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Patricia Manrique

Filósofa por vocación y periodista por compromiso con lo común. Me interesan la inteligencia colectiva, la creatividad política, la potencia de la sociedad civil, los feminismos, la comprensión de las migraciones como realidad y no como problema y todo aquello que nos ayude a salir del abismo en que nos colocan las ideologías inhumanas. Creo que en el clima 15M se respiraba mejor.

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Hacia un nuevo sentido común

Hace unos días se abrió para su consulta pública un interesante proyecto que pretende mostrar un nutrido manojo de iniciativas cooperativas llevadas a cabo por personas anónimas que se han liado la manta a la cabeza para vivir una vida mejor, esto es, con valores alternativos a la ley de la selva neoliberal. Se trata de la “Constelación de los Comunes”, proyecto dirigido por la profesora de Estudios Culturales en el Carleton College (Minnesota, EE.UU.), Palmar Álvarez-Blanco, vallisoletana de origen, cuyo objetivo es mapear y poner a disposición de quien lo desee, de ahí su carácter bilingüe, la trayectoria de estos casi 50 proyectos cooperativos de diferentes ámbitos del Estado español. Desde Cantabria, han participado Sosterra, Las Gildas, Pasaje SeguroLa LibreLa Vorágine.

La web nace con la ilusión de seguir creciendo para mostrar la inmensa riqueza que esconde el universo de las iniciativas cooperativas, esa galaxia del bien común —de la que la constelación es solo una pequeña muestra— en la que se integran trabajos y proyectos de todo tipo que nada tienen que ver con la competición neoliberal, pero permiten a sus integrantes no solo desempeñar las tareas que se proponen —desde editar libros a construir un edificio de viviendas en cesión de uso— sino hacerlo en el mejor de los ambientes.

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La energía de la felicidad

El pasado fin de semana tuve el placer de participar en la primera Jornada estatal sobre cooperativismo energético en Torrelavega. El placer de conocer a gente diversa que no solo está preocupada por el medio ambiente sino que se ha puesto manos a la obra y ha creado una cooperativa energética para obtener, comercializar y/o distribuir energía de un modo descentralizado y democrático, colectivo y sostenible —y sin trampas en tus facturas—. Unirse a este proyecto es fácil y permite, por fin, dejar de pagar a los caraduras de Iberdrola, Endesa, Eon, Gasnatural Fenosa o EDP-HC… esto es, a las cinco empresas que conforman el oligopolio que sangra a las familias españolas.

Organizada por Solabria, la cooperativa de energía verde de la que debiéramos hacernos socias todas las cántabras que creemos en una gestión democrática y sostenible de la energía, a ella acudieron representantes de varios puntos del país de la Unión Renovables, unión de cooperativas de personas consumidoras y usuarias de energías renovables que agrupa a 19 cooperativas de ámbito municipal y autonómico y que se dedican a comercializar electricidad a más de 93.000 personas socias, a quienes forman e informan sobre cómo efectuar ajustes de factura para ahorrar y sobre los entresijos del funcionamiento del sector eléctrico.

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La vida en el centro

Por suerte para todos y todas, se está oyendo en estos días de campaña, sobre todo de boca de varias mujeres candidatas, una afortunada expresión de lo que debería ser la política, la economía y la cultura: «poner la vida en el centro». Se trata de un eslogan que expresa algo que debería ser obvio, pero que resulta que en este mundo loco y desnortado ni mucho menos lo es.

La mayoría de las opciones políticas que se presentan a estos comicios son opciones neoliberales, desde el socioliberalismo del PSOE al neoliberalismo a secas del PP, Ciudadanos, e incluso del partido fascista cuyo nombre prefiero ni pronunciar. El neoliberalismo es la ideología que antepone el beneficio empresarial a todo, incluida la propia vida, que se jacta de emplear un estilo de inteligencia calculadora e instrumental —anteponer la vida al beneficio es tachado de «buenismo»— y que parece estar dispuesta a despojarnos a las más de todo medio de subsistencia, con tal de aquilatar un sistema injusto en el que los ricos son cada vez más y más ricos y los pobres más pobres. Lo ha vuelto a poner de manifiesto un informe, en esta ocasión de Credit Suisse, que señala que el número de multimillonarios en España se ha quintuplicado desde 2010, rozando el millón, algo que debe leerse en paralelo a un incremento, desde la crisis de 2008, hasta los 12,2 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social en España, según la Red Europea de Lucha contra la pobreza.

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Programa 6: 'Voces del Vecindario - Radio Migrante' | Familiares de desaparecidos en el tránsito a Estados Unidos ofrecen su testimonio

Arranca la segunda temporada del podcast 'Voces del Vecindario - Radio Migrante' de eldiario.es Cantabria. El programa, conducido por Patricia Manrique en colaboración con Pasaje Seguro, incluye testimonios de la Caravana Migrante de madres de desaparecidos en el tránsito a Estados Unidos.

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No hay democracia sin desobediencia

Pareciera que periodistas, tertulianos y políticos españoles desconocen, por regla general, qué significa y qué implica el término desobediencia civil. Debido a la respuesta ciudadana a la sentencia del 1-O —entre otros motivos—, en la última semana hemos visto cómo se contraponía constantemente esta legítima práctica ciudadana con los disturbios, como si ambos fueran incompatibles, algo que implica obviar el papel de los desórdenes en la historia de los derechos conquistados. Además, se ha achacado violencia exclusivamente a acciones de la población civil, nunca a una policía que, una vez más, ha mostrado una falta de control que pone los pelos de punta.

Juan Carlos Velasco, filósofo e investigador del CSIC, explica en un esclarecedor artículo que la desobediencia civil es "una quiebra consciente de la legalidad vigente con la finalidad de suplantar la norma transgredida por otra postulada como más acorde con los intereses generales". El filósofo insiste en que "no cabe minusvalorar dicha manifestación política sin al mismo tiempo poner en cuestión los fundamentos participativos de la democracia representativa". Una democracia sana ha de contar con expresiones de desobediencia civil y estas podrán ser caóticas e, incluso, violentas, y desde luego interrumpirán el estado normal de cosas. La definición se ajusta a lo que se ha vivido en Catalunya esta semana, igual que a otras movilizaciones sociales en curso como la revuelta hongkonesa, las acciones de Extinction Rebellion por el clima o la reciente lucha indígena ecuatoriana.

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Políticas inactivas de empleo

Este mes hemos sabido que Cantabria cuenta ya con 34.111 desempleados, pues "ha liderado" —extraña expresión reiterada en medios, como si se pudiera liderar el fracaso— la subida del paro en septiembre con un 6,7%. Al presidente Revilla los datos le han parecido "lo esperado" al acabar los contratos del turismo en verano "porque no nos engañemos, tenemos una economía muy dependiente de las contrataciones de julio y agosto". Y tan pancho se queda. ¡Ah! También culpa a la incertidumbre internacional y a la carencia de gobierno en el Estado, pero de lo suyo, nada. Estacionalidad como modelo asumido, turistificación de la economía que nos lleva a la pobreza y la precariedad de modo galopante, y todo ello sin visos de solución, ya que es "lo esperado".

Revilla echa balones fuera. Por ejemplo, esas políticas activas de empleo que fueron motivo de no-pacto en julio son competencia, como titulares de su ejecución, de las comunidades autónomas —el PSOE de Zuloaga en la Consejería de Empleo y Políticas Sociales y Revilla de responsable al fondo— aunque pautadas en rasgos generales por el Servicio Público de Empleo estatal (SEPE) —este sí, del Estado—. Ubicadas en lo que antes se denominaba INEM y que hoy ponen cara las oficinas conjuntas del SEPE y el Emcan, su utilidad se ha cuestionado a menudo y con razón.

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Intimidad entre desconocidos

Con septiembre llega, además de una de las luces naturales más bellas del año, el momento de volver a una cotidianidad calma, de interior, en la que entran, a menudo, proyectos de nuevos hábitos y aprendizajes. Arrastrados por el el curso escolar, nos sentimos capaces de asumir nuevos retos y pensamos en serio compromisos anuales de los que, tras las navidades, ya sólo quedará apenas un simulacro.

Puestas a imaginar, me he imaginado que este septiembre nos propusiéramos, arrastradas por los estudiantes más que por el propio curso, tomar en cuenta lo que realmente importa. Que dejásemos de prestar oídos al ruido y tratásemos de escuchar la marea de fondo que advierte del peligro que nos acecha. Que con la huelga mundial del clima del próximo 27 de septiembre —precedida y azuzada por la huelga climática estudiantil— los medios de comunicación dejasen de dedicar artículos y artículos a las luchas de poder y a las memeces del 'Sálvame' político, y la sociedad civil exigiésemos que se atienda a la extinción planetaria que nos amenaza y a sus interacciones con la realidad social y económica.

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Cuando toca desobedecer

Está pasando ante nuestras narices: un genocidio migrante y la criminalización de quienes quieren evitarlo. El fascismo y nazismo de ayer se repite como tragedia en la xenofobia y aporofobia de nuestros gobernantes. Que salvar las distancias no nos robe perspectiva de la similitud.

A principio del siglo XXI, ya no resulta tan difícil ponerse en la piel de los alemanes y alemanas que consintieron el nazismo, viviendo, como estamos, un migracidio flagrante. No daré ya cifras, porque todas sabemos que son obscenas. Sin embargo, la respuesta de quienes rechazamos este asesinato sumario en el Mediterráneo está siendo, cuando menos, insuficiente. Y ya no vale con expresar indignación momentánea en las redes sociales, ya no es suficiente con denunciar y mostrar la lógica necropolítica que gobierna la Unión Europea, ya no basta con acciones de concienciación acerca del genocidio migrante: ha llegado la hora de la desobediencia.

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Programa 5: 'Voces del Vecindario - Radio Migrante' | Ángeles Cabria cuenta su experiencia en los "campos de concentración" de refugiados en Grecia

El quinto programa del podcast de eldiario.es Cantabria 'Voces del Vecindario - Radio Migrante', conducido por Patricia Manrique en colaboración con Pasaje Seguro, arranca con la entrevista a Ángeles Cabria, enfermera cántabra que ha trabajado en los campos de refugiados de la isla griega de Quíos.

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Un refugio inhóspito

La hospitalidad es una de las más antiguas instituciones de la humanidad. Uno de tantos patrimonios colectivos antiguos, bellos y buenos, que parecemos dispuestas a aniquilar. Cargada de aporías, difícil por esencia, la actitud con lo extranjero es la forma territorializada de nuestra propia relación con lo diferente, con lo inesperado… con lo otro. Por ello, una actitud más o menos hospitalaria da cuenta de nuestra permeabilidad, de nuestra tolerancia y, en general, de nuestra capacidad para relacionarnos. Porque todo “tú”, afrontado con respeto a su singularidad, es siempre un otro.  

Hace ahora 80 años que un gran contingente de españoles y españolas tuvo que abandonar el país —y diría “republicanos” si no fuera inexacto, porque el monstruo del fascismo adjudicaba ideología con irracional arbitrariedad—. Algunos fueron a Francia y, siempre con excepciones, los más lo pasaron de mal a muy mal, en una horquilla de dolor que va desde condiciones muy duras a los campos de concentración. Otros tuvieron más suerte, por ejemplo, quienes disfrutaron de la hospitalidad sudamericana. En México, supongo que en buen parte para facilitar una inserción mejor en la nueva realidad, uno de tantos, el pensador José Gaos, acuñó el término “Transtierro” para no emplear “destierro”, para amortiguar el dolor léxico y vital contenido en un término que implica sobre todo pérdida, y mitigar así la sensación de que se suspende la vida, condenada a un tránsito indeseado que no se sabe cuándo cesará.

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