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Cáncer de mama: el plan de ejercicio físico que se adapta a cada persona

Mujer haciendo deporte

Mercè Palau

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres españolas. Se estima que el riego de padecer la enfermedad a lo largo de la vida es del 12%. Según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), una de cada ocho mujeres españolas tendrá cáncer de mama en algún momento de su vida. La lucha contra esta enfermedad está plagada de desafíos físicos y emocionales que no solo implica tratamientos médicos como cirugía, quimioterapia y radioterapia; también un enfoque integral de rehabilitación para mejorar la calidad de vida de las mujeres. 

Si bien hasta hace un tiempo la recomendación era descansar y hacer reposo, hoy esta idea ha cambiado. El ejercicio físico, siempre que la situación clínica lo permita, se ha convertido en un componente esencial de la rehabilitación. ¿De qué manera es un pilar para mejorar la supervivencia, combatir el cansancio extremo y recuperar la confianza en el propio cuerpo?

Cáncer de mama: el fin del reposo como tratamiento

Para muchas mujeres con cáncer de mama, el mismo tratamiento que les salva la vida también puede acarrear fatiga, pérdida de masa muscular, tensión emocional y otros obstáculos desalentadores. Es una etapa que no solo se define por la supervivencia, sino también por la capacidad para sobrellevarla. Si, además de todo ello, “dejamos de movernos, entramos fácilmente en un círculo de inactividad, pérdida de condición física y todavía mayor cansancio”, advierte la Doctora Carmen Urbaneja, especialista del Servicio de Rehabilitación en la Unidad de Linfedema y Cirugía de Mama del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. 

De ahí que actualmente “se recomienda mantener la actividad física durante el tratamiento, siempre adaptándola a la situación de cada paciente”, afirma la Doctora. Porque tratar el cáncer no significa solo eliminar el tumor. “Consiste en conseguir que la persona pueda realizar el tratamiento conservando, en la medida de lo posible, su fuerza, autonomía y calidad de vida”, reconoce la especialista.

Beneficios del ejercicio físico en el cáncer de mama (y sus límites)

Ahora, junto con los tratamientos modernos contra el cáncer, que han mejorado de manera eficaz las tasas de supervivencia, médicos e investigadores se centran cada vez más en cómo se sienten las pacientes durante el tratamiento: su energía, estado de ánimo, movilidad y sensación de bienestar. Y aquí entra en juego el ejercicio físico. “Uno de los efectos en los que tenemos más evidencia es sobre la fatiga relacionada con el cáncer ya que ayuda a mantener la capacidad cardiovascular y la fuerza muscular y puede mejorar la calidad de vida, el estado de ánimo y la capacidad para realizar actividades cotidianas”, explica la Doctora Urbaneja.

Estudios como este amplio metaanálisis publicado en The Lancet Healthy Longevity demuestran que el ejercicio durante la quimioterapia no solo permite recuperar la fuerza, sino que ayuda a mejorar la calidad de vida mientras dura el tratamiento y ayuda a las mujeres a sentirse mejor física, emocional y mentalmente durante una de las etapas más exigentes de su atención médica. La calidad de vida se convierte en un resultado fundamental, no en algo que deba considerarse sólo después de que termine el tratamiento.

El impacto sobre el bienestar de la persona es claro, no se centra solo en el aspecto físico. También “afecta a la forma en la que una mujer se relaciona con su cuerpo, con su vida cotidiana y con su propia autonomía”, afirma la Doctora Urbaneja, y le puede “ayudar a recuperar la sensación de que vuelve a tener el control sobre su cuerpo y su vida”.

Sin embargo, es clave tener en cuenta que “el ejercicio no elimina los efectos secundarios de la quimioterapia o de la radioterapia, ni sustituye el tratamiento médico: su papel es ayudar al organismo a mantener una mejor capacidad funcional y hacer más llevadero el proceso”, afirma la Doctora Urbaneja, que reconoce también que no se ha demostrado que el ejercicio físico “disminuya el riesgo de recaída o aumente la supervivencia”.

Una paciente oncológica hace ejercicio al aire libre.

Una actividad adaptada, segura y supervisada

Es posible tener dudas sobre cuándo y cómo empezar a hacer ejercicio y es normal sentir incertidumbre al comenzar o retomar una rutina de ejercicio cuando alguien está en tratamiento, recuperando la movilidad después de una cirugía o viviendo con una enfermedad metastásica. ¿Qué ejercicios pueden realizarse? “Las recomendaciones internacionales incluyen tanto ejercicio aeróbico como entrenamiento de fuerza”, explica la Doctora Urbaneja.

Pero no se trata de ‘hacer algo’ sin más, sino que toda actividad debe adaptarse a la persona, debe ser progresiva y adaptada a cada momento. Para la Doctora Urbaneja, es clave combinar ejercicio cardiovascular (caminar, bicicleta o nadar); ejercicio de fuerza para recuperar o mantener la masa y la fuerza muscular; ejercicios de movilidad, sobre todo en los casos en los que hay limitaciones del hombro; y actividades que resulten agradables para la persona.

“No existe una única receta: una mujer recién operada, otra que está recibiendo quimioterapia y otra que ha terminado su tratamiento pueden necesitar programas muy distintos”, matiza la Doctora Urbaneja, que desmiente la idea de que el entrenamiento de fuerza esté prohibido en las mujeres operadas de cáncer de mama. “La evidencia actual apoya que el ejercicio progresivo es seguro y mejora la fuerza y la función del miembro superior”, reconoce la especialista. La clave está, afirma, “en la progresión y en adaptar el ejercicio a cada paciente”.

El papel del médico rehabilitador en todo este proceso es fundamental: tras valorar cada caso, determina “qué necesita y cómo debe progresar e intervenimos cuando aparecen problemas como limitación del hombro, dolor, pérdida de fuerza, neuropatía, alteraciones funcionales o linfedema”, afirma la Doctora Urbaneja. Por tanto, prescribe el ejercicio físico y lo supervisa, un trabajo que coordina con expertos en oncología, fisioterapia y profesionales del ejercicio.

También es el que determina en qué casos no es aconsejable hacer ejercicio, o si este debe posponerse. Hablamos de situaciones como “complicaciones postoperatorias, infecciones, alteraciones hematológicas importantes, problemas cardiovasculares no controlados, dolor intenso, neuropatías relevantes o determinadas lesiones óseas, entre otras”, advierte la Doctora Urbaneja.

Prehabilitación oncológica: una ayuda antes de pasar por el quirófano

La prehabilitación permite a las personas con cáncer prepararse para el tratamiento, promoviendo hábitos saludables que les ayuden a sobrellevarlo mejor y a mejorar sus resultados. “En cáncer de mama puede incluir ejercicio cardiovascular, entrenamiento de fuerza, movilidad del hombro y educación para afrontar mejor el proceso”, afirma la Doctora Urbaneja. 

Sin embargo, es importante la cautela. “No podemos afirmar que hacer ejercicio antes de la cirugía vaya necesariamente a reducir las complicaciones quirúrgicas o la estancia hospitalaria porque la evidencia sobre estos resultados todavía es limitada”, matiza la Doctora Urbaneja, aunque sí reconoce que es importante llegar a la cirugía en las mejores condiciones físicas posibles.

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