabemos que el interés por Venezuela no viene del deseo democratizador, sino que, en España, es un arma de política interna y, en el plano internacional, EEUU quiere su petróleo como quiso el de Irak. Las razones espurias no quitan para que el despliegue mediático sea máximo. La gente siente interés. Y se le satisface y ceba a la vez.

Idéntico mecanismo funciona para un caso en las antípodas de la macropolítica: el drama de la familia de Julen caído al pozo de Totalán. Aunque a partir de un punto era imposible que el chiquillo siguiera vivo, los espectadores continuaban pegados a las pantallas y los medios avivando la esperanza con información o especulación. La audiencia da dinero y este irriga el sistema. Pero entonces, ¿cómo es posible que la titánica lucha diaria de hombres, mujeres y niños migrantes, entre inmensas olas, ahora heladas, no tenga miles de corazones en vilo, no sea perenne portada? ¿Cómo cansa?

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