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Ana Requena Aguilar

Periodista. Trabajé en el diario Público desde 2008 hasta su cierre en papel. Antes, en Tiempo, Europa Press, UN-Instraw o AmecoPress, entre otros. He escrito crónicas y reportajes desde Bangladesh, Siria, Gaza o México. Formo parte de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género y escribí una tesina sobre periodismo con perspectiva de género. Desde hace dos años, enfrascada en reformas laborales, consecuencias de la crisis y protestas. Coautora del libro ‘Las voces del 15M.’

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Madres quemadas: las consecuencias psicológicas de la pandemia se ceban con las mujeres con hijos

"No tengo un diagnóstico, pero nado en la ansiedad. Vivo en el esfuerzo constante, lo que era una cosa provisional y que minimicé se ha convertido en una rutina, en trabajar sin parar asumiendo que tienes una niña al lado que antes más o menos se entretenía y que ahora está desatendida. Ahora mismo no tengo ninguna gratificación en mi vida". Lo dice María, de 37 años, que desde que se declaró el estado de alarma teletrabaja y cuida sola de su hija pequeña la mayor parte del día. Su caso ilustra los resultados de varios estudios que indagan sobre la consecuencias psicológicas o laborales de la pandemia y que apuntan hacia un mismo sitio: las mujeres con empleo e hijos pequeños son el colectivo que más está sufriendo el impacto en su salud mental y emocional.

Un informe sobre las consecuencias psicológicas de la COVID-19 y el confinamiento liderado por la Universidad del País Vasco pone de manifiesto hasta qué punto existen diferencias de género a la hora de analizar cuál es el impacto en la salud mental de la crisis del coronavirus. Según el estudio, que ha entrevistado a 6.829 personas, un 46% ha experimentado un incremento del malestar psicológico general, pero las mujeres informaron de una escalada más acusada: el 12% dijo que había subido "mucho" frente al 6,8% de los hombres. Ocurre lo mismo de manera sistemática en todas las variables analizadas. La investigación, que ha sido apoyada por el Ministerio de Universidades, obtiene sus resultados en base a una escala del 1 al 5, siendo 1 "ha disminuido mucho" y 5 "se ha incrementado mucho".

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Permisos remunerados, semanas de cuatro días o empresas municipales de cuidados: ideas para conciliar durante (y después) de la pandemia

Una jornada laboral de 35 horas semanales o incluso de 25. Horarios flexibles. Permisos de cuidado retribuidos hasta que abran los colegios. Reducciones de jornada sin reducir salario. Ayudas para contratar a empleadas de hogar. Plantear a futuro un sistema estatal de cuidados. Son algunas de las ideas que desde el feminismo, la economía, los sindicatos o las empresas se lanzan estos días para solucionar el conflicto que la crisis del coronavirus ha dejado más al descubierto que nunca: cómo cuidar y trabajar sin sacrificar la (precaria) igualdad ni los proyectos de vida de las mujeres. 

Permisos de maternidad y paternidad por coronavirus. La economista Lídia Farré, que, junto a Libertad González, lleva a cabo una de las investigaciones en marcha sobre los efectos de la crisis en la brecha de género, propone permisos retribuidos de seis semanas por progenitor hasta que los colegios abran en septiembre. El diseño sería similar al de los nuevos permisos por nacimiento, aunque de menos duración: doce semanas a repartir equitativamente entre madre y padre. Sería un permiso intransferible, por lo que si un progenitor no coge sus seis semanas, éstas se perderían.

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El coronavirus y el estigma del 8M

Cientos de actos y conciertos a puerta cerrada. Mítines. Partidos de fútbol con aficiones de distintos lugares. Bares abiertos. El metro abarrotado. Solo una semana antes del estado de alarma la vida era otra muy diferente. Pero el centro del reproche político, la búsqueda de réditos y hasta la batalla judicial la ha ocupado la multitudinaria protesta del 8M. Esta semana hemos conocido los errores, tergiversaciones y bulos que recoge el informe de la Guardia Civil que ha servido para imputar al delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco, y para atribuir responsabilidades penales al Ejecutivo por permitir la manifestación del 8M. 

Que la estrategia política y mediática siga girando precisamente sobre el 8M y no sobre el resto de eventos, rutinas y sucesos que se dieron los días y semanas previos al estado de alarma no es casual. Más que una búsqueda de explicaciones científicas, razonables, útiles, hay en todo esto una batalla política, también contra el feminismo. Asociar pandemia, irresponsabilidad, prevaricación y 8M es una buena manera de generar un estigma alrededor del feminismo en un momento en que cuestionarlo ya no tiene la misma legitimidad social que antes.

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Irene Montero: "Crispar y fomentar el odio entre españoles como hacen las derechas en este momento es muy poco patriótico"

La conciliación y el teletrabajo en los tiempos del coronavirus monopolizan la charla con la ministra de Igualdad, Irene Montero (Madrid, 1988), que atiende a eldiario.es por videoconferencia en un hueco entre sus tareas institucionales y el cuidado de sus tres hijos, este miércoles a última hora de la tarde. Antes de volver a ellos.

Montero responde sobre los tres principales frentes que tiene abiertos en plena pandemia. En el flanco institucional, la lucha contra la triple crisis (sanitaria, económica y social) provocada por el SARS-CoV-2 y los problemas que está teniendo el Ejecutivo para atar los apoyos a las prórrogas del estado de alarma; así como su labor al frente del Ministerio de Igualdad tras años reclamando actuaciones feministas desde el Gobierno. Y en ámbito de partido, Podemos está al final de su III Asamblea Ciudadana, cuyas votaciones concluyen este mismo jueves.

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La Universidad Rey Juan Carlos investiga a un profesor por acoso sexual sin un protocolo específico a pesar de que la Ley lo exige

La Universidad Rey Juan Carlos investiga a un profesor de su Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual por acoso sexual a varias alumnas. Lo hace utilizando un protocolo genérico contra el acoso, puesto que el centro es uno de los pocos que todavía no cuenta con un protocolo específico contra el acoso sexual, a pesar de que la Ley de Igualdad lo exige. La norma, de 2007, instaba a las administraciones públicas y a los organismos dependientes de ellas a negociar con la representación de los trabajadores "protocolos de actuación frente al acoso sexual y al acoso por razón de sexo". Trece años después, la Universidad Rey Juan Carlos aún no ha aprobado uno.

Aunque no hay un listado oficial de todas las universidades públicas con planes contra el acoso, sí lo tienen los otros grandes centros de Madrid: la Universidad Complutense –cuyo protocolo es uno de los referentes–, la Carlos III, la Autónoma de Madrid y la Politécnica. Según una recopilación de la Universidad de Islas Baleares, la Rey Juan Carlos sería una de las diez universidades públicas en España (de 50) que no tiene un protocolo específico. Sí cuentan con uno todas las universidades públicas de Andalucía y Catalunya, la de Castilla-La Mancha, la Universidad de Zaragoza, la de Oviedo, Cantabria, Santiago de Compostela, País Vasco o la Universidad de La Laguna en Tenerife.

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Catalunya y Canarias registran un repunte del 30% en los refugios para víctimas de violencia de género, mientras su uso baja en otras comunidades

Ya al comienzo de la pandemia, expertas y organismos advirtieron: la violencia de género podía aumentar o recrudecerse en medio del confinamiento. Sin embargo, los datos disponibles aún no permiten conocer con exactitud cómo está afectando el confinamiento a la violencia machista. Según la información recopilada por eldiario.es, en algunos territorios los recursos de emergencia y de acogida para mujeres que han sufrido violencia de género han registrado un repunte de mujeres atendidas de hasta el 30% respecto al mismo periodo del año anterior. Es el caso de Catalunya y Canarias. En Galicia, el repunte asciende al 85%. Sin embargo, en otras comunidades, como Andalucía o Castilla y León, el número de mujeres atendidas por estos recursos se mantiene o incluso baja durante el periodo de alarma.

Al menos tres comunidades registran aumentos significativos en el número de mujeres que han tenido que ser acogidas por los servicios de urgencia y las casas de acogida. En Catalunya, tras constatar menos peticiones las dos primeras semanas de estado de alarma, la red de violencia machista de la Generalitat ha aumentado la acogida hasta la primera semana de mayo: en total, 139 mujeres y 169 niños, un 30% más que el año pasado. Además, los servicios de atención de urgencia, en su mayoría en manos de los ayuntamientos, también han registrado un aumento de la demanda del 40%. El desborde de los pisos de urgencia municipales ha hecho que tres mujeres estén alojadas en albergues de la Generalitat durante el estado de alarma mientras la administración encuentra un piso para ellas.

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Fernando Simón y la nueva masculinidad

Fernando Simón se ha convertido en el tipo amable que se cuela en casa cada día para hablarnos de la pandemia. El experto es un fenómeno fan pandémico del que se hacen memes, chistes y canciones. Claridad, calidez, cercanía, calma, mesura. Puede que Fernando Simón se esté convirtiendo en un icono de la nueva masculinidad o, más bien, en la prueba de que la masculinidad puede expresarse de otra manera.

Hay un factor que ha ayudado a que las cualidades de Simón sorprendan y agraden aún más: su contraposición a las figuras de autoridad que durante las primeras semanas participaban en las ruedas de prensa diarias. Los responsables de la Policía Nacional, la Guardia Civil y las Fuerzas Armadas comparecían cada día al lado del experto y performaban el ejemplo más clásico de masculinidad y autoridad. Caras de una seriedad casi impostada, enfadada a veces, tonos engolados, dureza en las frases y en la expresión no verbal.

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Esto no es conciliar o por qué el mundo sigue adelante sin que nadie piense en cómo vamos a cuidar y trabajar

Para empezar, un apunte: escribo este artículo metida en una casita fabricada con mantas y cojines en el salón y debe ser la vez número 355 que escucho hoy 'mamá, mira'. Probablemente en las últimas semanas la vida de la mayoría de madres y padres haya girado entre la ternura y desesperación, el cariño y el cansancio. Pero el trasfondo es mucho más que un cúmulo de emociones y experiencias individuales: la actividad económica se reactiva, mucha gente vuelve a sus empleos, otros siguen teletrabajando, y todos seguimos cuidando sin que nadie sepa cómo vamos a hacer para mantener vida productiva y cuidados si no es a costa de agrandar aún más la brecha social y de género.

La última preocupación: la ministra de Educación, Isabel Celaá, dio a entender esta semana que ni siquiera en septiembre los colegios abrirán con normalidad. "Es impresionante que se esté planteando un escenario de muy larga duración y no se problematice el tema de la conciliación, que se dé por hecho que las familias lo van a resolver y punto", resume la politóloga especialista en estado de bienestar Marga León.

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Trabajadoras del hogar internas que pierden a la vez trabajo y alojamiento: "No sé a dónde voy a ir ni qué haré en mayo"

El termómetro empezó a superar los 37 grados diez días antes. María Elba le ponía paños fríos sobre la frente para controlar la fiebre, le prepara el kiwi con manzanita rallada como a ella le gustaba, seguía todas las indicaciones de su médico de cabecera y cantaba para animarla durante los días en los que “la viejita” había enfermado. Hasta el pasado 31 de marzo, esta mujer de origen salvadoreño cuidaba de Rosa, la señora de 91 años para la que trabajaba como interna, “como si fuera su hija”. Ese día, el verdadero hijo de la anciana le comunicó que debía marcharse. Tres días después, la señora falleció.

Cuando la despidieron, no tenía un lugar al que acudir. “El jefe, su hijo, me dijo que no podía seguir pagándome. Él tenía un bar que ha tenido que cerrar por el coronavirus”, explica María Elba en un hostal de emergencia de Cruz Roja en Madrid. “Le dije que no me podía ir de la casa por el COVID. Le pedí que me dejase quedarme aunque no cobrase, pero quería alquilar la habitación. Me contestó: ‘Si no te vas, llamo a la Policía”

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Celulitis en confinamiento

No salir afuera da más tiempo para mirar adentro. Pero el adentro, para las mujeres, tiene un muro, una capa intermedia que está siempre presente: nuestros cuerpos. Sí, todo el mundo tiene un cuerpo, pero para nosotras el cuerpo es el lugar incómodo en el que libramos algunas de las batallas más despiadadas de la vida. Trascender esa guerra para mirar más adentro, para disfrutarnos o simplemente para convivir con nosotras sin el juicio constante de la estética y la quimera de la perfección es casi una proeza. Y llega la pandemia y a la lista de aislamiento, incertidumbre, miedo y ruleta de emociones se suman nuestros cuerpos en guerra.

Confinadas en casa, comida constante a mano, ansiedad disparada -o tristeza o preocupaciones o estrés o ambivalencia, cada cual tiene lo suyo-, sin poder pisar apenas la calle, con el movimiento limitado entre paredes, nuestras cabezas dan vueltas y nuestros cuerpos hacen lo que pueden. Podríamos vivir con cierta naturalidad que las galletas de chocolate se terminen más rápido de lo normal (aunque, ¿qué es normal ahora?), que los pantalones no cierren, que nuestra piel eche de menos un poco de sol y aire fresco, que la carne cuelgue de los brazos o de la tripa, que los hoyuelos del culo se hayan hecho un poco más grandes o que el estrés te haya hecho perder talla ahí donde no querías.

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