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Javier Fernández Rubio

Nacido en Santander, en 1966, ha dedicado 26 años al ejercicio del periodismo en Cantabria, veneno que todavía tiene dentro, y lleva camino de cumplir siete como responsable de El Desvelo Ediciones. Sabe un poco de muchas cosas y bastante de casi ninguna. Conoce a mucha gente, pero no practica dinámicas de grupo. De vez en cuando escribe algún poema y hojea libros de diseño para entretener la espera de las buenas noticias. Quien le aprecia, le considera un atrevido; quien no, un impostor.

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El Ku Klux Cat

Puede que la política esté sobrevalorada, pero tampoco ha de minusvalorarse. Ya pocos creen que la política sea el mejor medio de asegurar la felicidad del ciudadano (y el político que lo prometa automáticamente es merecedor de desconfianza), y nos conformamos con que defienda los derechos maltrechos que quedan. Ni tan mal. La política hoy en día ha de encerrarse en el área y ponerse como el autobús de Maguregui delante de la portería. La erosión continua, con zarpazos incluidos. La precarización del sistema de protección social, el ataque a las libertades y derechos, la desregulación laboral y el saqueo de lo público obligan a un estrategia defensiva. Los sinvergüenzas no cesan de tirar a puerta. Ya no se trata tanto de ganar el partido como de no perder por goleada. Es lo que hay.

Quim Torra es el nuevo presidente de Cataluña y supone un nuevo paso en la estrategia de enmarañar más el conflicto territorial español sin otra pretensión que mantener la presión de la caldera y buscar unos nuevos comicios paralelos a los procesos judiciales en ciernes de los dirigentes del independentismo. Es burdo, pero efectivo, y el Gobierno central se lo pondrá fácil, estoy seguro.

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La piel fina

Los miembros de la judicatura tienen la piel extremadamente fina. Siglos de acatamiento les han acostumbrado a pronunciarse sin tapujos, aunque digan las mayores barbaridades y fallen, con la misma ley, cosas diametralmente opuestas. Ahí está Valtonic, condenado a tres años y medio de trullo por ejercer 'violencia', que al parecer no es el caso del bloqueo de todo un Parlamento como el aragonés por una horda o insultar con la chapa en la guerrera, la gorra calzada y la porra al cinto a Manuela Carmena, ya que todos estos casos fueron archivados por la Justicia sin que viera violencia en ellos. Pero hay que acatar. Como hay que acatar que Esperanza Aguirre no sea acusada de resistencia a la autoridad por su affaire de tráfico, que hasta la multa fue archivada. La violación múltiple y brutal de una mujer en Pamplona ha vuelto a generar otro de esos textos judiciales delirantes y vergonzosos, sin un atisbo de compasión por la víctima y sí una atención clara -no por lo obvio y palmario como es la celada cobarde de violadores que grabaron en vídeo su fechoría- por examinar detenidamente si hubo un rictus de placer de la muchacha, un gemido, silencios demasiados sospechosos o siquiera un amago de forcejeo. Que este acto de violencia judicial sobre la víctima, que se suma a la violencia de la defensa al ponerle detectives, quedará impune no me cabe duda. Que las asociaciones de jueces protesten me extraña más, que protesten por las palabras de censura de un ministro de Justicia censurable no me extraña en absoluto. Porque se puede tener a la vez la piel de un rinoceronte cuando se relativiza un acto de barbarie y la piel muy fina cuando el clan corporativo se ve atacado por uno de los suyos. Es difícil contar hasta diez antes de escribir sobre esto, pero hay que hacer ese esfuerzo, porque cuando lo que fue creado para hacer justicia y dar una respuesta racional a la bestialidad de este país no cumple su papel se aboca a la ciudadanía a la violencia. Pero ¿es realmente lo único que queda por hacer? Un juez pasa por un proceso opositor para tomar plaza, sin que parezca importar su coeficiente intelectual, ético o político. ¿Por qué un ciudadano puede votar entre varios candidatos a su alcalde y no hacer lo mismo con un juez, un jefe de policía y hasta con su médico de cabecera? En algunos estados de Estados Unidos se puede elegir al juez de forma democrática y hay también elección de fiscales, aunque su papel no sea exactamente igual al de los españoles. Pero hay un atisbo de democracia, porque el ciudadano tiene derecho a saber, y elegir, qué mentalidad tiene el juez que lo va a juzgar, aunque eso entrañe también sus riesgos y no evite el cáncer español de la politización de la justicia. Más preguntas. ¿Por qué el Código Penal no se reforma cuando es obvio que está desfasado y lo suficientemente abierto como para que valga para justificar cualquier tropelía? No se reforma porque no interesa. Hay un mantra jurídico que se repite en todos los congresos de juristas y es que no conviene llevar la casuística al Código. Pero si no se categoriza al máximo pasa lo que pasa y volverá a pasar: barra libre al delirio. Y si no hay reglas de interpretación de conceptos penales la arbitrariedad está servida, que es lo que interesa, estoy convencido, y si la arbitrariedad cae en manos de la corrupción o de una mente rancia cualquier parecido con la justicia es pura coincidencia. El Código Penal posibilita llamar día a la noche más cerrada y noche a la mañana más luminosa. A eso se le llama independencia judicial. Y hay que acatar como buena tribu adocenada. A eso se le llama respeto a la justicia, pero también impunidad. Pero hay cosas que están empezando a cambiar. Ahora es el ciudadano el que empieza a tener la piel más fina. Y se está hartando de tantas canalladas.

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Cifuentes ya no se hace la rubia

La corrupción es como la energía: ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Parafraseando a Lavoisier y su principio de conservación de la energía, realmente no podemos felicitarnos de que un día sí y otro también un escándalo público ligado a la corrupción ocupe los titulares. Primero, porque lo que parece un ejercicio de transparencia no es más que la punta del iceberg; y, segundo, porque gracias a Lavoisier, entendemos ahora que el corruptor-corrupto sólo se arrepiente de lo que no ha podido arramplar y que visto lo que les ocurre a otros, ni por asomo entra en trance extático de arrepentimiento, sino que se las ingenia para maquillar sus tropelías.

La corrupción se ha vuelto legal o con apariencia de legalidad. Ha pasado de la estética garbancera del puro y el fajo de billetes sujetos con una goma al glamour de la ingeniería financiera, la alegalidad, los concursos a la carta y los paraísos fiscales. Igual que hay jovencitos que celebran con una fiesta su mayoría de edad, la corrupción celebra otra por haber alcanzado la sofisticación de lo paralegal.

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Viajar, espiar, copiar

Bernard Madoff fue condenado a 150 años de cárcel por una estafa en la que se volatilizaron 64.800 millones de dólares. Cuando el FBI le preguntó a Madoff en qué se había inspirado para construir su macrofraude piramidal, él contesto: "En la Seguridad Social española”.

La Seguridad Social española no es una estafa, está claro, entre otras cosas porque su objetivo no es la codicia sino la protección social, pero tiene una estructura piramidal por la cual los trabajadores actuales financian las prestaciones de los ya jubilados, con el lugar común (está por ver) de que cuando a ellos les toque ser beneficiarios alguien trabaje para sostener el sistema. Es un sistema de redistribución, no de capitalización.

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Rebeldes corrompidos

La sociedad española nunca fue pacífica. Baste como ejemplo eso a lo que se llama Transición, modelo universal de 'cambio pacífico' en todos los informativos. Pero no fue así. Entre 1975 y 1983 se produjeron 591 muertes violentas, lo que es un saldo aterrador que reduce a cuento de hadas los lugares comunes que manejan los grandes jerarcas de ayer y hoy para autohomenajearse.

Afortunadamente, esta violencia ha desaparecido, pero como legado nos ha quedado un rescoldo de virulencia y cainismo cerril que aplicamos sin ton ni son. Guerra sin cuartel por un saludo o un vaso de agua. Baste cualquier tema para que se disparen los epítetos más gruesos y no solo los epítetos. No hay que olvidar que hay gente en la cárcel por la letra de una canción o un tuit. Lo que en los años 80 hubiera sido causa de hilaridad ahora es motivo de preocupación y autocensura. Ha llegado el miedo.

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La máquina de escribir de Nietzsche y el caballo del lechero

Nietzsche fue uno de los primeros usuarios de la máquina de escribir. En 1882, que no fue ayer, sino anteayer, el filósofo que susurraba a los caballos estaba hecho un cromo: miope, con fuertes neuralgias e incontrolables vómitos. Vamos, lo menos indicado para ser invitado al último convite morganático de la Reina británica y su nietísimo Harry, aunque también lo menos indicado para escribir.

Como el filósofo alemán necesitaba escribir, recurrió al Real Instituto de Sordomudos de Copenhague, a la sazón dirigido por un tal Rasmus Malling-Hansen, reverendo él, quien 12 años antes había patentado una 'bola de escribir', que es la primera máquina de escribir hecha en serie que se conoce, una especie de alfiletero sobre la cabeza de un calvo (ver imagen).

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De por qué las jirafas no se desmayan al beber agua

La jirafa es un asombro de la naturaleza. Tal vez sea el animal más peculiar que existe, un prodigio de la evolución y un bicho muy simpático. A mí, al menos, me lo parece. Hay otros animales espectaculares, como el elefante, la ballena o el colibrí, pero la jirafa es un animal terrestre que parece concebido para otro medio, lo cual me parece una contradicción ambulante.

Pero solo en apariencia. Con sus tres metros de cuello y sus patas más largas que las piernas de Cyd Charisse es, sin embargo, una máquina evolutiva muy bien desarrollada. En el fondo es un prodigio de hidráulica a la hora de bombear sangre a lo alto y lo que sorprende es algo muy sencillo pero que a ella le podría suponer un quebradero de cabeza, nunca mejor dicho: beber agua sin desmayarse.

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Cincuenta sombras de López

Antonio López y López, más conocido como marqués de Comillas, menos conocido pero también conocido como López el Negro, amasó su fortuna con el matrimonio, la plantación de café y los monopolios de tabaco y el transporte de tropas. Todo un ejemplo de emprendimiento más de un siglo antes del 2.0. Esto es lo que dice la versión canónica, como también destaca como logros de su actividad la creación de la Compañía Transatlántica Española y la Compañía de Tabacos de Filipinas.

Su cuñado, como buen cuñado, le conocía bien y le dedicó un librito, menos canónico y por lo tanto inencontrable, que se titulaba 'La verdadera vida de Antonio López y López', en donde se relata con crudeza la relación que tuvo desde muy temprano con el tráfico de esclavos negros en la isla de Cuba. El cuñado de marras, Francesc Bru, lo describe por lo demás como hombre analfabeto y de gran crueldad, insensible ante cualquier cosa que no fueran los negocios.

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El poder de los sin poder

Vivimos el momento de lo identitario, de lo fragmentario ante lo universal, un momento que recuerda a los primeros años de la democracia, cuando lo local y lo cultural, indentitario por lo tanto, explosionó y dejó el relato del conjunto en un muy postergado segundo plano. Como en aquel entonces, el relato de lo identitario cobra nuevo poder (empoderamiento es una palabra que se me atraganta a partir de la tercera sílaba) y un poder amplificado por la opinión pública y las redes. Mujer, mayores o LGTBI, diversos grupos con múltiples cabezas y discursos de lo más variopinto han tomado sitio en la plaza pública y obligan a los arrendatarios de la soberanía, la clase política más mediocre y emocionalmente entumecida que se ha visto en décadas, a prestar atención.

Solo hay otras dos cosas que tengan tanto poder y afecten al conjunto: las creencias y la palabra. Me recuerda un amigo el efecto tan poderoso que tiene la palabra. Y lo hace en un contexto en que para muchos la palabra escrita es algo despreciable que se reduce a una mera mancha en una página, un aderezo consentido de la imagen visual. Pero basta dar una oportunidad a la palabra para darse cuenta de su portentoso efecto como generador y transmisor de ideas. Desde hace siglos, desde que se inventó el lenguaje, que es un recién llegado a nuestro cerebro que tuvo que hacerle sitio rápidamente. La palabra es el magma en el que se desarrollan todos los movimientos que ocupan las plazas.  

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Minna Canth

El 12 de octubre de 1492 Rodrigo de Triana divisó tierra americana y desde entonces es el Día de Hispanidad en España, hace no mucho Día de la Raza, cosa que a algunos les motiva bastante, pero que yo no recomendaría celebrar al otro lado del Atlántico. Personalmente, no conozco a nadie que celebre el Día de la Hispanidad, lo cual no quiere decir gran cosa porque mis conocidos piensan lo que pensaba Brassens de los desfiles, así que no son muy representativos. El 19 de marzo, en cambio, es la festividad de San José, Día del Padre, y esto sí que se celebra. Curiosamente, es también el Día de Finlandia, el día grande finés por antonomasia en donde izan la bandera oficialmente. Esto es relativamente nuevo, porque data de 2007, pero la festividad ya existía antes y conmemoraba el Día de Minna Canth, sinónimo de Día de la Igualdad.

En Finlandia ocurren cosas raras. Yo lo atribuyo a la fiebre ártica. Como país, pasó de un ruralismo tolstoiano a Nokia en un siglo, con dos guerras civiles de por medio y otra mundial. Ciertamente no han tenido tiempo para aburrirse, pero un país que hace eso puede hacer cualquier cosa. Por ejemplo, cuando la República española dio el voto a las mujeres, las finesas llevaban 25 años votando, concretamente desde 1906. Un año después, en 1907, ya había habido 17 mujeres ministras porque las mujeres no solo podían votar sino también presentarse a las elecciones, mientras aquí andábamos metidos en faena con mauras y romanones. Aunque parezca increíble que el tesón de una persona consiga estas cosas, puede decirse que Minna Canth lo consiguió. Y de que también el arte tiene su poder, para que luego digan que no sirve para nada. Lo cuento:

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