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El “juego psicológico” de la guerra híbrida de Rusia contra Europa: “Ponen a prueba el compromiso de defensa colectiva”

Una bandera con la cara del presidente ruso, Vladímir Putin, y los mensajes "¡por la patria!", "¡por la soberanía!" y "¡por Putin!" ondea en Moscú.

Rodrigo Ponce de León / Albert Sort Creus

Bruselas / Moscú —
26 de septiembre de 2026 23:06 h

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La guerra híbrida también tiene un fuerte componente psicológico. Desde hace meses Moscú ejerce una fuerte presión sobre los países europeos de la OTAN, que va desde el juego del gato y el ratón con incursiones de drones y cazas en la frontera europea oriental a ataques cibernéticos o estrategias de desinformación urdidas por el Kremlin. Este viernes, cazas suecos y finlandeses despegaron ante la cercanía de aviones militares rusos que sobrevolaban el espacio aéreo internacional del golfo de Finlandia. El domingo le tocó a dos cazas españoles en Rumanía por una incursión de un dron. Alertas como esta se repiten constantemente, aunque en la última semana han entrado en juego los servicios secretos de varios países europeos para confirmar o elevar la amenaza de acciones del Rusia contra el continente europeo. Hay una pugna por dominar el relato del miedo donde hay un intercambio contante de los papeles de víctimas o verdugos en la que no solo el Kremlin apuesta duro, también hay países europeos que están jugando sus bazas.

“No solo es una tontería, sino también un ejemplo de provocación”. Vladímir Putin se ha hartado de negar su responsabilidad en los actos de sabotaje que las autoridades europeas atribuyen a Moscú y de despreciar los informes de inteligencia occidentales que alertan de que Rusia se prepara para atacar a la OTAN. 

Todo lo contrario, en la capital rusa aseguran sentirse amenazados por la creciente militarización de Europa y temen que los aliados estén utilizando a Ucrania para intentar infligirles una derrota estratégica. De hecho, están convencidos de que la Alianza ya se halla en conflicto con Rusia y que, por tanto, los países europeos son objetivos legítimos, si no de una guerra convencional, sí de una guerra híbrida.

Siendo la guerra híbrida de Rusia contra Europa una realidad, también puede ser exacerbada por los propios servicios secretos de países europeos. Este jueves saltó la noticia en el diario El Mundo sobre que la CIA alertaba de un ataque ruso con drones contra España, Francia o Italia. Realmente era información de los servicios secretos lituanos sobre un supuesto informe del servicio de inteligencia del gobierno de los Estados Unidos, que posteriormente nadie parece haber visto.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, aseguró en televisión: “[Esa información] podemos desmentirla. La CIA no ha informado a los servicios franceses de un ataque de este tipo”. Mientras, el ministro italiano de Defensa, Guido Crosetto, apuntaba en X que “no sirve a nadie y no hay ninguna confirmación, la alarma lanzada esta mañana por un periódico español que plantea posibles ataques a Italia, España y Francia por parte de naves y drones rusos. Ya vivimos en tiempos difíciles y ”nerviosos“ y no sirve echar más leña al fuego”.

Fuentes del Gobierno de España han comentado a elDiario.es que “no hay constancia de esa información, por nosotros no ha pasado”. Ahora bien, que no se haya confirmado esa información no significa que una prudente alerta por la amenaza rusa no corra por las capitales de la Unión Europea. El propio Macron admitió que “existe una situación que está aumentando en tensión y que resulta preocupante, evidentemente para Ucrania, que sufre una guerra directa por parte de Rusia desde febrero de 2022 y, en realidad, desde 2014, y también para los europeos porque, especialmente en las últimas semanas, se han multiplicado los actos hostiles en distintos puntos de Europa”.

“Moscú quiere someter a Ucrania, como mínimo, y recuperar su esfera de influencia”, destaca a elDiario.es el investigador ruso Ígor Gretski, del Centro Internacional para la Defensa y la Seguridad, con sede en Estonia. “Para alcanzar este objetivo, actúa de una manera muy agresiva y utiliza un amplio abanico de herramientas, incluidas las amenazas de un conflicto armado directo y del uso de armas nucleares”, explica Gretski.

Este jueves los servicios secretos de Dinamarca (DDIS) hicieron público un análisis donde advertían del aumento del riesgo de un posible ataque militar ruso contra uno o varios países de la OTAN que comparten frontera con Rusia. La nueva evaluación de amenazas del DDIS sitúa la advertencia en un contexto de escalada de las acciones rusas contra objetivos occidentales mientras la guerra en Ucrania entró en su quinto año. “Existe un riesgo bajo, pero creciente, de que Rusia lance un ataque militar limitado contra uno o varios países de la OTAN, que tienen frontera con Rusia”, declaró el director del DDIS, Thomas Ahrenkiel.

Un F-18 español, unidades aéreas de la OTAN.

¿Tiene sentido que unos servicios secretos den una rueda de prensa? Otra fuente del Gobierno español con alto conocimiento de los servicios secretos europeos explica que “hay que entender que Rusia tiene una estrategia para poner a prueba la vigencia de compromiso del colectivo de la Alianza atlántica, pretenden debilitar la cohesión de los 32 aliados de la OTAN. Se tiene que interpretar como un juego psicológico”.

La invasión de Ucrania por Rusia lo ha cambiado todo y ahora hay un campo de operaciones donde los servicios secretos se ven obligados a tener una política de comunicación más abierta ante las guerras de desinformación.

Sin embargo, la visión al otro lado de los Urales es diferente. “Rusia ni está elaborando planes ni tiene la intención de atacar los Estados miembros de la OTAN”, señala a elDiario.es Vasili Klimov, investigador sénior del Centro para la Seguridad Internacional de IMEMO, una de las instituciones más prestigiosas sobre política global de este país.

Los académicos rusos enmarcan la actual espiral de tensión en el dilema de seguridad, un concepto que describe una situación en la que las medidas que toma un Estado para sentirse más seguro hacen que otro Estado se sienta en peligro y que, por consiguiente, también opte por armarse. Ahora bien, mientras Rusia argumenta que la invasión de Ucrania está parcialmente justificada por el acercamiento de la Alianza a sus fronteras, los socios comunitarios sostienen que la agresión rusa fue deliberada y que fue el Kremlin quien dio el primer paso en la escalada.

Un soldado monta guardia en la valla construida en la frontera polaca contra los ataques híbridos.

Putin entiende que su país está genuinamente amenazado por el rearme de Europa, por el posible despliegue de armas nucleares en los países bálticos, y que los líderes de estos estados utilizan la “histeria antirrusa” y el miedo a una confrontación para cohesionar a la sociedad contra un enemigo externo y relanzar la industria de Defensa. 

El consenso entre la mayoría de expertos es que Putin no está en condiciones de abrir un nuevo frente mientras esté empantanado en Ucrania. “Rusia no dispone de los recursos necesarios para llevar a cabo simultáneamente una guerra convencional a gran escala contra Ucrania y contra la OTAN”, subraya Gretski. Según él, todas las amenazas del Kremlin persiguen que los aliados detengan los envíos de armas a Volodímir Zelenski y por eso “siembra el miedo entre las poblaciones europeas ante la perspectiva de un enfrentamiento armado con Rusia”.

Teniendo en cuenta esta estrategia la respuesta de la Unión Europea ha sido clara. La representante diplomática de la UE, Kaja Kallas, lanzó un mensaje una vez que los 27 Estados miembros de la UE acordaron este viernes las condiciones para desbloquear 6.600 millones de euros del Fondo Europeo de Apoyo a la Paz destinados a Ucrania. “Los ataques híbridos de Moscú pretenden intimidar a Europa para que reduzca su apoyo a Ucrania. Europa está haciendo justo lo contrario”, remachó Kallas.

“Impacto psicológico” de la guerra híbrida

La percepción de peligro se intensificó en Europa tras el ataque de un dron ruso al aeropuerto de Leipzig, en Alemania, que fue asumida por la OTAN y la Comisión Europea como un salto en la escalada de Rusia contra la seguridad europea. Un alto funcionario de la Comisión Europea especializado en temas de Defensa admite que “en los Estados miembros se observa que la amenaza se está tomando muy en serio. En muchos Estados miembros se están celebrando reuniones al más alto nivel” ante la guerra híbrida de Rusia contra Europa.

En el análisis sobre la guerra híbrida de Rusia que se hace en las instituciones europeas por este experto en Defensa se remarca que “hay que tener en cuenta el impacto psicológico de los ataques con drones. De hecho, lo que más buscan los rusos es precisamente ese impacto psicológico. Hay mucho trabajo que hacer en materia de preparación y también de respuesta frente a esta manipulación de la información y del espacio informativo”.

Hay un juego por dominar el relato bélico. En este sentido, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, pidió a los europeos no caer “en reacciones muy exageradas”, ya que el objetivo de Moscú es ampliar el pánico para que la UE reduzca el apoyo a Ucrania. “Tenemos que ser muy cuidadosos y entender que Rusia está tratando de desestabilizar y atemorizar a Europa. Y cada vez que reaccionamos de forma exagerada ante un ataque híbrido, en realidad Rusia ha ganado la batalla en ese ámbito”, resaltó Stubb.

El Kremlin no reconoce ni los sabotajes ni los envíos de drones. A menudo se queja de que las autoridades comunitarias lo señalan interesadamente, sin pruebas, y de que sobrerreaccionan ante incidentes normales en un contexto de guerra. Ahora bien, aunque no se los atribuye, da a entender que podrían estar justificados teniendo en cuenta la implicación de la OTAN en Ucrania.  Además, Rusia también se siente víctima de la guerra híbrida de Occidente. Acusa a los países europeos de exacerbar la propaganda antirrusa, de financiar sectores que intentan derrocar al régimen o de aplicarles sanciones draconianas.

“El miedo que las élites occidentales tienen de Rusia”

“La principal causa de la actual crisis, por paradójico que pueda parecer, es el miedo que las élites occidentales tienen de Rusia”, afirma Klimov. “En Occidente todavía persiste el temor histórico a una expansión militar sin control de Rusia por Europa, pero eso es una invención de los servicios de inteligencia y de los dirigentes de los países de Europa del Este”, añade.

El presidente ruso ha elevado el tono contra Europa a medida que los ataques ucranianos de largo alcance han ido causando más daños en el interior de Rusia, ya que considera que serían imposibles sin la “participación directa” de la OTAN. Así pues, Moscú percibe a Kiev como el brazo ejecutor de las capitales europeas.  “El objetivo de la estrategia actual de Occidente no es contener a Rusia, como ocurrió durante la Guerra Fría, sino aplastarla.”, escribe Dmitri Trenin, presidente del Consejo de Asuntos Internacionales Ruso, un influente think tank sobre política exterior.

Trenin admite que la desestabilización de Europa puede tener consecuencias positivas para Rusia: las fricciones entre sus miembros, el agotamiento de sus economías tras años de apoyo a Ucrania y el ascenso de formaciones de extrema derecha y extrema izquierda más predispuestas a negociar con el Kremlin.

Un análisis que comparte el analista John Sipher del centro de pensamiento Atlantic Council, que en un informe apuntaba que el objetivo de Putin “es sembrar la división” entre los aliados de Europa y Estados Unidos y “promover a grupos occidentales de extrema derecha y radicales”.

“Para Putin, la actual convulsión representa una oportunidad que puede no durar. Rusia sigue siendo más débil que el conjunto de Occidente y ha sufrido repetidamente las consecuencias de su propia agresión. Por tanto, su mejor estrategia no consiste en derrotar a Occidente, sino en alentar a Occidente a derrotarse a sí mismo. Desde la perspectiva de Moscú, si tu adversario avanza dando tumbos hacia el precipicio, este es precisamente el momento de darle un empujón”, concluye Sipher.

En cualquier caso, Trenin considera que la única “base mínimamente aceptable” para las futuras relaciones con Bruselas y para restablecer la disuasión en el continente pasa por ganar la guerra de Ucrania. Y, aun así, concluye, el choque entre Rusia y la OTAN persistirá “durante mucho tiempo”, ya que nos encaminamos hacia un periodo “muy diferente” comparado con “la estabilidad relativa” de la segunda mitad del siglo XX.

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