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Pinchazo del ultra Vito Quiles en Ceuta: más policía que asistentes y un paripé de ‘huida’ en lancha privada con una litrona en la mano

Vito Quiles durante un momento de los 15 minutos que duró su acto en Ceuta.

Gabriela Sánchez

Ceuta —

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El despliegue policial sorprendía hasta en Ceuta. El centro de la ciudad atardeció con varias calles cortadas por decenas de furgones de antidisturbios. Algunos vecinos, sorprendidos, preguntaban si debían preocuparse por algún suceso. Muchos se enteraron entonces: el agitador ultra Vito Quiles visitaba Ceuta. El dispositivo parecía anunciar una afluencia masiva, pero resultó ser un fiasco: apenas unas decenas de asistentes para un centenar de uniformados repartidos en un dispositivo de seguridad que en la práctica impedía el acceso a personas musulmanas o de ideología de izquierdas ante la convocatoria de una contramanifestación antifascista. 

El acto no empezó a la hora marcada. Los organizadores retrasaron su inicio y, desde las puertas del Parador, miraban el exterior con la esperanza de la llegada de más seguidores del ultraderechista, pero esto es Ceuta y la visita no cuajó. El agitador aguardó en el interior del hotel durante más de media hora a la espera de una masa de personas que nunca apareció. Quiles acabó saliendo del hotel, micrófono en mano, pero su discursó no superó los 10 minutos. Tras su breve intervención, dio la palabra al influencer Juan Ruiz, un joven ceutí conocido por sus vídeos de corte xenófobo en los asentamientos de migrantes de la ciudad durante la crisis migratoria, que ha sido apoyado por distintos grupos ultras como Revuelta.  

El agitador deslizó que el dispositivo policial, que controlaba la entrada de personas por todos los accesos de la Plaza de África, estaba detrás de la baja asistencia a su acto. Sin embargo, el operativo restringía el acceso a la zona de quienes “parecían” estar en contra de las ideas de Quiles, ante la difusión de una convocatoria de una concentración antifascista en contra de la presencia del ultra en Ceuta. 

El acto de Vito Quiles se produjo en la Plaza de África de Ceuta.

En la práctica, se tradujo en el bloqueo a la entrada de personas que parecían musulmanas o de ascendencia árabe, que generó críticas, pero no entre los escasos seguidores del agitador, quienes sí lograron acercarse. El filtro para decidir permitir el acceso era la presencia de símbolos considerados de ideología de izquierda o la “estética”. Pero esa “estética” también negó la entrada a personas musulmanas, como han denunciado varias vecinas ceutíes. 

“Tengo unas amigas musulmanas que intentaron ir porque no querían que viniese a vomitar su odio a Ceuta y no las dejaron pasar. No dejaban pasar a todo el que parecía moro”, ha dicho una joven ceutí a elDiario.es. “Todas estas personas que son racializadas y musulmanas les ha impedido la Policía pasar”, ha denunciado la activista Hanan Alcalde en un vídeo publicado en su Instagram. “Tienes que ser blanco y cristiano”, ha añadido la influencer, que ha incluido el testimonio de una mujer musulmana que aseguraba no haber podido acceder a la plaza. “No entiendo por qué en otras ciudades se permite el derecho de poder expresarse la ciudadanía y a nosotros no. El centro también es nuestra ciudad, es Ceuta”, se ha quejado esta señora. 

En la convocatoria de su acto Quiles decía “defender España y a los ceutíes”. En una ciudad con la mitad de la población musulmana, la visita del ultra, cuyo discurso suele atacar a quienes profesan esa religión o quienes cuentan con ascendencia magrebí, no suele generar un rechazo evidente. En agosto, el agitador fue expulsado por vecinos ceutíes de una de las manifestaciones celebradas en la ciudad tras la crisis migratoria. El influencer los llamó “radicales islamistas”. 

El dispositivo policial controlaba la entrada de personas por todos los accesos de la Plaza de África. Según Vito Quiles, el culpable de la baja asistencia a su acto.

Ante las críticas que recibe por parte de la población ceutí, en los diez minutos de acto, Quiles ha defendido no tener “ningún problema con ninguna religión” sino que solo iba en contra de “los invasores”. “No tenemos ningún problema con los ceutíes, con la gente de Ceuta, sea cristiano, musulmán, católico, de otra religión, rece como rece”, ha afirmado. 

Sin embargo, unas horas después, el ultra subió un extraño vídeo en una lancha, con una litrona en la mano, en el que decía escapar de los “marroquíes de Ceuta” a los que acusó de organizarse para supuestamente querer atacarle en el ferry, lo que le habría empujado a cruzar el estrecho en lancha privada, algo que no coincide con ninguna información oficial ni con el ambiente de la ciudad tras la finalización de su breve discurso. Aunque unas decenas de personas intentaron mostrar su rechazo a la presencia del agitador y no lo lograron, la ciudad retomó la tranquilidad tras el fracaso del evento y no se produjeron disturbios.

Carmen esperó en los alrededores del acto hasta el final. Su estética despistaba, y eso era precisamente lo que buscaba. Gabardina beige, camisa de rayas, bandera ceutí y española a su espalda. “Me he vestido así para poder entrar”, decía entre risas. Su honestidad con sus valores, sin embargo, impidió engañar a los agentes que decidían quién entraba y quién no. “Me han preguntado por mi ideología, no sé por qué tengo que responder a esa pregunta. Pero me preguntaron si apoyaba a Vito Quiles y he dicho la verdad, no podía decir que sí, así que no me han dejado pasar”, decía la joven, vecina del centro de la ciudad autónoma. También portaba un cartel que pedía que ningún agitador sembrase el odio en su localidad y solicitaba la convivencia frente al racismo. “Me han dicho que esta pancarta ataca, ¿dónde lo ven?”, se preguntaba la integradora social.

“Yo soy ceutí y defiendo Ceuta, pero no con los lemas o las palabras que generan odio y rompen la convivencia”, concluye la joven ceutí. Cuando los agentes levantaron el cordón de seguridad, se sorprendió: “¿Ya ha acabado? ¿Solo eran esos?”, reaccionó ante la rapidez del acto que no fue tal y sobre el número de asistentes. Para quitarse la espina, quiso volver a entrar en la plaza pública a la que no le habían permitido el acceso. Aún más vacía, pero con un pequeño grupo de seguidores de Quiles presente, intentó dejar a la vista el cartel que algunos miraban de reojo como si incluyese un mensaje radical: retomar la convivencia y rechazar el odio en Ceuta.

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