Una psicóloga, sobre el duelo por romper con un amigo: “No todas las amistades tienen que durar toda la vida para ser importantes”
Las relaciones sentimentales están en constante mutación, las parejas se enfrentan a crisis, se divorcian, se desenamoran o vuelven a enamorarse y existe cierto consenso social en que así debe ser. Sin embargo, cuando se habla de amistad una ruptura puede parecer inconcebible, a pesar de que con el tiempo las personas cambian, sus prioridades también lo hacen y es posible pasar de ser el refugio de alguien a una de sus fuentes de malestar. ¿Cómo identificar y lidiar con una situación de este tipo?
“Es muy importante tener en cuenta que no todas las amistades tienen que durar toda la vida para ser amistades importantes. Parece que le damos más valor a aquellas amistades que nos acompañan desde hace mucho tiempo, desde el colegio, la universidad o hace 20 años, al recorrido longitudinal de una amistad, pero no solo las amistades de larga evolución son amistades importantes”, destaca Cristina Polo Sevilla, psicóloga de la plataforma de salud mental yees!.
“Esto implica que todas las relaciones, ya sean más largas o más cortitas, pasan por etapas diferentes porque es posible que determinados sucesos que hayamos vivido hagan que hayamos cambiado y que esto afecte a la relación”, añade la especialista.
Para identificar si una amistad está pasando por un periodo difícil o directamente ha llegado a su fin, la psicóloga recomienda dedicar un momento a pensar cómo nos sentimos con ese vínculo e indica como una señal de alerta si lo que solía ser un espacio de confianza y disfrute sin juicios se transforma en malestar, desequilibrio o cansancio por ser siempre quien sostiene el contacto. “Tendríamos que ver si realmente es una dificultad que podemos arreglar o si es algo sostenido que ya nos está empezando a hacer daño”, apunta Polo, que aconseja analizar si se trata de algo puntual que puede cambiar o si es un cambio sostenido en el tiempo.
Cómo cerrar una etapa
Excepto en dinámicas en las que existan patrones de manipulación o utilización de una persona, en las que poner distancia de forma inmediata es lo más recomendable, la especialista defiende priorizar la conversación honesta y respetuosa frente al ghosting o contacto cero sin explicaciones, a la hora de tomar la decisión de romper o alejarse de un amigo.
“Depende mucho de la historia de amistad, del vínculo que exista, pero mi recomendación siempre es hablar las cosas en lugar de simplemente desaparecer sin más, porque puede ser que esta desaparición sea entendida, o incluso esperada por la otra persona, pero puede ser que no, por eso creo que ese análisis de lo que está pasando en la relación también tiene que ser compartido con la otra persona”, valora Polo, que aclara que tampoco se trata de presentar una lista de reproches, sino de expresar con claridad qué ha cambiado y evitar conversaciones ambiguas.
El fin de una amistad, aunque no cuente con el reconocimiento social ni cultural de una ruptura amorosa, también desencadena un proceso de duelo, lo que puede implicar los sentimientos propios de este tipo de proceso: “Tristeza, rabia, culpa, cuando vemos que a lo mejor la amistad se ha deteriorado por algo que podamos haber hecho, o incluso dudas sobre si hemos tomado la decisión correcta”, señala la psicóloga. “Echar de menos a una persona después de haber finalizado una amistad no implica que hayamos tomado una mala decisión”, aclara Polo en este punto, ya que es fácil caer en la idealización.
“Es importante no anclarnos en quién es el malo de la película o en quién tiene la culpa, porque eso no nos deja avanzar. A veces, simplemente, deja de haber un encaje”, advierte Polo para atravesar la ruptura con madurez emocional. Además, la especialista aboga por la autoprotección en nuestra exposición a las redes sociales: “Si vemos que nos hace daño lo que publica la otra persona, silenciar o dejar de seguir es una medida para ser protectores con nosotros mismos”.
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