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Análisis

El lobby israelí lucha para no perder influencia y quiere un acuerdo estratégico con EEUU a 20 años

El presidente de EEUU, Donald Trump, junto al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en la Casa Blanca.
6 de septiembre de 2026 21:24 h

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A partir del año próximo probablemente cambiará la forma en que Israel ha recibido el masivo apoyo militar que Estados Unidos le entrega desde hace más de medio siglo. En vez de ser un receptor de “ayuda” pasaría a ser formalmente un socio estratégico de Washington en Oriente Medio, con un acuerdo a 20 años.

El cambio, aparentemente formal, es de gran importancia. Cada año, el Congreso de EEUU discute públicamente cuántos fondos y para qué fines se adjudican a Israel. Si se aprueba el acuerdo para cofabricar armamentos, compartir inteligencia y realizar compras mutuas, estas operaciones se llevarán a cabo en circuitos opacos, lejos de toda fiscalización pública, entre los Gobiernos de Israel y EEUU.

La iniciativa ha generado alarma dentro y fuera del Congreso. Un acuerdo de este tipo será mucho más difícil de discutir públicamente y evitará la transparencia y rendición de cuentas y la supervisión de los legisladores. Pero el denominado lobby israelí (red de organizaciones, empresarios judío-americanos, periodistas, académicos y abogados que trabajan para que los políticos estadounidenses apoyen a Israel y combatan a sus adversarios) lucha para que se apruebe. La Heritage Foundation —autora del Project 2025, el plan de gobierno del segundo mandato de Trump– apoya la iniciativa.

El cambio de ayuda al socio estratégico es muy relevante debido a las crecientes críticas en EEUU a Israel por la política genocida, según diversos expertos internacionales, hacia los palestinos en Gaza; el intento de expulsar a su población y anexionar por la fuerza los territorios palestinos ocupados de Cisjordania y Jerusalén Este; y la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Si se aprueba el acuerdo para cofabricar armamentos, compartir inteligencia y realizar compras mutuas, estas operaciones se llevarán a cabo en circuitos opacos, lejos de toda fiscalización pública

Una encuesta del Pew Research Institute publicada en octubre de 2025 reveló que un tercio de la sociedad estadounidense consideraba que la Administración Trump daba demasiada ayuda militar a Israel y demasiada poca ayuda humanitaria a Gaza. La crítica en sectores cada vez más amplios de la sociedad estadounidense habrían influido tanto en la derrota del Partido Demócrata en las elecciones presidenciales de 2024, como en la actual oposición a la decisión del presidente Donald Trump de ir a la guerra contra Irán de la mano de Israel.

Nuevas generaciones de judíos-americanos, la mitad de los congresistas demócratas (según una votación en mayo pasado), algunos representantes republicanos y amplias partes de la sociedad cuestionan, por un lado, las políticas expansionistas y violentas de Israel para imponerse como potencia regional; la violación de normas internacionales en sus guerras contra los palestinos, Líbano, Siria e Irán; además de los ataques “quirúrgicos” en Yemen y Qatar.

Por otro lado, critican el inmenso gasto de fondos públicos en este aliado. Personalidades del Make America Great Again (MAGA), movimiento de base del presidente Donald Trump, denuncian que Israel ha empujado a EEUU a la costosa y fallida guerra contra Irán, que ha aumentado la inflación y los precios de bienes de consumo, y que podría llevar a una intervención militar por tierra.

Crece así la convicción de que los intereses de Israel acaban siendo contrarios a los de EEUU, que es arrastrado a intervenciones armadas, generar enemigos y apoyar gobiernos autoritarios. En el libro reciente Israel´s Lobby, el periodista Eli Clifton y el politólogo Ian Lustick de la Universidad de Pennsylvania explican cómo operan sus poderosos grupos de influencia –especialmente el Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC)—, por ejemplo, financiando con millones de dólares a congresistas si apoyan a Israel. Esta práctica, sin embargo, está siendo contraproducente para candidatos en las próximas elecciones legislativas de noviembre.

Daniel Levy, presidente del US Middle East Project considera que “sería prematuro concluir que el poder del lobby para distorsionar la política exterior de Estados Unidos está llegando a su fin”. “Si bien las maquinaciones de este grupo de presión han salido a la luz durante la guerra de Israel en Gaza, la financiación de campañas a favor de Israel en Estados Unidos opera a una escala mayor que nunca (a menudo promoviendo cuestiones totalmente ajenas a Israel para ocultar las verdaderas intenciones que hay detrás de su apoyo a los candidatos que favorece). Y aunque los votantes demócratas están dando la espalda a Israel en cifras sin precedentes, los aliados del lobby siguen conservando el poder, y millones de dólares, en las más altas esferas del partido”.

Crece la convicción de que los intereses de Israel acaban siendo contrarios a los de EEUU, que es arrastrado a intervenciones armadas, generar enemigos y apoyar gobiernos autoritarios

Clifton y Lustick detallan los esfuerzos extra –más dinero, contratación de consultores, compra de grandes medios de comunicación, financiamiento de think tanks proisraelíes— para combatir las críticas a Israel, especialmente usando los argumentos de identificarlas con antisemitismo y “terrorismo palestino”.

El objetivo, dicen los autores, es que EEUU continúe apoyando a un gobierno dirigido por un político acusado de crímenes de guerra y con ministros fanáticos que proponen la “supremacía de Israel” en su estrategia de controlar la región.

Aliados “excepcionales”

El lobby israelí, al igual que la Administración Trump, propagan que los dos países son “excepcionales” y no están sometidos al derecho internacional ni a normas entre Estados. Asimismo, proponen la dominación militar de los dos países sobre el resto del mundo o, al menos, en sus zonas de influencia.

Personalidades en la Administración Trump, como su cuñado Jared Kuchner y Mike Huckabee, el embajador estadounidense en Israel; sectores evangélicos nacionalistas cristianos y el mismo Gobierno israelí tienen ahora el objetivo de fortalecer la alianza estratégica entre los dos países más allá de Oriente Medio. Netanyahu explicó en diciembre de 2025 en Florida que los dos países libran una batalla por defender “los valores de la cultura judeocristiana” y la “civilización occidental” en el mundo.

Ambos gobiernos están apoyando a regímenes antidemocráticos en sus países, al tiempo que promueven en América Latina y Europa políticas étnico-autoritarias, ultraliberalismo económico sin normas y libre acceso a recursos minerales y pasos marítimos.

El lobby israelí, al igual que la Administración Trump, propagan que los dos países son “excepcionales” y no están sometidos al Derecho Internacional ni a normas entre Estados

Las relaciones del lobby con Trump no empezaron bien. Sus principales donantes desconfiaron durante su primera campaña electoral debido a la falta de definición sobre la cuestión palestina. Atraído por los inmensos fondos que podrían canalizar donantes judíos americanos, Trump abandonó la neutralidad en el conflicto israelí-palestino y atacó el acuerdo nuclear de 2015 de la Administración Obama con Irán.

Seis días antes de las elecciones que le dieron su primera presidencia, la campaña de Trump publicó un documento sobre la política hacia Oriente Medio que seguirían sus gobiernos: fortalecer la alianza militar con Israel, votar juntos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, cortar los fondos del Comité de Derechos Humanos de la ONU, mudar la Embajada de Tel Aviv a Jerusalén (desafiando las resoluciones de Naciones Unidas) y promover causas judiciales contra estudiantes “antijudíos” en las universidades estadounidenses.

Trump retiró a su país del acuerdo con Irán que ponía su programa nuclear bajo control internacional; reconoció la soberanía de Israel sobre los territorios sirios ocupados de los Altos del Golán; presentó un plan de paz para Palestina sin reconocimiento de su Estado, rechazado por todos los actores implicados menos Israel, y lanzó los Acuerdos de Abraham para normalizar las relaciones entre Israel y el mundo árabe. Ahora, mientras cuestiona las alianzas con Europa, Japón y Corea del Sur, se dispone a sellar una alianza estratégica sin parangón con Israel.

Una ayuda militar con ventajas

Las ayudas militares de Washington a Israel comenzaron en 1948 y se formalizaron en 1962. En 1985, durante la Administración de Ronald Reagan, el Congreso aprobó que las ventas se transformaran en “subvenciones” (grants, en inglés) y la deuda acumulada por armas se “olvidase para siempre”. Entre 1948 y 2024, Israel recibió 300.000 millones de dólares en ayuda militar, equivalente a la cuarta parte de toda la asistencia en este ámbito que EEUU provee a diferentes países del mundo.

Israel se consolidó como aliado estratégico de EEUU y en el país militarmente más poderoso, con armas nucleares, en Oriente Medio. Washington garantizó que la ayuda que recibiesen otros países de la región nunca superase la proveída a su principal aliado

En 1999, se firmó el primero de los cinco Memorándum de Entendimiento entre los presidentes Bill Clinton y Ehud Barack. Le sucedieron los firmados por los presidentes George W. Bush y Barack Obama. Como explica un informe del International Crisis Group, la ayuda militar estadounidense a Israel es distinta de otras que ofrece Washington. Todas exigen a los países receptores que compren las armas a EEUU, pero Israel goza de una exención parcial orientada a invertir una parte de los fondos en su industria de defensa.

Israel se consolidó como aliado estratégico de EEUU y como el país militarmente más poderoso, con armas nucleares, en Oriente Medio. Washington garantizó que la ayuda que recibiesen otros países de la región, como Egipto, nunca superase la proveída a su principal aliado.

El memorando de 2016 con Obama para el período 2019-2028 destina 3.800 millones de dólares anuales en asistencia de seguridad. Además, desde el ataque del 7 de octubre de 2023, las Administraciones de Joe Biden y Trump hicieron contribuciones extras. Según el Cost of War Project (Brown University), Washington apoyó a Israel con 21.000 millones de dólares en los dos años siguientes al ataque de Hamás contra el sur de Israel.

Estrechar la alianza

A partir de la guerra de Israel con Irán en junio de 2025, el primer ministro Benjamin Netanyahu propuso cambiar la ayuda por un acuerdo a largo plazo. La idea, explica el think tank Crisis Group, fue renunciar al modelo actual porque para los contribuyentes estadounidenses entregar dinero a Israel es un anatema.

Netanyahu propuso que Israel se convierta en “una nueva Esparta”, pero no quiere perder el apoyo de EEUU, sino redefinirlo haciéndolo más profundo, entrelazado con las empresas digitales, crecientemente fusionadas con las de armas, más los dos servicios de Inteligencia. Y todo asegurado durante 20 años. Los dos países, que ya cooperan en proyectos de defensa antiaérea y “escudos” de ciudades, profundizarían en el uso de inteligencia artificial, ciberseguridad, sistemas autónomos (sin presencia humana) y defensa contra misiles.

Por otra parte, Israel quiere consolidar su posición ante EEUU porque le preocupan los acuerdos de seguridad que se están explorando en la región, como el reciente entre Pakistán, Turquía y Arabia Saudí. Este ambicioso proyecto encuentra la limitación de poder contar con Estados Unidos ante el declive global de este país, en particular su influencia en Oriente Medio, como explica Daniel Levy.

La fallida guerra contra Irán —y la forma en que Netanyahu convenció a Trump de llevarla a cabo— es una prueba de lo negativa que podría ser esta cooperación estratégica con Washington al servicio de Israel.

En julio pasado, la Cámara de Representantes aprobó la Iniciativa de Cooperación Tecnológica de Defensa con Israel, presentada por representantes del Partido Republicano y Demócrata. El Senado todavía no la ha votado, pero Netanyahu y sus aliados, incluyendo al presidente Trump, quieren que se apruebe antes de las elecciones israelíes de octubre próximo para poder presentarlo como un triunfo.

Funcionarios israelíes entrevistados por el Crisis Group consideran que el acuerdo estrecharía la cooperación en crisis en Oriente Medio y que Washington aprendería de la amplia experiencia de Israel en guerras de múltiples frentes. A la vez, Washington podría delegar esfuerzos militares en esa región y dedicarse a otros, especialmente en Asia.

Sin embargo, la fallida guerra contra Irán —y la forma en que Netanyahu convenció a Trump de llevarla a cabo— es una prueba de lo negativa que podría ser esta cooperación estratégica con Washington al servicio de Israel.

Por su parte, el Stimson Center de Washington evalúa que “las políticas e intereses divergentes de Israel y Estados Unidos son complejos y multifacéticos”. Un acuerdo a 20 años “no contempla tales discrepancias e ilustra con qué facilidad la asistencia de seguridad estadounidense puede percibirse como un derecho adquirido en lugar de como un instrumento de política exterior”.

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