Del Albaicín al Carmen de los Mártires: un paseo por las localizaciones de 'La bola negra' en Granada

La Alhambra.

Sofía Toraya

0

Granada es un lugar estrechamente vinculado al arte y un refugio creativo que ha servido de inspiración para distintas disciplinas y generaciones. Por sus calles han dejado su huella grandes maestros de la literatura como Washington Irving —quien inmortalizó sus mitos en 'Cuentos de la Alhambra'—, Antonio Machado y, cómo no, Federico García Lorca con su 'Romancero gitano' o 'La casa de Bernarda Alba'.

Esta fascinación atraviesa épocas y alcanza también a la música actual: desde Lola Índigo, rindiendo tributo a sus raíces en 'El Dragón', hasta el rapero malagueño Delaossa, quien estrenó su tema 'Santo' en plena Plaza de Toros de la ciudad en el año 2022 o dejó en la memoria colectiva su conocido 'El Patio', una canción cuyo eco resuena cada tarde en la voz de jóvenes artistas, en su mayoría granadinos, en el mirador de San Nicolás, con la Alhambra de fondo.

Hoy en día, este mismo escenario también ha adquirido protagonismo en el cine. Ese mismo mapa y su memoria vuelven a encender los focos para acoger la adaptación de 'La bola negra', el proyecto cinematográfico impulsado por Javier Calvo y Javier Ambrossi. Se propone así un recorrido a pie —entre las conocidas paredes pintadas con frases, las flores y el ambiente— que atraviesa toda la zona medieval del Albaicín hasta llegar al carácter romántico del Carmen de los Mártires, descubriendo localizaciones de una historia que conecta el deseo, el silencio y el paisaje granadino, capaz de atraer a numerosos turistas sin necesidad de modificar el entorno original.

Hay ciudades que no solo sirven de decorado, sino que forman parte de las historias que se cuentan de ellas y en ellas. Granada es una de ellas. Esta condición adquiere especial relevancia al recorrer los escenarios donde transcurre 'La bola negra'.

El motivo de que Granada haya sido elegida se encuentra en el origen de la obra, inspirada en un fragmento teatral de Federico García Lorca esbozado en 1936, antes de su muerte —apenas se han encontrado cuatro páginas y no dio tiempo a terminarlo debido a su temprana partida— y enriquecida por la mirada dramática de Alberto Conejero. La narración entrelaza el deseo, la identidad y la represión a lo largo de distintas épocas. Para convertir la intuición lorquiana en materia cinematográfica, las calles de la capital nazarí se convirtieron en un plató vivo donde la historia dialoga directamente con el presente.

El Albaicín: un refugio medieval

El itinerario comienza en la zona alta del Albaicín, el antiguo barrio musulmán que ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Este espacio urbano situado en Granada está caracterizado por sus empinadas calles y sus fachadas de cal blanca, que conservan una atmósfera de hermetismo adecuada para el cine, pero también para recorrerlas, fotografiarlas o simplemente apreciarlas.

Vista del Albaicín de Granada.

En el contexto de la película, el Albaicín representa un espacio que transmite clandestinidad e intimidad. Al caminar por tramos como la Cuesta de la Victoria —entre calles empedradas y casas tradicionales— o los alrededores de Plaza Larga, llama la atención el contraste entre la vida cotidiana y los detalles artísticos de sus muros: grafitis poéticos, versos pintados a mano en las esquinas y los conocidos claveles que asoman por las repisas de las ventanas y los muros de tapial de los cármenes.

El entramado del barrio exige desacelerar el paso. En pasajes tranquilos como la Cuesta de San Gregorio o las inmediaciones del Monasterio de Santa Isabel la Real, los aleros de los tejados casi se tocan en lo alto, creando una penumbra que traslada al pasado y encaja con una película inspirada en una historia de hace casi un siglo.

El descenso por el Paseo de los Tristes y la Carrera del Darro

Al abandonar la zona alta del barrio, el recorrido desemboca en una de las avenidas más fotogénicas y conocidas de la ciudad, un lugar al que cientos de personas acuden para hacerse fotografías: el Paseo del Padre Manjón —conocido popularmente como el Paseo de los Tristes— y la Carrera del Darro —uno de los barrios más antiguos desde el que se puede apreciar una de las vistas más icónicas de la Alhambra.

A un lado, el cauce del río Darro refleja la luz del sol mientras asciende la ladera verde de la Sabika; al otro, una sucesión de palacetes renacentistas, casas de vecinos del siglo XVI y puentes de piedra conecta el barrio con el resto del entorno.

Caminar por este lugar al atardecer permite entender por qué tantos personajes conocidos —poetas, escritores, cantantes o directores— eligen este enclave sin necesidad de grandes modificaciones: la iluminación que se refleja sobre los arcos del Bañuelo o el puente del Cadí ofrece al espectador la posibilidad de trasladarse a otra época. En 'La bola negra', este tramo sirve como frontera visual entre la Granada popular e íntima y la estructura social más rígida de la parte baja.

La Plaza de Santa Ana: la mirada pública y el estigma social

Al final del recorrido fluvial, la Plaza de Santa Ana se despliega dominada por la fachada manierista y la torre mudéjar de su iglesia. Este lugar religioso destaca por su portada plateresca y renacentista, decorada con grutescos, columnas corintias y un grupo escultórico de la Virgen con el Niño y Santa Ana. Este enclave, junto a la Plaza Nueva, constituye el corazón institucional y social de la recreación histórica.

La Plaza de Santa Ana.

Es precisamente en plazas como esta donde cobra sentido el título de la película. La expresión 'La bola negra' remite a un sistema tradicional de votación secreta. En los antiguos clubes de caballeros, ateneos y casinos burgueses de los siglos XIX y XX, si alguno de sus miembros otorgaba un voto negro significaba la denegación de entrada y la condena al ostracismo social. Las terrazas que rodean la zona representan ese juicio público y moral frente al que luchaban los protagonistas de aquella época y que en la película aparece claramente reflejado.

La Cuesta de Gomérez

Dejando atrás la plaza, la ruta se adentra en otro punto del recorrido, la Cuesta de Gomérez, para subir hacia la colina de la Sabika —un lugar lleno de leyendas—. Al cruzar la Puerta de las Granadas, el bullicio de la ciudad andaluza va desapareciendo progresivamente para dar paso al lugar más representativo de Granada: la Alhambra.

Patio de la Acequia del Generalife.

A ambos lados del camino, el ruido mencionado anteriormente se sustituye por el rumor constante del agua en las acequias. Se trata de un tramo de transición tanto en la caminata como en la película: un refugio en el que los personajes se alejan del juicio social.

Cúspide del recorrido y refugio romántico

En la cima de la colina, junto al Generalife, se encuentra el Carmen de los Mártires. Con más de siete hectáreas, representa la máxima expresión del carmen granadino: una propiedad rodeada de muros que combina una vivienda palaciega con jardines en su interior.

Levantado sobre el solar de antiguas mazmorras medievales, el recinto ofrece rincones como su estanque central —cuya isla y torre neogótica proporcionan uno de sus encuadres más característicos y son fotografiados a diario por turistas procedentes de diferentes lugares del mundo—, la simetría de su jardín francés, el bosque británico y un mirador con vistas hacia la Vega de Granada y Sierra Nevada.

Etiquetas
stats