¿Qué fue del espíritu de Anchorage? La relación Putin-Trump, en su peor momento un año después de la cumbre de Alaska
Nadie puede asegurar exactamente cómo surgió en Rusia el concepto de “el espíritu de Anchorage”, pero el primer cargo político en utilizarlo fue el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, a mediados del pasado octubre. Dos meses después de la histórica cumbre de Alaska —en la base militar de Anchorage— entre Vladímir Putin y Donald Trump, el 15 de agosto de 2025, las relaciones ruso-estadounidenses iban de mal en peor.
El presidente de Estados Unidos estaba cansado de las negativas del líder ruso a poner fin a la guerra de Ucrania y optó por la presión: proporcionó inteligencia a Kiev para que atacara refinerías rusas y amenazó con entregar misiles Tomahawk a Volodímir Zelenski. Para tratar de calmar las aguas, Peskov salió a aclarar que, pese a estas turbulencias, era “optimista” basándose en “el espíritu de Anchorage”.
Desde entonces, la diplomacia rusa ha esgrimido esta nebulosa formulación para defender que, en Alaska, Estados Unidos asumió las condiciones de Rusia para alcanzar la paz en Ucrania. El paso de los meses, sin embargo, ha dejado claro que la Casa Blanca no estaba tan cerca del Kremlin como afirmaban en Moscú.
La efervescencia del regreso de Trump y la reanudación de los contactos interrumpidos por la invasión pareció tocar techo en agosto de 2025. A partir de ese momento, el impulso se fue evaporando hasta el punto de que, pese a la resistencia de Putin, algunos analistas afirman que definitivamente el espíritu de Anchorage se ha desvanecido y que, un año después, las relaciones entre Rusia y Estados Unidos se encuentran en un callejón sin salida.
La ambigüedad de Anchorage
La cita de Alaska fue un triunfo diplomático incontestable del presidente ruso. El “líder del mundo libre” extendía la alfombra roja al líder proscrito contra el que Estados Unidos había ayudado a luchar durante más de tres años y lo rescataba del aislamiento internacional. Además, Putin esquivaba de nuevo un ultimátum de Trump sin tener que comprometerse a detener los combates.
Pero a la hora de la verdad el simbolismo eclipsó la sustancia. La cumbre fue más breve de lo previsto, se anuló el almuerzo entre las delegaciones y, según publicó el Financial Times, el dirigente ruso sacó de quicio a su homólogo con una disertación histórica sobre los orígenes de la supuesta unidad nacional rusa y ucraniana.
El espíritu de Anchorage dejó de ser una metáfora de la agradable atmósfera de la cumbre y se convirtió en un instrumento de propaganda y diplomacia. Para un público nacional ruso, el espíritu funcionaba como símbolo de progreso en las conversaciones de paz, en un momento en que no se estaba produciendo ningún progreso
Ninguno de los dos mandatarios aceptó preguntas de los periodistas después de una declaración sucinta, cargada de buenas palabras, pero sin ningún resultado tangible. Y aquella vaguedad comenzó a alimentar el mito de Anchorage.
Las propuestas que se discutieron son inciertas. Entre las certezas, Washington pasó a rechazar la exigencia compartida con Kiev de un alto el fuego temporal y aceptó el relato de Moscú sobre la necesidad de conseguir un acuerdo de paz definitivo.
A partir de ahí, medios como Reuters informaron de que Putin había propuesto que Ucrania abandonara por completo el Donbás, incluidas las zonas que todavía controlaba, a cambio de que Rusia congelara la línea del frente en las regiones de Zaporiyia y Jersón. Un planteamiento que coincide con la posición actual del Kremlin de exigir la entrega de este territorio como condición previa a cualquier negociación.
Trump, sin embargo, había llegado a la reunión convencido de que los rusos se conformarían con la oferta territorial para poner fin a la guerra, y Putin se había presentado confiando en que los estadounidenses obligarían a Volodímir Zelenski a retirarse de Donetsk. En buena medida, aquellas elevadas expectativas de ambas partes habían sido alimentadas por el enviado especial del presidente de Estados Unidos, Steve Witkoff, que había visitado a Putin varias veces en Moscú.
Según Reuters, el emisario de la Casa Blanca había dado versiones contradictorias sobre las condiciones esbozadas por el Kremlin en su última reunión antes de la cumbre. Había asistido allí sin un intérprete propio y no había quedado constancia escrita de la discusión con Putin y sus asesores. Así pues, el enfoque estadounidense en Anchorage se basó en acuerdos orales.
“El problema es que la cumbre de Alaska envió un mensaje muy ambiguo tanto al público ruso como al público estadounidense”, explica a elDiario.es Pável Koshkin, investigador del Instituto de Estados Unidos y Canadá de la Academia Rusa de Ciencias. Desde su punto de vista, se trataba simplemente de “medir la temperatura”, un paso “necesario” para “revivir la diplomacia de alto riesgo”, pero nada más.
Tal como escribe en el diario opositor ruso Meduza el politólogo Sergejs Potapkins, para la propaganda rusa, Anchorage se convirtió en “una construcción conveniente por su ambigüedad”. “Sin un texto firmado, no se podía invocar su letra, sino su espíritu”, añade.
“De este modo, la frase dejó de ser una metáfora de la agradable atmósfera de la cumbre y se convirtió en un instrumento de propaganda y diplomacia. Para un público nacional ruso, el espíritu funcionaba como símbolo de progreso en las conversaciones de paz, en un momento en que no se estaba produciendo ningún progreso”, concluye Potapkins.
El deterioro de las relaciones
Ahora bien, el espíritu de Anchorage no frenó el deterioro de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos. A finales de octubre, Trump sorprendió a todos imponiendo sanciones a Rosneft y Lukoil, las dos grandes petroleras estatales rusas. En Moscú quedaron descolocados, pero el enfriamiento se concretó una semana después cuando, a raíz de una reunión fallida entre los dos jefes de la diplomacia estadounidense y rusa, Marco Rubio y Serguéi Lavrov, se canceló la anunciada segunda cumbre Putin-Trump en Budapest.
El más americanista de los emisarios rusos, Kirill Dmitriev, voló a Miami para volver a convencer a Witkoff de la voluntad real de Rusia de llegar a un acuerdo. Ambos, junto con el yerno de Trump, Jared Kushner, trabajaron en un plan de paz de 28 puntos, bastante favorable a los intereses rusos, que debía ser la base para liquidar el conflicto.
La discusión, sin embargo, ya nació muerta cuando, al poco de filtrarse, quedó claro que para el Kremlin incluso aquel documento era insuficiente. Y más aún cuando la Casa Blanca accedió a incluir cláusulas ucranianas y europeas.
Trump está sometido a mucha presión. Hoy es muy difícil llegar a un acuerdo. Estamos en un impasse, en un punto muerto, y este punto muerto podría ser mucho más difícil de superar debido a la campaña electoral en Estados Unidos
“Los entendimientos sobre Ucrania alcanzados por Putin y Trump durante el encuentro en Alaska siguen vigentes”, dirían en varias ocasiones Lavrov, Peskov o el asesor presidencial Yuri Ushakov a lo largo del invierno, mientras la realidad era que los desacuerdos se hallaban en el mismo punto que meses atrás.
El golpe definitivo al proceso de negociación fue el inicio de la campaña estadounidense en Irán. Washington estaba liderando un último esfuerzo de mediación en unas conversaciones trilaterales que, si bien no habían permitido eliminar los principales escollos, sí estaban permitiendo avanzar en cuestiones técnicas. De un día para otro, todo aquello quedó en pausa y así se mantiene a día de hoy.
El ataque a Irán sumó, además, una dosis de desconfianza a la ya de por sí delicada diplomacia entre Rusia y Estados Unidos. Uno de los expertos rusos en política exterior más cercanos al Kremlin, Fiódor Lukiánov, escribió que aquellos bombardeos revelaban que negociar con los estadounidenses era “prácticamente inútil”, ya que habían tenido lugar en plena negociación con Teherán. Desde su punto de vista, por tanto, Rusia solo podía confiar en sí misma.
Para Potapkins, desde entonces, el espíritu de Anchorage se convirtió inesperadamente en “una manera conveniente de abandonar una asociación que nunca se había materializado”. “Como nadie podía decir exactamente qué habían acordado Estados Unidos y Rusia, Moscú tuvo libertad para acusar públicamente a Washington de no cumplir los compromisos conseguidos en Alaska”, señala.
El espíritu se desvanece
Este giro acusatorio ha culminado en los últimos dos meses con Lavrov como protagonista. Cuando Rubio anunció un nuevo paquete de ayuda a Ucrania, a principios de junio, y declaró ante el Congreso que la guerra había resultado un “fracaso estratégico” del Kremlin y que nunca lograría la victoria, el ministro de Exteriores ruso le respondió: “No quiero ni imaginar que Alaska fuera concebido para ganar tiempo y armar a Ucrania”.
Ambos volvieron a reunirse a finales de julio y allí la sentencia fue definitiva. El secretario de Estado estadounidense negó la existencia de un pacto basado en las deliberaciones de la cumbre. “Hubo propuestas en Alaska, pero fracasaron. Si hubiera habido un acuerdo, habríamos terminado la guerra”, dijo, y añadió: “Ciertamente, esto [Anchorage] no fue aceptable en su momento para Ucrania y no creo que lo sea ahora. De hecho, lo será todavía menos”.
Lavrov le contestó que, si quería hablar del fracaso de los acuerdos, probablemente “había que entender quién había fracasado exactamente”. Y volvió a defender que Rusia se había limitado a asumir el enfoque de Estados Unidos para resolver la crisis y que, por tanto, le parecía “poco elegante” afirmar que no se había llegado a ningún acuerdo.
Sea como sea, algunos expertos rusos en política exterior tienen claro que el espíritu de Anchorage “se ha acabado”. Lukiánov, en una entrevista reciente con el semanario Argumenti i Fakti, lo atribuye sobre todo a la capacidad de Zelenski y de los líderes europeos para convencer a Trump de que la derrota de Ucrania “no es inevitable” y que, incluso, el ejército ucraniano “podría prevalecer”.
El politólogo Dmitri Novikov incorpora otro elemento: el dirigente estadounidense había estado utilizando las amenazas de cortar la ayuda a Kiev como una manera de estimular el gasto en Defensa de sus aliados de la OTAN. Ahora, sin embargo, considera que ya han hecho los deberes y que no es necesario seguir presionándolos.
En un artículo en la revista Rossiya v globalnoy politike, la más influyente del país sobre asuntos internacionales, Novikov cree que la relegación temporal de Witkoff en favor de Rubio también ha contribuido a tensar las relaciones. Lo describe como “un proceso de fortalecimiento de la posición de los profesionales y cierto debilitamiento de los leales aficionados” en la Administración estadounidense y sostiene que la postura de los profesionales hacia Rusia es “inherentemente rígida”.
“Trump está sometido a mucha presión. Hoy es muy difícil llegar a un acuerdo. Estamos en un impasse, en un punto muerto, y este punto muerto podría ser mucho más difícil de superar debido a la campaña electoral en Estados Unidos”, opina Koshkin.
Novikov define este estadio como un “desanclaje gestionado”. Poco a poco, destaca, el segundo mandato de Trump deja de ser “revolucionario” y se vuelve “inercial”. “En el caso de Rusia, la aspiración revolucionaria era la normalización forzada de las relaciones con Moscú. Un rumbo hacia una confrontación estable es la inercia”, escribe.
En cualquier caso, el politólogo reivindica que el curso actual de los acontecimientos es suficientemente favorable al Kremlin y que cabría esforzarse por mantenerlo. Por un lado, valora que la Casa Blanca, pese a todo, continúa absteniéndose de escalar la ayuda militar a Ucrania y, por otro, subraya que Estados Unidos sigue siendo el único actor occidental con el que se puede establecer un diálogo “constructivo y serio” y capaz de garantizar un eventual acuerdo de paz.
Novikov juzga “contraproducente” insistir en la apelación al espíritu de Anchorage, que considera ya “ilegítimo”, y es partidario de que también Rusia busque “su propia fórmula de desanclaje”. Es decir, que el Kremlin haga nuevas propuestas teniendo en cuenta sus cartas porque, pase lo que pase, “toda guerra acaba en negociaciones y en un acuerdo de paz”.
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