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Por qué Putin se ha cebado con Ucrania en sus bombardeos contra Kiev

Destrozos causados por un ataque con dron ruso contra un edificio residencial en Kiev, el 3 de septiembre de 2026.

Albert Sort Creus

Moscú —
5 de septiembre de 2026 21:46 h

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“Han abierto la caja de Pandora y ahora recibirán una respuesta contra sus sectores económicos más sensibles”. Esta declaración de Vladímir Putin del 22 de agosto parecía enmarcarse en la retórica con la que el Kremlin lleva meses amenazando a Volodímir Zelenski.

En los últimos días, sin embargo, el aviso se ha transformado en una realidad: Rusia se ha ensañado día y noche con Kiev y su región y ha provocado decenas de muertos. Moscú presume de haber sumido la capital de Ucrania en un estado de alerta permanente y ha vuelto a recomendar a los diplomáticos extranjeros que abandonen la ciudad.

A medida que intensifica su campaña de ataques aéreos, Rusia alcanzó este viernes con un dron la sede del servicio secreto de Ucrania en la capital ucraniana, uno de los objetivos de mayor relevancia atacados durante la guerra. El ataque ocurrió a pocos metros del edificio donde estaba la embajadora española en Ucrania, Adela Díaz Bernárdez, esperando junto con otros embajadores para la ceremonia de entrega de cartas credenciales, según confirmó Exteriores a elDiario.es.

El presidente ruso justifica el aumento de los bombardeos como una reacción a la campaña ucraniana contra los almacenes de las principales empresas rusas de comercio electrónico. De hecho, la represalia de Putin ha consistido en buena medida en golpear centros logísticos ucranianos, lo cual ha provocado escasez de alimentos en algunos supermercados.

Lo cierto es que el Ejército ruso no habría podido pasar de las amenazas a los hechos sin un nuevo aliado: los drones con motor a reacción. Esta nueva generación de aparatos no tripulados se está convirtiendo en un quebradero de cabeza para las defensas antiaéreas ucranianas.

Todo ello se suma a un verano especialmente complicado para Ucrania en un frente de guerra, en el que, después de frenar la ofensiva de primavera, ha visto cómo las tropas rusas conseguían avances significativos en Donetsk. Eso ha envalentonado a Putin y ha reforzado su decisión de no negociar ningún acuerdo de paz hasta lograr la conquista de todo el Donbás.

Desde el 27 de agosto, durante nueve días y nueve noches, Rusia estuvo hostigando Kiev y sus alrededores. Moscú sólo accedió a detener los ataques durante tres días, a partir de la medianoche del domingo, como una concesión a la primera visita de los emisarios de Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, a Ucrania. Y lo hizo tras bombardear los aeropuertos de su capital para dejar claro que no era seguro para los diplomáticos norteamericanos volar hasta allí.

Bombardeos día y noche

Si los vecinos de la capital ucraniana estaban acostumbrados a bajar a los refugios y al metro sobre todo de noche, de manera periódica pero no diaria, a finales de verano esta situación cambió. Desde entonces, las sirenas han estado sonando casi sin interrupción y esto ha obligado a los ciudadanos a decidir entre quedar atrapados bajo tierra o ignorar la alarma, pese al riesgo que supone.

“Esto está paralizando la vida en una ciudad donde viven millones de personas”, denunció en X Anton Gueraschenko, un político ucraniano, que se niega a resignarse a que eso se consolide como “la nueva normalidad”. “El peligro incesante y la imposibilidad de planificar nada están provocando un agotamiento enorme. ¿Cómo puede alguien adaptarse a la amenaza constante de muerte, especialmente con niños pequeños?”, se preguntaba.

Nunca antes las alarmas de ataque aéreo habían estado activas durante tanto tiempo. En una publicación nada habitual, la agencia oficial rusa TASS ha querido destacar la magnitud del régimen de alerta antiaérea en Kiev. Según sus cálculos, entre el 29 y el 30 de agosto, la capital estuvo en alerta durante más de 19 horas, y entre el 30 y el 31 de agosto, las sirenas sonaron 21 veces.

En total, más de 80 personas han perdido la vida. La mayoría de las víctimas mortales, 38, fallecieron en la madrugada del pasado sábado en un bombardeo contra un almacén de municiones en la localidad de Mila, a unos 30 kilómetros al oeste de la capital.

Nueva generación de drones

Lo que ha permitido al Kremlin pasar de las amenazas a los hechos ha sido una nueva generación de drones. Los nuevos Geran-4 y Geran-5, que son la última versión de los Shahed iraníes, tienen la particularidad de estar propulsados por turborreactores. A diferencia de las versiones anteriores —que vuelan con un motor de combustión que mueve una hélice y que pueden alcanzar una velocidad de 185 kilómetros por hora— los aparatos a reacción son capaces de llegar a los 400 kilómetros por hora.

Ucrania había conseguido diseñar una gama de interceptores terrestres de bajo coste suficientemente rápidos para eliminar un Shahed con motor convencional y eso le había permitido derribar más del 95% de los drones rusos. Ahora, sin embargo, este aumento de la velocidad hace que sean mucho más difíciles de abatir.

Zelenski dijo que los modelos a reacción representan ahora más de la mitad de los drones utilizados por Rusia. Su asesor en tecnología de defensa Serhii Beskrestnov añadió que al menos 2.800 drones a reacción habían sido lanzados contra Ucrania durante agosto, frente a los 1.500 en julio y los 300 en junio.

La aparición de estas nuevas armas de ataque de larga distancia se ve agravada, además, por la falta estructural de interceptores para misiles balísticos. Hace unas semanas, las Fuerzas Armadas de Ucrania dejaron de compartir las cifras de estos proyectiles derribados ante la imposibilidad de interceptar y abatir prácticamente ninguno.

El peligro incesante y la imposibilidad de planificar nada están provocando un agotamiento enorme. ¿Cómo puede alguien adaptarse a la amenaza constante de muerte, especialmente con niños pequeños?

Anton Gueraschenko político ucraniano

Uno de los principales objetivos del Kremlin han sido los almacenes civiles ucranianos, sobre todo los de supermercados, plataformas de comercio electrónico o Nova Poshta, la principal empresa de mensajería del país. Aunque Putin lo presente como una reacción a los ataques ucranianos que desde mediados de julio incendian centros logísticos de las compañías Wildberries y Ozon en Rusia, Moscú lleva tiempo atacando objetivos civiles.

Ahora bien, el analista militar Clément Molin señala en X que, frente a una media mensual de entre cinco y diez acciones contra almacenes civiles, este agosto se han registrado al menos 80. “Esto tiene un impacto directo en la vida de la población ucraniana, ya que muchas personas han muerto en estos ataques”, apunta.

“En invierno os congelaréis”

Otra de las consecuencias es el daño a las cadenas de distribución y las imágenes de estanterías vacías en los comercios. El presidente del comité de Finanzas de la Rada Suprema, Danilo Hetmantsev, aseguraba hace unos días en una entrevista con RBC-Ucrania que la situación era “extremadamente difícil” y que “nunca había visto negocios tan desesperados” en toda la guerra, que comenzó en 2022.

No obstante, el ministro de Política Agraria y Alimentación de Ucrania, Taras Visotskii, niega la crisis. Si bien admite que casi el 90% de los almacenes de los minoristas de alimentación han quedado dañados, también afirma que las empresas están encontrando nuevas rutas para hacer llegar sus productos a las tiendas. Desde su punto de vista, no se trata de una crisis alimentaria, sino, en todo caso, de una crisis logística. “No habrá amenaza de hambre ni escasez física de productos alimentarios”, insiste.

El analista Molin plantea que Zelenski subestimó la respuesta de Putin a los bombardeos ucranianos contra el comercio electrónico. “Rusia está llevando a cabo una campaña de destrucción total de estas infraestructuras, algo para lo que Kiev no estaba preparado”, sentencia en X. Otra estrategia ucraniana que considera que se le ha “vuelto en contra” es la de atacar buques comerciales en el mar Negro, lo que ha provocado una intensificación de los bombardeos rusos en estas aguas. “En plena temporada de cosecha, los puertos del mar Negro están completamente aislados y son golpeados constantemente”, destaca.

A estas dificultades se suma el anuncio del Ejército ruso de una nueva temporada de ataques masivos contra la infraestructura energética ucraniana. Al igual que en 2025, la cúpula militar rusa ha esperado la llegada del otoño, que en Rusia comienza el 1 de septiembre, para advertir de su intención de dejar sin calefacción a los habitantes de las grandes ciudades de Ucrania.

Rusia está llevando a cabo una campaña de destrucción total de los almacenes civiles, algo para lo que Kiev no estaba preparado

Clément Molin analista militar

El 14 de agosto, el Ministerio de Defensa incluso compartió en Telegram un mensaje en el que afirmaba: “En invierno os congelaréis”. Lo acompañaba una foto de un enjambre de drones sobrevolando un cielo nublado y el lema “como nieve sobre la cabeza”. El Ejército ucraniano respondió con una publicación de un depósito de petróleo en llamas y el texto “nos calentaremos con el fuego de las refinerías rusas”.

Al mismo tiempo, uno de los portavoces del Ministerio de Exteriores ruso, Rodion Miroshnik, ha acusado a Ucrania de llevar a cabo un “energicidio” con sus ataques contra instalaciones eléctricas en las regiones ucranianas ocupadas de Zaporiyia y Jersón y en la región rusa de Kursk.

Kiev afronta el invierno con una infraestructura energética mucho más débil que hace un año. Ucrania tenía unos 54,5 gigavatios de capacidad de generación antes de la invasión de 2022, pero después de los ataques rusos solo conserva unos 12, según el ministro de Energía, Denis Shmyhal. El invierno pasado fue el más duro para el sistema energético ucraniano desde el inicio de la guerra. Rusia bombardeó infraestructuras casi a diario y afectó a casi 20 regiones.

La lucha por los últimos bastiones de Donetsk

Ucrania también ha sufrido un retroceso este verano en el frente, después del éxito de los meses de mayo y junio, cuando logró frenar el avance ruso y poner en jaque la logística rusa en el sur gracias a los drones de medio alcance. “La situación se ha deteriorado fuertemente en el Donbás durante agosto, aunque todavía es demasiado pronto para hablar de una reanudación de la ofensiva rusa al mismo nivel que en 2024 o 2025”, escribe Molin.

El analista militar ucraniano Konstantin Mashovets va más allá y afirma en su canal de Telegram que las tropas rusas han conseguido “resultados tácticos bastante significativos” que podrían ayudarles a llegar a las inmediaciones de Kramatorsk y Sloviansk, las dos últimas grandes ciudades de Donetsk. “Han creado unas condiciones previas bastante claras para la finalización con éxito, ya este otoño, de la primera etapa de su operación ofensiva”, subraya.

De hecho, añade que en los últimos días los soldados rusos han conseguido abrirse paso en dirección a Kramatorsk a través del canal Siverski Donets-Donbass, la principal infraestructura hidráulica de la región, evitando las poblaciones donde tienen lugar los combates urbanos más intensos.

El objetivo último del Kremlin es cercar los últimos bastiones de Donetsk y aislar a los soldados ucranianos. Un propósito que Mashovets considera “problemático” si Putin pretende llevarlo a cabo antes de 2027. “Hasta ahora no han podido conseguir rodear operativamente toda esta aglomeración con una profundidad suficiente”, explica.

Uno de los elementos que está impidiendo que Rusia haga pinza desde el norte hacia estas ciudades-fortaleza es una contraofensiva ucraniana en el municipio de Limán. La operación militar ha permanecido en secreto durante casi dos meses para impedir que las fuerzas rusas pudieran enviar efectivos de refuerzo.

“Aproximadamente 200 kilómetros cuadrados (o quizá más, ya que los combates continúan) bajo control ruso se han perdido actualmente, una parte de los cuales están ahora bajo control ucraniano”, escribe Molin. “Esto es un golpe importante para el Kremlin, ya que complicará aún más la ofensiva sobre Limán y permitirá ganar tiempo para defender Sloviansk”, argumenta.

Los blogueros militares rusos, que no habían advertido de la situación durante semanas, ahora empiezan a admitir lo complicado que es el escenario. “La situación cerca de Limán es tensa, la situación en los flancos se está deteriorando”, publica el canal de Telegram Rybar, uno de los más populares de Rusia. “El enemigo claramente no espera tanto mantener la ciudad como socavar constantemente sus flancos, obligando al mando ruso a redestinar allí reservas y debilitar la ofensiva en el sector vecino de Sloviansk”, señala.

Otro bloguero muy seguido, Yuri Podoliaka, afirma en X: “Esto podría tener consecuencias desagradables, muy desagradables, pero en esta etapa todavía no ha pasado nada realmente grave”.

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