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Ana Requena Aguilar

Periodista. Trabajé en el diario Público desde 2008 hasta su cierre en papel. Antes, en Tiempo, Europa Press, UN-Instraw o AmecoPress, entre otros. He escrito crónicas y reportajes desde Bangladesh, Siria, Gaza o México. Formo parte de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género y escribí una tesina sobre periodismo con perspectiva de género. Desde hace dos años, enfrascada en reformas laborales, consecuencias de la crisis y protestas. Coautora del libro ‘Las voces del 15M.’

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Follar, hablar de follar, y tener un cargo público (si eres una mujer)

El sexo podría ser eso que sucede entre una botella de vino y el desayuno del día siguiente. El sexo podría ser eso que pedimos cuando enviamos un mensaje y decimos "quiero más". Podría ser lo que hacemos deprisa al llegar de una visita a alguna parte o lo que hacemos despacio durante horas una noche. Poner en práctica lo que imaginamos, dejarnos llevar o todo lo contrario. Pero para una mujer, el sexo es mucho más que eso. Es, simplificando mucho y eligiendo uno solo de los posibles significados, una de las armas con las que el patriarcado ha tratado siempre de disciplinarnos.

Lo sabemos desde muy temprano, desde que, por ejemplo, detectamos que nuestra libertad sexual tiene un precio y unas consecuencias muy distintas de las que puedan sufrir los hombres. Ese precio y esas consecuencias no solo pesan si mantenemos sexo, también operan simplemente por mostrarnos como seres deseantes, sujetos de placer, mujeres que hablan de sexo. Más aún si lo que hacemos es disputar el relato tradicional y patriarcal sobre el sexo.

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Irene Montero, la activista convertida en política que hizo huelga el 8M y será ministra de Igualdad

Irene Montero, hasta ahora portavoz del grupo parlamentario Unidas Podemos-En Comú Podem- En Marea, será la ministra de Igualdad del Gobierno de coalición. "La lucha es por la vida, y vamos a ganar". Este lema es, según confesaba ella misma en la Asamblea de Vistalegre de 2014, la lección "más importante" que había aprendido en el movimiento de la vivienda, de un compañero dominicano. Y es que Irene Montero (Madrid, 1988), psicóloga de formación, llegó a Podemos en 2014 desde el activismo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en Madrid. Y presentó en aquella asamblea fundacional una resolución, junto con Carlos Huerga y Rafa Mayoral –hoy responsable de Movimientos Sociales de Podemos, y diputado por Madrid– sobre vivienda.

Militante durante unos años de la 'juve', como la llaman los que militaron en la juventud comunista, desde que Irene Montero se convirtió en diputada tras el 20D de 2015 y dejó la jefatura del gabinete de Pablo Iglesias, desempeñó el cargo de portavoz adjunta –y posteriormente portavoz tras el relevo de Íñigo Errejón en 2016–, y se rodeó de mujeres en su equipo de colaboradoras. Ahora algunas de ellas le seguirán en el Ministerio.

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Entonces, ¿el nuevo Gobierno será feminista?

¿Un Gobierno feminista empieza por la forma o por el fondo? El Ejecutivo de Pedro Sánchez jugó a elevar el listón en la forma: el gabinete con más ministras de mundo, por encima de los siempre mentados Suecia o Islandia, consiguió un golpe de efecto cuando aún sabíamos poco del contenido concreto de sus políticas. Esta vez, el comienzo es por el fondo: el acuerdo programático de PSOE y Unidas Podemos incluye un apartado muy explícito con medidas más o menos concretas  -"Políticas feministas"- y otra serie de propuestas que sin estar incluidas en ese epígrafe beben claramente del movimiento feminista.

El documento arriesga en algunos puntos y se mantiene en zona conocida en otros. Es el caso del punto que habla de las empleadas de hogar: la promesa de equiparar sus condiciones al de resto de trabajadores y de ratificar el convenio 189 de la OIT que les daría derecho a paro lleva años sobre la mesa y ha estado incluida en varios programas electorales y hasta de Gobierno. Tampoco es nueva la intención de seguir ampliando y equiparando permisos de paternidad y maternidad; el documento no incluye más plazos ni tiempos que los ya puestos en marcha. En cuanto a violencia machista, el 'solo sí es sí' lleva meses guardado en el cajón y su presencia en el acuerdo no es una sorpresa, tampoco el desarrollo del Pacto de Estado contra la violencia de género.

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Estas son las "políticas feministas" del acuerdo de Gobierno: el derecho al aborto reforzado y más conciliación

El nuevo gobierno de PSOE y Unidas Podemos ha reservado en su programa un apartado para las "políticas feministas", con esa denominación. Explicitan así la intención que los dirigentes de ambos partidos han reiterado en muchas ocasiones: comprometerse con políticas de igualdad. El apartado, el séptimo de los once totales, agrupa varios puntos de consenso entre las formaciones, algunas medidas ya en marcha y otras incluidas en los programas. Además de otros salteados a lo largo del documento, los temas estrella de estas "políticas feministas" están dirigidos a "garantizar la seguridad, independencia y libertad de las mujeres" reforzando la lucha contra la violencia machista; a alcanzar la igualdad retributiva y laboral; a ampliar los permisos de maternidad y paternidad; y a lograr el fin de la trata.

El documento menciona algunas medidas en materia de empleo y cuidados que ya están puestas en marcha, como la ampliación y equiparación de permisos de maternidad y paternidad, o la Ley de Igualdad Retributiva, que el Gobierno de Sánchez comenzó a implantar el pasado marzo pero de la que ahora se anuncian medidas con más profundidad. Una de ellas sería el aumento de las sanciones y la creación de una Oficina Estatal de lucha contra la discriminación, que dependería de la Inspección de Trabajo y que serviría para "supervisar" la igualdad. Actualmente no hay un organismo específico ni especializado que vigile el cumplimiento de los planes de igualdad, por ejemplo, o de los registros salariales que desde marzo las empresas están obligadas a tener para evitar la discriminación de sueldos.

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De las huelgas del 8M a 'El violador eres tú': el feminismo resurge como movimiento de masas

Calles a rebosar, la Cibeles violeta rodeada de una multitud, mujeres tomando los pueblos, oficinas donde solo quedan hombres. Los 8M de 2018 y 2019 son la imagen multitudinaria de algo aún más grande y profundo: un feminismo que ha resurgido, rearmado ideológicamente, y que a lo largo de esta década se ha convertido en un movimiento de masas. Del 'Tren de la Libertad' y la lucha por el aborto al 7N y el #NiUnaMenos de 2015, de la ruptura histórica del silencio y las movilizaciones alrededor del caso de 'la manada' a los cuidados como nuevo eje de lucha para llegar a dos huelgas feministas sin precedentes que han consagrado al feminismo como uno de los sellos de esta época que vivimos.

Era 20 de diciembre de 2013 y el entonces ministro de Justicia del Gobierno conservador de Mariano Rajoy, Alberto Ruiz Gallardón, desgranaba su proyecto para reformar la Ley del Aborto vigente. La norma no solo acababa con la Ley de Plazos aprobada en 2010 sino que implicaba un retroceso de más de 30 años: imponía unas restricciones que superaban con creces las establecidas en la primera norma que tuvo España en 1985. Gallardón lanzó un órdago que perdió –el proyecto nunca vio la luz y él tuvo que dimitir meses después– pero que fue el primer empujón de masas para el feminismo.

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Pequeña guía de resistencia feminista para pasar las Navidades

Las Navidades son ese momento en que se combinan el cava burbujeante y el turrón de chocolate con las preguntas incómodas, los comentarios que detestas, y el machismo camuflado de buenas intenciones. Si no entendías qué era eso de la división sexual del trabajo de la que habla el feminismo, solo tienes que mirar a tu alrededor en la comida de Navidad. Después de estos dos años de explosión feminista tu familia y amigos ya están preparados para pasar al nivel 'pro'. Y si no, da igual, ya es hora de cambiar de pantalla.

Resistencia pacífica ante las copas de vino. Convierte el final de la cena de Nochebuena o de la comida de Navidad en la escena de un western. No es quién dispara primero es quién se levanta primero. Aguanta, aguanta, las cabezas de las gambas no tienen prisa por salir del plato y el final del patriarcado bien merece una sentada pacífica frente a las copas de vino y los hombres de tu familia. No lo hagas sola, busca aliadas para la acción conjunta. Quizá tengas que agitar un poco: susurra al oído de tu abuela que nunca tendrá pensión propia o recuerda a tus tías todas las veces que tuvieron que hacerle la cama a sus hermanos.

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Violación no es (solo) lo que pensabas

El caso de la agresión sexual de tres hombres, exjugadores de fútbol de la Arandina, a una menor y de la reacción social tras su condena a 38 años por violación puede llevarnos a muchas reflexiones. Por ejemplo, que para una parte de la sociedad violación es solo la agresión que comete un desconocido en un callejón oscuro. Lo que esa parte de la sociedad no alcanza a ver o no quiere comprender es lo que muchas mujeres llevan años tratando de contar, que muchas violaciones son cometidas por hombres conocidos y en escenarios donde quizá parte de la interacción fue consensuada.

Mantener esa imagen estereotipada de las violaciones es más inofensivo para el sistema. Por un lado, porque las agresiones o abusos se presentan así como algo sorpresivo y ocasional, la mala suerte que les toca a algunas. Por otro lado, porque ayuda a mantener oculta toda una bolsa de violencia sexual que está muy presente en la vida de las mujeres y que no casa con el estereotipo. Si lo que te ha pasado no coincide con esa imagen, entonces no es una violación, no eres una víctima, no le damos importancia, no hay nada que debamos hacer.

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70 kilómetros de contracciones

En Verín, Ourense, ya no tienen paritorio. Ni en Verín ni en toda su área de influencia. El Gobierno de Alberto Núñez Feijoo lo ha cerrado. Criterios técnicos, explican. Los profesionales pierden pericia, aseguran. No hay partos suficientes, esgrimen. Vecinas y profesionales sanitarios no se resignan y llevan días sosteniendo unas movilizaciones que buscan que su gobierno dé marcha atrás. De momento, las mujeres que den a luz tendrán un trayecto de, como mínimo, 70 kilómetros en coche hasta un hospital con paritorio.

Que la expresión 'criterios técnicos' es escurridiza ya lo sabemos. Coges unos datos de aquí y no de allá, obvias un par de cuestiones y ya lo tienes. La mezcla, además, de cifras y hechos con los que la Xunta ha querido justificar la decisión dejan entrever que las razones son menos técnicas y más de otra índole, o que quizás los datos se buscaron para refrendar los hechos -la decisión- y no para dilucidar cuál era la mejor opción.

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Y la culpa no era suya ni de que usara una aplicación para ligar

"El patriarcado es un juez/ que nos juzga por nacer/ Y nuestro castigo/ es la violencia que ya ves/ es femicidio/ impunidad para mi asesino/ es desaparición/ es la violación". El cántico del grupo chileno Lastesis que han replicado miles de mujeres en ciudades de todo el mundo alivia y señala. Nos alivia la carga, la culpa con la que siempre nos apuntan a las mujeres -"Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía"- y señala a los verdaderos culpables, que siempre están fuera de una -"El violador eres tú/ Son los 'pacos'/ son los jueces/ el Estado/ el presidente/ El Estado opresor es un macho violador-".

Dice la investigadora Nerea Barjola que el crimen de Alcásser sirvió como mensaje aleccionador a las mujeres jóvenes: en 'Microfísica sexista del Poder' Barjola analizó el caso y lo reinterpretó en clave feminista. " Alcàsser no se contó. Se hizo reproduciendo todo el rato significados profundamente sexistas, responsabilizándolas a ellas y, por ende, al resto de mujeres jóvenes", dice. Tres chicas jóvenes adentrándose en la noche, cruzando el espacio público nada menos que para divertirse en una discoteca, haciendo autoestop. Una generación de mujeres creció con Alcàsser como advertencia: ten cuidado, si después te pasa algo no dirás que no te lo avisamos, mira qué cosas tan horribles pueden pasarte si caminas de noche con amigas.

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¿Y si todas fuéramos víctimas de la violencia machista?

¿Qué te viene a la cabeza cuando piensas en violencia de género, en violencia machista? Quizá la última mujer asesinada por su expareja o algún crimen que te estremeciera especialmente. Puede que también te aparezcan los nombres de Diana Quer o de Laura Luelmo, puede que incluso te venga a la mente la víctima de 'la manada'. ¿Y tu vida? El hombre que te asaltó para mostrarte cómo se masturbaba, el que se frotó contra ti en un autobús, el que te siguió por la calle, el jefe baboso, el compañero que toca donde no debería, pero es una broma, el grupo que te acosó en esa calle, el chico con el que quedaste para tener sexo y acabó forzándote a algo que tú no querías, el amigo que una noche borracho decide que puede tocarte una teta o incomodarte hasta que consigues deshacerte de él, el novio que te hizo sentir una mierda pero no llegó a levantarte la mano.

Aunque todas las mujeres sufrimos alguna o todas estas violencias en alguno o muchos momentos de nuestra vida, nos cuesta identificarnos como víctimas. Nuestro día a día está salpicado de violencias y discriminaciones, pero las víctimas son las otras. El 25N es el Día Internacional Para la Eliminación de las Violencias Machistas, en plural, pero en el imaginario aún se impone con fuerza un solo tipo de violencia –la que se da en la pareja o la expareja, con fuerte carga física– y un tipo de víctima –una mujer sumisa que nunca se parece a nosotras–.

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