El orden internacional se derrumba bajo la batuta de Trump, pero eso podría ser justo lo que necesitamos
Amitav Acharya, profesor de Relaciones Internacionales en la American University, es el autor de Pasado y futuro del orden global (El viejo topo, Barcelona, 2026), que está generando un importante debate global. Este académico y comentarista en importantes medios de prensa, nacido en India, ha estado en el último año en Estados Unidos, Canadá, China, Australia, Taiwán, Singapur y Barcelona, entre otros países y ciudades, discutiendo la crisis del orden liberal y la posibilidad de que surja un nuevo orden mundial. Ese nuevo orden podría ser diferente y hasta mejor, basándose en experiencias civilizatorias previas.
Cuando hace unas semanas la Administración Trump impuso nuevas tarifas arancelarias a 80 países volvió a sonar la alarma sobre el presente y futuro del denominado orden liberal internacional.
La ofensiva de Estados Unidos contra aliados y adversarios usando los aranceles se suma a los ataques contra el Derecho Internacional, las Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional, las amenazas de abandonar la OTAN, las críticas a la Unión Europea por las regulaciones y multas a las grandes empresas digitales y los ataques mortales a embarcaciones en el Caribe y el Océano Pacífico, entre otras.
La idea moderna de Occidente se fundó sobre el imperialismo, la arrogancia cultural, y la exclusión racial
La Administración Trump quiere acabar con acuerdos, tratados y convenciones negociadas entre los Estados del sistema internacional. Las únicas reglas serían las que imponga Washington basadas en fuerza militar y la “propia moral” del presidente, tal y como ha declarado abiertamente.
El denominado orden internacional basado en reglas se organizó desde el final de la Segunda Guerra Mundial y se implementa a través del sistema multilateral. Este rige desde el comercio global y el medioambiente, hasta los derechos humanos y el uso de los mares. Pese a haber sido usado por países del Norte mediante el colonialismo, el racismo y las alianzas con élites locales para imponer y defender sus intereses, este orden ha servido para que las relaciones entre los Estados sean previsibles, y con un horizonte jurídico normativo como referencia.
Un mundo “multiplex”
Pasado y futuro del orden mundial es un análisis de diversas civilizaciones que, desde hace 5.000 años, edificaron órdenes locales, regionales y globales (dentro del ámbito de sus respectivas regiones) mediante normas sobre el poder y la coexistencia interna, sistemas de comercio regional y regímenes fiscales, entre otras medidas.
Su recorrido por las civilizaciones arranca con Sumeria en Mesopotamia (4000 a. C.) y Egipto (3150 a. C.), y continúa por Asiria, Grecia, Persia, India, China y Roma; el islam (con especial atención al Imperio otomano); el Imperio mongol (1300 d. C.); la amplia región del océano Índico; el África subsahariana; las culturas maya y azteca en América; y el ascenso de Europa y Estados Unidos.
El autor trata el concepto de civilizaciones y lo vincula con el de orden mundial. En sus orígenes, no estaba conformado únicamente por imperios, sino también por otras formas, como las ciudades-estado. Dichos órdenes no abarcaban el mundo entero, pero estaban aislados. Interactuaban entre sí mientras generaban normas paralelas en materia de organización interna, comercio, justicia, bienestar y hasta diferentes concepciones de dignidad humana. A la vez, había injusticias, esclavitud, racismo y otras formas de explotación.
Acharya sostiene que el orden liberal no ha sido el primero ni será el último. La acumulación de reglas, normas, costumbres, culturas y conocimientos permitirá que el orden actual sea sucedido por otro. Además, contrariamente a lo que se argumenta, el fin del orden liberal occidental no será necesariamente “un desastre; de hecho, a largo plazo, podría resultar algo positivo”.
“Hemos olvidado, afirma, que el orden mundial —esa arquitectura política que posibilita la cooperación y la paz entre las naciones— existía mucho antes del ascenso de Occidente, y que muchas ideas que damos por sentado que son invenciones occidentales se originaron, en realidad, en otras civilizaciones”.
“La dominación estadounidense y occidental fue menos una bendición que una amenaza”, explica el autor. “Pero su crisis podría brindar a otros países —especialmente a aquellos que han sido oprimidos de diversas formas por las potencias occidentales (el Sur Global)— la oportunidad de aportar sus experiencias y de ”construir un mundo mejor (...), más justo, equilibrado e igualitario“.
Hemos olvidado que el orden mundial —esa arquitectura política que posibilita la cooperación y la paz entre las naciones— existía mucho antes del ascenso de Occidente, y que muchas ideas que damos por sentado que son invenciones occidentales se originaron, en realidad, en otras civilizaciones
El autor subraya, por ejemplo, que durante el periodo de las independencias y la era poscolonial, después de la Segunda Guerra Mundial, países del Sur aportaron relevantes ideas para la construcción de la Carta de Naciones Unidas y la conceptualización de los derechos humanos.
La obra de Acharya propone una serie de interrogantes políticos hacia el futuro del mundo que vivimos. Así, recuerda que “la idea moderna de Occidente se fundó sobre el imperialismo, la arrogancia cultural, y la exclusión racial”. Esto ha conducido al abismo entre “Occidente y el resto del mundo” que se ha transformado en “un movimiento de resistencia en favor de un orden alternativo” promovido por el Sur Global. Acharya propone, en definitiva, que Occidente y el Sur Global cooperen para construir “una civilización global y un orden mundial inclusivo”.
La fractura del orden liberal
El orden internacional se ha debilitado desde el 11 de septiembre de 2001 hasta hoy por cuatro razones. Primero, la Administración Bush se saltó sus reglas en nombre de la “guerra contra el terror” de la mano de países europeos que cooperaron con Washington. Más recientemente, el Reino Unido y la Unión Europea, con pocas excepciones entre sus miembros, continúan siendo cómplices con el genocidio de Israel en Gaza. Segundo, por la crisis interna y el declive de la legitimidad externa de Estados Unidos, país líder que sostenía la arquitectura hegemónica del sistema internacional. Tercero, por la crisis financiera de 2008-2009. Cuarto, debido al ascenso de China, la irrupción de potencias regionales emergentes liderando el Sur Global y el desafío de Rusia para reconquistar parte del poder geopolítico que tenía la antigua URSS.
Según Rusia y China se necesita un orden internacional adaptado al nuevo mundo multipolar que no tenga a Estados Unidos como centro. Pero Moscú ha llevado a cabo diversas acciones contrarias al Derecho Internacional en su periferia, especialmente invadiendo Ucrania en 2022. Y China viola la Convención del Derecho del Mar en el Mar de China Meridional y el Derecho de Navegación; y no respecta acuerdos y tratados sobre Derechos Humanos, como tampoco el acuerdo de autonomía de Hong-Kong.
Paralelamente, mientras que numerosos gobiernos no cumplen las reglas del Derecho Humanitario en decenas de conflictos armados, por ejemplo, en Sudán, otros se desmarcan de las Naciones Unidas y abrazan la propuesta de un mundo sin reglas de Trump y los “barones” de Silicon Valley.
Amitav Acharya ha dedicado décadas a analizar los cambios estructurales en el orden internacional, el impacto de la crisis de la hegemonía estadounidense, el ascenso de China e India y el regionalismo. Considera que el sistema internacional no será multipolar, sino “multiplex”: un espacio común con múltiples actores y formas organizativas.
La diferencia es importante: un sistema multipolar se basaría en grandes potencias repartiéndose el mundo –como lo quieren Trump, Xi Jinping y Putin--, mientras que el modelo “multiplex” describe las interrelaciones entre una multiplicidad de actores —estatales y no estatales, privados y públicos, del Norte y del Sur. O sea, una realidad compleja, diversa y distinta de la multipolaridad.
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