Sobre este blog

Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Ruido patriarcal ante una ley necesaria

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Tuvimos en 2004, gracias al trabajo constante del movimiento feminista, una Ley Integral contra la Violencia de género. Y le llovieron las críticas, por no hablar directamente de los palos en las ruedas por parte de la derecha, en forma de múltiples alegaciones. Hoy es una ley perfectible, como todas, pero imprescindible que todo el espectro político hace, mal que bien, suya. De nuevo tras un profundo trabajo de denuncia feminista, a la ley contra la violencia de género se ha sumado, por fin, la Ley de Garantías de la Libertad Sexual, conocida como ley del 'Solo sí es sí', una ley contra la violencia sexual que, a juzgar por las reacciones que ha desatado, a derecha e incluso izquierda, introduce cambios de calado. Porque necesitamos cambios de calado. 

Por fin, todo acto contra la integridad sexual sin consentimiento será “agresión sexual” y cualquier acto sexual sin consentimiento con acceso carnal será “violación”. El nuevo texto de ley ha juntado el delito de abuso sexual y de agresión sexual en uno, siendo que las penas mínimas del abuso se integran en el nuevo delito de agresión. Pero, además, y esto no es menor, desaparece el absurdo penal de que aprovecharse de la indefensión de la víctima drogándola pueda ser considerado un atenuante. Por fin, con esta ley, se corta por lo sano con la cultura de la violación poniendo en el centro el consentimiento. 

Como cabía esperar, los cenizos y cenizas de siempre, quienes ayer decían que esta ley iba a meter a todos los hombres en la cárcel e iba a cortar de raíz toda posibilidad de entendimiento sexual entre géneros, ahora resulta que temen que saque de la cárcel a todos los violadores. En la demonización machista y reaccionaria, a la que es sometida la ministra de Igualdad, Irene Montero, ya solo faltaba oír acusaciones de beneficiar a violadores. Es de risa, una vez más, si no fuese una cuestión tan seria, por encontrase en la operación de acoso con intención de derribo una parte no desdeñable de un poder judicial con una alta proporción de operadores reaccionarios y machistas. 

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