La misteriosa sirena de Fiyi que engañó al público del siglo XIX

Sirena de Fiyi, exhibida en el American Museum de P. T. Barnum en 1842 —cedida por Moses Kimball, del Boston Museum—, hecha de papel maché. Peabody Museum, Universidad de Harvard.

Ada Sanuy

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Una extraña criatura con apariencia de mitad mono y mitad pez despertó la fascinación del público estadounidense durante el siglo XIX. Conocida como la sirena de Fiyi, fue presentada en 1842 por el empresario del espectáculo P. T. Barnum como un ejemplar extraordinario procedente de unas islas del Pacífico. Aunque se trataba de una falsificación, algunas personas llegaron a considerarla un posible eslabón evolutivo entre los animales acuáticos y terrestres. Más de 180 años después, una pieza expuesta en el Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver, en Estados Unidos, recupera la historia de este engaño y las controversias científicas que suscitó.

La figura forma parte de la exposición temporal Mythic Creatures: Dragons, Unicorns and Mermaids, dedicada a las criaturas fantásticas presentes en distintas tradiciones culturales. El folclorista Jack Daly, que ha analizado su historia en un artículo publicado en The Conversation, explica que su singularidad residía en el contraste con la imagen habitual de las sirenas. En lugar de una mujer atractiva con cola de pez, los visitantes encontraban una figura pequeña, reseca y de apariencia grotesca, muy alejada de las representaciones populares de estos seres mitológicos.

El origen japonés de una criatura imposible

Aunque su nombre hacía referencia a Fiyi, este tipo de figuras procedía de una tradición artesanal desarrollada en Japón y las Indias Orientales más de cuatro siglos atrás. Algunas se elaboraban uniendo la parte superior de un mono con la mitad inferior de un pez, mientras que otras incorporaban papel maché. También era habitual recubrirlas con arcilla para conservarlas. Su origen estaba relacionado con los ningyo, seres sobrenaturales del folclore japonés a los que se atribuía la capacidad de provocar desgracias o conceder la vida eterna. Estas criaturas formaban parte de una tradición mitológica distinta de la representación occidental de las sirenas.

El ejemplar que acabaría formando parte del espectáculo de Barnum fue elaborado por un pescador japonés a comienzos del siglo XIX. Según el relato recogido por Daly, su creador afirmaba haber capturado al extraño ser y sostenía que había anunciado una epidemia de esterilidad. También aseguraba que los habitantes podían protegerse adquiriendo una imagen de la supuesta sirena. Posteriormente, el objeto fue comprado por el marinero estadounidense Samuel Barrett Eades, quien lo dejó en herencia a su hijo. En 1842, este último lo vendió a Moses Kimball, conservador del Museo de Boston, que terminaría mostrándoselo a Barnum.

La campaña publicitaria que convirtió el fraude en un espectáculo

Barnum diseñó una campaña para despertar la curiosidad del público antes de presentar la criatura en su American Museum de Manhattan. Para ello, remitió cartas a distintos periódicos en las que afirmaba que un doctor llamado Griffin poseía el supuesto esqueleto. En realidad, aquel personaje era Levi Lyman, un colaborador que participaba en el engaño. La estrategia se completó con la distribución de miles de folletos por Nueva York que anunciaban las fechas de exhibición y recurrían a la imagen seductora de las sirenas para atraer visitantes.

El contraste entre la publicidad y la pieza exhibida sorprendió a quienes acudieron al museo. En su autobiografía, Barnum describió la criatura como un ejemplar diminuto, oscuro y reseco, de aproximadamente 90 centímetros de longitud, con la boca abierta, la cola doblada y los brazos levantados. Su postura, según el empresario, daba la impresión de que había muerto entre grandes sufrimientos. Aquella descripción reflejaba la distancia entre las expectativas generadas por la campaña y el objeto que finalmente se mostraba al público.

Una falsificación que alimentó debates científicos

La exhibición de la sirena de Fiyi coincidió con un periodo de interés por las ciencias naturales y las discusiones sobre la evolución. Daly explica que algunas personas interpretaron la combinación de características animales como una posible conexión entre distintas formas de vida. El folclorista recuerda que el naturalista sueco Carlos Linneo había reservado un espacio para las sirenas en su clasificación de los seres vivos durante el siglo XVIII. Este tipo de falsificaciones, conocidas como sideshow gaffs, despertaban la curiosidad del público victoriano en un contexto en el que las cuestiones científicas convivían con las creencias populares y los espectáculos de entretenimiento.

El destino del ejemplar original sigue siendo incierto. Se considera probable que resultara destruido o dañado durante un incendio en el museo de Barnum o en el de Boston. La pieza expuesta actualmente en Denver pertenece al Museo Peabody de Arqueología y Etnología y está catalogada como una réplica, aunque Daly señala que no puede determinarse con absoluta certeza si se trata del objeto exhibido en el siglo XIX. Su aspecto presenta diferencias respecto a las descripciones históricas: mientras que la criatura de Barnum tenía rasgos más parecidos a los de un mono, la figura conservada en Denver posee una parte superior fabricada con papel maché.

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