Reconstrucción de uno de los vídeos de palizas de militares a migrantes en Ceuta: “Dormíamos y nos despertaron a golpes”
El vídeo corre por redes sociales desde el 17 de agosto. Una decena de militares irrumpe en un descampado donde hay dos vehículos aparcados. Una parte de los uniformados se abalanza sobre uno de ellos, desde donde varios migrantes salen a toda velocidad mientras intentan esquivar los porrazos. En su huida, un chico cae por un empinado terraplén cuando los soldados continúan ensañados a golpes con dos marroquíes agachados en el suelo ya fuera del coche. Se escuchan chillidos. La escena obliga a reaccionar a algunos vecinos y los efectivos empiezan a dispersarse. Tras ellos, un joven queda tirado en el suelo.
Más de un mes de los hechos, Aiman (nombre ficticio) observa el vídeo y señala al chico delgado que huye despavorido del vehículo hasta desplomarse terraplén abajo. “Soy yo”, dice con timidez y cierto miedo. Enseña la zona posterior de su oreja y su codo, donde dos cicatrices le recuerdan cada día lo ocurrido aquella mañana de agosto en la que varios militares le despertaron a palos tras abrir la puerta del coche donde dormía junto a otros cuatro jóvenes marroquíes. Es menor de edad. Su acta de nacimiento recoge que tiene 17 años.
A través de su testimonio, el de otros dos migrantes heridos durante la actuación militar y varios vecinos que asistieron a los heridos, elDiario.es reconstruye lo ocurrido en el vídeo difundido inicialmente por el colectivo Border Resistance y publicado por este medio el 27 de septiembre. Los hechos ocurrieron a las 8 de la mañana en un descampado de la barriada ceutí de Los Rosales —aunque en un inicio las primeras informaciones los ubicaban en El Príncipe—, ubicado cerca de edificios de viviendas. Aiman estaba acostado en el asiento trasero; Ibrahim descansaba en el maletero, encajonado junto a otro chaval. En los asientos delanteros reposaban otros dos compañeros.
“Estábamos durmiendo dentro del coche. [Los militares] abrieron la puerta y empezaron a golpearnos dentro del coche. Algunos huyeron y otros se quedaron”, explica el menor. Él no escuchó la puerta abrirse, cuenta; se despertó con los golpes de las defensas y entre gritos de los militares. “Estaba dormido y no entendía qué pasaba. Imagínate que susto despertarte así”, continúa Aiman, con la ayuda de un traductor. “Algunos huyeron y otros se quedaron”. Recibió el primer porrazo en el interior del vehículo y, justo después, logró escapar, relata.
Es el chico alto y delgado que sale en primer lugar, por la puerta trasera del lado derecho del coche, y corre hacia la cuesta del descampado. Tan adormecido y aterrado estaba, dice, que no sabía por donde pisaba. No vio el terraplén, y se precipitó desde una distancia considerable. Aiman fue a parar sobre una maraña de residuos, maderas y cristales rotos.
“Ahí fue donde me corté”, añade antes de colocarse de perfil y doblar una de sus orejas, detrás de la que se esconde la primera cicatriz. También levanta y enseña el codo, donde se encuentra el segundo tajo. “Me tuvieron que dar muchos puntos”.
“Me golpearon en el maletero”
Mientras Aiman se precipitaba por el terraplén, Ibrahim aparece por primera vez en el vídeo. Es el chico que, sin camiseta, sale disparado desde la puerta trasera del vehículo. “Primero, me pegaron dos veces en la cabeza dentro del coche, cuando estaba en el maletero [desde los asientos traseros]. Luego, me sacaron”, dice el joven, de 19 años. “Los gritos que se oyen en el vídeo son míos”.
Las imágenes muestran a Ibrahim saliendo en una especie de propulsión de la parte trasera del coche, desde donde cae del suelo. La manera en la que lo hace apunta a que fue empujado desde el interior del vehículo. El chico se desploma, de rodillas, junto al muro granate. A su alrededor se arremolinan unos cuatro soldados y comienzan a golpear hacia donde se encuentra él y otro chaval, de camiseta negra, al que también sacaron del vehículo.
No les golpean una sola vez: les apalean de manera reiterada. Cuando Ibrahim sale del coche, permanece en el suelo durante hasta que logra escabullirse de los uniformados que le rodean. Durante esos segundos, se producen al menos nueve porrazos, repartidos entre varios efectivos. Solo uno de los militares les golpea hasta seis ocasiones.
“Después de golpearnos en el coche, nos sacaron. En ese momento aparezco en el vídeo, mientras seguían golpeándonos…”, confirma Ibrahim, que ya se había visto en las imágenes, difundidas un mes antes por redes sociales, antes del encuentro con elDiario.es. El vídeo le muestra el momento en que logra zafarse de los militares, apoyándose en el muro antes de descender la misma ladera por la que se cayó Aiman.
Su compañero, al que sacaron del maletero justo después de él, trata de seguirle, como aparece en las imágenes. Pero varios militares se ceban con él y le propinan varios golpes. Tras el último porrazo, cae al suelo, junto al muro granate. Increpados por varios vecinos, impactados por la intensidad de la paliza, los soldados comienzan a retirarse. El chico de camiseta negra sigue tirado, casi inmóvil, pero los militares abandonan el lugar sin prestarle asistencia y sin llamar a una ambulancia, según los testimonios recabados.
Los migrantes agredidos recuerdan que uno de los militares que les golpeó “llevaba barba”, “no hablaba dariya” (el dialecto marroquí, que suelen hablar los ceutíes musulmanes) y “tenía un tatuaje en el cuello”.
Doloridos por los golpes y aún impactados por lo ocurrido, Ibrahim y Aiman fueron al hospital por su cuenta, junto a otros de los heridos. “Fui al hospital, pero allí no nos hicieron nada”, dice el chico que estaba en el maletero. Según su relato, tenía varias contusiones en varias partes de su cuerpo, que permaneció días amoratado. “Después no pude hacer nada. Estaba muy dolorido, pero no podía hacer nada. Me quedé en la calle y algunos vecinos me ayudaron”, señala resignado. Los moratones ya han desaparecido. “El brazo me sigue doliendo, sobre todo cuando hace mal tiempo”, lamenta.
Ensangrentado por los cortes de su oreja y su brazo, Adam cuenta que sí recibió varios puntos en las heridas. No cuenta con parte médico porque, asegura, el personal se negó a entregárselo, se queja.
Aunque Mohamed no aparece en el vídeo, asegura que estuvo también estuvo presente. A él, dice, los militares le retuvieron antes de empezar a golpear a los migrantes que dormían en el coche. “Dormía fuera, en el descampado, y me pegaron mucho en la cabeza”, afirma el joven. Todos son amigos y, desde entonces, tratan de ayudarse. Aún viven en la calle y temen ser retornados a Marruecos en uno de los operativos que el Gobierno prepara en los barrios de Ceuta, después de finalizar la fase de desalojos de los asentamientos de las playas. Amnistía Internacional alerta del riesgo de que sean retornados víctimas de las palizas de militares, cuando este tipo de actuaciones han sido judicializadas tras el envío de su informe a la Justicia. Muchos de los migrantes que aseguran haber sido víctimas de agresiones o tratos vejatorios en Ceuta, como Aiman, Ibrahim y Mohamed, no se atreven a denunciar por miedo, por lo que la organización exige la aplicación de mayores garantías.
Desde hace un mes, elDiario.es ha publicado distintas investigaciones sobre las denuncias de palizas de militares a migrantes en Ceuta. Este medio no ha recibido respuesta alguna por parte del Ministerio de Defensa, pese a las insistentes preguntas trasladadas a su departamento de prensa. La primera información se publicó el pasado 15 de septiembre, recogiendo dos decenas de testimonios de personas marroquíes que aseguraban haber sufrido agresiones o vejaciones por parte de soldados desplegados en Ceuta. Posteriormente, este medio público varios casos de menores migrantes rociados con gas pimienta por efectivos de las Fuerzas Armadas, mientras los chavales realizaban actividades cotidianas, como volver de comprar comida o dirigirse a su campamento. El 25 de septiembre, llegaron los vídeos que confirmaban este tipo de actuaciones.
Este jueves, elDiario.es publicó audios en los que al menos tres militares resumían entre risas de sus palizas a migrantes en Ceuta. “Sin guantes mola más, porque suena. Pero con guantes duele”, decían en una conversación en la que comentaban prácticas que, según Amnistía Internacional, podrían constituir un delito de torturas o tratos degradantes.
No obstante, pese a contar con la información, Defensa no la trasladó las denuncias a la Justicia hasta el pasado 30 de septiembre, después de que Amnistía Internacional publicase un informe que recogía parte de las denuncias publicadas por elDiario.es. En este tiempo, este medio sí recibió respuesta de fuentes de La Moncloa que mostraron su “preocupación” por los hechos denunciados y se comprometieron a abrir una investigación interna sobre la que de momento no han aportado información al respecto. Durante ese tiempo, ha continuado aumentando el número de testimonios que denuncian haber sufrido este tipo de prácticas por parte de efectivos de las Fuerzas Armadas en la ciudad autónoma.
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