Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
ENTREVISTA

Àlex Masllorens, escritor: “La Iglesia católica ha demonizado las relaciones sexuales hasta un punto que roza lo demencial”

El escritor Àlex Masllorens.

Olga Agüero

0

El nombre de la Virgen María únicamente aparece 18 veces en los textos del Nuevo Testamento y solo cobra revelancia a partir del siglo IV para proyectar la imagen de la mujer ideal. El escritor Àlex Masllorens aborda la conversión mítica de la figura de la madre de Jesús en una semidiosa por el cristianismo y los dispositivos de control social, político y religioso que se establecen sobre la base de las creencias, en el ensayo 'María, la construcción de un mito'. Un libro, publicado por el sello cántabro El Desvelo, que analiza la manipulación interesada de este personaje que ha experimentado una profunda transformación a lo largo de los siglos generando una idolatría al extremo de declararla la única persona en la historia de la Humanidad que no ha sufrido la muerte -dogma de fe sorprendentemente no declarado por la Iglesia hasta el año 1950 por el papa Pío XII- o la única persona capaz de haber dado vida a un ser mitad hombre mitad dios sin haber mantenido relaciones sexuales y conservando una 'virginidad perpetua'. Otra cuestión que la Iglesia católica no declaró oficial hasta 1854.

Masllorens, escritor, periodista y político con estudios de Teología en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona, ha compaginado su trabajo en medios de comunicación con su cargo de diputado del Parlament de Catalunya durante dos legislaturas. Autor de diversos libros de ficción y de ensayo, ahora se atreve con una obra que cuestiona el mito en un contexto “de invasión cultural de las manifestaciones religiosas más conservadoras siempre al servicio de unas determinadas ideas políticas”, explica.

¿Qué vacío biográfico o histórico detectó alrededor de la figura de María de Nazaret que le llevó a escribir ‘María, la construcción de un mito’?

Más que por la existencia de un vacío, me pareció interesante abordar este estudio por el exceso y la hipérbole con que se ha tratado al personaje de María a partir del siglo IV. En el Nuevo Testamento, dos evangelistas le dan una cierta relevancia en el momento de la anunciación y en el nacimiento, pero a partir de ahí tiene una relativa poca presencia. Aparece poco citada y la mayoría de veces es solo como madre. Incluso al pie de la cruz, Jesús le llama 'mujer'. No tiene unos atributos propios. En los dos primeros siglos la devoción hacia ella fue inexistente. Hasta que, en el siglo IV, tal vez por influencia de la devoción que le profesó la mujer del emperador Constantino, María entra ya con todos los honores en el canon de la misa. Creo que la mayoría de nosotros, incluidas personas creyentes y bien catequizadas, no era esa la información que teníamos. 

Separar el dato histórico de la devoción acumulada durante dos milenios es una tarea compleja. ¿Cuáles han sido sus principales fuentes y qué filtros metodológicos ha aplicado para distinguir a la mujer real del personaje teológico?

De la mujer real no hay información. Así como del Jesús histórico la información verdaderamente autentificada es muy limitada, en el caso de María me atrevería a decir que es nula. Obviamente, Jesús tuvo que nacer de una madre, pero la información que existe sobre ella es la que ofrecieron personas que no es seguro que la hubieran conocido. No hay constancia de dónde nació, ni de quiénes eran sus padres, más allá de que en un evangelio apócrifo (o sea, no aceptado como válido por la propia Iglesia) se diga que era hija de Joaquín y Ana. Por eso, a partir de los primeros concilios, se fue construyendo un personaje, en función del interés por dar mayor brillo al nacimiento de Jesús y por ensalzar unos determinados valores que conformasen un determinado ideal femenino. Todo lo que hiciese falta, hasta convertirla en una semidiosa. Por lo que respecta a las fuentes, han sido múltiples y variadas. Desde la propia Biblia, pasando por los evangelios apócrifos, hasta una dilatada lista de autores que han revisado y revisitado al personaje de la Virgen desde distintas perspectivas, puntos de vista y creencias.

Si en el Nuevo Testamento las menciones a María son relativamente escasas y austeras, ¿cómo influyeron los evangelios apócrifos y los primeros debates patrísticos en el inicio de la mitificación de su figura?

Fueron determinantes. Los apócrifos, en líneas generales, se entretienen mucho más en describir a María y sus virtudes que los cuatro textos dados por válidos por la Iglesia. Fue en ese 'mercado paralelo' donde fue creciendo la devoción a la Virgen, antes de que lo hiciesen las autoridades eclesiásticas; las cuales, en parte, se dejaron arrastrar por la fuerza del fervor popular. Podemos ver, por ejemplo, como en Éfeso, muy distante de Israel para los parámetros de la época, la adoración a la diosa Artemisa se convirtió, sin solución de continuidad, en adoración a María. En el momento en el que el Imperio estableció el cristianismo como religión del Estado y única verdadera, la pasión con la que se había vivido hasta entonces la veneración a la diosa griega se trasladó hacia la nueva diosa, llegando a reciclarse las imágenes y el templo dedicados a Artemisa, que automáticamente pasaron a pertenecer a la Virgen María.  

¿Cuánto hubo de debate teológico genuino y cuánto de cálculo político eclesiástico en la proclamación de María como madre de Dios en el Concilio de Éfeso?

En mi opinión, las primeras decisiones de la autoridad eclesiástica definitorias de lo que debería ser finalmente el cristianismo respondieron todas a un cálculo sobre cómo afianzar la nueva religión y controlar el mundo. El primer estratega fue San Pablo, consciente de que los apóstoles de Jesús tenían toda la autoridad moral por haber sido elegidos directamente por él, pero eran muy malos estrategas y andaban bastante despistados a la hora de institucionalizar el cristianismo. Pedro y sus compañeros eran unos buenos judíos y, de entrada, tenían poco trato con los gentiles, o sea, con los no judíos. Pablo entendió que había que ser menos quisquilloso a la hora de poner condiciones a los nuevos conversos. Por ejemplo, aceptar a los esclavos, o que no fuese necesario que guardasen las fiestas judías ni que estuvieran circuncidados… Después llegaron los concilios y en ellos, desde el primer momento, convivieron las discusiones estrictamente teológicas para ir aclarando conceptos y las decisiones inspiradas por un cálculo político, relacionado siempre con el poder. La discusión que citas sobre si había que proclamar que María era la madre de Dios, tuvo que ver también con una lucha entre facciones: en cada Concilio, los perdedores eran declarados automáticamente herejes. 

Masllorens en un acto de presentación del ensayo.

Dogmas tardíos como la Inmaculada Concepción o la Asunción, ¿respondieron a necesidades ideológicas o institucionales de la Iglesia? 

Sea como fuere, lo que llama la atención es que dos dogmas de fe supuestamente tan fundamentales en la adoración a la Virgen no fuesen proclamados por la Iglesia hasta 1854 y 1950, respectivamente. En el de la Asunción de María a los cielos, en cuerpo y alma, es curioso también que el Papa del momento, Pio XII, optase por no aclarar a los creyentes si María estaba dormida o despierta en el momento de subir al cielo. Prefirió no entrar en esa cuestión, después de que durante siglos hubiera habido un cierto debate teológico sobre ello. En las pinturas barrocas se había apostado siempre por la 'dormición de María' y así se llamaron algunos cuadros famosos.

A lo largo de la historia, la imagen de María ha servido tanto para legitimar monarquías y cruzadas como para cohesionar identidades nacionales. ¿De qué manera el poder político ha instrumentalizado este mito?

Ha sido muy útil. Don Pelayo partió de Covadonga y fue con la ayuda de la Virgen como pudo vencer a los musulmanes y dar inicio a sus campañas contra la ocupación árabe. También los reyes de Castilla, más tarde, se sirvieron de María y potenciaron la devoción popular a la extremeña Virgen de Guadalupe, la convirtieron en una figura clave de su expansión territorial y la fueron asociando cada vez más con las principales victorias militares. Y también se identificó como Virgen de Guadalupe a la que visitó varias veces, en el año 1531 en México, al aplicado catequista Juan Diego Cuauhtlatoatzin. Esa nueva imagen, con sus característicos rasgos indígenas, vino a ser también una útil herramienta al servicio de la evangelización de los pueblos originarios de América. Y así también en otros lugares, donde cada advocación particular a la madre de Jesús -y hay centenares de nominaciones- representa un motivo de orgullo para los lugareños y ha servido en determinados momentos históricos como nexo de unión, o como incentivo o impulso para actuar o superar alguna dificultad.  

El poder es sobre todo 'testosterónico', una de las vías más habituales de satisfacer el ego masculino

¿Hasta qué punto la construcción del ideal mariano -marcado por la sumisión, el silencio y una pureza desprovista de sexualidad- ha condicionado el rol y la represión histórica de las mujeres en el mundo cristiano? 

La mayoría de santas que ha proclamado la Iglesia son vírgenes o mártires. El ideal femenino construido por las religiones a través de los siglos es una pesada losa cultural e ideológica sobre las mujeres y, en buena parte, también sobre los hombres. En mi opinión, ha hecho mucho daño a la humanidad. Es, como dices, la sumisión, la resignación, la pureza y el ensalzamiento de la virginidad hasta un extremo patológico. Hay además una gran hipocresía, porque la Iglesia necesita que haya nuevos fieles, ha sacralizado el matrimonio y ha animado a los cónyuges a tener hijos, pero al mismo tiempo ha demonizado las relaciones sexuales hasta un punto que roza lo demencial. Fíjate, por ejemplo, que para el redactor de las acotaciones a la famosa Biblia de Nácar-Colunga la hermosa expresión de Lucas de que el Altísimo iba a cubrir a María con su sombra, “sumamente delicada para insinuar la intervención divina, es una frase poética que delicadamente ahorra todo antropomorfismo, que pudiera resultar grosero en el momento de la concepción del Redentor”. O sea, si María hubiese concebido a su hijo del modo como lo han hecho siempre los humanos, hubiera resultado antropomorfismo grosero.

El culto mariano a menudo escapa al control de la jerarquía católica a través de apariciones, romerías y devociones locales. ¿Cómo conviven el dogma oficial y la religiosidad popular en la pervivencia de este mito? 

Yo creo que se complementan bien, porque se retroalimentan. Por eso, en general, la jerarquía no ha visto con malos ojos las expresiones populares de religiosidad, aunque a veces se conviertan en verdaderos espectáculos. En algunas ocasiones, alguien se excede tanto que, entonces hay que deslegitimarle, como a esa visionaria a la que hace un par de años, en Italia, se le aparecía una virgen que lloraba sangre y multiplicaba pizzas y gnocchis. Un prosélito la denunció por estafa, tras haberle entregado 123.000 euros. Eso fue ya un esperpento. 

En una sociedad cada vez más secularizada, ¿sigue teniendo peso la iconografía mariana en nuestra cultura inconsciente o está mutando hacia nuevas formas simbólicas?

Veo que vuelve la iconografía religiosa en general y mariana en particular. Pero en este campo, como en tantos otros, percibo una falta de conocimiento sorprendente. Ahora, por ejemplo, resulta que a muchas chicas jóvenes que se pretenden rebeldes, la iconografía mariana más conservadora les parece un vínculo de pertenencia a una comunidad de contestatarias y modernas. Y, en general, en el mundo estamos viviendo una invasión cultural de las manifestaciones religiosas más conservadoras, siempre al servicio de unas determinadas ideas políticas.

A lo largo de su carrera ha estado profundamente vinculado al ámbito social y al tercer sector: fundaciones, ONG, servicios sociales. ¿De qué manera esa cercanía con las realidades vulnerables condicionó su aproximación a una figura histórica que nació en los márgenes como María de Nazaret?

Mi implicación en el tercer sector respondió, más que nada, a una sensibilidad personal, a la creencia de que la desigualdad es injusta en sí misma y que son necesarios mecanismos que hagan posible la redistribución de la riqueza y nos aproximen todo lo posible a la igualdad de oportunidades. Para mí, los mensajes fundamentales del cristianismo eran la fraternidad universal y el amor al prójimo. Y todos los personajes principales del cristianismo, tal como los había conocido, giraban en torno a esta idea central. También María. 

Como exdiputado socialista en el Parlament de Catalunya, conoce desde dentro las dinámicas del poder, la negociación y la construcción de relatos. ¿Le sirvió esa experiencia política para diseccionar los intereses institucionales y las pugnas de poder que definieron los dogmas de la Iglesia en los concilios históricos?

Siempre me ha interesado diseccionar el poder, en el sentido más amplio y a todos los niveles. Tenemos un concepto de lo que es el poder muy condicionado por la masculinidad. El poder es sobre todo 'testosterónico', una de las vías más habituales de satisfacer el ego masculino. Lo he visto entre algunos jefes en empresas e instituciones y también en la política. El abuso de poder creo que suele estar ligado a algunas incapacidades de la persona en el terreno emocional. Pero, en fin, esto no deja de ser una interpretación freudiana de poca monta. Por lo que respecta al relato, ciertamente siempre ha tenido importancia en la política, pero hemos llegado a extremos grotescos. Hoy parece que cuánto más relato, menos realidad. Y las redes sociales no están ayudando mucho a mejorar la calidad del debate público.

Con una sólida trayectoria como periodista y comunicador, ¿cómo ha afrontado el reto de traducir un debate teológico e histórico denso a un lenguaje riguroso pero accesible para el gran público sin caer en la simplificación?

Todas las veces que he escrito un libro con ánimo de poner algo al alcance del público general, he partido de la base de que el lector debe merecer un gran respeto. Puede tratarse de un público muy variado y hay que explicarle todo como lo haríamos a un amigo: compartiendo cuánto hemos descubierto y aprendido durante el proceso de estudio y de preparación y elaboración de la obra. Sobre todo, como nos recomendaba el admirado Juan de Mairena de Machado, evitar fórmulas como “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”.

Tras haber publicado ficción y narrativa, ¿qué exigencias metodológicas y cambios de registro le ha impuesto escribir una obra de investigación histórica y ensayo?

El ensayo permite pocas digresiones subjetivas. Hay pocos momentos en los que el autor pueda opinar sin respetar los hechos como se le han presentado. Escribir ensayo me retrotrae a los tiempos en los que trabajé como periodista. Hay que documentarse, leer a autores con los que se está más de acuerdo y otros con los que no, tomarse un tiempo de reflexión y finalmente explicar el resultado de todo ese proceso al lector, de la manera más clara e intelectualmente respetuosa posible. Lo mejor de todo ello, es que el autor también tiene ocasión de aprender, cambiar, o al menos matizar, algunos presupuestos y llegar a conclusiones propias. 

Como analista, ¿cree que la sociedad contemporánea y las instituciones públicas son capaces de debatir sobre religión y mitos fundacionales con tranquilidad?

Todos los grupos sociales -patrias y naciones, religiones, clubes de fútbol…- necesitan crear y alimentar sus propios mitos, que los distinguen y, generalmente, los hacen creer mejores que los demás. Hoy, esta característica humana, la vemos en su extremo más exagerado en un Estado que se justifica por el hecho de ser el pueblo elegido por Dios hace 3.000 años y que se siente capaz de amenazar y actuar contra toda persona o grupo en el mundo que se atreva a cuestionar su superioridad. En definitiva, cuanto más radicalizada y polarizada esté una sociedad y cuanto mayor sea su déficit educativo y de conocimientos, más expuesta estará a la incapacidad para dialogar y debatir sin acritud sobre cualquier cuestión; muy especialmente sobre la religión y los mitos fundacionales.

Etiquetas
stats