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Una campaña sin dueño

El comisionista Víctor de Aldama y el abogado del PP, Alberto Durán Ruiz de Huidobro, en una imagen de archivo a las puertas de la Audiencia Nacional.
8 de noviembre de 2026 21:36 h

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Es pronto para saber qué impacto puede causar en el electorado el terrible accidente de Urda y su gestión por parte del ejecutivo de Pedro Sánchez. Hay que dejar que el tiempo sedimente la valoración. Resulta claro que ha parado la campaña, pero no está tan cierto como parecía que la haya roto. 

Los populares querían que la campaña girase hasta el 29N sobre las responsabilidades políticas de la tragedia, pero ya no quieren porque la dimisión de Óscar Puente y su ejemplar ejecución les ha dejado buscando la manera de evitar dar más explicaciones de su largo historial de evitación de responsabilidades políticas por tragedias, desde Angrois a la Dana. Reanudar la campaña en Valladolid parecía mejor idea hace unos días que ahora. Adiós al perfil de gestor, de vuelta a las orgías y las saunas, Alberto. 

El triángulo del amor bizarro que parecen formar Koldo, OKDiario y el PP ha venido a ponerles a la defensiva en otro asunto donde llevaban varios cuerpos de ventaja: las llamadas cloacas. Mantuvo el PP varias veces durante la legislatura que había que elegir entre mafia y democracia, pero resulta que la mafia andaba por cerca de su casa y pagada con dinero público. 

La campaña del amor socialista ahora es la campaña del no todos somos iguales. Una cosa es que Puente haya hecho lo que tenía que hacer y otra cosa distinta es que eso sea un mérito que deba ser recompensado. Ya dijo Santo Tomás que la virtud nunca puesta a prueba no es virtud. La necesidad no es lo mismo que la virtud. 

A los socialistas no les interesa una elección donde el dilema sea escoger entre quién dimite y quién no lo hace cuando las cosas salen mal y el dolor nos golpea. A los socialistas únicamente les vale una campaña donde el dilema sea derechos o motosierra. Sin embargo, hay algo que les une a ambos: ninguno de los dos grandes parece especialmente cómodo en el terreno de la discusión sobre la gestión ferroviaria. 

A Vox todo lo da igual porque ellos han venido a jugar y no les afecta lo que pase pues ellos únicamente tienen una modelo de campaña y se resume en la idea fuerza de mandar a alguien a la cárcel. Por eso no pararon ni con los muertos y por eso Santiago Abascal va con escolta de casting a la Revuelta. Porque ellos van a lo que van: a lo suyo; sus votantes solos son un instrumento. 

Era un plan sin fisuras mientras Vox subía flotando en la ola de la marea ultra que venía a comerse el mundo. Cuanto más callados estaban mejor les iba. Pero las olas que vienen a cambiar el mundo ya no son lo que eran. Ahora algo van a tener que hacer por ellos mismos para acreditar sus méritos, tras las victorias de Lula en Brasil y los demócratas en las Midterm con candidatos y candidatas a quienes Donald Trump deportaría sin dudar.

A la izquierda del PSOE la cosa va con calma, seguramente para no romper nada más. A veces parece como si estuvieran convencidos de que disponen de todo el tiempo del mundo para arreglar sus cosas y a sus votantes no les importará seguir esperando otro rato más. Será por tiempo que no tienen.

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