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Cuando los cálculos renales pueden ser un signo de una enfermedad más grave

Una doctora utiliza un modelo anatómico de los riñones para una explicación a sus pacientes.

Mercè Palau

Cuando todo funciona correctamente en nuestro organismo, todo está en equilibrio. En condiciones normales, la cantidad de oxalato, un producto final del metabolismo que el cuerpo no usa y que se elimina a través de los riñones, está presente en pequeñas cantidades. Pero hay algunas afecciones en las que algo se desajusta. ¿Qué ocurre cuando no se elimina? Unos niveles elevados de oxalato son tóxicos porque el cuerpo humano no puede metabolizarlo y se acumula en los riñones.

La hiperoxaluria primaria de tipo 1 (HP1) es la hiperoxaluria primaria más común y más grave que afecta a entre una y tres personas por millón en Europa y Norteamérica. A diferencia de la secundaria, causada por una mala absorción intestinal, la primaria se caracteriza por defectos en enzimas hepáticas responsables del metabolismo del oxalato.

Como ocurre con muchas enfermedades raras, es probable que muchas personas permanezcan sin diagnosticar o con un diagnóstico erróneo. ¿Por qué cuesta tanto llegar al diagnóstico, cuáles son las causas y por qué es importante detectarla a tiempo?

HP1, una enfermedad hereditaria

Esta enfermedad, que puede manifestarse en cualquier momento de la vida, es hereditaria, por tanto, se produce cuando genes que no funcionan correctamente se transmiten de padres a hijos. La HP1 se debe a mutaciones en el gen AGXT, que es el que se encarga de la expresión de la enzima hepática alanina: glioxilato aminotransferasa.

Pero, cuando este gen muestra una alteración, se producen cantidades excesivas de oxalato y, por tanto, no puede mantener los niveles estables.

Las mutaciones en el gen AGXT provocan una reducción en la cantidad o actividad de la enzima, lo que impide la descomposición del glioxilato. En consecuencia, este se acumula y se convierte en oxalato en lugar de glicina. Cuando el exceso de oxalato no se elimina, puede combinarse con el calcio para formar oxalato de calcio, que daña los riñones y otros órganos.

Ecografía renal.

Síntomas y señales de alerta de la HP1

El primer paso para diagnosticar la HP1 es conocer sus síntomas. Aunque los cálculos renales son el signo más común y, en ocasiones, el más temprano, no se presentan en todos los pacientes. Incluso si los pacientes no tienen cálculos, la HP1 sigue poniendo en riesgo los riñones. Así, los síntomas pueden ser variados, incluso pueden afectar a los miembros de una familia de maneras distintas.

Debido a la similitud con otras enfermedades, la HP1puede confundirse, lo que hace que a menudo esté infradiagnosticada. Esto es lo que hace que el diagnóstico a menudo se retrase o se pase por alto, por su expresión clínica variable y otros desafíos diagnósticos.

Y es que, además de los cálculos renales, la HP1 puede manifestarse con la presencia de cristales en el tejido renal; o con insuficiencia renal; incluso con problemas de crecimiento durante la primera infancia.

En niños y adolescentes, un solo episodio de cálculos renales sería suficiente para generar sospecha. En adultos, la presencia de múltiples episodios de cálculos renales e historial familiar puede indicar HP1. Los síntomas de los cálculos renales suelen incluir dolor en la parte baja de la espalda en uno o ambos lados, micción dolorosa, sangre en la orina, fiebre e infecciones del tracto urinario.

Un diagnóstico precoz es clave para detectar la enfermedad antes de que provoque daños generalizados y para permitir un manejo adecuado de los síntomas. Las pruebas que suelen realizarse en estos casos suelen ser un análisis de orina, así como pruebas genéticas para detectar daños en el gen AGXT lo antes posible y, por tanto, acortar el tiempo de diagnóstico.

Tratamiento de la HP1

Recibir un diagnóstico de HP1 requiere unos cambios de estilos de vida proactivo y un seguimiento médico continuado, además del apoyo familiar. Porque recibir un diagnóstico de HP1 altera el rumbo vital, por ello redefinir la forma cómo se percibe la enfermedad es clave. El objetivo es pasar de un estado de espera pasiva una acción consciente que transforma la calidad de vida.

Los principales objetivos del tratamiento son reducir la producción de oxalato en el organismo, prevenir la formación de cristales de oxalato de calcio y cálculos renales y preservar la función renal el mayor tiempo posible y mantener la calidad de vida. Dado que la hiperoxaluria primaria es una enfermedad progresiva, el diagnóstico precoz y el tratamiento oportuno pueden marcar una diferencia significativa en el pronóstico.

En este sentido, es importante integrar pautas de hidratación que incluyan la ingesta de agua abundante con el fin de diluir el oxalato en la orina, así como evitar alimentos ricos en oxalatos optar por los alimentos con calcio y por la ingesta de frutas y verduras.

Un vaso de agua.

Cuando los riñones dejan de funcionar correctamente es posible que el tratamiento incluya el uso de una máquina de diálisis. En los casos más graves, incluso puede ser necesario un trasplante de hígado, o de hígado y riñón.

El panorama del tratamiento ha evolucionado de manera significativa en los últimos años. Si bien los enfoques estándar mencionados siguen siendo importantes, han surgido nuevas terapias dirigidas a los problemas bioquímicos subyacentes. De la mano de las terapias basadas en el ARN, se ha permitido transformar las vidas de estos pacientes gracias a que es posible abordar la causa de raíz, una prioridad de Anylam, compañía líder en terapias basadas en ARN interferente, con la desactivación de la producción de proteínas dañinas.

Este tipo de terapia silencia eficazmente los genes específicos que contribuyen a la sobreproducción de oxalato y abordan directamente el defecto bioquímico subyacente a nivel molecular.

Vivir con hiperoxaluria primaria

Más allá de los tratamientos y procedimientos médicos, vivir con hiperoxaluria primaria afecta todos los aspectos de la vida diaria: la necesidad constante de hiperhidratación, la lucha por equilibrar las responsabilidades laborales y escolares con las frecuentes citas médicas o los episodios impredecibles de cálculos renales.

El impacto emocional de la hiperoxaluria primaria puede suponer todo un reto. Vivir con una enfermedad rara de la que la mayoría de gente nunca ha oído hablar puede generar sentimientos de aislamiento y cierta incertidumbre. A la carga de gestionar una atención médica compleja se le suma tener que afrontar los retos sociales y emocionales de una enfermedad crónica.

El apoyo de la familia y de las asociaciones de pacientes, como la Asociación de Pacientes de Hiperoxaluria en España (APHES), ha permitido tratar también el aislamiento que sufrían las personas con este tipo de enfermedad. La posibilidad de que las familias puedan conectarse para compartir experiencias y consejos, así como apoyo emocional, junto con los avances médicos, ha transformado la manera cómo se afronta un diagnóstico de este tipo, que ha permitido pasar del miedo al diagnóstico a la esperanza de una vida mejor.

PH1-ESP-00185 07/2026.

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