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Juan José Téllez

Escritor y periodista. Ha publicado numerosos libros de poemas, relatos y ensayos. Nacido en 1958, ha trabajado en prensa, radio, televisión y periodismo digital. Escribe desde abajo.

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Trump ganó a Susana Díaz

El informe caritas no dejaba lugar a dudas. Lo mismo que cuando ganó y no ganó Javier Arenas. La lista más votada que desde hace años reclamaba el Partido Popular en Andalucía no gobernará. Y los conservadores andaluces, con el hombre que susurraba a las vacas y que ha perdido siete escaños respecto a 2015, presumiblemente se harán con la presidencia de la Junta si Ciudadanos no lo impide. Lo más probable, con el respaldo por activa o por pasiva de la ultraderecha a la que la derecha democrática europea no ha querido darle alas. Curiosamente, hasta anoche, el ultra Pablo Casado parecía más centrista que Adolfo Suárez.

La derecha extrema, la extrema derecha y la derecha del no se sabe muy bien, comparecían más fragmentadas que nunca a unos comicios y han terminado decidiendo el gobierno de los andaluces. Incluso si llega a un improbable buen puerto el cordón sanitario que los socialistas probablemente intenten auspiciar con Adelante Andalucía y con Ciudadanos para frenar al búnker, quizá con Juan Marín como presidente en San Telmo, qué cosas.

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Vox ya estaba aquí

Si el niño de “El Sexto Sentido” veía muertos, yo en ocasiones veo fachas. Después de aquella apoteosis zombie que fue el franquismo, nos quedaron sus restos y no sólo los del Valle de los Caídos: el Batallón Vasco Español y los Guerrilleros de Cristo Rey, los carlistas de Sixto a mano armada en Montejurra o los sorprendentes incontrolados que cazaban rojos, gays o sudacas con absoluta impunidad en los dulces días de la transición beatífica hacia la democracia.

Si bien los movimientos neofascistas y neonazis sólo habían encontrado eco importante entre los ultras de las canchas futbolísticas, siempre hubo alguna que otra organización política de esa calaña que aspiraba a reconquistar el poder por la vía inversa a la que Á ngel González describía el glorioso alzamiento: “Gritaron a las urnas y él entendió a las armas, dijo luego”. Así fue creciendo Fuerza Nueva, con el notario Blas Piñar en el Congreso de los Diputados, o con menos ínfulas Democracia Nacional, del desdichado Saénz de Ynestrillas. De la CEDADE a las diferentes falanges –excluyendo la que se denomina auténtica porque va de autogestionaria--, otros líderes carismáticos como José María Ruiz Mateos o Jesús Gil y Gil heredaron buena parte de su peripatética: un populismo de cantina de cuartel, compraventa de voluntades y un desprecio absoluto hacia la ley con un visible recochineo hacia el pobrecito de Montesquieu.

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El flamenco es Macondo

A Tía Anica La Piriñaca -eso le soltó a   José  Manuel Caballero Bonald- cuando cantaba, la boca le sabía a sangre. Sangre de persecución gitano-andaluza, bajo los edictos de sus católicas majestades. Ahí nació el quejío, pero también la fiesta, con la pureza del mestizaje. Ahora que algunos historiadores catalanes aseguran que fue allí donde se inventó la palabra flamenco, Blas Infante creía que dicha expresión procedía del árabe: fellah mengu, campesinos huídos. O tal vez, enfadados. Fernando Quiñones, de cuya muerte se conmemoran ahora veinte años, supo resumirlo con precisión certera: "El flamenco es una ensaladilla rusa y los gitanos son la mayonesa".

¿Alguien imagina a un austriaco denunciando a la ópera como un tópico que aburguesa eternamente a su país? ¿Preguntó alguien en Florencia para qué servía que la Unesco declarase patrimonio de la humanidad a su centro histórico? ¿A algún catalán le molesta que los castellets sean protegidos por las instituciones? ¿A algún valenciano que las fallas atraigan a los turistas?

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30 años de difuntos

Aquel día fue Halloween de verdad: corría el 1 de noviembre de 1988 y un muerto sin nombre emergió entre las arenas de la playa de Los Lances en Tarifa. Ildefonso Sena, un veterano periodista, tiró de su cámara y fotografió el cadáver, mientras la Guardia Civil detenía a los supervivientes de aquel primer viaje a ninguna parte.

Treinta años después, veinte mil difuntos más o menos, sin día que les conmemore. Ni todos los santos pudieron salvarlos. Les vimos con los ojos devorados por los peces, con la ropa raída o desnudos; a menudo sin el piadoso sudario de una sábana que ocultase su rostro ante la voracidad viral del racismo fotográfico que guarecía a nuestros caídos a manos de ETA o del Grapo pero que ofrecía descarnadamente el semblante de aquellas víctimas de ese otro terrorismo silencioso, el de las hambrunas constantes y el de las fronteras pretendidamente inexpugnables, el del norte y del sur que también fueron globalizados en una orgía de guerras siempre inciviles, primaveras árabes que rara vez llegaron al otoño, pandemias más virales que un hacker, falta de horizontes lejanos y con los tacones cercanos de las tiranías echando su aliento de sangre, dinero y petróleo en la nuca de los nadie.

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Este no es país para ricos

Había que limitar la cuantía de las limosnas. La burguesía decimonónica aconsejaba a sus cachorros para que no se excediera en las dádivas, no fuera así que los pobres llegasen a pensar que no lo eran. De vez en cuando, eso sí, alguna beata legaba sus bienes a un convento o a una horda de menesterosos que estaban esperando a que Luis Buñuel convocara el casting de  Viridiana. Los proletarios eran lo que su propio nombre indicaba: los que sólo tenían prole. Y a pesar del peñazo que daba Carlos Marx, no convenía que estuvieran unidos a lo largo del mundo.

"El hombre que inventó la caridad, inventó al pobre y le dio pan", cantaba Víctor Manuel cuando este país dejaba las alpargatas de posguerra por el Simca 1000 de la tecnocracia. Si contaban con demasiado dinero, no iban a saber dónde meterlo, entrarían en conflictos familiares e incluso tendrían que sacarse, andando el tiempo, una cartilla de ahorros en la sucursal de la esquina del puente donde dormían.

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Gibraltarexit

Cincuenta años atrás, José Luis Moreno no era un ventrílocuo sino una especie de cantautor con esmoquin que cantaba "Gibraltar, español" en blanco y negro. En 1969, el franquismo cerró la Verja, aquella cancela postiza que levantó el Reino Unido a comienzos del siglo XX para tomar por la cara el istmo entre el Peñón y el resto de la Península, que no le había reconocido el tratado de Utrecht.

Pretensión: "Que Gibraltar caiga como fruta madura", vino a decir Fernando María Castiella, aquel jefe de nuestra diplomacia que por su empeño por reconquistar la Roca fue denominado como el ministro del asunto exterior.

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Víctimas de segunda categoría

Hubo un tiempo, quizás los mayores recuerden, cuando los obreros volaban y caían bajo las balas que los antidisturbios lanzaban al aire. La transición no fue una balsa de aceite, como quedó patente en las calles de Vitoria, en 1976, en el despacho de Atocha, en los Sanfermines del 78, en el extraño tiroteo carlista en Montejurra, o en las muertes de María José Bravo, Yolanda González, el malagueño Manuel José García Caparrós, el estudiante poeta Arturo Ruiz, Mariluz Nájera, el almeriense Francisco Javier Verdejo, o la paliza mortal en el Retiro a José Luis Alcazo, entre otros muchos.

Se calcula que la ejemplar transición democrática española costó 600 muertes, en su mayoría a manos de ETA o de los GRAPO, entre otras organizaciones armadas que se asimilaban con la izquierda o con el nacionalismo. Pero hubo alrededor de 188 muertos a manos de organizaciones fascistas, paramilitares o de los propios cuerpos y fuerzas de seguridad cuyos asesinatos jamás fueron suficientemente investigados. Por no hablar, claro es, de las cloacas del Estado, de los grupos armados creados con fondos reservados, como fuera el caso de los GAL o, antes, del Batallón Vasco Español, entre otras organizaciones tan fantasmales como criminosas, pagadas con los impuestos de toda la ciudadanía.

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Tuneando a Franco

Ahora resulta que Francisco Franco era un yayoflauta que le daba por pescar y por inaugurar pantanos. A los mismos que se niegan a que sus restos sean llevados desde el panteón faraónico de Cuelgamuros a una tumba tan confortable como cualquier tumba pero sin tantos aires de grandeza, les parece bien que la democracia siga enterrada en las cunetas.

Ochenta años después de la guerra civil y cuarenta y tres después de la muerte del generalísimo, este país parece un congreso de funerarios o de arqueólogos, decidiendo eternamente qué hacemos con los restos de aquel déspota chusquero y beato que murió matando. Ya veo a los herederos de Adolf Hitler y de Benito Mussolini reclamando unas exequias imperiales para sus antepasados. ¿Otro tirano como Antonio de Oliveira y Salazar merecería un entierro piramidal como el del general patascortas  en lugar del panteón familiar de un pequeño pueblo en donde reposan desde que fue depuesto por un ejército de claveles?

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"Queríamos hacer algo y nos organizamos entre nosotras": la sociedad civil suple la falta de medios en el Estrecho

"Queríamos echar una mano y nos organizamos entre nosotras”, así cuenta sus últimos quince días Lola Burgueño, una de las tarifeñas que ha prestado su tiempo, su voluntad y su compromiso para ayudar a miles de in­­­­­migrantes que, desde mediados de junio, han pasado por los mares del surf, como llamaron Tito Muñoz y Javier Ruibal a esta línea de costa.

Mientras los televisores repican las imágenes del Mundial de Fútbol, se disputan otros dos mundiales en juego: el de las migraciones, sin fichajes millonarios, y el de la solidaridad que se disputa en diversas poblaciones de la provincia de Cádiz ante una creciente crisis humanitaria, que ha llevado a los ministros Ábalos y Grande-Marlaska a visitar la zona durante dos días consecutivos. Ahora, se anuncia que un inmueble del puerto de Tarifa servirá para albergar a los migrantes que vayan llegando. Habrá que acondicionarlo para que no resulte un enclave tan hostil como el de la Isla de las Palomas, uno de los CIEs más denostados de la siniestra geografía de los centros de inmigrantes en nuestro país.

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Un Nobel para Lorca o un Lorca para el Nobel

Federico García Lorca ya cuenta con el Nobel de Física, aunque no encontremos su cuerpo sin vida, porque brinda vida a todos los cuerpos y a todas las almas. Su poesía cayó como la manzana de Newton, como una evidencia natural, como si antes de cumplir 38 años, ya nos hubiera demostrado que la ley de sus palabras era verdadera, como nunca se han producido observaciones repetidas que las contradigan. Y es universal, porque sus versos pueden aplicarse en cualquier lugar del universo y en cualquier lenguaje. Sus obras son simples porque, en escena, se expresan en términos de una sola ecuación matemática y siempre ofrecen un resultado exacto: el de la emoción y la belleza.

Sus libros son absolutos, porque nada en el universo parece afectarles, salvo la muerte a mano armada. Y estables. Esto es, su mensaje no ha cambiado desde que lo descubrimos. Su memoria es omnipotente, porque todo el universo cumple con su recuerdo y conserva la magnitud de su genio.

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