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Patricia Manrique

Filósofa por vocación y periodista por compromiso con lo común. Me interesan la inteligencia colectiva, la creatividad política, la potencia de la sociedad civil, los feminismos, la comprensión de las migraciones como realidad y no como problema y todo aquello que nos ayude a salir del abismo en que nos colocan las ideologías inhumanas. Creo que en el clima 15M se respiraba mejor.

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El merecido paseo de la gente mayor

La salida a la calle tendrá que ser escalonada, como todo; algunos y algunas, incluso, no querrán salir por miedo; habrá que definir unas franjas horarias o días para que no se crucen con niñas y niños… todo lo que sea necesario, pero sería muy triste no tener en cuenta la necesidad de salir a tomar el aire de nuestros adultos y adultas mayores. Si hay una franja de edad que ha sufrido en sus cuerpos y sus mentes la pandemia ha sido la suya. La de nuestras raíces, la de quienes sembraron todo lo que hoy disfrutamos, incluso lo que empieza a faltarnos, la franja de edad de quienes merecen un especial respeto y agradecimiento de toda la sociedad.

Si bien el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, ya ha señalado que los adultos mayores "tienen que plantearse como posible grupo para poder ejercitarse" y que esta cuestión "es uno de los puntos que el comité científico ha puesto sobre la mesa", es tan admirable la paciencia de nuestros mayores como preocupante el escaso debate público que ha habido por mejorar sus condiciones. No se trata ahora de aplaudirlos, aunque tampoco estaría de más, sino de mostrar una mayor sensibilidad social respecto a la situación de aquellos y aquellas que, amenazados especialmente, han tenido que sufrir ese discurso relativizador del impacto del coronavirus por afectar "sobre todo a mayores y personas con patologías previas", algo que a veces ha sonado como si la vejez fuera equiparable a una enfermedad, cuando en realidad, en muchos sentidos, es la etapa de plenitud de la vida. A veces, incluso, ha dado la sensación de que se hablaba al resto de la población como si ellos y ellas no estuvieran escuchando.

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Tiempos de interrupción

Tal vez haya tenido que llegar el “distanciamiento social” que impone la lucha contra un virus sin vacuna para sentirnos más cerca. Tal vez haya tenido que ser un evento que nos muestra nuestra radical finitud y vulnerabilidad el que nos haga fuertes redescubriendo el placer de apoyar y ser apoyado. Tal vez hayan tenido que llegar tiempos de redoblar las medidas inmunitarias para sentirnos más comunidad. Tal vez haya tenido que llegar este parón para cuestionar el carácter patológico de nuestra prisa.

Ante la situación que se nos presenta hay muchas parejas de opciones, pero nos vamos a tener que aguantar y soportar lo que Silvia Rivera Cusicanqui llama lo ch’ixi: lo contradictorio, lo abigarrado, lo que no es blanco ni negro ni mestizo siquiera, sólo mezclado, formando un gris desigual. Nadie lo va a hacer del todo bien, a nadie con un mínimo de interés podremos acusarlo de todo mal. No hay una teoría de la conspiración que calme nuestra sed de certezas… sin que deje de haber conspiradores que se aprovechen. Es un mal que puede traer bienes… y otros males también. Es una interrupción que invita a pensar… pero también un shock que nos anega y desactiva, que nubla nuestra capacidad de reacción. Malos tiempos para quien quiere tenerlo todo claro, seguro, dominado. Vivir en los tiempos interesantes de los que hablaba la maldición china — “Ojalá te toque vivir tiempos interesantes”— tiene la particularidad de resistirse al cálculo y el control al que estamos tan mal acostumbradas. Hay que cabalgar la incertidumbre y ahora no es un “capricho de posmodernas”.

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Feministas sin fronteras

"Soy criminal. Pero de extrema sofisticación. No tengo sangre en mis manos, eso sería demasiado vulgar. Ningún sistema de justicia del mundo me llevará ante los tribunales. Yo delego mi crimen". Con esta contundencia arranca 'Los blancos, los judíos y nosotros', un controvertido y apasionante texto de Houria Bouteldja, feminista decolonial y portavoz del Partido de los Indígenas de la República francesa, en el que pone de manifiesto el privilegio en que vivimos las mujeres europeas. Ella no esquiva la realidad y se reconoce como culpable de la opresión que, día tras día, sufren millones de seres humanos en el planeta, de los que más o menos la mitad son otras mujeres.

Bouteldja nos hace ver que entre nosotras y nuestro crimen hay distancia geográfica y geopolítica, así como grandes instancias internacionales y nacionales, o "ideas bellas" —derechos humanos, universalismo, libertad, humanismo…— o, incluso, el comercio justo, la ecología, el comercio orgánico... Pero hay mujeres en otras latitudes que sufren opresiones provocadas por nuestra comodidad: mujeres que son asesinadas en las fronteras por nuestras blancas democracias; mujeres defensoras de derechos humanos y de la tierra liquidadas por enfrentarse al expolio de las empresas europeas; mujeres que son consideradas eternas empleadas del hogar pese a su formación diversa por nuestra tibia xenofobia; mujeres que trabajan por un sueldo mísero cuidando a nuestros niños y ancianos; mujeres infantilizadas o victimizadas por sus credos o costumbres foráneos y por la prepotencia feminista europea con ínfulas universalistas.

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Imprescindible territorio doméstico

Nuestra civilización occidental se edifica, desde prácticamente sus comienzos, sobre una clamorosa minorización: la del ámbito doméstico y los trabajos reproductivos. Desde la Grecia Antigua, se ha trabajado para que el ámbito doméstico, en el que se cubren las cuestiones más básicas y esenciales de la vida, desde la alimentación y el descanso a las relaciones más íntimas y cotidianas, ese sin el cual sería imposible la supervivencia, se halle por debajo, en cuanto a importancia y valor social, de los trabajos realizados en el espacio público. En una operación genuinamente patriarcal, el ámbito doméstico ha sido excluido sistemáticamente de la reflexión y acción política. La Modernidad y la liberal separación entre lo público y lo privado apuntalaron esta jerarquía.

Esto explica que el trabajo reproductivo, el trabajo doméstico, se realice aún de modo gratuito y en condiciones de semiesclavitud por mujeres: las labores que realizan, sin remunerar, las mujeres en el hogar supondrían el 41% del PIB en España si se pagaran, según el informe 'Voces contra la precaridad: mujeres y pobreza laboral' de Intermon Oxfam. Y también explica que, cuando es externalizado, el trabajo doméstico se desempeñe en condiciones vergonzantes.

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El alma de los brutos

Que estemos trabajando para acabar con nuestro machismo, nuestro racismo o nuestro clasismo no es producto de la evolución natural sino del esfuerzo sostenido en el tiempo por parte de generaciones y generaciones que han contado con su panda de locas inicial, una postrera masa crítica creciente y, finalmente, un estallido colectivo —en feminismo estamos presenciando el último relevante— que apuntala los cambios y dificulta la marcha atrás. En lo que se refiere a ecología, podemos decir que apenas estamos en el momento 'panda de locas', si no fuera porque la juventud movilizada por la emergencia climática ha roto el cerco y potencia el crecimiento de la masa crítica… Sin embargo, aún es precaria y, sobre todo, muy parcial, nuestra capacidad de darnos cuenta de nuestra actitud "ecocida" cotidiana y sus profundísimas raíces.

Se denomina "ecocidio" a la destrucción de territorios y especies, premeditada y masiva, por medios humanos u otros. La expansión constante del ser humano sobre la naturaleza, además de la destrucción del ecosistema origina la destrucción de la cadena alimenticia animal, desequilibrando las especies, inclusive la humana. Este tipo de crimen estuvo a punto de ser incluido como quinto Crimen Contra la Paz dentro del Estatuto de Roma, y fue examinado por la ONU durante décadas, pero excluido finalmente en 1996.

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Hacia un nuevo sentido común

Hace unos días se abrió para su consulta pública un interesante proyecto que pretende mostrar un nutrido manojo de iniciativas cooperativas llevadas a cabo por personas anónimas que se han liado la manta a la cabeza para vivir una vida mejor, esto es, con valores alternativos a la ley de la selva neoliberal. Se trata de la “Constelación de los Comunes”, proyecto dirigido por la profesora de Estudios Culturales en el Carleton College (Minnesota, EE.UU.), Palmar Álvarez-Blanco, vallisoletana de origen, cuyo objetivo es mapear y poner a disposición de quien lo desee, de ahí su carácter bilingüe, la trayectoria de estos casi 50 proyectos cooperativos de diferentes ámbitos del Estado español. Desde Cantabria, han participado Sosterra, Las Gildas, Pasaje SeguroLa LibreLa Vorágine.

La web nace con la ilusión de seguir creciendo para mostrar la inmensa riqueza que esconde el universo de las iniciativas cooperativas, esa galaxia del bien común —de la que la constelación es solo una pequeña muestra— en la que se integran trabajos y proyectos de todo tipo que nada tienen que ver con la competición neoliberal, pero permiten a sus integrantes no solo desempeñar las tareas que se proponen —desde editar libros a construir un edificio de viviendas en cesión de uso— sino hacerlo en el mejor de los ambientes.

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La energía de la felicidad

El pasado fin de semana tuve el placer de participar en la primera Jornada estatal sobre cooperativismo energético en Torrelavega. El placer de conocer a gente diversa que no solo está preocupada por el medio ambiente sino que se ha puesto manos a la obra y ha creado una cooperativa energética para obtener, comercializar y/o distribuir energía de un modo descentralizado y democrático, colectivo y sostenible —y sin trampas en tus facturas—. Unirse a este proyecto es fácil y permite, por fin, dejar de pagar a los caraduras de Iberdrola, Endesa, Eon, Gasnatural Fenosa o EDP-HC… esto es, a las cinco empresas que conforman el oligopolio que sangra a las familias españolas.

Organizada por Solabria, la cooperativa de energía verde de la que debiéramos hacernos socias todas las cántabras que creemos en una gestión democrática y sostenible de la energía, a ella acudieron representantes de varios puntos del país de la Unión Renovables, unión de cooperativas de personas consumidoras y usuarias de energías renovables que agrupa a 19 cooperativas de ámbito municipal y autonómico y que se dedican a comercializar electricidad a más de 93.000 personas socias, a quienes forman e informan sobre cómo efectuar ajustes de factura para ahorrar y sobre los entresijos del funcionamiento del sector eléctrico.

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La vida en el centro

Por suerte para todos y todas, se está oyendo en estos días de campaña, sobre todo de boca de varias mujeres candidatas, una afortunada expresión de lo que debería ser la política, la economía y la cultura: «poner la vida en el centro». Se trata de un eslogan que expresa algo que debería ser obvio, pero que resulta que en este mundo loco y desnortado ni mucho menos lo es.

La mayoría de las opciones políticas que se presentan a estos comicios son opciones neoliberales, desde el socioliberalismo del PSOE al neoliberalismo a secas del PP, Ciudadanos, e incluso del partido fascista cuyo nombre prefiero ni pronunciar. El neoliberalismo es la ideología que antepone el beneficio empresarial a todo, incluida la propia vida, que se jacta de emplear un estilo de inteligencia calculadora e instrumental —anteponer la vida al beneficio es tachado de «buenismo»— y que parece estar dispuesta a despojarnos a las más de todo medio de subsistencia, con tal de aquilatar un sistema injusto en el que los ricos son cada vez más y más ricos y los pobres más pobres. Lo ha vuelto a poner de manifiesto un informe, en esta ocasión de Credit Suisse, que señala que el número de multimillonarios en España se ha quintuplicado desde 2010, rozando el millón, algo que debe leerse en paralelo a un incremento, desde la crisis de 2008, hasta los 12,2 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social en España, según la Red Europea de Lucha contra la pobreza.

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Programa 6: 'Voces del Vecindario - Radio Migrante' | Familiares de desaparecidos en el tránsito a Estados Unidos ofrecen su testimonio

Arranca la segunda temporada del podcast 'Voces del Vecindario - Radio Migrante' de eldiario.es Cantabria. El programa, conducido por Patricia Manrique en colaboración con Pasaje Seguro, incluye testimonios de la Caravana Migrante de madres de desaparecidos en el tránsito a Estados Unidos.

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No hay democracia sin desobediencia

Pareciera que periodistas, tertulianos y políticos españoles desconocen, por regla general, qué significa y qué implica el término desobediencia civil. Debido a la respuesta ciudadana a la sentencia del 1-O —entre otros motivos—, en la última semana hemos visto cómo se contraponía constantemente esta legítima práctica ciudadana con los disturbios, como si ambos fueran incompatibles, algo que implica obviar el papel de los desórdenes en la historia de los derechos conquistados. Además, se ha achacado violencia exclusivamente a acciones de la población civil, nunca a una policía que, una vez más, ha mostrado una falta de control que pone los pelos de punta.

Juan Carlos Velasco, filósofo e investigador del CSIC, explica en un esclarecedor artículo que la desobediencia civil es "una quiebra consciente de la legalidad vigente con la finalidad de suplantar la norma transgredida por otra postulada como más acorde con los intereses generales". El filósofo insiste en que "no cabe minusvalorar dicha manifestación política sin al mismo tiempo poner en cuestión los fundamentos participativos de la democracia representativa". Una democracia sana ha de contar con expresiones de desobediencia civil y estas podrán ser caóticas e, incluso, violentas, y desde luego interrumpirán el estado normal de cosas. La definición se ajusta a lo que se ha vivido en Catalunya esta semana, igual que a otras movilizaciones sociales en curso como la revuelta hongkonesa, las acciones de Extinction Rebellion por el clima o la reciente lucha indígena ecuatoriana.

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