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Por qué los adolescentes necesitan atención personalizada en salud mental

Varios universitarios disfrutando en el campus

Mercè Palau

Al llegar a la adolescencia, el comportamiento de los niños puede cambiar. La pubertad, el cerebro aún en desarrollo y las nuevas presiones sociales se presentan de forma simultánea, provocando un torbellino de emociones. En este contexto, el bienestar emocional no es algo superficial, es una necesidad vital.

Se estima que, en todo el mundo, uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años (el 14,3%) padece algún trastorno mental, pese a que muchas veces estas afecciones no reciben el reconocimiento y el tratamiento que requieren, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En España, el 41% de los adolescentes confiesa haber sufrido problemas de salud mental en el último año.

Un escenario que invita a la reflexión y al debate, como lo ha hecho el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz en la “VI Jornada de Psiquiatría basada en el paciente”. Porque, en la compleja red de la vida de un joven, su salud mental ocupa un lugar central y su atención también.

Detección precoz del malestar emocional en los adolescentes

La adolescencia es una época de cambios rápidos, formación de la identidad y desarrollo emocional. Los problemas de salud mental durante esta etapa pueden ser particularmente complejos. Muchos adolescentes lidian con traumas, ansiedad, depresión, conflictos familiares o dudas sobre su identidad, a menudo todo a la vez.

Según el Doctor Juan José Carballo, jefe asociado del Servicio de Psiquiatría del centro hospitalario, “se estima que entre un 13% y un 20% de los jóvenes presenta algún trastorno mental y que aproximadamente la mitad de estos trastornos en el adulto tienen su inicio antes de los 18 años”.

Esto significa, por tanto, que muchos de estos problemas no se detectan en fases iniciales, cuando los síntomas son menos visibles, pero presentes, como la ansiedad, la depresión o el malestar emocional. De ahí la importancia de detectar antes las señales de sufrimiento psicológico, para que puedan acceder a los recursos adecuados.

El papel de los centros educativos como delatores

La identificación temprana de problemas de salud mental es más fácil de realizar en los lugares y momentos en los que los jóvenes tienen más probabilidades de manifestar sus preocupaciones, como en los centros educativos, un entorno privilegiado para la identificación temprana del malestar psicológico.

Es lo que defiende el programa SENSE (Screening for Emotional Needs and Self-help), una iniciativa impulsada por la Fundación Jiménez Díaz y los hospitales universitarios Rey Juan Carlos, Infanta Elena y General de Villalba y que fundamenta su trabajo en el cribado digital estructural, psicoeducación y recursos de autocuidado, junto con circuitos coordinados de derivación a los servicios de salud mental cuando se detectan situaciones de riesgo.

Porque es en este contexto y ambiente donde se dan los cambios emocionales, conductuales, académicos o relacionales que, en la mayoría de los casos, aparecen mucho tiempo después de que el joven llegue a una consulta. “Dotar a los centros de herramientas estructuradas para detectar estas señales y conectarlas con los recursos sanitarios adecuados permite intervenir antes, reducir el sufrimiento y mejorar el pronóstico a largo plazo”, reconoce el Doctor Carballo.

Reconocer los problemas a tiempo es fundamental porque, cuando los adolescentes reciben apoyo profesional a tiempo, se puede prevenir que los problemas empeoren o se les puede facilitar una adolescencia plena.

Atención personalizada para adolescentes

Así como no descuidamos su salud física, su bienestar mental exige la misma atención, si no mayor. Porque desempeña un papel clave en su trayectoria educativa, en el desarrollo de sus relaciones y en su bienestar físico general. Y, de la misma manera que la salud física, la mental es dinámica, experimenta transformaciones, desde cambios sutiles hasta transformaciones significativas, debido a multitud de razones.

No hay dos adolescentes iguales. Cada joven trae consigo una combinación única de experiencias de vida, desafíos, fortalezas y metas. Por esto, la atención individualizada no es solo una preferencia, sino una necesidad. Un enfoque único para todos simplemente no funciona cuando se trata de la recuperación de la salud mental en adolescentes. Adaptar el tratamiento a las necesidades específicas de cada uno es lo que conduce a una transformación eficaz.

Cada parte de la atención debe tener en cuenta el proceso individual para poder desarrollar planes que aborden las necesidades emocionales, psicológicas, educativas y sociales. Estos planes deben ser dinámicos, lo que significa que evolucionan junto con el crecimiento y el progreso de cada joven.

Tampoco hay dos problemas iguales. Una de las emociones más graves en esta etapa son la autolesiones o conductas suicidas, frente a las que es necesario disponer de los recursos necesarios y las respuestas adecuadas, de la mano de una atención específica, coordinada y adaptada a cada etapa vital que ofrezca un acompañamiento a los jóvenes y a las familias.

También la depresión supone en esta etapa una atención individualizada porque en ella pueden confluir varios factores y diferentes situaciones clínicas. Como reconoce el Doctor José Luis Palomo, especialista del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario General de Villalba, “la variabilidad de factores que influyen en la evolución de los trastornos depresivos es inmensa”, por tanto, las opciones de tratamiento son también diversas, aunque “a menudo insuficientes”, reconoce el especialista.

Y aquí es fundamental la atención personalizada, que permita detectar aquellas personas más vulnerables y, junto con los recursos económicos y humanos, ofrecer una atención de calidad que permita desarrollar tratamientos eficaces y estudiar la mejor manera para tratar a estas personas.

Para el Doctor Palomo, es fundamental “seguir trabajando en ofrecer una atención personalizada, desarrollar enfoques científicos que permitan discernir a las poblaciones más vulnerables y que más se beneficiarían de cada terapia”. En este sentido, el psiquiatra reconoce que hay “propuestas muy interesantes que ponen el foco en criterios más específicos de investigación y otras que apuestan por una visión más holística de los trastornos depresivos”. Esto significa que se incorporan otras disciplinas médicas como la microbiología, la neurología, la endocrinología o la inmunología.

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