eldiario.es

9

Síguenos:

Boletines

Boletines

Patricia Manrique

Filósofa por vocación y periodista por compromiso con lo común. Me interesan la inteligencia colectiva, la creatividad política, la potencia de la sociedad civil, los feminismos, la comprensión de las migraciones como realidad y no como problema y todo aquello que nos ayude a salir del abismo en que nos colocan las ideologías inhumanas. Creo que en el clima 15M se respiraba mejor.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 5

Economías de la violencia

Al principio de todo está la relación entre diferentes, la diferencia. Por eso una cierta violencia es inevitable. Porque convivir entre distintos nos provoca, casi siempre, una “acción y efecto de violentar o violentarse” y nos fuerza, en diferentes medidas, a actuar “contra el natural modo de proceder”. La diferencia nos hace sentirnos, en mayor o menor medida, violentos, lo cual no significa, ni mucho menos, que hayamos de ser agresivos.

¿Se pude eliminar la violencia? Tal vez sólo en una especie de Arcadia de la homogeneidad —distopía totalitaria, en la práctica— donde no existe la disonancia y no hay rozamiento. No creo que podamos vivir en la no-violencia absoluta más que al precio de erradicar la diferencia, y ni siquiera. Porque siempre surgirán divergencias que generen incomodidad, que nos saquen, en buen parte por fortuna, de nuestro “natural modo de proceder”. Por ello, parece más apropiado reconocer que la violencia, estando al principio, a la base, de la mano de la diferencia, no se puede anular y que, a lo sumo, podemos hacer economías de la violencia que eviten violencias mayores.

Seguir leyendo »

Programa 1: 'Voces del Vecindario - Radio Migrante'

Primer programa del podcast 'Voces del Vecindario - Radio Migrante', producido por eldiario.es Cantabria en colaboración con Pasaje Seguro Cantabria. Este espacio está conducido por la periodista, filósofa y activista Patricia Manrique y pretende ser una expresión radiofónica de la realidad abierta y plural de la Cantabria del siglo XXI.

Seguir leyendo »

De aquellos barros, este fango

Esos señores y señoras en blanco y negro que están copando nuestra energía últimamente no han llegado solos. Y, como no se puede cambiar su discurso ni negar su existencia, sólo cabe cambiar el tablero para que retornen a la caverna de la que nunca debieron salir. Para empezar, no haciéndoles propaganda que viralice sus ideas. Hablemos de posibles respuestas y de la coyuntura que los hace posibles, no de ellos.

Llegaron, por ejemplo, de la mano de una política reducida a votación en el circo de los peores. Del sarao en que habitan quienes consideran que lo común es su nicho de mercado. De quienes han degradado lo político hasta el punto de que la gente de bien no quiera participar. De los que se afilian en la tierna juventud para tener que trabajar poco. De quienes medran a fuerza de hacer la pelota, de calentar el sillón. De quienes viven de pagas eternamente. De quienes dan espectáculos lamentables de luchas de poder. De quienes consideran la mentira un arte. De quienes han hecho de la corrupción un estilo de vida. De quienes no respetan al electorado, no se esfuerzan, no escuchan. Esta gente, que se encuentra en diversos espacios del espectro ideológico, trajeron a esa otra, la descaradamente fascista.

Seguir leyendo »

Se buscan buenas personas

Parece sencillo, pero no lo es. No es fácil ser buena persona. Tampoco es algo demasiado valorado y ni tan siquiera contamos con criterios para establecer en qué consiste. O se considera algo inherente a los pobres de espíritu, por creer que no son capaces de maldad —craso error—, o se duda de que puedan serlo aquellos que son más capaces, acostumbrados como estamos al lado oscuro de la rentabilidad. Y necesitamos poder reconocer y nombrar a las personas que obran de tal modo —no santos ni santas— y distinguirlas de otras que, en diferentes grados, no lo hacen.

Por eso, a menudo le doy vueltas a la idea loca de lograr un criterio práctico para discernir las buenas personas, las buenas acciones. Y no será porque no lo intuya. Aunque sea realmente complejo hallarlo sin caer en las trampas del moralismo y el simplismo, encuentro que quizá el bien se pueda encontrar vinculado a la solidaridad practicante, esa valiente y dispuesta a pagar peaje, la que requiere actuar con solidez —de ahí viene "solidaridad"— y honestidad al reconocer a los congéneres, y lo hace con lealtad hacia la llamada del otro, a menudo de su necesidad, de su vulnerabilidad. Y es algo, por cierto, que está más allá de la ideología, la clase, la profesión u otras adscripciones: es un modo de ser sin bando fijo, que se practica a la intemperie, en lo simplemente humano.

Seguir leyendo »

Derecho a algo más que techo

Hay días funestos en que el único consuelo es llegar a casa. Uno de esos días, por ejemplo, en los que acabas agotada o hastiado de ese trabajo precario que anega tu existencia por una retribución a menudo insuficiente, y que son un poco como el viejo chiste de Woody Allen sobre un restaurante con comida muy mala en el que lo peor es el escaso tamaño de las raciones. O esos otros días, cotidianidad de buena parte de los tres millones largos de paradas que hay en este país, que discurren en un ir y venir de empresas de trabajo temporal a entrevistas en negocios que, sospechas, pronto van a cerrar por la presión de las grandes cadenas que los rodean. Pero, al menos, al final del día, llegas a casa. A casa.

Algo puede amortiguar una primera visita al bar —si hay dinero para ello—, la plaza del barrio, la asociación, la parroquia, la casa del vecino, o la de ese amigo o amiga que te escucha. Pero somos una sociedad en descomposición, asesina de lo común —versión en diferido de la liquidación de lo singular— en la que cada vez hay más gente sola, más sola aun cuando vienen mal dadas: la pobreza te convierte en apestado, en anómico, en culpable de algo-habrá-hecho. Por mucho que los Steven Pinker del mundo se empeñen en mostrar el progreso material de la especie, no pueden obviar un retroceso moral que explica tanto malestar con tan abundantes medios en el mundo desarrollado o depredador, como se prefiera.

Seguir leyendo »

Porque fueron, somos

Es una tarea política imprescindible hacer justicia al trabajo de nuestros mayores en las luchas, con respeto y agradecimiento.

Se nos fue un 8 de noviembre y ya el 9 una multitud abarrotó la parroquia de San Pío X, la iglesia obrera y comprometida con la que se sentía vinculada su familia… Diez días después, un domingo a mediodía, gentes de todos los movimientos sociales, de todas las luchas de ayer y de hoy, en toda su diversidad, llenamos L’Asubiu, un centro social y cultural del que, por supuesto, Paco formaba parte. 91 años de compromiso con lo común reúnen mucho afecto, respeto y agradecimiento.

Seguir leyendo »

Economías del bien común: activar la democracia

Caminamos por tiempos difíciles: cuesta entender cómo es posible, tras el desastre de los años 30 y 40 del siglo XX, que el fascismo vuelva a ocupar un espacio, aunque sea marginal, en el espectro político — e inexplicable que sus actos sean albergados por instituciones públicas como la Universidad de Cantabria—. Son muchos los motivos que explican que partidos abiertamente (neo)fascistas consigan sacar réditos de lo peor de nuestra sociedad, y no hay que dejar de analizarlos, pero ante todo  se impone en buscar soluciones colectivas. Y ante el fascismo, la única respuesta global factible, creo, es una: democracia.

La democracia no es una mera forma electiva —la democracia representativa liberal—, y entenderla así es uno de los motivos que nos ha llevado, sin duda, hasta aquí. Reducir sus potencias a sistema de elección de gobernantes implica perderla. Es más bien una actitud, un espíritu, el fundamento antidogmático que nos vacuna contra el fundamentalismo y el fascismo lo que la convierte no en una figura política concreta, sino en la condición de posibilidad de toda figura política. Sólo aquello que desee acabar con la pluralidad —el fascismo— queda fuera, por lo que las opciones son muchas y la responsabilidad muy grande. Deberíamos, creo, defender la democracia sabiendo que eso no nos liga, ni mucho menos, al frustrante ritual del sufragio.

Seguir leyendo »

Contra el exceso de distopía

¿Qué significa el ambiente apocalíptico que presentan tantas series y películas? ¿Qué nos dice sobre nosotros y nosotras y el momento histórico que vivimos?

Distopías futuristas monocolores que muestran un mal uso de la biotecnología, la energía, la robótica, las redes sociales, la política, se amontonan con otra tantas series y películas sobre poseídos, muertos vivientes, vampiros, renacidos. Vale que a todas nos gustó la crítica social de Black Mirror, y que las emulaciones de 1984 al estilo siglo XXI en las cadenas de series contienen un cuestionamiento más que pertinente a la creciente incivilización, pero ¿de verdad que la imaginación o los presupuestos sólo dan para esto? No sé si es sólo cosa mía, pero siento que las plataformas audiovisuales más extendidas rezuman un apocalipsis asfixiante.

Seguir leyendo »

El Babel existencial y las trincheras ideológicas

Dice Silvia Rivera Cusicanqui que vivimos en un planeta tan diverso que ninguna lengua podría nombrarlo del todo e invita a "reptar" el planeta desde la diversidad abandonando esa penosa concepción bíblica acerca de la Torre de Babel que condena la diversidad lingüística, la diversidad en general. En el mito bíblico, Dios, soberbio como el que más, quiso impedir la edificación de la alta torre, para lo cual hizo que quienes la construían hablasen multitud de lenguas y no pudieran entenderse. En resumen, es la idea, que choca de plano con la realidad, de que hablando diferentes lenguas no podemos comunicarnos, y que, en definitiva, la diversidad es un castigo: monoteísmo y/o dogmatismo del Uno.

La visión monoteísta del mundo, que secularizada, transferida desde el ámbito teológico al terrenal, conlleva la creencia en verdades únicas, se lleva mal con la diversidad. Igual le ocurre al dogmatismo, no en vano son primos hermanos. Y cada vez somos más presas intelectuales de estos afanes doctrinales en casi todos los ámbitos, parece que se extiende el miedo a la diversidad y la obsesión por reducirla, sea o no necesario. Cada vez más súbditos, más o menos voluntarios, del criterio único y la receta fácil, exhibimos en todo tipo de debates un ansia desaforada por encontrar —y predicar— una Verdad única, casi de trinchera, que en buena parte de los casos no explica la realidad, que es tan polimorfa.

Seguir leyendo »

Ocho posibles motivos del populismo xenófobo del PP

Hay que ser un desaprensivo inhumano para tachar despectivamente de "buenismo" el respeto por la búsqueda de una vida digna y hay que ser un ignorante para despreciar la hospitalidad, un imperativo ético que Kant consideraba requisito para la "paz perpetua".

Sin embargo, parece más que claro que el PP ha decidido unirse a las fuerzas de la ultraderecha europea —compitiendo en esto con Ciudadanos— y apostar por la demagogia xenófoba —y aporófoba—: "No es posible que haya papeles para todos, no es posible que España pueda absorber millones de africanos que quieren venir a Europa y tenemos que decirlo, aunque sea políticamente incorrecto", ha sentenciado el populismo de Pablo Casado, a la par que su equipo le alaba el "hablar claro".

Seguir leyendo »