“Necesito paz”: cómo cortar lazos con alguien de tu vida que te hace daño
“Mi paz no es negociable”. Lo dice Sonia, de 34 años, al explicar por qué ha decidido alejarse de su padre. Después de que su madre muriera, estuvo pendiente de él durante años, hasta que comenzó una nueva relación que, según indica, cambió su forma de relacionarse con sus hijos. “Él ha elegido a esa persona antes que a sus hijos”, cuenta. Por eso ha decidido tomar distancia: “Necesito paz”.
Desde testimonios anónimos hasta comunicados públicos y publicaciones editoriales, cada vez tienen más presencia las historias de personas que exponen sus vínculos dañinos y ponen sobre la mesa la posibilidad de alejarse de quienes les hacen sufrir
Hace años que la presentadora y comunicadora Inés Hernand confesó no tener relación con sus padres. En el ámbito internacional, Brooklyn Beckham publicó este mismo año un comunicado en sus redes sociales para hacer público el distanciamiento con sus padres, Victoria y David Beckham. Y, aunque su caso es diferente, la actriz Jennette McCurdy —conocida por interpretar a Sam Puckett en iCarly y Sam & Cat— también ha contado públicamente la relación de control y abuso que mantuvo con su madre, fallecida en 2013. En Me alegro de que mi madre haya muerto (2023, Tendencias), reconstruye con humor negro una relación que marcó su infancia y adolescencia y las consecuencias de enfrentarse a ella después.
La mayor visibilidad que tienen ahora estas historias convive, además, con un lenguaje cada vez más extendido alrededor del autocuidado: “Me estoy priorizando”, “tengo que poner límites”, “mi salud mental está por encima de todo”... Pero ¿cuándo cortar es realmente una forma de cuidarnos y cuándo estamos convirtiendo cualquier conflicto o incomodidad en un motivo para romper?
El tabú de cortar lazos
Una relación, ya sea de pareja, de amistad o familiar, debería aportarnos bienestar y permitirnos sentirnos seguros, respetados y libres de ser nosotros mismos. Así lo explica Joanna Cortés Saura, psicóloga general sanitaria y directora de la Clínica Phoenix, para quien, en términos generales, cualquier vínculo “debería sumar a nuestra vida, no desgastarnos de una manera constante”.
Cuando las relaciones que no cumplen con estos mínimos son las familiares, entran en juego otros factores. A pesar de que en los últimos años las conversaciones sobre cortar relaciones dañinas son más comunes, esto choca con la “tradición” de mantenerlas por compartir sangre. Josselyn Sevilla, psicóloga sanitaria y miembro de Moiras Psicología advierte de cómo en el ámbito familiar, aunque también puede darse en amistad o de pareja, se minimizan e incluso justifican conductas dañinas apelando al tiempo que lleva esa persona en nuestra vida. Es entonces cuando nos encontramos con frases como: “¿Cómo vas a dejar de tener relación con tu madre?” o “¿cómo vas a cortar con esa pareja de tantos años?”.
Cada vez que lo digo me encuentro con una avalancha de personas que me dicen: ‘pero es tu madre’
Esta fue la reacción que Abril Serrat se encontró cuando decidió cortar la relación con su madre: “Cada vez que lo digo me encuentro con una avalancha de personas que me dicen: ‘pero es tu madre’”. Sin embargo, recuerda que detrás de esa decisión hubo mucho dolor. “Cuando alguien llega al punto de cortar la relación por completo con su madre es porque no le queda otra opción, porque vivir y compartir con esa persona no es sano, no es bueno”, explica. Andrea Monace, que también cortó lazos con su madre, recibió el mismo tipo de comentarios cuando hablaba de su decisión: “Es tu madre, tienes que quererla pase lo que pase”. Esto hizo que durante años la justificara y tratara de entenderla; dejó incluso de hablar del dolor y la manipulación que sufría “por tabú”.
El tabú, el estigma o la falta de apoyo social pueden dificultar que las personas corten el trato con quienes tienen más cerca. Sin embargo, las psicólogas advierten de la necesidad de identificar señales que nos permitan reconocer cuándo deberíamos cortar esos vínculos.
Señales que debemos advertir
Antes de saber si debemos cortar ese vínculo, según las psicólogas, no debemos perder de vista que en las relaciones pueden existir desacuerdos, conflictos o incluso decepción; implican aprender a negociar, reparar y asumir responsabilidades. El problema puede llegar cuando esa responsabilidad no sea compartida, o cuando a los conflictos y desacuerdos no los acompañan la comprensión, comunicación, empatía o libertad de ser uno mismo.
Marta Barranco, psicóloga, terapeuta de parejas, sexóloga y creadora de contenido con más de doscientos mil seguidores, no cree que exista una receta o lista de señales que podamos tachar para saber si debemos cortar o no un vínculo. De hecho, apunta que “a veces las relaciones tienen tantos matices que lo ideal sería verlo en un espacio terapéutico”. Aun así, coincide con otras psicólogas en la importancia de prestar atención a lo que sentimos, a nuestro cuerpo y a las sensaciones que nos provoca esa relación a la hora de tomar una decisión así.
Empiezas a sentirte mucho peor desde que estás con esta persona: tu autoestima disminuye, la ansiedad se vuelve diaria, temes los conflictos
Y es que para Barranco, una pista perfecta podría ser un cambio en nosotros mismos. “Empiezas a sentirte mucho peor desde que estás con esta persona: tu autoestima disminuye, la ansiedad se vuelve diaria, temes los conflictos, empiezas a tener miedo de mostrar cómo eres o lo que piensas, empiezas a pensar que no eres valiosa, e incluso tu físico empieza a verse afectado”.
Joanna Cortés Saura identifica nuestro cuerpo como una fuente importante de información: “Cuando estamos con ciertas personas podemos empezar a notar ansiedad, tensión, miedo, tristeza, agotamiento, necesidad de estar continuamente pendientes de lo que decimos o hacemos, o incluso síntomas físicos”. Añade que esto no significa que cualquier emoción desagradable sea una señal de que debamos terminar la relación, pero sí merece la pena escucharla y preguntarnos qué nos está ocurriendo.
Si estamos pensando en desvincularnos, existen tres factores clave a tener en cuenta, según Sevilla: qué tipo de relación mantenemos con esa persona —desde familiares y amistades hasta vínculos más recientes—; qué ha ocurrido y qué gravedad tiene —si se trata de una agresión o una situación de maltrato, no hay lugar para la duda, pero también existen los “famosos grises”, como desplantes, manipulaciones o bromas que hacen daño—; y qué ha ocurrido cuando hemos intentado modificar esa situación —cuánto tiempo lleva produciéndose, si hemos hablado con la otra persona sobre ello y si, después de hacerlo, ha habido algún cambio—.
Cuando estamos con ciertas personas podemos empezar a notar ansiedad, tensión, miedo, tristeza, agotamiento, necesidad de estar continuamente pendientes de lo que decimos o hacemos, o incluso síntomas físicos
Las psicólogas reconocen que no siempre es sencillo identificar estas señales. “Existen muchos grises, las situaciones no son siempre evidentes”, explica Sevilla. Sin embargo, hay veces que incluso otras relaciones nos pueden dar pistas. Es el caso de Miranda y Andy en la primera entrega de El Diablo viste de Prada: “La relación empieza a tener un toque más negativo para Andy cuando se da cuenta de que hay otros vínculos que está perdiendo y que tienen mucho más peso para ella que su conexión con la moda y su jefa”.
En definitiva, una de las claves que comparten estas psicólogas es observar cómo responde la otra persona cuando comunicamos lo que sentimos y necesitamos: si respeta nuestros límites, nos escucha y muestra reciprocidad. Cortés Saura lo resume así: “Cuando una relación se convierte de manera sostenida en una fuente de sufrimiento, inseguridad o pérdida de nosotros mismos, y los intentos de mejorarla no funcionan, plantearse poner fin al vínculo puede ser una decisión saludable”.
“Se nos enseña muy rápido a soltar”
Distanciarnos de una persona que nos ha hecho daño puede ser una forma de autocuidado. Pero no todo conflicto, incomodidad o malestar implica que una relación deba terminar. En ocasiones, el lenguaje de los límites y el autocuidado puede convertirse también en una forma de evitar conversaciones incómodas, tolerar mal la frustración o eludir responsabilidades.
“Se nos enseña muy rápido a soltar cuando la persona no encaja en lo que nosotros queremos”, advierte la psicóloga Marta Barranco, pero no hay que olvidar que en las relaciones también puede haber discusiones, conflictos o decepción. “Estos discursos de 'priorizarse' son útiles para personas que nunca se han elegido”, explica, el problema es cuando “se convierte un 'elegirme' en un ‘como no me das lo que quiero, me voy’. Esto no sería priorizarse o cuidarse, es manipulación”.
No siempre es fácil dejar ir. Incluso después de identificar las señales, valorar la situación, comunicar lo que nos ocurre y decidir terminar la relación, llevar esa decisión a la práctica puede ser lo más difícil. La psicóloga Josselyn Sevilla pone como ejemplo el caso de Carrie y Mr. Big en Sexo en Nueva York: “Es un caso de permanencia en una relación tóxica y de imposibilidad de cortar un vínculo”.
Tomar la decisión es solo el principio
Esta puede ser una decisión complicada aun sabiendo lo dañino de la relación. Además, no siempre se encuentran las palabras o el momento perfecto para llevar a cabo este corte. Porque sí, las psicólogas recomiendan atravesar este proceso siempre acompañadas de la comunicación. Para Barranco, si “no hay una línea roja que haya sido traspasada”, lo idóneo sería tratar de reparar el vínculo. En el otro extremo, recuerda: “Si tu vida o integridad están en peligro, lo urgente es ponerte a salvo, no la explicación”.
Si nos encontramos en una especie de “término medio”, una conversación es la mejor manera de abordar esta situación. De hecho, recuerda que, a través de las palabras, “no hay que cuidar solo en la relación, también en la ruptura”, y añade: “En una ruptura es importante elegir bien las palabras porque hay cosas que pueden quedarse para siempre”.
Para Cortés Saura, una “ruptura saludable implica en la medida en que sea posible y seguro, comunicar nuestra decisión con claridad, evitar culpabilizar innecesariamente, respetar a la otra persona y establecer los límites que necesitemos a partir de ese momento”. Todo ello sin olvidar que “para terminar un vínculo no necesitamos que la otra persona comparta nuestra decisión”.
Cortar una relación o alejarnos de una persona no tiene por qué significar cortar de raíz o hacer contacto cero. Hay distintos tipos de distanciamientos emocionales
Cuando una relación se rompe, no lo hace siempre de una manera inmediata y definitiva desde el primer momento. Sevilla señala la posibilidad de que “cortar una relación o alejarnos de una persona no tiene por qué significar cortar de raíz o hacer contacto cero. Hay distintos tipos de distanciamientos emocionales”. Pone de ejemplo el caso de Lorelai Gilmore —coprotagonista de Las Chicas Gilmore— y sus padres: se produce un alejamiento de la familia y sus dinámicas perjudiciales sin perder el contacto completamente.
Una vez que se produce esta ruptura o alejamiento, las psicólogas advierten de la posibilidad de que nos invada la culpa, el arrepentimiento y las dudas. En este sentido, Cortés Saura recuerda: “Sentir malestar después de tomar una buena decisión no significa necesariamente que la decisión haya sido equivocada”. Puede que se produzca “un choque entre la persona o relación que creíamos tener y la que finalmente hemos experimentado”, lo que nos hace ver que “no solo estemos perdiendo a una persona, sino también las expectativas” de proyectos futuros o de la versión de nosotros mismos que existía dentro de ese vínculo.
Echar de menos, recordar solo lo bueno, cuestionar la decisión y sentir culpa “son cosas que pueden aparecer perfectamente, y que forman parte de lo normal”, resalta Marta Barranco. Y es que “somos seres sociales, y necesitamos una manada para poder sobrevivir. Frente a una ruptura, el cerebro lo percibe como algo peligroso: si estoy sola me muero”. Las rupturas duelen, “el dolor forma parte del duelo”, y pasar por él no indica que hayamos tomado una decisión equivocada.
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